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003Celebramos este 12 de Octubre “El día de la Raza”, un acontecimiento que nos hace analizar en profundidad,  el significado que cada ser humano  le da, o le pudiera dar,  a la palabra o al término “Mi Raza”.

En lo que a mí respecta, la palabra “Raza”, más allá de su significado semántico, me hace pensar en lo que  en mi interior, despierta, exalta, y en ciertas ocasiones extrapola en términos de pasión.  Me refiero a mis sentimientos de identidad y de pertenencia, y me refiero a lo que entiendo como algo que auténticamente me defina.

Encuentro que a la  palabra le concedo  un significado muy  parecido a mi nacionalidad, mi México, mi país, mi tierra, mi ciudad, y  mi Estado. Veo que es una palabra que toca sensibles fibras  emocionales e íntimas de mí. Una palabra que  encierra un significado que me  etiqueta y me distingue de los demás, ya sea como ciudadano, como nativo, como coterráneo,  o simplemente, como habitante de un barrio, de una región o del lugar específico de la tierra.

Y al entrar en esta cavilación de ideas, conceptos y pensamientos, observo y analizo lo que para mí significa  el término “nativismo” o sea haber nacido y crecido en esta mi ciudad de Chetumal.  Me doy cuenta que si bien yo sí  nací en este mí Chetumal, este hecho no implica mérito alguno de mi parte pues yo no  escogí la ciudad para nacer y vivir, fueron mis  padres. El mérito, quizá circunstancial, es de ellos. Por tanto entiendo que esta tierra, si bien no es producto de mi elección, si es la esencia de mi  convicción, y se ha convertido en parte de mi corazón y la siento profundamente mía. Es la ciudad, el Estado y la tierra por la que valen la pena todos mis esfuerzos. Es la  tierra donde finqué, donde construí, donde edifiqué una familia, y donde habré de morir. Es la tierra que he escogido amar y en la que me siento unido a mis amistades,  a mis paisanos y a todos los que piensan como yo.

Y al entrar en el análisis de esos pensamientos, de esos lazos de amistad, de esas coincidencias y de esas  afinidades,  pienso en la contribución que al fortalecimiento de esos valores debo a mis padres,  quienes  me enseñaron a amar mi más próximo entorno, a ser solidario y a ser generoso,  y con ello, a formar mí  personalidad.  Y pienso también en tantísima gente que como yo habrá de hacerse  estas reflexiones  respecto de su identidad. Pienso en los  paisanos, en los natos y los no natos, en los  hijos de gente que llegó y se quedó y en la gente que vino y se fue. En la gente que vino a servir y en la gente que vino a servirse. Mi pensamiento es incluyente, sin sectarismos,  pero sin olvidar los oportunismos.

Y también en la gente que si bien por circunstancias tuvo que irse,  su corazón se quedó con nosotros, y  en la gente que no dejó ni un clavo en esta tierra, en la gente sin corazón. Y pienso también en las personas, de todas las condiciones sociales, con virtudes y defectos, con ataduras y sin ellas,  de todas las razas  y de todas las culturas, a los que les estamos agradecidos  porque contribuyeron,  de una forma u otra forma, a lo que hoy somos como Estado y como Ciudad. Pero por encima de todos los nombrados, en mis pensamientos y en mis cavilaciones, destacan aquellos pioneros que llegaron al olvidado Quintana Roo, a aquel apartado Payo Obispo medio salvaje, conocido en ese entonces, por insalubre y en guerra con los mayas insurrectos.

Pienso en los primeros que, a finales del siglo XIX, llegaron a la desembocadura del Rio Hondo,  en aquella expedición comandada por el Teniente Othón Pompeyo Blanco Nuñez de Cáceres,  que desafiando peligros,  llegaron a establecerse y  a fondear el Pontón Chetumal en la desembocadura del Rio Hondo. En los que, cumpliendo órdenes del Presidente de la República, vinieron a establecer un punto de vigilancia, observancia y de respeto a la ley,  de respeto a la soberanía de México,  y de respeto a los recientemente establecidos límites con el hoy país de Belice, entonces Honduras Británicas.

Y pensar y repensar en todo ello es situarme en esos tiempos y en esas circunstancias de la geopolítica y del régimen Porfirista en México, es ubicarme en un tiempo de épocas extremadamente adversas de salud y sobrevivencia; es dimensionar el grado de valentía y temeridad aquellos pobladores del Payo Obispo, en una época que inicia en el morir del siglo XIX, hasta la segunda mitad del siglo XX; de 1898 a 1974.

Y destaco, y me refiero con mayor énfacis a este especial período de nuestra historia, porque es el período que recorre momentos significativos  como es el arribo del pontón Chetumal en 1898, la fundación de Payo Obispo en 1901, la lucha por la reintegración del Territorio Federal en 1935, el cambio de nombre a Chetumal en 1936, la reconstrucción de la ciudad después del huracán Janet de 1955, y recorre también  los tiempos de los gobernantes efímeros mandados del centro, el gobierno del General Melgar, el  gobierno del General Guevara, el largo período y la salida del gobernador Margarito Ramírez en 1959,  el moderado auge a partir de 1960 con los gobernadores Aarón Merino y David G. Gutiérrez,  y  finalmente,   la erección o constitución del Estado Libre de Quintana Roo en 1974

Y es que fue durante ese tiempo en que se forjaron, se identificaron, y se afirmaron los primeros auténticos sentimientos de identidad con  esta tierra nuestra. Fue durante este período de nuestra historia que los  integrantes de aquel  Comité Pro Territorio de Quintana Roo dieron la primera  batalla contra el Gobierno de Campeche y lograron la reintegración de nuestro Territorio, desmembrado y repartido unos años antes, entre los Estados de Yucatán y Campeche.

Sin duda, aquellos ilustres hombres, a quienes hoy rendimos tributo, fueron los que primero sintieron los sentimientos de identidad y amor a lo que hoy llamamos “Quintana Roo” y a lo que hoy llamamos Chetumal. No olvidar que la gesta histórica, la lucha política, y  las gestiones para  la reintegración del Territorio de Quintana Roo ante el presidente Lázaro Cárdenas, en el año de 1935, se la debemos a la gente  del sur del Estado, a los habitantes de Payo Obispo, hoy Chetumal. Sin tampoco olvidar que en aquellos años el Sur del Estado pertenecía a Campeche y el norte al Estado a Yucatán.

Tampoco olvidar que aquellos  hombres del Comité, con sus familias y con todos los pobladores de Payo Obispo al  unísono, codo con codo,  dieron la batalla como punta de lanza, enfrentando las consabidas  amenazas, intimidaciones y otras artes represivas de la política de aquellos años.

Sin olvidar que  esos años, en nuestro país, 1935-1936, fueron años de asonadas, de presidentes asesinados; años de matar o morir, años  tremendamente  convulsos, y años de la historia en los cuales  las vidas de los  ciudadanos disidentes,  no tenían mayor valor;  y años en los cuales  la Comisiones de Derechos Humanos  no pensaban siquiera nacer.

Y es ahora, en el primer cuarto del Siglo XXI, que como heredero de una raza con sangre  quizá europea,  quizá con orígenes en otro continente; lo mismo me siento Maya que Europeo, lo mismo indígena que colonizador, lo mismo negro que blanco, y  lo mismo Caribeño que Chilango.  Y por sobre todas esas cavilaciones y consideraciones de lo que soy, les confieso que me  siento nativo  y les confieso confieso que me siento indisolublemente unido,  orgulloso, de lo que soy, vinculado a este Estado, y profundamente identificado con esta mí ciudad.

En este 12 de octubre, el día de la raza, reitero mi sentir y mi identificación  con mi  Chetumal, que es   la esencia de lo mejor que guarda mi alma, de mi espíritu y de mi buena voluntad, con todo lo que nos pertenece,  con todo lo que es lo nuestro,  lo que es  de todos, sin distinción de nadie, e identificado con todos los que aquí vivimos y aquí habremos de morir.

MARIO

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Septiembre 11El americano medio es un ser optimista, religioso, poco dado a la ironía, nada interesado en el resto del mundo pero convencido de que su país es el más grande, el más civilizado, el más justo, el más democrático, el más poderoso y el más invulnerable en la historia de la humanidad.

Después del ‘Armagedón’, como decían en algunas cadenas de televisión de Nueva York, que aconteció ayer, cien veces más devastador para la psicología americana que Pearl Harbour, o que Vietnam, todo ha cambiado para siempre. La visión que han tenido los americanos de ellos mismos, y de su relación con el resto del planeta -y hasta posiblemente con dios- ha sido permanentemente modificada. Ya no hay respuestas simples, claras para todo. Sólo hay preguntas. Tras frotarse los ojos ayer por la mañana y dar fe de que lo que estaba viendo en televisión no era una delirante película de ciencia ficción, sino imágenes de algo que estaba realmente ocurriendo en Nueva York, la primera reacción del americano en Chicago, o Los Ángeles, o Dallas habrá sido una de profunda estupefacción. Enormes catástrofes de este tipo, si es que ocurren, ocurrirán en otros países, habrá pensado. No aquí. A nosotros no nos pueden atacar así, matarnos como si fuéramos moscas.

Y es normal que así piense, no sólo porque lo acontecido ayer en el noreste de los Estados Unidos rebasa las peores pesadillas del militar más paranoico del Pentágono, sino también porque los Estados Unidos, en lo que a territorio geográfico se refiere, nunca ha sido un país víctima. Estados Unidos ha atacado a otros países, ha sido el agresor. (Aunque siempre, siempre a favor de una causa justa, piensa nuestro americano medio.) Estados Unidos lanzó las bombas sobre Hiroshima y Hanoi, pero jamás se hubiera imaginado que Hiroshima y Hanoi se repetirían en Washington y Nueva York.

¿Quién nos podría odiar tanto? ¿Por qué? ¿No somos no sólo el país más rico del mundo sino también el más bueno? En un país en el que apenas el 10% de la población posee pasaporte, en el que menos del 10% podría señalar España (ni hablar de Irak o Afganistán) en un mapamundi, en el que la liga nacional del deporte favorito de su pueblo, el béisbol, se llama ‘la Serie Mundial’, y el ganador ‘el campeón del mundo’, en el que -en fin- se considera en general que el planeta más allá de las fronteras de los Estados Unidos carece totalmente de importancia, no es de extrañar que la gente se sorprenda al descubrir que hay muchos seres humanos que detestan al país que algunos llaman el Gran Satanás.

Y no sólo en Oriente Próximo. Es curioso, por ejemplo, por no decir extraordinario que, con poquísimas excepciones, los americanos no tengan la más mínima conciencia del mal que hicieron en Centroamérica, y en Chile y en otros países de su hemisferio, durante los años ochenta. De las víctimas que cobró la política del presidente más querido en los Estados Unidos desde Kennedy, Ronald Reagan.

Pero la confusión que siente el americano medio hoy es más profunda. Más allá de la sorpresa que experimenta al descubrir el nivel de su ignorancia ante los problemas del mundo, siente como que los cimientos de su mundo se han venido abajo. El americano es una persona que cree en grandes verdades, ‘verdades evidentes’, como dice la Declaración de Independencia, y una de ellas es que Estados Unidos, el país al que en casi todos los casos huyeron sus antepasados en busca de una vida más segura y mejor, es una fortaleza contra los males que podrían existir en el mundo externo, desconocido. Fortress America, ‘Fortaleza América’, es la expresión que utilizan hace mucho tiempo.

Pero de repente si aquellos dos magníficos símbolos del poderío económico y militar de los Estados Unidos (‘la hiperpotencia’, como dicen los franceses), como lo son el World Trade Centre y el Pentágono, son vulnerables, entonces todos somos vulnerables. Pensábamos que podíamos ir a la guerra sin que muriesen nuestros soldados. O, más bien, se lo exigíamos a nuestros políticos. Guerras de sangre ajena. Y resulta que ahora están muriendo miles y miles y miles de civiles. Y lo que es especialmente desconcertante, lo que marca una de las muchas diferencias de magnitud con Pearl Harbour, es que ni siquiera sabemos exactamente quién es el enemigo. Nos han atacado, pero nos han dejado ciegos, incapaces de ver -por más CIA, FBI, por más satélites espías que podamos tener- quién fue nuestro agresor.

Todo lo cual significa que nos va a costar de ahora en adelante ser tan optimistas frente al universo, y el optimismo es, o ha sido, nuestra característica nacional. La que nos distingue de los europeos, gente irónica, cínica, que ha sufrido grandes desastres a lo largo de la historia en carne propia, que ha visto la pérdida de su invulnerabilidad, la caída de sus imperios.

La otra gran característica del americano es que ve el mundo en blanco y negro. El mundo, como predica el mismo presidente Bush, se divide entre malos y buenos. El cristianismo americano, el más ferviente del mundo occidental, es un cristianismo que da más énfasis al Antiguo que al Nuevo Testamento. Con Cristo existen matices. Para los profetas la vida era más simple. La justicia era cuestión de ojo por ojo. En los Estados Unidos no hay debate sobre la pena de muerte. Es justa y necesaria y no se discute más.

La venganza de los Estados Unidos, desde ya salvaje contra su propia gente, será bíblica contra aquellos que provocaron el Armagedón, la pérdida definitiva de la inocencia americana.

Publicado en El Diario El País. El 12 de Septiembre de 2001

Vista del Palacio 1950En un lugar a orillas de una bahía y en la desembocadura de un rio, hubo una vez un pueblo, muy especial por cierto, pero que bien podría ser cualquier otro pueblo de la tierra, y hubo una vez un tiempo, que bién  pudo ser también otro  tiempo de la historia  Un tiempo en el que hubo mucho malestar, hubieron muchas acusaciones, hubieron muchas  injusticias y un tiempo en el que los reproches eran muchos y el pueblo se sentía irritado, indignado y muy quejumbroso  de todo cuanto habían padecido y soportado de sus líderes.

Un buen día, caminando por la rivera del rio un lugareños hizo un hallazgo.  El rio era uno que  todos llamaban Rio Hondo,  y  lo mismo había establecido límites  que llevado vida  y prosperidad a los lugareños  de aquel  remoto lugar de la tierra. Un lugar costeño poblado lo mismo por mayas, que por mestizos, ingleses y piratas.  De entre las piedras de aquel rio, se había encontrado un tesoro. Era una cajita bien sellada que parecía esconder algo muy secreto y muy antiguo, pues las piedras que escondían el hallazgo lucían gastadas y bruñidas,  denotando muchos años de estar guardando aquella diminuta e intrigante caja.

La noticia de la cajita del rio corrió como pólvora por el pueblo.  Conocer el contenido  despertó mucha inquietud y curiosidad entre los habitantes del pueblo. Se decía que la cajita era milagrosa, y que en su interior guardaba secretos ancestrales, secretos y recetas que curarían muchos males, y en especial esos que muchos padecían.  La gente decidió que la caja se abriera públicamente ante la presencia de todos. Así se hizo y la cajita fue llevada a la plaza pública, aquella conocida como la explanada de la bandera, a orillas de la bahía y muy cerca del muelle de la localidad.

Allí, ante el pueblo congregado en tumulto, la cajita fue abierta y su contenido dado a conocer.  En efecto, como muchos sospechaban,  la caja contenía un secreto, el secreto era una carta que al momento fue leída en voz alta a una  audiencia  que: lo mismo estaba  intrigada,  irritada y descontenta, que atenta  y expectante .  La carta decía así:

Señor, Si un día estuviera sofocado, lleno de ira, harto de los malos gobiernos, con deseos de vengar mi descontento e insatisfecho conmigo mismo y con el mundo a mi alrededor, solo pregúntame:

Pregúntame, si quiero cambiar la luz por las tinieblas.

Pregúntame, si quiero cambiar la mesa puesta, por los restos que tantos buscan en la basura.

Pregúntame, si quiero cambiar mis pies por una silla de ruedas.

Pregúntame, si  quiero cambiar mi voz, por las señas.

Pregúntame, si  quiero cambiar el mundo de los sonidos por el silencio de los que no oyen nada.

Pregúntame, si quiero cambiar el diario que leo y después echo a la basura, por la miseria de los que van a buscarlo para hacerse con él una manta.

Pregúntame, si  quiero cambiar mi salud, por las enfermedades de tanta gente.

Pregúntame,  si quiero vivir en paz con lo que he logrado, o en constante guerra por lo que me falta.

Pregúntame, si debo seguir sintiendo rabia o si debo buscar mi reconciliación sin negar tus enseñanzas.

Pregúntame, hasta cuándo no reconoceré tus bendiciones, para hacer de mi vida un himno de alabanza y gratitud y decir, todos los días, desde el fondo de mi corazón:

Gracias Señor por poder ver un nuevo día.

Mario.

VotantePOLINIZACIÓN CRUZADA

Una reflexión en tiempos de campañas.

En estos tiempos de campañas políticas pienso que debemos ser, como dice el poeta, solo aves sobre el pantano, siempre cuidando nuestro plumaje y observando el lugar más limpio para aterrizar. Sobre este tema viene a bien esta reflexión:

Un agricultor tenía el mejor cultivo de maíz. Cada año llevaba su maíz a la feria del estado donde le galardonaban. Un año un periodista lo entrevistó y se enteró de algo interesante acerca de cómo cultivaba su maíz.

El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos. “Cómo puede darse el lujo de compartir sus mejores semillas de maíz con sus vecinos cuando están entrando en competencia con la suya cada año?

Por qué lo hace señor? Pregunto el reportero.

El granjero respondió: “Porque el viento recoge el polen del maíz maduro y lo mezcla de campo en campo. Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará de manera constante la calidad de mi maíz. Si quiero cultivar buen maíz debo ayudar a mis vecinos a cultivar maíz bueno también.” Así es con nuestras vidas… Los que quieren vivir de manera significativa deben ayudar a enriquecer las vidas de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y aquellos que eligen ser felices ayudan a otros a encontrar la felicidad, porque el bienestar de cada uno está ligado al bienestar de todos…

Llámalo poder de la colectividad…

Llámalo un principio de éxito…

Dí que es una ley de la vida…

¡¡El hecho es que ninguno de nosotros realmente gana hasta que todos ganamos!!

Detengamos esa escalada de odio, de frustración, de envidia y de codicia malsana que guía las intenciones de la gente. Se quiere quedar bien con uno denostando, calumniando o insultando al otro. Eso no puede ser sano. Al hacerlo solo mostramos lo malo que habita en nosotros, solo sacamos las envidias y los deseos de venganza por todo lo que está mal en nuestra vida. El hacerlo no nos eleva, solo nos degrada. El hacerlo nos convierte en peones y en masa manipulada al servicio de intereses escondidos, de apetitos insanos, de intenciones aparentes y pasiones oscuras; esas que en todo lados hay y no son nuevas; esas que tanto nos disgustan y desatan nuestra ira.

No olvidemos que no nos toca hacerla de jueces para juzgar, sino de votantes; que sin pelear ni enemistarnos, debemos decidir e ir a votar. La vida sigue y seguiremos en el mismo barco, siempre viéndonos y conviviendo entre personas, entre familias, entre gobernantes y gobernados.

Lo nuestro es: Elegir al mejor o al menos malo.

Hagámoslo con serenidad y prudencia, con clase e inteligencia, procurando sabiamente escoger entre las opciones que existen, sin contaminar, ni contaminarnos.

Mario.

Doña Rosa AbuxapquiMe entero de  la  triste noticia del fallecimiento de Doña Rosa Abuxapqui Abuxapqui, personaje del Chetumal de mi niñez que recuerdo con cariño. Doña Rosa nos  dice adiós y le da también el último adiós  a esta tierra que deja marcada con  la huella de todo cuanto ella fue en su niñez, en su juventud, y en su larga etapa de esposa fiel, viuda y madre amorosa.

Doña Rosa fue de talante enérgico, de mano franca y de corazón generoso. A  ella le tocó sola educar a sus hijos ante la muy temprana partida de su esposo y compañero. A ella el día de ayer la sorprendió un  inesperado   infarto al corazón que  ha terminado con su vida a sus  86 años. Ella con su sorpresiva partida es un miembro más que se va   de una numerosa como antigua  familia,  rica en recuerdos, anécdotas y en historias del Chetumal del ayer.

Una familia conocedora de nuestro génesis,  que fue creciendo, prosperando y arraigándose,  tanto a nuestros  inicios como a nuestros principios. Una familia que como la ciudad se fue moldeando desde aquel  viejo Payo obispo del  agreste Territorio Federal,  hasta  convertirse en lo que hoy es.

Doña Rosa es heredera de una estirpe pionera y legendaria de  gente  que se distinguió por su espíritu, por su trabajo y  por su tesón. Gente que dejó todo y desde remotas tierras vino a dejar todo  y a construir todo.  Doña Rosa  como hija de don Elías y doña Manuela, tomó de ellos lo mejor para integrarse a esta tierra y aquí formar  su propia familia. Así  se unió, a mediados de la centuria pasada, a su señor esposo para formar la familia Espinosa Abuxapqui.

Una familia muy nuestra  formada con los valores de un padre que falleció en un acto de heroísmo, al salvar de la muerte a una criatura,  y de una madre con los rasgos  de carácter y de lucha adquiridos en nuestra tierra.  Ella fue una verdadera guerrera especialmente dotada para la lucha. Hoy los dos, Doña Rosa y su esposo, se han ido, lo mismo que  su hijo Cristian, pero les sobrevive su primogénito aquel niño que durante el huracán Janet de 1955, protegiera entre sus brazos, desafiando el viento en aquella noche de oscuridad, de destrucción, de horror y de muerte. Quería con su niño alcanzar la Escuela Belisario Domínguez, en una angustiosa carrera desde aquella muy antigua juguetería de aquel ya muy viejo Chetumal. Aquella juguetería   era el “Quiosco López”,  ubicado en la Avenida de los héroes. Allí  nos atendía  su propietario y fundador, un viejecito tierno y juguetón que tocaba la armónica y nos enseñaba los juguetes, un hombre de su tiempo y personaje de nuestra infancia  que vivirá por siempre en nuestros muy gratos y muy dulces recuerdos. Aquel Viejito de lentes gruesos y de sonrisa amable era el  amigo de todos los niños y de todos los adultos  de aquel Chetumal de antaño. Don Ángel López había llegado a principios de siglo a la ciudad y comenzó su larga y exitosa carrera de comerciante  vendiendo sobre el camellón de la Héroes baratijas sobre una manta, una manta que  tiraba en el suelo y sobre ella su mercancía. A ese don Ángel  los niños,  y también los adultos,  le decíamos  con  mucho cariño “Don Chile Seco”. Su Juguetería tenía   una leyenda  que acompañaba a  su singular fotografía  que decía; “Este tipo vende de todo”.

Y retomamos la historia de Doña Olga con  su hijo en brazos luchando contra el viento, las láminas de los techos de las casas de madera, la oscuridad casi total, alumbrados  solo por la luz de los relámpagos, sorteando  postes de luz, cables del alumbrado público y zanjas tapadas por el agua de la intensa lluvia. Aquel torrencial aguacero cuyas gotas herían la piel como si fueran  tachuelas. Doña Rosa estaba, acompañada de la familia López y de su hermana Olga, su objetivo  era  alcanzar  la parte alta de la ciudad y refugiarse en la Belisario o en el hotel Los Cocos.

Ante la muerte que les amenazaba, en un  acto de desesperación y de angustia, uno de los miembros del grupo familiar  rompió el cristal de una ventana de una de las casa de mampostería que había en el camino. Por el hueco de la ventana hizo pasar a una pequeña niña de meses, el nombre de la  niña era Salma López,  una sobrina de Doña Rosa y prima hermana de su hijo en brazos. Doña Rosa Nunca soltó a su hijo, podría morir antes que desprenderse del fruto de sus entrañas. Finalmente  guiados solo por la luz de la fe en Dios,  y protegidos por la misericordia divina,  la familia entera, aunque sin la niña, alcanzó la escuela Belisario.

Recordar este pasaje de la historia de la vida de doña Rosa, es recrear una de las muchas historias de aquellos duros momentos de nuestra propia  historia que es intrínseca a la historia de nuestra ciudad.  Momentos  de dura prueba y de desafíos,  de coraje, de entrega y de abnegación. Momentos de desdicha y de lágrimas a los que muchos chetumaleños  no sobrevivieron, no obstante su titánica lucha por alcanzar la cima, la cima de aquel cerro que significaba para ellos, y para nuestra ciudad la supervivencia.

Pero doña Rosa sobrevivió, y es ahora,  cuando han transcurrido  60 años que nos dice adiós, después de toda una vida y de una labor cumplida, como hermana, como hija y como madre. Una madre que vio  de cerca la muerte y no sucumbió.   Y pienso que no sucumbió porque  tenía dos  misiones que cumplir, proteger la vida de su hijo entre  sus brazos y levantar una familia que diera testimonio de sus luchas,  una familia de gente buena,  una familia que esparciera esta tierra con sus semillas.

Hoy los hijos de esta noble tierra resurgida de la dura prueba de  aquel terrible huracán, rendimos un respetuoso homenaje a doña Rosa, y presentamos nuestras condolencias a su familia, la familia “Espinosa Abuxapqui”.   Hoy también me pregunto, quién le habría de decir a doña Rosa, en aquellos momentos que luchaba contra el terrible huracán,  que el hijo de sus entrañas, su primogénito, el que como fiera protegía de la furia de los vientos y de la muerte, su hijo Eduardo Espinosa Abuxapqui, en su carácter de presidente municipal, 60 años después de aquella tragedia, estaría  recibiendo las innumerables condolencias de toda la gente de su pueblo, ese pueblo orgulloso del valor de lo nuestro,  que lo mismo que ella se negó a morir, y resurgió de sus cenizas.

Mario Aguilar Vargas.

Los parques y la explanadaEste 27 de Septiembre se cumplieron 62 años que Janet marcara historia de Chetumal en un antes y un después. Ya mucho hemos escrito y hablado de aquel trágico día  y mucho hemos contado de sus desgarradoras historias.  En esta ocasión quiero referirme a Janet como un punto de referencia  para hacer una reflexión retrospectiva sobre como era nuestra vida antes de su llegada y como gradualmente, con el paso del tiempo, fuimos adquiriendo nuevas costumbres, y asimilando los nuevos adelantos  hasta transformarnos en lo que somos ahora como ciudad y como personas.

Para  los lugareños de antaño  que vivimos estas dos etapas de la vida de la ciudad, la de antes y las de después de Janet,  y los que crecimos  a orillas de la bahía, en la ribera del Rio,  en el Julubal,  en Barrio Bravo, o viviendo en “Las Casitas”, en Calderitas, o  en cualquier otro  rincón de aquel  viejo Chetumal,  volver a esos  años es entrar en un mundo de magia en el que la mente vuelve al pasado,  ese  pasado que sentimos  nuestro los que nacimos hace más de medio siglo. Un pasado que es sentimiento actual y actuante lo mismo orgullo que sufrimiento, sentimiento que muchos fuereños atacan, desdeñan, critican o no comprenden plenamente;  pero que otros muchos más, por el cariño que tienen a esta tierra, respetan, lo defienden y lo hacen suyo, a veces mejor que muchos nativos.

Muchos que formamos  parte de la segunda o tercera generación de fundadores,  recordar aquellos años es regresar el tiempo a una imaginaria reunión con nuestros abuelos, aquellos que nos dieron identidad, y sentimiento de pertenencia:  Una reunión en familia con el viejo“ Territorio” y  con el abuelo “Payo Obispo”, para  juntos con ellos,  revisar lo que ha sido  nuestra  evolución, cultural, social y política.

Evolución de la que fuimos parte y que revisaremos con motivo del aniversario de Janet. Una revisión de nuestro pasado  ya  sin la incertidumbre y los temores de aquellos duros años, y de aquellos difíciles momentos , una revisión  serena y objetiva  de lo que fue nuestra niñez, nuestra vida de adolescentes, de solteros, de casados y padres con hijos pequeños, con  pocos haberes y muchos deberes.

Revisaremos los años  en los que las preocupaciones y las ocupaciones ocupaban a plenitud nuestro tiempo, y nuestro pensamiento, y en los que  nuestra existencia transcurrió  en un constante caminar cuesta arriba, sorteando los obstáculos propios de aquel nuestro tiempo.

Revisar  aquel   pasado y recordar  los días que con  nuestra  mochila de ilusiones en la espalda  iniciamos nuestra aventura hacia una cima incierta, escalando tan solo  armados  con  escaso y rudimentario  equipo para ello.  Sin GPS ni celulares, esos que hoy  tan comunes,  y casi imprescindibles  de nuestros días. Adelantos que en ese entonces suponías de ciencia ficción.  Recorrer aquellos tiempos de la vieja época en la que  para ubicarnos   debíamos más  elevar nuestra  vista al cielo que de mirar los instrumentos, siempre con los pies de la tierra, sin olvidar la vieja enseñanza: “A Dios Rogando y con el Mazo Dando

Tiempos de bicicletas, no de automóviles, de paredes de tablas,  no de cristal,  de casas de madera, no de concreto; de veredas y caminos enlodados,  no de avenidas de concreto hidráulico, de  hogares, no de mansiones; en fin,  tiempos en los  que importaba más “el realmente  ser que el  parecer”.

Y ahora nos toca ver a  nuestros  hijos  escalar su propia cima,  recorrer  su propios caminos superar  sus nuevos obstáculos, vivir su propia vida. Es  ahora que caemos en cuenta, es ahora que recordamos y revisamos   lo que fue nuestra subida, los que fue nuestra primavera, y lo que hoy es nuestro otoño. Y tomamos conciencia  de lo cambiante de nuestros roles en la familia,  de padres  a abuelos.  Nuestro paso es más lento, nuestra energía es menor y nuestras prisas se fueron yendo con el polvo de los años.  Nuestra  mochila de subida se quedo en la cumbre y  la nueva solo lleva herramientas para el descenso. Aunque nos consuela  que  nuestras cargas,  prisas y quizás obsesiones por alcanzar la cima. Quizás  si nos negáramos a tomar nuestras herramientas de descenso, aferrados a seguir en la escalada, correríamos el riesgo de desbarrancar.

Y así, recordando a Janet   mi  mente viaja por nuestro pasado mientras mi espíritu  vuela cual gaviota en busca de corrientes de libertad. Y en ese volar por el pasado, encuentro disfrute y encuentro paz, viendo como las cosas van quedando atrás.  El viento  del pasado agita mis cabellos y refresca mi memoria.  Llegan a mí mente recuerdos de todo aquello que se ha vuelto antiguo,  que se ha vuelto historia y que también se ha vuelto evocador y romántico. Y sigo pensando y sigo recordando,  y sigo parado en  “Punta Estrella”. Espléndido sitio para recordar.

Veo Consejo, el obelisco,  el muelle  y el manglar.  A lo lejos  veo la vela de un barquito  que imagino  viene  de Xcalak, ese viejo pueblo de pescadores, que igual que nuestros años mozos quedó en el pasado. Es uno de aquellos  botecitos  de vela, que provenientes de Xcalak y de la costa del Caribe,  hacian su larga travesía para surtir  de pescado fresco a aquel mi viejo Chetumal.

Reparo en el  edificio del Congreso, nuestro símbolo de mayoría de edad como estado independiente,  y revivo la imagen de la vieja escuela primaria, la Álvaro Obregón.  Me pregunto que habrá sido de la vida y los anhelos de tantos  amigos y amigas  que allí conocieron  las primeras letras. La escuela Obregón y la Belisario, son  dos escuelas de gobierno a las que tanto les debemos y que fueron alma mater y fuente de saber de muchísimos  chetumaleños. Y es que recordar las escuelas Obregón y Belisario,  es recordar también  al profesor Santana,  al profesor España Cruz, al Profesor Ángel Gonzalez, a la profesora Obdulia, a la profesora Chabelita Medina, a la profesora Socorrito Garma, a la profesora Paulina Mólgora, a la profesora  Rosita Castro, al profesor Yanuario Pech y  otros muchos maestros y maestras que con su trabajo docente sembraron  de gratos recuerdos nuestro pasado.

Y en esta muy conocida y simbólica  punta  de la bahía, la que lleva el nombre de la ciudad, volteo hacia la isla de Tamalcab y recuerdo que a un costado de la casa de don Salomón Mingüer, la misma que no ha cambiado en todos estos años,  había una  bella  construcción de madera donde estaban las oficinas de la forestal, aquella oficina  encargada de dar los permisos para la explotación de  los bosques del viejo Payo Obispo. A aquella bella casona de madera la conocíamos como  “La Forestal”  y en sus alrededores había  pinos, caminos y veredas   las cuales fueron,  para muchos de nosotros, lugar preferido para nuestras correrías  y aventuras de chamacos.  Detrás de aquella vieja casona de estilo inglés, estaban  los campos llaneros de futbol y beisbol, ubicados estos en lo que en años anteriores  fue el campo aéreo Francisco Sarabia. Aquel campo aéreo  del viejo  Payo Obispo que funcionó en el primer cuarto del siglo pasado y que estaba bordeado  por el faro y el cuartel de la  compañía fija.  Fue el mismo  cuartel en el que durante muchos domingos, a muchos de nosotros, nos tocó hacer el servicio militar. Detrás del cuartel, hacia el norte, rumbo a Juan Luis y  Calderitas, estaban los cocales. Entre esos cocales serpenteaba un camino  que pasaba por ranchitos costeros, ranchitos  como el de los Montalvo. Aquel  viejo caminito seguía entre los cocales, pasaba por el poblado de  Calderitas, seguía por “Trincheras” e “Ixpatún”, y terminaba en lo que ahora conocemos como Oxtankah.

Y en ese  ejercicio de volar por el pasado, llego a los años de la explotación del chicle y la caoba.  Veo a los chicleros y monteros bajar de la selva a cobrar el fruto de su rudo trabajo. Los veo  llenar  las cantinas. Los veo dilapidando sus rayas en frenéticas  borracheras y los veo también  haciendo uso de las mujeres de alquiler.  Y sigo en ese largo  viaje viendo  aquellas viejas  gabarras, que cual fieles centinelas fondeaban en la bahía muy cerca de la desembocadura del rio. Eran las  mismas a las que  llegábamos nadando desde el muelle,  en tiempos de arriesgadas aventuras.   No puedo dejar de mencionar a la vieja  gabarra del señor Noverola, aquella que,   cotidianamente,  dragaba arena  del fondo de la bahía para venderla como material de construcción para las edificaciones de aquellos años. Con esa arena se construyeron edificios como el palacio de Gobierno y el estadio Ignacio Zaragoza, entre otros.  Y recorro también  el pequeño Astillero de Mr. Dick que se ubicaba a un costado de la bocana del rio.  En el pequeño astillero subían a reparar, fabricar y calafatear las embarcaciones de aquellos prístinos años. Y en ese largo recorrido, mentalmente,  llego hasta  el viejo rastro, ese que se situaba  donde ahora está el tribunal Superior de Justicia;  allí íbamos con los cuates del julubal a ver la matanza de reses y los cerdos. Los   matarifes  de aquel viejo rastro eran  Edgar Pacheco y el  Indio García, este último por muchos años, junto con doña Ponza, fue  el porrista oficial de  casi todos los eventos deportivos, todavía en tiempos no muy lejanos.

Otro de los recuerdos de aquellos años  era el  festejo del primero de Junio, el  día de la marina. En esa fecha se efectuaban regatas de veleros, competencias de palo encebado, carreras de sacos y carreras de bicicletas. Realmente era un día de gran fiesta pueblerina que nos congregaba a todos, un día  en el  que al igual que el carnaval, había una  verdadera verbena popular. Jolgorio que como dije, cada año se realizaba   en los alrededores de  la explanada, frente al palacio de gobierno y en los tres parques: el de la madre , el del maestro, y el parque Hidalgo.

En años posteriores a Janet, a finales de los 50 y principios de los 60s,  sólo había  un cine, el Ávila Camacho.  En esos años  la policía del territorio, con el mayor Garay al frente, sin miramientos ni contemplaciones era la que mantenía orden en el pueblo.  Aquella policía y su “Perrera”,  como le decíamos a la patrulla, eran símbolos   que infundían mucho temor en chicos y grandes.  Lo mismo sucedía con las figuras de Don Márgaro el Gobernador  y del  Lic Amezcua su secretario de gobierno.

Pero no obstante el autoritarismo y extremo temor al gobierno de Margarito Ramírez, un movimiento de ejidatarios ,  originado en Nicolás Bravo, surgió  por aquellos años.  Fue una marcha y un plantón de campesinos ejidatarios frente a palacio.    Protestaban por la   la inequidad en el  reparto de los  beneficios de la explotación de  la madera de los bosques. Finalmente, después de muchos meses de plantón frente a palacio, el movimiento  logró  poner fin al gobierno de Margarito Ramírez y con  ello terminar  con una larga época de  gobernantes broncos y autoritarios.  Terminó también una   etapa  de nuestra vida como territorio federal en la que nuestra voz fue poco escuchada por nuestros gobernantes,  y nuestra suerte dependía de las decisiones tomadas en el centro del País.

Después  de  Margarito Ramírez vino Aaron Merino Fernández, le siguíó, Rufo Figueroa,  luego  Javier Rojo Gomez y  finalmente   David Gustavo Gutiérrez Ruiz,  con  este último  concluyó nuestra historia como territorio federal. Durante los años, posteriores a la salida de Margarito Ramírez,  aún cuando seguíamos   siendo gobernados desde el centro del país,  vimos llegar  prosperidad.  Fue durante los gobiernos referidos cuando  vimos la llegada de servicios, como el  teléfono, el agua potable, y la televisión en los hogares;  se abrieron y pavimentaron  calles, se abrió la comunicación por carretera con el resto del país y  Chetumal tomó importancia como zona libre y por lo tanto lugar para adquiirir artículos extranjeros.  Fueron tiempos de auge comercial puesto que muchos de los artículos que aquí se adquirían, su  importación estaba prohibida en el resto de la república.  Con el auge del comercio de importación y el nacimiento del nuevo Estado de Quintana Roo,  en 1974, nos llegó una nueva etapa de progreso, una etapa de autonomía y una etapa de participación cívica y política. Fue realmente  una etapa de advenimiento a una modernidad  que abrió nuevos espacios y nuevas oportunidades para muchos de nosotros, tanto lo  laboral, lo comercial como en lo político .

Y continúo ensimismado en los recuerdos y mi vista se fija en el obelisco  con el  viejo reloj  de la explanada y me pregunto  cuantas vueltas desde entonces  han dado esas  viejas agujas que sobrevivieron a Janet, cuantas veces sus campanas han sonado para anunciarnos  nuevas horas,  nuevos momentos, y nuevos amaneceres. Su constante tic tac  me recuerda  que el tiempo no se detiene, y que las cosas por bellas o sufridas que sean, van quedando en el pasado,  que como nuestros ancestros nuestro tiempo quedo atrás  y que el  siglo y el  milenio terminaron; terminaron  como  termina  la primavera y llega el verano, y como termina el verano y llega  el otoño.

Y con esa sensación  de veteranía, sintiendo latir con fuerza la sangre por mis venas, con  las huellas del  tiempo y las batallas a cuestas, llevo en mi actual mochila las experiencias, las  alegrías y las tristezas , los triunfos y las derrotas  de aquellos años que me tocó vivir. Suspiro con alivio al saberme  satisfecho, en paz, y  agradecido con la vida, por todo lo  que me prodigó aquel viejo Chetumal de mis recuerdos.

Mario Aguilar Vargas.

Septiembre de 2015

No existe familia perfecta

El Papa FranciscoNo tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de unos a otros. Nos decepcionamos los unos a los otros.

Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable ni familia saludable sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma. El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios.

El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia.

Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente. Es por eso que la família tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad.

Papa Francisco

Pepe MujicaY hubo un día en que el presidente de Uruguay, ante todas  las naciones congregadas  en  la ONU, con la presencia de los más poderosos líderes del mundo, habló de lo que había que hablar, y dijo estas palabras:

Amigos todos, soy del sur, vengo del sur. Esquina del Atlántico y del Plata, mi país es una penillanura suave, templada, una historia de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras, de lanzas y caballos, hasta que por fin al arrancar el siglo XX se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado, en la enseñanza. Diría que la socialdemocracia se inventó en el Uruguay.

Durante casi 50 años el mundo nos vio como una especie de Suiza. En realidad, en lo económico fuimos bastardos del imperio británico y cuando este sucumbió vivimos las amargas mieles de términos de intercambio funestos, y quedamos estancados añorando el pasado.

Casi 50 años recordando el Maracaná, nuestra hazaña deportiva. Hoy hemos resurgido en este mundo globalizado tal vez aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal, la de un muchacho- porque alguna vez fui muchacho- que como otros quiso cambiar su época, su mundo, el sueño de una sociedad libertaria y sin clases. Mis errores son en parte hijos de mi tiempo. Obviamente los asumo, pero hay veces que medito con nostalgia.

La fuerza de la utopía

¡Quién tuviera la fuerza de cuando éramos capaces de albergar tanta utopía! Sin embargo no miro hacia atrás porque el hoy real nació en las cenizas fértiles del ayer. Por el contrario no vivo para cobrar cuentas o reverberar recuerdos.

Me angustia, y de qué manera, el porvenir que no veré, y por el que me comprometo. Sí, es posible un mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea cuidar la vida.

Pero soy del sur y vengo del sur, a esta asamblea, cargo inequívocamente con los millones de compatriotas pobres, en las ciudades, en los páramos, en las selvas, en las pampas, en los socavones, de la América Latina patria común que se está haciendo.

El bloqueo inútil a Cuba

Cargo con las culturas originales aplastadas, con los restos del colonialismo en Malvinas, con bloqueos inútiles a ese caimán bajo el sol del Caribe que se llama Cuba. Cargo con las consecuencias de la vigilancia electrónica que no hace otra cosa que sembrar desconfianza. Desconfianza que nos envenena inútilmente. Cargo con una gigantesca deuda social, con la necesidad de defender la Amazonia, los mares, nuestros grandes ríos de América.

Cargo con el deber de luchar por patria para todos. Para que Colombia pueda encontrar el camino de la paz, y cargo con el deber de luchar por tolerancia, la tolerancia se precisa para con aquellos que son distintos, y con los que tenemos diferencias y discrepamos. No se precisa la tolerancia para los que estamos de acuerdo.

La tolerancia es la paz

La tolerancia es el fundamento de poder convivir en paz, y entendiendo que en el mundo somos diferentes. El combate a la economía sucia, al narcotráfico, a la estafa, el fraude y la corrupción, plagas contemporáneas, prohijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos felices si nos enriquecemos sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales. Les ocupamos el templo con el dios mercado, que nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas, la apariencia de felicidad.

Parecería que hemos nacido solo para consumir y consumir, y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión.

Lo cierto hoy es que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta humanidad a consumir como un americano medio promedio, sería imprescindible tres planetas para poder vivir.

El despilfarro de vida

Es decir nuestra civilización montó un desafío mentiroso y así como vamos, no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida. En los hechos se está masificando como una cultura de nuestra época, siempre dirigida por la acumulación y el mercado.

Prometemos una vida de derroche y despilfarro, y en el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza, contra la humanidad como futuro. Civilización contra la sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales.

“Civilización” contra el amor

Lo peor: civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, el amor, la amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra tiempo libre no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la naturaleza.

Arrasamos la selva, las selvas verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, la soledad con electrónicos, porque somos felices alejados del entorno humano.

Cabe hacerse esta pregunta, huimos de nuestra biología que defiende la vida por la vida misma, como causa superior, y lo suplantamos por el consumismo funcional a la acumulación.

La política, la eterna madre del acontecer humano quedó limitada a la economía y al mercado, de salto en salto la política no puede más que perpetuarse, y como tal delegó el poder y se entretiene, aturdida, luchando por el gobierno. Debocada marcha de historieta humana, comprando y vendiendo todo, e innovando para poder negociar de algún modo, lo que es innegociable. Hay marketing para todo, para los cementerios, los servicios fúnebres, las maternidades, para padres, para madres, pasando por las secretarias, los autos y las vacaciones. Todo, todo es negocio.

Todavía las campañas de marketing caen deliberadamente sobre los niños, y su psicología para influir sobre los mayores y tener hacia el futuro un territorio asegurado. Sobran pruebas de estas tecnologías bastante abominables que a veces, conducen a las frustraciones y más.

El hombrecito promedio de nuestras grandes ciudades, deambula entre las financieras y el tedio rutinario de las oficinas, a veces atemperadas con aire acondicionado. Siempre sueña con las vacaciones y la libertad, siempre sueña con concluir las cuentas, hasta que un día, el corazón se para, y adiós. Habrá otro soldado cubriendo las fauces del mercado, asegurando la acumulación. La crisis se hace impotencia, la impotencia de la política, incapaz de entender que la humanidad no se escapa, ni se escapará del sentimiento de nación. Sentimiento que casi está incrustado en nuestro código genético.

Un mundo sin fronteras

Hoy, es tiempo de empezar a tallar para preparar un mundo sin fronteras. La economía globalizada no tiene más conducción que el interés privado, de muy pocos, y cada estado nacional mira su estabilidad continuista, y hoy la gran tarea para nuestros pueblos, en mi humilde manera de ver, es el todo.

Como si esto fuera poco, el capitalismo productivo, francamente productivo, está medio prisionero en la caja de los grandes bancos. En el fondo son la cúspide del poder mundial. Más claro, creemos que el mundo requiere a gritos reglas globales que respeten los logros de la ciencia, que abunda. Pero no es la ciencia que gobierna el mundo. Se precisan por ejemplo, una larga agenda de definiciones, cuántas horas de trabajo y toda la tierra, cómo convergen las monedas, cómo se financia la lucha global por el agua, y contra los desiertos.

Solidaridad con los oprimidos

Cómo se recicla y se presiona contra el calentamiento global. Cuáles son los límites de cada gran quehacer humano. Sería imperioso lograr consenso planetario para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Movilizar las grandes economías, no para crear descartables, con obsolescencia calculada, sino bienes útiles, sin fidelidad, para ayudar a levantar a los pobres del mundo. Bienes útiles contra la pobreza mundial. Mil veces más redituable que hacer guerras. Volcar un neo-keynesianismo útil de escala planetaria para abolir las vergüenzas más flagrantes que tiene este mundo.

La política y la ciencia

Tal vez nuestro mundo necesita menos organismos mundiales, esos que organizan los foros y las conferencias, que le sirven mucho a las cadenas hoteleras y a las compañías aéreas y en el mejor de los casos nadie recoge y lo transforma en decisiones.…

Necesitamos sí mascar mucho lo viejo y eterno de la vida humana junto a la ciencia, esa ciencia que se empeña por la humanidad no para hacerse rico; con ellos, con los hombres de ciencia de la mano, primeros consejeros de la humanidad, establecer acuerdos por el mundo entero. Ni los Estados nacionales grandes, ni las transnacionales y muchos menos el sistema financiero debería gobernar el mundo humano. Sí la alta política entrelazada con la sabiduría científica, allí está la fuente. Esa ciencia que no apetece el lucro pero que mira el porvenir y nos dice cosas que no atendemos. ¿Cuántos años hace que nos dijeron determinadas cosas que no nos dimos por enterados? Creo que hay que convocar la inteligencia al comando de la nave arriba de la tierra, cosas de este estilo y otras que no puedo desarrollar nos parecen imprescindibles, pero requerirían que lo determinante fuera la vida, no la acumulación.

No somos tan  ilusos

Obviamente, no somos tan ilusos, estas cosas no pasarán, ni otras parecidas. Nos quedan muchos sacrificios inútiles por delante, mucho remendar consecuencias y no enfrentar las causas. Hoy el mundo es incapaz de crear regulación planetaria a la globalización y esto es por el debilitamiento de la alta política, eso que se ocupa de todo. Por último vamos a asistir al refugio de acuerdos más o menos “reclamables”, que van a plantear un mentiroso libre comercio interno, pero que en el fondo van a terminar construyendo parapetos proteccionistas, supranacionales en algunas regiones del planeta. A su vez van a crecer ramas industriales importantes y servicios, todos dedicados a salvar y mejorar al medio ambiente. Así nos vamos a consolar por un tiempo, vamos a estar entretenidos y naturalmente va a continuar como para estar rica la acumulación para regodeo del sistema financiero.

Ir contra la especie

Continuarán las guerras y por tanto los fanatismos hasta que tal vez la misma naturaleza lo llame al orden y haga inviable nuestras civilizaciones. Tal vez nuestra visión es demasiado cruda, sin piedad y vemos al hombre como una criatura única, la única que hay arriba de la tierra capaz de ir contra su propia especie. Vuelvo a repetir, porque algunos llaman la crisis ecológica del planeta, es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana. Ese es nuestro triunfo, también nuestra derrota, porque tenemos impotencia política de encuadrarnos en una nueva época. Y hemos contribuido a construir y no nos damos cuenta.

¿Por qué digo esto? Son datos nada más. Lo cierto es que la población se cuadriplicó y el PBI creció por lo menos veinte veces en el último siglo. Desde 1990 aproximadamente cada seis años se duplica el comercio mundial. Podíamos seguir anotando datos que establecen la marcha de la globalización. ¿Qué nos está pasando? Entramos en otra época aceleradamente pero con políticos, atavíos culturales, partidos, y jóvenes, todos viejos ante la pavorosa acumulación de cambios que ni siquiera podemos registrar. No podemos manejar la globalización, porque nuestro pensamiento no es global. No sabemos si es una limitante cultural o estamos llegando a los límites biológicos.

Los efectos de la codicia

Nuestra época es portentosamente revolucionaria como no ha conocido la historia de la humanidad. Pero no tiene conducción consciente, o menos, conducción simplemente instintiva. Mucho menos todavía, conducción política organizada porque ni siquiera hemos tenido filosofía precursora ante la velocidad de los cambios que se acumularon.

La codicia, tanto negativa y tanto motor de la historia, eso que empujó al progreso material técnico y científico, que ha hecho lo que es nuestra época y nuestro tiempo y un fenomenal adelanto en muchos frentes, paradojalmente, esa misma herramienta, la codicia que nos empujó a domesticar la ciencia y transformarla en tecnología nos precipita a un abismo brumoso. A una historia que no conocemos, a una época sin historia y nos estamos quedando sin ojos ni inteligencia colectiva para seguir colonizando y perpetuarnos transformándonos.

¿Qué es el todo?

Porque si una característica tiene este bichito humano, es que es un conquistador antropológico. Parece que las cosas toman autonomía y las cosas someten a los hombres. Por un lado u otro, sobran activos para vislumbrar estas cosas y en todo caso, vislumbrar el rumbo. Pero nos resulta imposible colectivizar decisiones globales por ese todo. Más claro, la codicia individual ha triunfado largamente sobre la codicia superior de la especie. Aclaremos, ¿qué es el todo?, esa palabra que utilizamos.

Para nosotros es la vida global del sistema tierra incluyendo la vida humana con todos los equilibrios frágiles que hacen posible que nos perpetuemos. Por otro lado, más sencillo, menos opinable y más evidente. En nuestro occidente, particularmente, porque de ahí venimos aunque venimos del Sur, las repúblicas que nacieron para afirmar que los hombres somos iguales, que nadie es más que nadie, que sus gobiernos deberían representar el bien común, la justicia y la equidad. Muchas veces, las repúblicas se deforman y caen en el olvido de la gente corriente, la que anda por las calles, el pueblo común.

No fueron las repúblicas creadas para vegetar encima de la grey, sino por el contrario, son un grito en la historia para hacer funcionales a la vida de los propios pueblos y, por lo tanto, las repúblicas se deben a las mayorías y a luchar por la promoción de las mayorías.

La cultura consumista

Por lo que fuera, por reminiscencias feudales que están allí en nuestra cultura; por clasismo dominador, tal vez por la cultura consumista que nos rodea a todos, las repúblicas frecuentemente en sus direcciones adoptan un diario vivir que excluye, que pone distancia con el hombre de la calle.

En los hechos, ese hombre de la calle debería ser la causa central de la lucha política en la vida de las repúblicas. Los gobiernos republicanos deberían de parecerse cada vez más a sus respectivos pueblos en la forma de vivir y en la forma de comprometerse con al vida.

El hecho es que cultivamos arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, hacemos diferenciaciones jerárquicas que en el fondo socavan lo mejor que tienen las repúblicas: que nadie es más que nadie. El juego de estos y otros factores nos retienen en la prehistoria. Y hoy es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. Así se estrangula la economía, derrochamos recursos.

Dos millones por minuto

Oigan bien, queridos amigos: en cada minuto del mundo se gastan dos millones de dólares en presupuestos militares en esta tierra. Dos millones de dólares por minutos en presupuesto militar!! En investigación médica, de todas las enfermedades que ha avanzado enormemente y es una bendición para la promesa de vivir unos años más, esa investigación apenas cubre la quinta parte de la investigación militar.

Este proceso del cual no podemos salir, es ciego. Asegura odio y fanatismo, desconfianza, fuente de nuevas guerras y esto también, derroche de fortunas. Yo se que es muy fácil, poéticamente, autocriticarnos, personalmente. Y creo que sería una inocencia en este mundo plantear que allí existen recursos para ahorrar y gastarlos en otras cosas útiles. Eso sería posible, otra vez, si fuéramos capaces de ejercitar acuerdos mundiales y prevenciones mundiales de políticas planetarias que nos garanticen la paz y que nos den a los más débiles, garantía que no tenemos. Ahí habría enormes recursos para recortar y atender las mayores vergüenzas arriba de la Tierra. Pero basta una pregunta: en esta humanidad, hoy, ¿adonde se iría sin la existencia de esas garantías planetarias? Entonces cada cual hace vela de armas de acuerdo a su magnitud y allí estamos porque no podemos razonar como especie, apenas como individuos.

Las instituciones mundiales, particularmente hoy vegetan a la sombra consentida de las disidencias de las grandes naciones que, obviamente, estas quieren retener su cuota de poder.

El papel de la ONU

Bloquean en los hechos a esta ONU que fue creada con una esperanza y como un sueño de paz para la humanidad. Pero peor aún la desarraigan de la democracia en el sentido planetario porque no somos iguales. No podemos ser iguales en este mundo donde hay más fuertes y más débiles. Por lo tanto es una democracia planetaria herida y está cercenando la historia de un posible acuerdo mundial de paz, militante, combativo y que verdaderamente exista. Y entonces, remendamos enfermedades allí donde hace eclosión y se presenta según le parezca a algunas de las grandes potencias. Lo demás miramos desde lejos. No existimos.

Amigos, yo creo que es muy difícil inventar una fuerza peor que el nacionalismo chauvinista de las granes potencias. La fuerza que es liberadora de los débiles. El nacionalismo tan padre de los procesos de descolonización, formidable hacia los débiles, se transforma en una herramienta opresora en las manos de los fuertes y vaya que en los últimos 200 años hemos tenido ejemplos por todas partes.

Nuestro pequeño ejemplo

La ONU, nuestra ONU languidece, se burocratiza por falta de poder y de autonomía, de reconocimiento y sobre todo de democracia hacia el mundo más débil que constituye la mayoría aplastante del planeta. Pongo un pequeño ejemplo, pequeñito. Nuestro pequeño país tiene en términos absolutos, la mayor cantidad de soldados en misiones de paz de los países de América Latina desparramos en el mundo. Y allí estamos, donde nos piden que estemos.

Pero somos pequeños, débiles. Donde se reparten los recursos y se toman las decisiones, no entramos ni para servir el café. En lo más profundo de nuestro corazón, existe un enorme anhelo de ayudar para que le hombre salga de la prehistoria. Yo defino que el hombre mientras viva con clima de guerra, está en la prehistoria, a pesar de los muchos artefactos que pueda construir.

Las soledades de la guerra

Hasta que el hombre no salga de esa prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa, esa es la larga marcha y el desafío que tenemos por delante. Y lo decimos con conocimiento de causa. Conocemos las soledades de la guerra. Sin embargo, estos sueños, estos desafíos que están en el horizonte implica luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiecen a gobernar nuestra historia y superar paso a paso, las amenazas a la vida. La especie como tal, debería tener un gobierno para la humanidad que supere el individualismo y bregue por recrear cabezas políticas que acudan al camino de la ciencia y no solo a los intereses inmediatos que nos están gobernando y ahogando.

Paralelamente hay que entender que los indigentes del mundo no son de África o de América Latina, son de la humanidad toda y esta debe como tal, globalizada, propender a empeñarse en su desarrollo, en que puedan vivir con decencia por sí mismos. Los recursos necesarios existen, están en ese depredador despilfarro de nuestra civilización.

La bombita de 100 años

Hace pocos días le hicieron ahí, en California, en una agencia de bomberos un homenaje a una bombita eléctrica que hace 100 años que está prendida; ¡100 años que está prendida, amigo! Cuántos millones de dólares nos sacaron del bolsillo haciendo deliberadamente porquerías para que la gente compre, y compre, y compre, y compre.

Pero esta globalización de mirar por todo el planeta y por toda la vida significa un cambio cultural brutal. Es lo que nos está requiriendo la historia. Toda la base material ha cambiado y ha tambaleado, y los hombres, con nuestra cultura, permanecemos como si no hubiera pasado nada y en lugar de gobernar la civilización, esta nos gobierna a nosotros. Hace más de 20 años que discutíamos la humilde tasa Tobi. Imposible aplicarla a nivel del planeta. Todos los bancos del poder financiero se levantan heridos en su propiedad privada y qué sé yo cuántas cosas más. Sin embargo, esto es lo paradojal. Sin embargo, con talento, con trabajo colectivo, con ciencia, el hombre paso a paso es capaz de transformar en verde a los desiertos.

El hombre es capaz…

El hombre puede llevar la agricultura al mar. El hombre puede crear vegetales que vivan con agua salada. La fuerza de la humanidad se concentra en lo esencial. Es inconmensurable. Allí están las más portentosas fuentes de energía. ¿Qué sabemos de la fotosíntesis?, casi nada. La energía en el mundo sobra si trabajamos para usarla con ella. Es posible arrancar de cuajo toda la indigencia del planeta. Es posible crear estabilidad y será posible a generaciones venideras, si logran empezar a razonar como especie y no solo como individuo, llevar la vida a la galaxia y seguir con ese sueño conquistador que llevamos en nuestra genética los seres humanos.

Pero para que todos esos sueños sean posibles, necesitamos gobernarnos a nosotros mismos o sucumbiremos porque no somos capaces de estar a la altura de la civilización que en los hechos fuimos desarrollando.

Este es nuestro dilema. No nos entretengamos solos remendando consecuencias. Pensemos en las causas de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del use-tire que lo que está tirando es tiempo de vida humana malgastado, derrochando cuestiones inútiles. Piensen que la vida humana es un milagro. Que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida. Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla y entender que la especie es nuestro nosotros.

Gracias.

El Papa FranciscoHermanos y hermanas:

Me alegro de este encuentro con ustedes, autoridades políticas y civiles de Bolivia, miembros del Cuerpo diplomático y personas relevantes del mundo de la cultura y del voluntariado. Agradezco a Mons. Edmundo Abastoflor, Arzobispo de esta Iglesia de la Paz, su amable bienvenida. Les ruego que me permitan cooperar, alentando con algunas palabras, la tarea que cada uno de ustedes ya realiza. Y les agradezco la cooperación que ustedes con su testimonio de calurosa acogida me dan a mí para que yo pueda seguir adelante. Muchas gracias.

Cada uno a su manera, todos los aquí presentes compartimos la vocación de trabajar por el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente de la propia perfección»; gracias a ustedes por aspirar –desde su rol y misión– para que las personas y la sociedad se desarrollen, alcancen su perfección.

Estoy seguro de sus búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno en este afán por el bien común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva. Que la riqueza se distribuya.

En el trayecto hacia la catedral he podido admirarme de las cumbres del Hayna Potosí y del Illimani, de ese «cerro joven» y de aquel que indica «el lugar por donde sale el sol». También he visto cómo de manera artesanal muchas casas y barrios se confundían con las laderas y me he maravillado de algunas obras, de su arquitectura. El ambiente natural y el ambiente social, político y económico están íntimamente relacionados.

Nos urge poner las bases de una ecología integral, es problema de salud. Una ecología integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las graves cuestiones socio ambientales de nuestros días, sino los glaciares de esos mismos montes seguirán retrocediendo y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores también se derretirán como esos hielos). De esto hay que tomar conciencia. Ecología integral y me arriesgo, supone ecología de la madre tierra, cuidar la madre tierra,  Ecología humana, cuidarnos entre nosotros y ecología social. Forzada la palabra.

Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad.

Es necesaria también la cultura, de la que forma parte no solo el desarrollo de la capacidad intelectual del ser humano en las ciencias y de la capacidad de generar belleza en las artes, sino también las tradiciones populares locales, eso también es cultura, con su particular sensibilidad al medio de donde han surgido y al que dan sentido y del medio del que han salido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportar a la sociedad.

Los cristianos, en particular, como discípulos de la Buena Noticia, somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia en favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen. Esas virtudes que vuestra cultura tan sencillamente se expresan esos tres mandamientos, “no mentir”, “no robar”, “no ser flojo”, pero debemos estar alertas pues muy fácilmente nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, que nos volvemos insensibles a sus manifestaciones. Y así confundimos sin darnos cuenta el «bien común» con el «bien-estar», Y de ahí se va resbalando de a poquito de a poquito y el ideal del bien común cómo que se va perdiendo y termina en el bienestar sobre todo cuando somos nosotros los que los disfrutamos y no los otros.

El bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace. El bien común, en cambio, es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.

Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para que los pensadores, las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación desarrollen su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos, llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad.

La luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora,la Iglesia debe servir al Evangelio de Cristo para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana. Respeto. El cristianismo ha tenido un papel importante en la formación de la identidad del pueblo boliviano.

La libertad religiosa –como es acuñada habitualmente esa expresión en el fuero civil– es quien también nos recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales. En extender el bien común a través de las obras sociales.

Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes por tantos factores la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la calle y recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia, que lo resuelve en silencio, son tantos que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos.

Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Estoy pensando acá en el mar. Diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución.

Bolivia transita un momento histórico: la política, el mundo de la cultura, las religiones son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy puede ser el tiempo de la integración. Y hay que caminar en ese camino Hoy Bolivia puede «crear nuevas síntesis culturales».

¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo!

¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!

Bolivia, en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser «esa multiforme armonía que atrae» Y que atrae en el camino de la consolidación de la Patria grande.

Muchas gracias por su atención. Pido al Señor que Bolivia, «esta tierra inocente y hermosa» siga progresando cada vez más para que sea esa «patria feliz donde el hombre vive el bien de la dicha y la paz». Que la Virgen santa los cuide y el Señor los bendiga abundantemente. Y por favor, por favor les pido, que no se olviden de rezar por mí.

El Arte de No EnfermarseHable de Sus Sentimientos.

Emociones y sentimientos que son escondidos, reprimidos, terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerarnos, hacer confidencias, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, nuestros errores.  ¡Porque el diálogo, el hablar,  y la palabra, son  poderosos remedios y una excelente terapia!

Tome decisiones.

La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana es hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel

Busque Soluciones.

Personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Mejor es encender un fósforo que lamentar la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedadNo Viva de Apariencias.

Quien esconde la realidad finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, bonachón, etc., está acumulando toneladas de peso… Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor

Acéptese.

El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a si mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría, buen sentido y terapia.

Confie.

Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relacionamiento. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.

No Viva Siempre Triste.

El bueno humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”. La alegría es salud y terapia.

Dr. Durazio Varella