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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

En aquellos años (1903) el sueldo del Gobernador o Jefe Político del Territorio quintanarroense, era de diez pesos diarios. Y así como misteriosamente fue desintegrándose el Puerto de Xcalak, quería el General Bravo también desaparecer el “Campamento General Vega”; borrar todo lo que su antecesor hizo en beneficio del Territorio de Quintana Roo… y empezó por inventar impuestos en el Ayuntamiento Campamento Vega (Bahía de la Ascensión), hasta dejar arruinados a los pocos comerciantes que ahí habitaban. Se había decretado el Territorio de Quintana Roo zona libre o sea, zona de exención de pagos a los impuestos, pero el Gobernador seguía cobrándolos muy especialmente a los del Campamento Vega. La importancia del Campamento se debía a que cerca se encontraba el Puerto de Vigía Chico, lugar con mucho movimiento de barcos pequeños mercantes, y hasta un ferrocarril que recorría diariamente a Sta. Cruz de Bravo. Hasta aquí la versión de los comerciantes Peraza Hnos., Martín Hnos., Isidoro Garabana, José Carballo, Juan Ponce, Pedro Silvaran, J. M. Liggburn, Parham y Alamilla, que se quejaron ante el Presidente de la República, don Porfirio Díaz.

Está claro que los beneficiados en la anterior administración del ex Jefe Político De la Vega, echaban la culpa de todos sus males al Gral. Bravo. Muchas cosas terribles se han dicho en torno al General Ignacio A. Bravo, pero durante el tiempo, en que se cobraron impuestos por la venta de alcohol al menudeo, nunca faltó el dinero en las Tesorerías Municipales; los sueldos a los serenos fueron puntualmente pagados, se compraron y repararon faroles, etc., y había un fondo para las necesidades emergentes… pero  era ilegal cobrar impuestos porque todo el Territorio de Quintana Roo era una  Zona Libre de impuestos, y ni los borrachos debíamos pagar impuestos.

Finalmente el Campamento Vega desapareció y oficialmente la capital de Quintana Roo fue declarada Santa Cruz de Bravo el 5 de mayo de 1904. Lo anterior quedó escrito en un documento que informa: “Tengo el honor de comunicar a Ud. Lic. Corral, Srio. de Gobernación, que conforme a la Ley de Organización Política y Municipal del Territorio Fed. de Q. Roo, con esta fecha ha quedado instalada en esta localidad la Jefatura Política”… Libertad y Constitución… Firma del Gral. Bravo… MAYO 5 DE 1904… Mi superior Bravo ordenó a los soldados que pegáramos en todas las paredes copias de dicho documento.

El General era un militar muy estricto, recuerdo una vez cuando su hijo el Teniente Tomás A. Bravo, fue invitado a una fiesta particular, el joven habrá tenido mi edad como de veinte años, y se le hizo fácil ordenar que la Banda Militar de la 10/a Zona, amenizara la pachanga. El General Bravo que se encontraba en el cuartel, preguntó lleno de cólera a su Estado Mayor un tal Zapata:¿Quién ordenó que la Banda Militar tocara música para bailar?

El Teniente Bravo, mi General. Indignado y con voz ronca gritó el Gral. Bravo: ¡Tráigamelo inmediatamente, vivo o muerto! El Teniente ya frente al autor de sus días y cuadrándose militarmente exclamó: ¡A sus órdenes mi General! El Gral. Bravo temblando de coraje le interrumpió: ¿Quién le dio permiso para sacar la banda? ¡Nadie mi general!, respondió el Teniente. Desenvainando rápidamente el sable que siempre portaba, el anciano General Bravo se fue en contra de su hijo, y le dio furiosos planazos donde le cayeran. El muchacho le suplicaba entonces: “¡Papacito!”. Pero ya el General enloquecido sin dejar de golpearlo le respondía:¡Yo no soy su padre hijo de la chingada… soy su General!

Fue necesario que los oficiales retiraran al muchacho para que el señor general Bravo no consumara el asesinato de su propio hijo… mi General nunca permitió la deshonra del H. Ejército Mexicano. Viene a mi memoria un acontecimiento político que fue cuando hubo comicios para elegir presidente de los mexicanos, y también al primer Diputado Federal por el Territorio de Quintana Roo. En un pedazo de papel en blanco (cuarta parte tamaño carta) el elector escribía: “Doy mi voto para Presidente de la República al C. General de División don Porfirio Díaz… y para Vicepresidente al C. Lic. Don Ramón Corral”. Al calce de la improvisada boleta firmaba el elector. El mismo mecanismo era para elegir al Diputado Federal: “Doy mi voto para Dip. Federal al General don Mariano Ruiz y para suplente al Lic. don Vicente Villada”… y firma del elector… Santa Cruz de Bravo, Capital del Territorio de Q. Roo, año de 1904.

Tres días del mes de julio se utilizaron para llevar a cabo dichas elecciones federales: el día diez para diputados, el once para Presidente y el doce para Magistrados de la Suprema Corte de Justicia. La única casilla existente en todo Quintana Roo, la abrieron a las nueve de la mañana cerrándola veinte minutos después, hecho que ocurrió repetidamente dentro de cada uno de los tres días consecutivos… más tardaban llenando las actas, que contando los siete votos que caían dentro de la ánfora. La ley electoral Art. 26 permitía que en el caso de Quintana Roo, tan sólo siete personas votaran en nombre de todos los ciudadanos del Territorio; por ejemplo José Aguilar, votó por todos los de ISLA MUJERES; Ausencio F. Robles, votó por los de

Puerto Morelos; José A. Novelo, por los de Cozumel; Felipe Santibáñez, por Vigía Chico; José Villalobos, porSanta Cruz de Bravo; Justo Castillo y Antonio R. Flores, por los de Xcalak. Los siete representantes que ya mencioné, y que podían votar por todos los quintanarroenses eran militares, además de que también fungieron como Presidente y Escrutadores en la casilla electoral… convertidos en juez y parte al mismo tiempo. En las actas de instalación no apareció nombre alguno de candidatos opositores al régimen dictatorial, se puede decir que los quintanarroenses ni se enteraron que habían votado por don Porfirio Díaz.

Yo como soldado de tropa, puedo presumir que conocí a todos los Generales Jefes Políticos de Q. Roo, y el momento que más descontrol hubo en la política administrativa local fue cuando entró como Presidente de México don Francisco I. Madero. El Lic. José María Pino Suárez, que era Gobernador del Estado de Yucatán, participó en las elecciones como Vicepresidente a lado de Madero, y dejó de Gobernador a su “cuñadito” el Sr. Nicolás Cámara Vales.

De nueva cuenta como en los tiempos de la dictadura, Quintana Roo se llenó de presos políticos y campesinos inocentes traídos encadenados desde “Ixtlán de Juárez”, Oaxaca, acusados de levantarse en armas contra Francisco I. Madero. Para entonces el Jefe Político de Q. Roo, fue el General Manuel Sánchez Rivera que en realidad duró muy poco porque Pino Suárez colocó a su otro cuñadito el Sr. Alfredo Cámara Vales, como Gobernador de Q. Roo… y así desfilaron un montón de “busca chambas” que se decían ser los Jefes Políticos.

Francisco I. Madero protegido por el clero, era también afecto al espiritismo y aseguraba comunicarse con los muertos. Algo que molestó mucho a los militares de alto rango, fue cuando Madero mandó quitar el águila de una bandera mexicana para en ese mismo lugar colocar su cara de Presidente Madero. No cabe duda que don Pancho Madero ya se sentía superior a los símbolos patrios.

En 1913 cuando asesinan a Francisco I. Madero la situación se puso todavía peor. Había al mismo tiempo dos Jefes Políticos de Q. Roo, uno enviado por Venustiano Carranza y el otro por Victoriano Huerta, estos dos últimos ya se sentían Presidentes de México; que no habiendo Presidente legítimo quedaba claro que la Revolución Mexicana aún seguía su marcha.

Carranza que no había tomado protesta ante el H. Congreso de la Unión como Presidente de México, no tenía autoridad legal para firmar decretos, sin embargo Carranza se aventó la puntada de ‘Por Dcreto del 10 de junio de 1913’, desaparecer el Territorio de Quintana Roo y anexárselo al Estado de Yucatán… desde luego que todo fue una vacilada porque, nos guste o no, el Presidente era el General Victoriano Huerta, único facultado para decretar la desaparición de una entidad federativa… asunto muy delicado que nunca pasó por el H. Congreso de la Unión.

Para 1915 ya no estaban los Porfiristas ni los delahuertistas, ahora nacían los nuevos burgueses con uniformes de Generales y su caudillo Venustiano Carranza al frente. De los Jefes Políticos que recuerdo con gran estima, se encuentra el General Arturo Garcilaso y De la Vega, hombre de la revolución mexicana, Gobernador del Territorio de Quintana Roo, allá por 1915; perjudicó grandemente los intereses de latifundistas, e inmediatamente lo fusilaron.

En esta parte de la Península existían varios latifundios, pero uno de éstos era muy especial cuyo poderoso poseedor, el ‘Banco de Londres y México’,  tenía poco más de setecientas mil hectáreas ubicadas a 65 kilómetros de Puerto Morelos Q. Roo, lugar hoy conocido como ‘Leona Vicario’, que originalmente en manos del banco llevó el nombre de “Hacienda Santa María”.

Mi General Garcilaso que más simpatizaba con Emiliano Zapata que con el mismo Carranza, quiso por cuenta propia acabar en el Territorio de Quintana Roo con los latifundistas, y comenzó con la Hacienda Santa María. Venustiano Carranza que desde un principio al igual que Pancho Madero, no cumplió con los ideales de la Revolución Mexicana al no devolver las tierras a los campesinos, dio origen al enfrentamiento armado entre Villistas-Zapatistas contra Obregonistas-Carrancistas.

Al mismo tiempo en el Territorio de Quintana Roo empezaron las quejas de los adinerados hacendados en contra del Gobernador Garcilaso, del cual yo era su escolta. Fueron varias entrevistas con el Sr. Carranza, y escritos enviados a la Sría. de Gobernación pidiendo la destitución del Gral. Garcilaso que ya se había convertido para los terratenientes en una verdadera amenaza. El Banco de Londres y México, alegaba que esos “sus terrenos” los tenían para la explotación del chicle en gran escala, y que ninguno de los distintos gobiernos de la República había pretendido desconocer el derecho para explotar los terrenos en la forma que al banco le viniera en gana hasta que fue nombrado comandante militar de Quintana Roo el Sr. Gral. Don Arturo Garcilaso, quien prohibió terminantemente que se continuaran los trabajos que se venían haciendo… Que el ejército les recogió todo el dinero que había en caja, al igual se habían llevado toda la mercancía existente en bodega, y si algún directivo se oponía se lo llevaban a prisión en Santa Cruz de Bravo.

Que cada rato les cortaban el telégrafo y el teléfono dejando incomunicada la Hacienda Santa María, Puerto Morelos y Payo Obispo (Chetumal). Que el Gral. Garcilaso llegó al grado de llevarse a Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) el chicle que se encontraba almacenado en Puerto Morelos ya listo para exportarlo y que ascendía a ciento cincuenta toneladas; lo mismo hizo con otras ciento cincuenta toneladas de chicle aproximadamente que se encontraban en Payo Obispo. Al Parecer para el Gral. Garcilaso no había otra forma de acabar con el latifundismo que tanto pregonó la Revolución Mexicana. Mi General Garcilaso tocó intereses muy fuertes pisando callos que ni Carranza Constitucionalista se hubiera atrevido a hacer… tal vez no era el momento.

Altos mandos lo mandaron a llamar que fuera inmediatamente a Mérida Yucatán. Encontrándose en Santa Cruz de Bravo Capital de Quintana Roo, se trasladó a la ciudad de Mérida, ahí lo apresaron encerrándolo en un calabozo de la Penitenciaría Juárez; incomunicado, se le acusó de deslealtad al Jefe Carranza. Golpeado y cortado todo su cuerpo con navajas de afeitar no lograron que se declarara culpable. Al amanecer del 10 de julio de 1915 con la yugular y las venas de las manos sangrando, apoyándose en los hombros de dos soldados, ya falleciendo lo amarraron a una silla de madera para que recibiera la descarga que fue de treinta fusiles.

Aquí en Quintana Roo, se nos hizo creer que al General lo habían asesinado por líos de faldas, pero quienes llegamos a tomar la copa con Garcilaso sabíamos que Carranza estaba muy molesto porque se habían tocado los intereses del Banco de Londres y México… mi General Garcilaso se había echado encima un alacranzote llamado latifundio; el asunto es que la ‘Hacienda Santa María’ siguió trabajando en santa paz.

No fue sino hasta el régimen cardenista, con su Gobernador en Quintana Roo General Rafael E. Melgar, que el latifundio en manos del Banco de Londres y México, por fin dejó de ser, y conforme al Código Agrario, el 26 de junio de 1936 se entregaron las tierras y bosques a los vecinos: Leona Vicario 64 mil has., Tulum 10 mil has., Puerto Morelos 21 mil has., Solferino 18 mil has., Playa del Carmen 22 mil has., y Kantunilkín 5 mil has.”.

“El cobarde asesinato del ex Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Arturo Garcilaso y de la Vega, no pudo ser en vano… la ‘Hacienda Santa María’ tierras que desde Porfirio Díaz despojó a la Nación por muchos millones de pesos, al fin quedó en manos de los quintanarroenses. Ante tanto desorden a finales de 1915, una comisión enviada por el General Salvador Alvarado (Gobernador de Yucatán), se hizo entrega de Santa Cruz de Bravo, entonces Capital del Territorio de Q. Roo, a los indígenas mayas.

En cuanto el cacique de aquel lugar de nombre Francisco May, tomó posesión ordenó dinamitar las obras federales como los aljibes públicos, oficinas, escuela y hospital. Mandó cortar todos los cables de telégrafos y teléfonos, descarriló el tren que corría de Santa Cruz de Bravo a Vigía Chico. Violando el pacto federal May pretendió anexar la zona maya a los ingleses de Honduras Británicas (Belice); incluso sólo reconocía como única autoridad a la Reina Victoria de Inglaterra a la cual le rezaba y prendía veladoras a la fotografía de la Reina que era blanca, rubia con cara de virgencita… Locuras de May que ponía en aprietos la soberanía de nuestra nación.

Lo anterior motivó que a principios de 1916 se hiciera el movimiento rápido de tropas al mando del General Carlos A. Vidal, que desconoció la autoridad de Francisco May, cambiando inmediatamente la capital del Territorio Federal de Quintana Roo hacia Payo Obispo (Chetumal), lugar seguro y alejado de la peligrosidad que aún representaba la zona maya.

Con la llegada a Santa Cruz de Bravo, de mi General Carlos A. Vida, también llegó una soldadera revolucionaria de nombre María Cristina del Refugio Pérez Vda. de Morales, cuyo oficio eran las armas pero principalmente era partera o comadrona… le apodaban la Zandunga, sobrenombre que alguna vez se lo había puesto el Gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza.

Doña Zandunga me platicó que había participado en muchas batallas, pero que nunca antes sintió tanto miedo como cuando desembarcaron en Vigía Chico… descuartizados por todos lados, tanto de indígenas como de militares… que en la revolución fueron combates diferentes, que aquí era a machetazos de cuerpo a cuerpo donde los campesinos mayas eran expertos.

Y así empezó la mudanza con rumbo a la nueva capital de Quintana Roo, únicamente sacamos de allá los archivos que en realidad ya sólo eran documentos para la historia; recuerdo que entre esos papeles iba el Decreto de puño y letra firmado por don Porfirio Díaz, donde se creaba el Territorio Federal de Quintana Roo…de los muebles lo único que nos trajimos a Payo Obispo fue la planta eléctrica y el reloj público, uno de dos relojes que con motivo del primer centenario del grito de independencia el Gobierno de China obsequió a México, y que vino a parar a Sta. Cruz de Bravo en 1910. El otro ‘reloj chino’ estuvo en la Ciudad de México, y fue destruido a balazos por los revolucionarios.

Al sur de Quintana Roo el desarrollo empieza:

Ya para 1916 en Payo Obispo (Chetumal) la nueva capital de los quintanarroenses, el Gral. Vidal ordenó inmediatamente construir con maderas finas el Palacio de Gobierno de dos pisos ubicado frente al Parque Hidalgo en la avenida 22 de enero con calle del Reloj (Héroes). Payo Obispo había sido fundado por don Othón P. Blanco el 5 de mayo de 1898, luego de haber trazado las primeras calles, lo segundo que el Sr. Blanco construyó fue la escuela primaria, un muelle de madera, oficina de gobierno llamada ‘Detall’ y un faro. Para l916 se colocó el reloj público en lo alto de dicho faro, glorieta que estaba ubicada atrasito del Palacio de Gobierno: cruce de la Av. 22 de Marzo con Calle del Reloj. Originalmente esta última mencionada calle, se llamó “2 de Abril”.

La Constitución del 5 de febrero de 1917 dio origen al Municipio Libre, y por otro lado dejaron de llamarse “Jefes Políticos” para definitivamente dar paso a los “Gobernadores”. El 15 de septiembre de 1917, el nuevo Gobernador General Octaviano Solís, inauguró el ‘Palacio de Gobierno’ que su antecesor había construido (El edificio  de madera). Algo que en lo personal me llenó de orgullo, fue que con la llegada del General Solís también llegó mi nuevo nombramiento… ya que por méritos ganados ante los conflictos habidos en la anterior capital Santa Cruz de Bravo, lealtad al Presidente de México Venustiano Carranza, y sobre todo una excelente conducta, fui ascendido a Capitán 2º de Caballería.

Me había prometido no volver jamás a la Isla de Cozumel, el recuerdo de aquel mi primer amor con flor, aún me tenía destrozado; si regresé fue porque mi General Octaviano Solís me ordenó por cuestiones de seguridad nacional, infiltrarme entre la gente para obtener información y saber qué tanto hablaban unos militares “gringos” con los pescadores de la Isla. Para cumplir con esta misión, también fue nombrado el Subteniente Rosalino López. El Señor Gobernador nos dijo: “¡hoy recibí un telegrama fechado el 3 de agosto de 1918, donde el Presidente Municipal de la isla cozumeleña me informa que constantemente fondea en ese puerto, el crucero CHESTER de cuatro chimeneas, y tres caza-submarinos de la Armada Norteamericana… que pidiendo permiso en calidad de turistas, bajan a tierra veinticuatro marineros que hablan perfectamente el español, pero que en realidad se dedican a interrogar muy especialmente a los pescadores!”.

Todo esto sucedió porque eran tiempos de la primera guerra mundial. A principios de 1917 los aliados británicos habían interceptado un telegrama enviado por el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Arthur Zimmermann, al embajador de su país en México, donde se decía la posibilidad de una alianza germano mexicana en la que México recuperaría parte de lo que fue su territorio como Nuevo México, Texas y Arizona… eso puso de nervios a los gringos que en ese 1917 le había declarado la guerra a Alemania.

Encontrándonos el Subteniente Rosalino López y yo en Cozumel, nos enteramos que dichos marineros yanquis, andaban indagando entre los pescadores si habían visto algún submarino alemán en aguas del Territorio de Quintana Roo, ya que el Sr. José Rodríguez (de Cozumel), patrón del balandro mexicano “Unity II”, fue llamado por las autoridades aliadas a Estados Unidos, para que confirmara haber visto un submarino alemán en aguas del Territorio. También informamos a nuestro superior el Gral. Octaviano Solís, que el crucero de guerra norteamericano y tres de los caza submarinos navegaban constantemente por aguas del Canal de Yucatán y Mar del Caribe, fondeando a la altura de Cabo Catoche.

Que durante el patrullaje estadounidense estuvieron checando profundidades del mar en la zona del canal, Isla Mujeres, Cozumel, Bahía de la Ascensión, Espíritu Santo y toda la costa hasta llegar frente a Xcalak. Una vez terminado nuestro reporte, el Subteniente López y yo, nos devolvimos a Payo Obispo (Chetumal). Ya en la zona militar supimos que el Cónsul de México en Belice, había informado (en clave) a la Secretaria de Relaciones Exteriores, que agentes secretos como el Teniente Mayor de la Marina Inglesa Eduardo Minister del Gobierno Inglés, también andaba investigando si México se comunicaba con Alemania por medio de alguna estación inalámbrica. No cabe duda que el miedo no anda en burro… si Pancho Villa apenas hacía dos años (9 de marzo de 1916) se atrevió a invadir Columbus estando ahí sus soldados yanquis, con mayor razón le tenían pavor al ejército alemán.

Fin de la 2ª parte (continuará)

Si desea leer completa esta novela haga click en los siguientes enlaces:

Enlace a la primera parte

Enlace a la tercera parte

Enlace a la Cuarta y última parte

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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Camelo Sóstenes Chin, jovencito que a sus catorce años abandonó su hogar probando suerte llegó a la Isla de Cozumel en el año de1900. El narra en estas sus memorias parte de la vida política, social y económica en la peligrosa selva peninsular del entonces sureste mexicano.

Remembranzas que van de 1900 a 1955. Don Camelo a sus 69 años de edad muere ahogado en Chetumal durante el ciclón Janet, no sin antes haber cumplido su sueño ideal, dar por terminadas sus memorias… “¡MI ULTIMO DESEO!”.

En esta novela, basada en hechos reales, (entrevistas y Archivo General de la Nación) pretende su autor Rubén Hernández Godínez, llevar al lector por la manera más entretenida de enterarse de una parte de los acontecimientos que durante 55 años de historia regional, quedaron atrapados en este libro, que es la única novela que se ha escrito sobre el origen y época del misterioso Territorio Federal de Quintana Roo… ¡Comenzamos!.

Enlutado el sur de Quintana Roo:

“Poco más de cuatrocientos cadáveres humanos regados por toda la Ciudad de Chetumal y sus alrededores. El último reporte de la Sría. de Marina, informa que el ciclón Janet acabó con la tercera parte de la ciudad y sólo les dejó puesto lo que traían encima”… Así fueron las primeros notas periodísticas con lo que todos los mexicanos amanecimos aquel 28 de septiembre de 1955.

— “¿Qué puede haber peor que esto?”, acomodándose entre las orejotas sus eternos lentes obscuros de vidrio y empuñando en su mano izquierda a la que le faltaban dos dedos se cuestionaba el Gobernador Margarito Ramírez Miranda: — “En estos momentos me siento un imbécil, cansado y viejo, sin embargo soy el Gobernador de todos los quintanarroenses… lo he sido por once años y lo seguiré siendo hasta que se me hinchen las ganas”.

Chetumal capital del Territorio de Quintana Roo, cuyas arquitecturas hacían muy especial el lugar pues el 95 por ciento de sus casas fueron construidas con maderas finas de caoba y cedro ciudad de buena madera, pero al fin de madera que el huracán destruyó; aunado a que el agua de la bahía y del mar Caribe se metió llegando con tal fuerza una altura de casi tres metros que a una señora de nombre doña Alicia Delgado Mayorga Propietaria de la Posada Centenario, le fue arrebatada de entre sus brazos a su bebe, la madre desconsolada narraba cómo es que tan sólo se quedó con un bracito de la pequeña infante.

No se podía caminar con tantas puntas de clavos y maderas rotas tiradas por todos lados, filosas láminas de metal; sobre todo gente herida que suplicaba atención médica.

Ese 28 de septiembre muy de mañana ya estaban acomodando los muertitos a las afueras del Teatro Juventino Rosas, ahí comenzaron sobre la banqueta y luego se siguieron hasta pasar por el Teatro Avila Camacho… y así se siguieron rodeando hasta casi completar toda la manzana, y a cuatro cuadras sobre la banqueta de la Iglesia del Sagrado Corazón habían otro tanto más de cuerpos esperando ser identificados.

Muertos que después seguían apareciendo por todos lados, el mal olor señalaba el lugar, lo mismo era debajo de las tablas, que cuerpos atrapados en el pretil de la costera donde al regreso del agua muchos se quedaban atorados. La cantidad real de los muertos jamás se llegará a saber, sobre todo si los datos los manipula el gobierno federal. Hacía un calor endiablado, serpientes y alacranes aparecían por todos lados. Cuanto más pasaban las horas, los perros empezaban a comerse los cadáveres, hubo que incinerar inmediatamente… Por la Av. de los Héroes sólo transitaban carretas llevando amontonados los muertos a la fosa común del panteón, hoyo que medía cinco metros de hondo por seis de largo y tres de ancho.

Don Camelo Sóstenes Chin, que desde hacía diez años se había convertido en el mejor amigo de don Margarito Ramírez, ya que ambos todas las tardes se reunían frente al Palacio de Gobierno en el Parque del Maestro con el fin de un partidito de ajedrez o conversar sobre la revolución mexicana, caudillos y esas cosas de los cristeros. Nunca faltaban otras personalidades a las reuniones, pero Camelo Sóstenessin más estudios que la primaria (no había más en el nuevo Quintana Roo) lo mismo sabía de la Revolución Francesa que de la Independencia de México; el gobernador siempre lo tuvo en buena estima: “¡Sóstenes es un hijo de la chingada igualitito a mí, por eso es mi cuate!”, presumía don Márgaro.

Pero Sóstenes que llevaba como 24 horas de haber muerto ahogado, se le encontró abrazando un disco del trovador Guty Cárdenas cuya canción era “FLOR”, junto había también una libreta con manuscritos de sus recuerdos vividos en el Territorio Federal de Quintana Roo, todo envuelto en gruesa bolsa de hule. Margarito fue en busca de su amigo, y recogiendo disco y escritos de aquella libreta le reprochó al cuerpo inerte: “Te lo dije cabrón, que no te quedaras en esta pinche casa pero tú terco dizque querías ya terminar tus memorias”.

Márgaro sentado en una cubeta, dio instrucciones de que sepultaran a su amigo Camelo, y por pura curiosidad se puso a leer los apuntes cuyo titulo le llamó mucho la atención, sobre todo que venia de un recién muerto… “¡Mi Último Deseo!”.

—A la Diosa Naturaleza llamada Salud: solicito un último deseo… poder terminar estas mis memorias que a mi tercera edad es arena del tiempo que se me escapa entre las manos… tercera edad… tercera llamada:

Mi nombre es Camelo Sóstenes Chin, nací un diciembre de1885 en la Villa de Baca, Yucatán.

No conocí a mi papá, y ni falta que me hizo; mi mamá siempre fue algo más que una amiga, que una compañera.De niño viviendo en Baca los vecinos cuidaban de mí, mamá trabajaba en una empresa henequenera en Mérida Yucatán, ya en el último año de mi escuela primaria la fui a terminar en la Benito Juárez de la ciudad blanca, ahí había un profesor que me impresionaba cuando se ponía a hablar sobre la historia de Yucatán, piratas y tesoros del Caribe.

En una ocasión el maestro dijo que tenía la firme convicción de que en la parte Oriente de la Península, el marinero Gonzalo Guerrero había escondido varias monedas de oro. Que la embarcación donde viajaban del Panamá a Santo Domingo aquel año de 1511, jamás se estrelló en los arrecifes llamados “Alacranes” frente a Jamaica. Que todo aquel ladrón que se atrevía a hurtarle alguna riqueza a la Corona Real de España, le eran cortadas como castigo las dos manos. Hernán Cortés refiriéndose a Gonzalo Guerrero dijo: “En verdad que le querría haber a las manos, porque jamás será bueno”.

Bernal Díaz del Castillo, secretario escribano del Capitán Hernán Cortés dice en sus apuntes, que encontrándose Cortés en la Isa de Cozumel mandó buscar a Gonzalo Guerrero que se encontraba viviendo tierra adentro de la Península cuya única entrada se refería a lo que hoy es Chiquilá o Cabo Iglesias; y que para llegar hasta el marinero Gonzalo Guerrero les llevó caminar tres soles y dos lunas, pero que Gonzalo dio un montón de pretextos para no ir al llamado del Capitán Cortés.

Cuando los soldados españoles se llegaban a dar cuenta de las riquezas en metal oro que ellos mismos llevaban, la mayor de las veces estos navíos eran auto robados.

De Gonzalo Guerrero no sabemos absolutamente nada, a su mujer le han inventado gran cantidad de nombres como: Izpilotzama, Axchel, Za-zil o Nicte-há… cuentos e inventos de poetas.

En Cartas de las Indias que existen en archivos de España, hay unas de Hernán Cortés donde da saber al Rey de España que son muchísimos los españoles que se encuentran viviendo entre los indígenas, y que no le era posible rescatar a todos porque urgía salir rumbo a la Gran Tenochtitlan o las lluvias se encargarían de no dejarlos pasar.

Por lo anterior nos queda claro que con tantos españoles en la península yucateca, sabrá la Macarena cual de todos habrá sido nuestro primer papá.

A mí me asombra la calidad de enseñanza de los maestros que habían antes, maestro Peniche del sexto ‘B’ chaparrito caderón con una guayabera toda viejita; de verdad que con don Porfirio Díaz sí que habían profesores de vocación.

El Profe Peniche defendiendo la clase indígena de nosotros los niños mayas, juraba y perjuraba que nunca existió “el padre del mestizaje”, que lo que en realidad hubo primero fue “madre del mestizaje”, que es muy diferente.

Dada la condición de esclavos, los náufragos españoles no tenían derecho a elegir mujer porque ¡ERAN ESCLAVOS!; si acaso les iba bien y no se los comían, estarían enjaulados muchos años en calidad de esclavos.

A diferencia del Nohoch Tata, que en sus dominios sí le era posible cualquier mujer que él quisiera, no faltaba más para eso era el jefazo de la tribu.

Bernal Díaz del Castillo dice en sus escritos, que el padre Jerónimo de Aguilar le había informado que en el naufragio les acompañaban diez mujeres… españolas, jovencitas, de ojos claros y divinos… por Dios que se necesitaba ser muy tonto para no darse cuenta que el Nohoch Tatich tuvo muchísima tela europea de dónde escoger, y conociendo a mis paisanos yucas, seguramente éste gandaya maya dijo: “¡Que me sirvan la rubia de categoría superior!”… que con toda certeza no hablaba de la cerveza.

Y como los cuentos y chismes no todos tienen que ser igual, mi profe Peniche aseguraba que el primer embarazo no se dio con una indígena, sino con una europea; pero como nos encanta sufrir y ser perdedores, no va a faltar algún político despistado que hasta le levante una estatua al tal Gonzalo Guerrero.

La Real Academia de Historia de Madrid (seguía diciendo mi profe Peniche), tiene un documento que escrito a fines de 1518, manifiesta haber llegado a Sevilla una carabela trayendo desde tierra nueva a seis indios de la misma tierra, y que estos primitivos de Huicata (Yucatán) dicen que allá existen ocho hombres castellanos de Sevilla que llegaron en una carabela y que están allá desde hace 15 o 20 años casados y ricos.

Para ya finalizar esta parte de mi niñez que tanto llamó mi atención, Peniche mi queridísimo maestro ponía en duda que Gonzalo Guerrero haya sido el padre del mestizaje y terminaba diciendo: “Con tanto gachupín en Yucatán, ya ni supe cuál fue mi verdadero abuelo”.

Después de haber terminado mi primaria en diciembre de 1898, siendo hijo único y sin posibilidades económicas para seguir estudiando decidí abandonar el hogar, y me fui al Puerto de Progreso a trabajar como alijador, estaba por cumplir apenas 14 años de edad, pero no aguanté mucho y me embarqué siguiendo la ruta de los tesoros hacia la Isla de Cozumel.

En la Isla me encontré con una prima que hacía como seis años que no veía, era mayor que yo diez años; siempre de niño ella cuidó de mí… me bañaba, me curaba cuando estaba yo enfermo, me hacía mi pastel para mis cumpleaños y como mi madre vivía en Mérida y yo en la Villa de Baca, ella mi prima se dormía conmigo para que yo no tuviera miedo a la obscuridad en ese pueblo donde las almas en pena nunca descansaban.

Mi parienta Flor Nogal Sóstenes, que vivía sola me recibió encantadoramente en su casa, un jacal de palmas cayéndose por los fuertes vientos pero que yo veía como algo hermoso… cuando eres joven todo lo ves hermoso. Mi primita siguiendo su vieja costumbre continuó abrazándome cuando yo dormía, y como era mestiza que no usaba calzón… una noche vino el Diablo y sopló… ¡ aquello fue un verdadero incendio!.

La casa nidito de nuestro amor estaba ubicada cerca del rancho San Remigio, allá por el Cedral; Flor y yo trabajábamos en la Hacienda Colombia, eran plantas henequeneras donde yo laboraba en las maquinarias… esos extranjeros sí que pagaban bien.

Flor cada vez estaba más joven y hermosa, y yo más hombre, sólo queríamos estar haciendo el amor, no sé ni cómo pasaron tres años y no embarace a esta mujer.

La Cía. Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán, S. A., para la que yo trabajaba me pidió que me fuera a tierra firme, precisamente a 65 kilómetros de Puerto Morelos, del mismo Territorio de Quintana Roo, ahí se explotaba el chicle y se necesitaba un capataz.

Cuando me despedía de Flor, sentí mucho miedo, como si su protección divina me abandonara… ella significaba todo para mí; cuando me daba su bendición me dijo que a mi regreso a la Isla me daría una sorpresa… creo que ahora sí la encontraría panzona.

Apenas habían pasado unos cuantos días y ya en tierra firme se anunció el desarrollo de un huracán, que después pegó a la Isla de Cozumel, y les tardó 24 horas de aquel funesto 12 de agosto de 1903.

La distancia en el Mar Caribe entre Puerto Morelos a San Miguel de Cozumel apenas y son 17 millas casi 32 kilómetros, pero fue un calvario regresar a Cozumel. Cuando por fin llegué vi que los cayucos Magnolia, Cornelia y Vaporcito habían sido destruidos totalmente. El Pailebot Nacional Cozumel del porte de 28 toneladas fue arrojado a la playa a más de ocho metros del litoral, a pesar de haber estado debidamente anclado. Los pailebotes Josefita, Pepito, Unión, Quintana Roo, así como los Balandros Fénix, Aire Libre, San Román y seis botes que estaban abrigados en la Caleta se fueron a pique.

En la playa sur se encontró un timón y por la del norte una vela. En la playa del este se encontraron papas y naranjas dulces en gran cantidad, por lo que se sospecha pudo haber ocurrido algún naufragio cerca de estas costas.

En la Colonia de los prisioneros indígenas, los delincuentes todos se escaparon.

Pero a mí lo que más me interesaba era encontrar a Flor, y yo lo único que veía eran siembras de maíz destruidas, matas de coco reducidas a basura, casas de mampostería desmoronadas; me dijeron que el faro de Punta Celarain estaba tirada en el suelo.

Los más corpulentos árboles habían sido arrancados de raíz, y multitud de ramas de grueso tamaño cubrieron el piso impidiendo el tránsito. Que en el Cedral sólo quedó en pie la casa del C. Arturo Rejón.

En mis prisas por encontrar a Flor, vi en el camino ganados vacunos y caballos muertos aplastados por los árboles… cuando por fin encontré el lugar a donde alguna vez estuvo la casa de palmas, vecinos salieron a mi encuentro para decirme que Flor había fallecido ahogada junto con otros más que fueron aplastados por la casa a donde se habían ido a refugiar… la descomposición de los cuerpos hizo urgente el entierro en una fosa común.

A mis dieciocho años estaba yo sufriendo el golpe más grande de mi vida… prometí jamás volver a Cozumel.

Me fui a vivir a Santa Cruz de Bravo (Felipe Carrillo Puerto), Territorio de Quintana Roo, no había más chamba que la de soldado, y como yo era un mestizo civilizado (un “Cholo”) y entendía bien la maya, que me cuelgan mi rifle y que me ponen a las órdenes de mi General José María de la Vega, Jefe Político del Territorio; nunca imaginé llegar tan alto… limpia botas del primer Gobernador de Quintana Roo.

Todavía existían indígenas sublevados dolor de cabeza para la Secretaría de Guerra, apenas hacía unos cuantos días el 14 de septiembre de aquel 1903, en Bacalar un Capitán de apellido Labastida, que se encontraba colocando cables de teléfonos para comunicar de Bacalar a Santa Cruz de Bravo (115 kilómetros), junto con otros militares fueron asesinados y colgados de los mismos postes no sin antes haberles cortado sus partes nobles.

Pero si hasta entre los mismos generales tenían muy serios enfrentamientos: Ignacio A. Bravo y José Ma. De la Vega, fueron enemigos irreconciliables. Para cuando se creó el nuevo Territorio de Q. Roo en 1902, ya la principal población de los indígenas mayas se llamaba Santa Cruz ‘de Bravo’, porque en Yucatán hacía año y medio (10 de junio de 1901) habían decretado que la población de Chan Santa Cruz, que estuvo ocupada por indios sublevados, llevara el nombre de Santa Cruz ‘de Bravo’, en honor al generalísimo Ignacio A. Bravo, quien como jefe de la campaña de pacificación, había tomado dicha plaza el 3 de mayo de 1901.

Los métodos de ‘pacificación’ del General Bravo, preocuparon a la Presidencia de la República que tenía informes de que los indígenas mayas estaban siendo quemados vivos, haciendo mayor la venganza entre indígenas y mestizos, no había control.

Llamado ante sus superiores, el General Ignacio A. Bravo se ausentó de la Península Yucateca, quedando al frente de la 10/a zona el también General de División don José María de la Vega, quien correspondió ser el primer Jefe Político con facultades de Gobernador del naciente Territorio Federal de Quintana Roo, cuyo periodo fue del 24 de noviembre de 1902 al 12 de diciembre de 1903, permaneciendo un año ya que el anciano Gral. Ignacio A. Bravo, retornó a la zona como Jefe Político.

La rivalidad entre estos dos Generales era tan obvia, que si uno lograba que Sta. Cruz se le anexara: “de Bravo”, el otro fundó un lugar llamado “Campamento General Vega”.

Todos los documentos firmados por el Gral. Vega decían: Campamento Vega, Territorio de Q. Roo. Cuando regresó el Gral. Bravo, la documentación cambió diciendo: Sta. Cruz ‘de Bravo.

El Campamento Vega que fue temporalmente la Capital del naciente Territorio de Q. Roo se encontraba en Punta Allen, a un par de kilómetros de Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) y como a 60 kilómetros de Santa Cruz de Bravo (Carrillo Puerto); campamento Vega donde se establecieron los servicios administrativos, de enfermería, concentración de tropas y sobre todo lugar seguro frente a la hermosa playa para inversionistas que habían sido invitados por el mismo General De la Vega. Punta Allen representaba un lugar seguro a diferencia de Santa Cruz de Bravo que los rebeldes mayas todavía seguían asesinando a los que fueran diferentes a ellos, Punta Allen fue ideal para vivir en paz, yo no lo conocí porque al igual que otros soldados siempre estuvimos al frente cuidando el orden en Santa Cruz.

Por aquel tiempo tuve la fortuna de haber conocido a tres de los generalazos más importantes de la historia quintanarroense: a Vega, a Bravo y Victoriano Huerta, este último muy amigo del Ministro de Guerra el General Bernardo Reyes. Don Victoriano Huerta pidió ingenieros militares y dinero para construir el ferrocarril, se contrató mano de obra afroamericana beliceña para hacer la “chamba” pero no supieron hacer el trabajo y se fueron a la huelga… se tuvo que echar mano de 200 presos mexicanos que finalmente hicieron la obra de Vigía Chico a Santa Cruz de Bravo… trenecito de diez furgones, quince plataformas con sus tres máquinas cuyo combustible era de petróleo, y sus rieles estaban 90 centímetros distanciados uno del otro. El General (ingeniero topógrafo) Huerta fue un hombre muy respetado, sobre todo famoso entre las tropas porque como egresado del H. Colegio Militar, obtuvo las calificaciones más altas, motivo por el cual fue felicitado por el Presidente Don Benito Juárez quien le dijo: “¡Indios como usted y yo, los mexicanos esperan mucho!”… pero como la historia oficial la hacen los intereses de los vencedores…

Nota de Mario:

Al presentar en  este espacio el trabajo  del autor, pretendo a la vez de darle la merecida  difusión a su obra,  rendir un reconocimiento a su trabajo y su talento. He leído novelas históricas de reconocidos autores sobre la guerra de castas y Chan Santa Cruz. Tal  es el caso de  ” La Cruz y la Espada” de Don Serapio Baqueiro. Esta es la primera obra de este tipo que leo de un autor del patio.   Me gusta su mezcla de ficción con   realidad histórica a lo largo de 55 años del accidentado  pasado de esta tierra nuestra (1900-1955). Creo que el autor  logra una obra realmente entretanida, ilustrativa,  didáctica y  meritoria. Esfuerzos como estos deben ser siempre alentados.   A partir de hoy, en cinco capitulos, diariamente, estaremos publicando el contenido de este bonito relato. Que  lo disfruten.

Si desea leer completa esta novela, haga click en los siguientes enlaces:

Segunda Parte de “Mi Último Deseo”

Tercera Parte de “Mi Último Deseo”

Última Parte y final de “Mi Último Deseo”