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No existe familia perfecta

El Papa FranciscoNo tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de unos a otros. Nos decepcionamos los unos a los otros.

Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable ni familia saludable sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma. El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios.

El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia.

Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente. Es por eso que la família tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad.

Papa Francisco

El libro del tesoro

Libro del tesoroHace muchísimos años, en una pequeña ciudad de Damasco vivía una viuda con un solo hijo. Cuando creyó que estaba cerca de su final, poco antes de morir, llamó a su hijo y le dijo:

– Hijo, siempre hemos vivido con dificultades porque somos pobres, pero te entrego esta riqueza. Es un libro me lo regaló un poderoso mago y dentro de sus páginas están todas las indicaciones necesarias para hallar un gran tesoro. Yo no he tenido ni fuerza ni tiempo para leerlo, pero ahora te lo doy a ti. Sigue las instrucciones y llegarás a ser rico.

El hijo después de haber superado la tristeza por la pérdida de su madre, empezó a leer aquel grueso libro, antiguo y precioso que comenzaba así:

– Para llegar al tesoro debes leer página por página. Si saltas y lees el final el libro desaparecerá por arte de magia y no podrás encontrar el tesoro. Y prosiguió describiendo las riquezas. Pero después de la primera página, el texto continuaba en lengua árabe.

El joven que ya se imaginaba rico, pero que no quería correr el riesgo de que otro se enterara de su contenido se puso a estudiar árabe, hasta que pudo leer sin problema. Pero con sorpresa advirtió que el libro continuaba en chino y en otro idioma. El joven con paciencia estudió cada idioma. Mientras tanto, aprovechó el conocimiento de varias lenguas y comenzó a ser conocido en la ciudad como mejor intérprete, de tal modo que ya su situación económica ya no era tan difícil.

El libro continuaba con las instrucciones para administrar el tesoro. El joven estudió con mucha voluntad comercio, y economía. Se capacitó sobre los bienes muebles e inmuebles, para que no lo engañaran cuando tuviera el tesoro. Adquirió nuevos conocimientos a tal punto que su fama se extendió hasta la corte, donde lo nombraron administrador general.

El libro por fin se adentraba en lo único en cuestión, indicando la forma de cómo construir un puente, cómo usar los instrumentos para llegar a un lugar, cómo abrir puertas de piedra apartando la tierra, cómo aplanar una calle, y muchos temas más.

Siempre con la idea de que nadie lo ayudase para no confiar su secreto, el hijo de la viuda, quien había llegado a ser un hombre muy culto y respetado, estudió ingeniería y urbanismo. El rey al enterarse de su valor y cultura, lo nombró ministro y arquitecto de la corte; finalmente Primer Ministro. No existía en el reino un hombre tan culto e inteligente. El mismo día que el hombre  se casaba con la hija del rey, llegó al final del libro y ppudo leer su última frase:  “la más grande riqueza es el conocimiento”.

El conocimiento es una nueva fuente de generación de riqueza, como lo es la tierra desde hace muchos años; la diferencia es que la tierra la puedes medir en metros cuadrados, hectáreas, acres, etcétera y el conocimiento no cuenta con una medida por su carácter cualitativo. Generar conocimiento es un habilidad que todos tenemos y muy pocos aprovechamos, simplemente porque no es reconocido como una fuente de ingresos.

El Arte de Amar Erich FrommEs fácil sentir el amor, como un sentimiento especial en nuestros corazones. Lo difícil, es mantener encendida esa chispa que lo hace permanecer vivo en nosotros.  Le damos alimento, con los detalles: una nota inesperada, una flor, una tarjeta sin motivo alguno aparente, un beso en el espejo, una llamada sorpresa solamente para decir “te amo”, o “estoy pensando en ti”.  Una mirada silenciosa que lo diga todo, una cena especial, algún tipo de locura que lo haga sonreír. Dedícale una canción que siempre que la escuche piense en ti.

Intenta conocer sus gustos, también sus disgustos. Siéntete orgulloso de mostrarte con ella  o con él.   Lo más importante, es no caer en la rutina.  Haz que cada día sea diferente al anterior; a veces es difícil lograr esto, pero poniendo de nuestra parte, aunque se haga lo mismo, se verá diferente.  Aprende a valorar los pequeños detalles que esa persona tiene para contigo, y de igual forma serás correspondido.  En otras palabras: ¡Da rienda suelta a tu imaginación!

Cuando dejamos salir de nosotros, ese mar de sentimientos que nos llena, y lo dejamos fluir hacia ese ser, lo estamos amando.  Cuando lo inundamos con nuestra alegría, con nuestro entusiasmo, con todas esas vibraciones positivas que lo hacen querer estar cerca de nosotros.  No lo inundemos con nuestras tristezas, amarguras, arrepentimientos.  Hay momentos para todo, y la chispa siempre tiene que permanecer encendida.  Por eso: ¡Amar… es un arte!

No importa cuál sea el tipo de amor, ni a quién amamos, el secreto del amor verdadero, está en hacer feliz al otro, haciéndonos felices a nosotros mismos.  ¡Si somos felices, haremos felices a los demás!   Cada uno de nosotros somos artistas en nuestro interior.  La vida es el escenario por excelencia.  Está en nosotros dar el máximo, para que nuestro papel sea bien realizado; aportando nuestro arte al servicio de los demás.

¡Eso es el arte de amar!

Erich Fromm.

Amar a los animales

Reflexiones(48)La vida es, aún para la ciencia, el más grande de los milagros, pero para la mayoría de los animales, la vida no es vida sino un intenso dolor, sólo por haberles tocado la suerte de compartir el planeta y este tiempo con el hombre, su verdugo más cruel.

Los “animales no humanos”, hay que decirlo de esta manera para expresarse con propiedad de ellos, son seres maravillosos en los que se ve la grandeza de Dios, y la perfección de la naturaleza, pero son tristemente indefensos ante el hombre: su mayor depredador.

Hay quienes afirman que lo que distingue al ser humano de los otros animales, es el raciocinio, pero viendo lo que este hace con su aparente ventaja, es necesario ponerlo en duda, no sólo en su relación con los seres inferiores que están a su merced, sino con el uso inescrupuloso que le da en cada acto a su facultad de entendimiento.

Apenas comprendiendo su ignorancia y confusión, puede explicarse la arrogancia insoportable del que pone su derecho a la vida ciegamente por delante del derecho a la vida de otros seres.  Si somos superiores, sólo esa condición nos agrega un imperativo moral por el cual debemos rendir justificaciones de nuestros actos. Sólo el hecho de que debamos decidir cómo tratar a los animales, hace a nuestra relación con ellos moralmente grave.

Nosotros pensamos, nuestros animales no, por lo que tenemos el privilegio y la carga de hacernos responsables de la relación y el trato con ellos.  Pero nuestra relación con las bestias, sin embargo, es la de las metáforas que las degradan. “Eres un animal”, “Eres un burro”.  Pero mejor sería decir: “eres un hombre torpe”, o “eres una mujer egoísta”.

“Soy un miserable gusano” decía Friedrich Nietzsche para autodefinirse, cuando lo devoraba la sífilis y expiaba su remordimiento de filósofo porque se acostaba con su madre y con su hermana.  Había muchas culpas humanas en él, pero ¿qué culpa tenía el gusano?

El siglo XX fue generoso y mezquino, bálsamo y letal, fértil para la ciencia y retrógrado para la convivencia entre los hombres.  Sobre su final, mostró una luz de esperanza en el reconocimiento al derecho de los animales en las sociedades civilizadas. Una luz, nada más, pero es mejor algo, que nada.

Los derechos del hombre en la Grecia clásica eran los derechos del ciudadano varón y libre.  Las mujeres y los esclavos eran para la legislación, tan poca cosa como hoy son (continúan siendo) los animales en las comunidades incultas.  Otras formas de discriminación, igual de vergonzantes ha visto la historia: quemar al hereje en la hoguera fue una conducta aceptada, hasta que un día la civilización decidió que era inaceptable.  Todo es cuestión de tiempo.  Llegará el día en que el exterminio irracional de los animales de esta época, en casi todas las sociedades, será un asunto que se exhibirá en museos, a la mirada incrédula de los visitantes.

Konrad Lorenz, el etólogo austríaco, el gran sabio del siglo pasado que en 1973 obtuvo el premio Nobel de medicina, dijo: “el hombre siempre fue bastante estúpido, pero últimamente noto un cambio: está peor”.  Es el mismo médico bondadoso que amaba a los animales y que en otra ocasión afirmó: “De sólo pensar que mi perro me quiere más que yo a él, siento vergüenza”.

Lord Byron escribió para la tumba de su perro, este epitafio: “Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios”.

Los animales, salvajes o domésticos, son a la luz de la inteligencia, nuestros compañeros de viaje.  Su sacrificio o sufrimiento inútiles son actos de inmoralidad y barbarie degradantes para quien los provoca.

¿Por qué quererlos?

  • Porque el cuidado de todas las formas de vida nos hace más evolucionados.
  • Por compasión, porque la compasión es una olvidada emoción elevada.
  • Porque matar o hacer sufrir es destrucción.
  • Porque construir es respetar a un Dios todopoderoso y a su acto de la Creación.
  • Porque el hombre civilizado vive de acuerdo con ciertos valores y no hay valores que justifiquen la crueldad.
  • Porque la inteligencia invita a vivir de tal manera que nuestras acciones aporten a la felicidad y no al dolor que hay en el mundo.
  • Porque proveer a la vida y no a la muerte no puede estar pasado de moda, a menos que el mundo esté irremediablemente perdido.
  • Porque no podemos ser indiferentes a la insensibilidad de quien mata a un animal por placer.

 Un amante de las corridas de toros dijo una vez: “los toros de lidia no nacerían si no existiera esa primitiva obscenidad que llaman fiesta, porque estos son criados para la muerte en la plaza”.  Basados en este criterio, también podríamos criar niños para que sean sacrificados frente a cincuenta mil forajidos con boleto pagado. Desde Platón sabemos que educar es formar en la virtud.  Piedad, compasión, amor por la vida de todos los seres, respeto por los demás, son conquistas del hombre de buenas costumbres. No se trata de ser superior, sino de superar a los demás, y de ser capaz de mejorarse a sí mismo.

 ¿Por qué dicen algunos que con relación al hombre, los animales son una especie inferior?   ¿Porque no tienen las mismas “virtudes” que adornan a los hombres, como: el odio, la maldad, la envidia, la venganza, el rencor, el engaño, la traición,  y la soberbia?

Todos los animales, humanos y no humanos, morimos cuando cesan nuestras funciones corporales. Sin embargo, los hombres crueles, mueren mucho antes, aunque no lo noten.

Eduardo Lamazón.

La magia y el deseo

Momentos FelicesEl cuerpo gigantesco del guerrero sumerio estaba arado de cicatrices y su piel curtida por el sol y la nieve.  Su nombre era Jormás, y cuenta esta historia que cierta vez, mientras cabalgaba con tres de sus amigos de una ciudad a otra, sufrieron una emboscada a manos de sus más crueles enemigos.  Los cuatro guerreros combatieron  con fiereza, pero sólo Jormás consiguió sobrevivir, sus tres amigos cayeron muertos durante la lucha.

Ensangrentado y exhausto, Jormás se dio cuenta de que necesitaba descansar, reponer fuerzas y sanar sus heridas.  Miró a su alrededor en busca de un lugar seguro y divisó una pequeña caverna excavada en una montaña cercana.  Casi arrastrándose llegó hasta allí, y una vez dentro de la cueva, extendió sobre el piso su piel de oso y se quedó profundamente dormido.

Horas o días después, lo despertó el hambre, sintió que su estómago reclamaba algo caliente.  Todavía adolorido, Jormás decidió salir a juntar algunas ramas y troncos secos para prender un pequeño fuego en su guarida, y comer así, un poco de carne salada que llevaba consigo.  Cuando la luz de las llamas iluminó el interior del refugio, el guerrero no podía creer lo que veía :  El reducto que había encontrado no era simplemente una cueva, era un templo,  un templo excavado en la roca.  Por las instrucciones y símbolos, el sumerio descubrió que el templo había sido construido en honor del dios Gotzú.

Jormás había aprendido a desconfiar de las casualidades, y quizá por eso,  no dudó en pensar que sus pasos  habían sido conducidos hasta la cueva por el mismísimo dios del templo, para poder así,  guardar su sueño.  Concluyó que ésta era una señal.  Desde entonces encomendaría su espada al dios Gotzú.  Se quedaría allí hasta que sus heridas curaran.  Mientras tanto, hizo un gran fuego delante del altar que presidía la inmensa imagen en piedra del dios, y cazaría algún animal al cual sacrificaría en su honor.

Cinco días y cinco noches más estuvo el guerrero en la cueva de la montaña, reponiéndose.  Durante ese tiempo, nunca dejó que se apagara la llama que iluminaba el altar.  Al sexto día, Jormás se dio cuenta de que era hora de seguir su camino, y quiso dejar antes de partir, una ofrenda en señal de gratitud.  Una llama eterna!  -pensó- , pero… ¿cómo conseguirla?  Salió de la cueva y se sentó en una roca al borde del sendero a meditar sobre el problema.

Sabía que un poco de aceite ayudaría a mantener la llama,  pero no era suficiente.  Pensó, por un momento, que quizá debía buscar mucha leña, tanta como para que nunca se consumiera, tanta, que durara eternamente…. pero rápidamente se dio cuenta de lo vano del esfuerzo…. mucha madera aumentaría la intensidad del fuego, pero no la duración de la llama….

Un monje, de túnica blanca que caminaba por el sendero, se detuvo frente a Jormás.  Tal vez de puro curioso,  o quizá por la sorpresa de ver a un  guerrero en tan reflexiva actitud, el caso es que el monje se sentó frente al sumerio,  y quedó inmóvil mirándolo como si pasara a ser parte del paisaje.  Horas después, cuando el sol ya caía, todavía seguía pensando…. Lo ocupaba tanto su problema que no se sorprendió demasiado cuando el monje le habló:

–    ¿ qué te pasa guerrero?   Pareces preocupado… ¿Puedo ayudarte?

–    No lo creo  -dijo el guerrero-  Esta cueva, mi señor, es el templo del dios Gotzú, a quien hace cinco lunas he consagrado como mi protector, el destinatario de mis oraciones, el objeto último de mi lucha.  Pronto deberé partir y quisiera honrarlo eternamente, pero no sé cómo conseguir que la llama que he encendido dure para siempre.

El monje negó con la cabeza, y como si hubiera adivinado el camino que había recorrido el pensamiento del guerrero, le dijo:

–    Para que la llama sea eterna, necesitarás algo más que madera y aceite.

–    ¿Qué cosa?  – se apuró a preguntar Jormás,  ¿qué más necesito?

–    Magia.  -Dijo el monje secamente.

–    Pero yo no soy mago, ni sé de magia.   -Contestó Jormás.

–    Sólo la magia puede conseguir que algo sea eterno.  -Repuso el monje.

–    Yo quiero que la llama sea eterna!  -Dijo el guerrero, y siguió.  Si consigo la magia, ¿me puedes asegurar que la llama para siempre será eterna?

–    ¿Asegurar?  Hace una semana ni siquiera sabías de la existencia de este templo a Gotzú, y hoy quieres para él un homenaje eterno.  ¿Esto es lo que deseas?… ¿Es qué acaso tú puedes asegurar que tu deseo será eterno?

Jormás guardó silencio…

El guerrero se dio cuenta que nadie podía afirmar la eternidad de un deseo.  El monje volvió a menear la cabeza y se puso de pie.  Se acercó a Jormás, apoyándole la mano abierta en el pecho, le dijo:

–    Te diré un secreto: ¡La magia sólo dura mientras persiste el deseo!

Jorge Bucay.

 

 

Los ladrones de tu energía

LadrónNo dejes que los ladrones  roben tu energía, compártela con tus amigos o alguien que la necesite. Cada uno de nosotros tiene una carga de energía asignada. Es nuestra responsabilidad utilizarla con medida y no desperdiciarla. Pon atención  y combate a los siguientes ladrones: 

Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.

Paga tus cuentas a tiempo.

Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Las deudas no caducan con el tiempo, aunque la ley te proteja; sé responsable, es mejor hacer un plazo de centavo a centavo, que perder tu preciada energía y tu palabra.

Cumple tus promesas.

Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a renegociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir “no” desde el principio.

Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.

Aunque no debes de huir de responsabilidades y no todo el tiempo es factible, muchas veces por puro control o por no darnos el permiso, seguimos perdiendo tiempo en nimiedades y abandonando lo verdaderamente significante en nuestras vidas.

Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.

La naturaleza, tiene ritmos y tu vida también. No actuar en el momento erróneo te quita energía y no parar cuando lo necesitas, también.

Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas. Uno por uno, toma cada papel, cada recuerdo y hasta cada sueño y elige.

Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho.

Toma sol por las tardes, medita, respira, báñate en el mar, haz ejercicio en la naturaleza, escucha tu cuerpo y elimina las toxinas. Haz una cita médica y mira si te faltan minerales o vitaminas. Aliméntate con comidas orgánicas y frescas; trabaja en la prevención para evitar la crisis de una enfermedad. Un cuerpo sin energía, da avisos. Atiéndelos..

Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja; y toma la acción necesaria. Resignarte a una situación y sentirte que no tienes control, sólo conseguirá drenarte.

Acepta.

Aceptar no es resignarse, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.

Perdona.

Deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

Si sentiste  en tí un rayito de renovada energía ,  entonces consérvala y no dejes que te la roben. Recuerda que esa energía de vivir tranquilo es lo más preciado que pueden quitarte.  Que tengas un buen día.

 

 

Sin etiqueta de precio

Aquella podría ser una mañana más como cualquier otra. Una persona baja en el metro de Nueva York, vistiendo jeans y camiseta y se para cerca de la entrada, saca el violín de la caja y comienza a tocar con entusiasmo para la multitud que pasa por ahí en la hora pico del día. Tocó durante 45 minutos y fue prácticamente ignorado por todas las personas que pasaron. Nadie sabía que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo ejecutando piezas musicales consagradas, ejecutando con un instrumento rarísimo, un Stradivarius de 1713, estimado en más de 3 millones de dólares.

Algunos días antes Bell había tocado en el Symphony Hall de Boston, donde los lugares costaban más de mil dólares. La experiencia en el metro, grabada en video, muestra indiferentes al sonido del violín a hombres y mujeres de andar ligero, taza de café en la mano y celular al oído.

Se trataba de un experimento realizado por el Washington Post cuyo objetivo pretendía  establecer un debate sobre valor, contexto y arte, ante nuestra  propensión  a dar valor a las cosas sólo cuando están en un contexto.

Bell, en el metro, era una obra de arte sin moldura. Un artefacto de lujo sin etiqueta del diseñador. Este es un ejemplo de tantas cosas que pasan en nuestras vidas, que son únicas, singulares y que no les damos importancia, porque no vienen con la etiqueta de precio.

Al final, lo que tiene valor real para nosotros, independientemente de marcas, precios y etiquetas, es lo que el mercado dice que podemos tener, sentir, vestir o ser?

¿Será que nuestros sentimientos y nuestra apreciación de belleza son manipulados por el mercado, por los medios de comunicación y por las instituciones que tienen poder financiero?

¿Será que valoramos solamente aquello que está con etiqueta de precio? ¿ Será que solo valoramos lo que el dinero puede comprar? ¿Será que perdimos nuestra capacidad de ver más allá de las apariencias? ¿Será que ya no tiene importancia para nosotros el ser, sino el parecer?

Una empresa de tarjetas de crédito está invirtiendo, hace algún tiempo, en propaganda donde, después de mostrar varios artículos, con sus respectivos precios, presenta una cena de afecto, de alegría e informa: “No tienen precio”.

Y es eso lo que precisamos aprender a valorar, aquello que no tiene precio, porque no se compra.

No se compra la amistad, el amor, y  el afecto. No se compra el cariño, la dedicación, los abrazos y los besos. No se compra el rayo de sol, ni las gotas de lluvia, ni la canción del viento que pasa silbando por el tronco hueco de un árbol. Todo eso es gratis.

El niño que corre en forma espontánea a nuestro encuentro y se cuelga en nuestro cuello, no tiene precio. El collar que ése niño  hace alrededor en nuestro cuello con sus bracitos, no está en venta en ninguna joyería. Y el calor que nos transmite esa caricia infantil dura lo que dure nuestra capacidad de recordar.

El aire que respiramos, la brisa que enreda nuestros cabellos, el verde de los árboles y el colorido de las flores nos es dado por Dios de forma totalmente  gratuita.

Usufructuemos  los momentos de ternura que los amores nos ofertan intensamente, entendiendo que siempre la manifestación del afecto es única, extraordinaria y especial. 

Estemos más atentos a lo que nos acerca; seamos agradecidos por lo que nos es ofertado, y seamos felices desde hoy, mientras el día nos sonríe y el sol despliega su luz en nuestro corazón, apasionado por la vida.

 

 

La fuerza del amor

Una de las evidencias del amor es la fuerza, o el valor que mostramos para luchar por lo que amamos, la fortaleza para defender lo que más apreciamos, enfrentar desafíos, superar barreras, y derribar obstáculos.  Cuando el amor es auténtico surge con la fuerza de la audacia, el atrevimiento, la osadía que nos lanza a correr riesgos para conquistar lo que amamos.  Es en esa entrega sin condiciones, donde descubrimos una fuerza y valor desconocidos.

El amor nos da el valor de: Luchar por nuestros sueños. Dar la vida por los que llevamos en el corazón. Modificar nuestra propia existencia. Cambiar nuestra manera de vivir. Rebasar el límite de nuestras potencialidades.

El amor nos da la fuerza para: Respetar a los seres que amamos. Sonreír a pesar de las adversidades. Pedir humildemente perdón. Comprender. Perdonar.

El amor nos da el poder para: Manifestar nuestras emociones. Alcanzar lo que parecía imposible. Convertir nuestros sueños en realidades. Morir y vivir por un ideal.

El amor nos transforma en seres superiores, despierta nuestra capacidad de asombro, nos da la sensibilidad de la contemplación, nos impulsa a niveles infinitos, nos da la fuerza para recorrer nuestra vida con un espíritu invencible y nos impulsa a alcanzar lo imposible.

El amor es la fuerza que Dios deposita en el corazón de todos los seres humanos. Nos corresponde a cada uno, decidir vivir como un paladín o un cobarde, como un conquistador o un conformista, como un ser excelente o un mediocre, como un ser lleno de luz o alguien que permanece por siempre en la penumbra. El amor nos da la fuerza para atrevernos a ser auténticos colaboradores en la grandeza de los planes de Dios.

Sólo con el amor de Dios en mi corazón podré:

Amar a mi prójimo como a mí mismo. Luchar adecuadamente por mis hijos. Cuidar de mis padres. Ayudar a que mi pareja sea feliz. Perdonar realmente a mi enemigo. Vivir en paz con los hombres, conmigo mismo y con Dios.

 

 

 

Tus resentimientos

Tu vida está plena de logros, luchas y grandes esfuerzos,  y aunque a veces no parezca, cada día te  vas acercando, paso a paso, a lo que tú quieres.  Pero ten cuidado, puedes tener un enemigo, capaz de destruir sin piedad lo que con tanto trabajo has construido, y esos son tus propios resentimientos.
 
El resentimiento es como tomar un veneno para tratar de envenenar a otro.  Mientras el dolor pasa, el rencor se queda y lo agravas como a una herida que no se deja sanar.  El resentimiento es un monstruo, que puede tener el tamaño que le des.  Lo puedes alimentar con los pensamientos de queja y de autocompasión.  Entre más lo crezcas, más partes de tu vida invadirá.
 
La energía que le das a ese fantasma, es la misma que puedes usar para construir tus sueños, o la vida más plena y feliz que te mereces.  Quien no perdona, sin darse cuenta poco a poco se aísla, empieza a olvidar o dejar de disfrutar lo grato de su vida.  

Con el rencor, te  haces más difícil lo difícil, y lo agradable se opaca con el tormento de la amargura.  Digno no es quien resiente, digno es quien perdona.  ¡Qué estúpida es la venganza que mantiene anclado el dolor!  La venganza sabia es dejarlo ir.  Seguir adelante, es construirse en vez de destruirse.
 
El perdón es un  regalo, para sí mismo, es regalarse la paz, es soltar la carga, es decidir mirar la luz de nuevo, y con determinación caminar hacia ella, hacia lo mejor de ti, de tu vida.  No perdones para que el otro cambie.  Acéptalo, el otro nunca va a ser como tú quieres, eso no depende de ti.
 
No le des a nadie el poder de hacerte infeliz.  Perdona porque decides hacerlo.  Retoma tu poder, tu inmensa capacidad de construir tu propia tranquilidad.

 

Si pones un buitre en un cajón que mida 2 metros x 2 metros y que este completamente abierto por la parte superior, esta ave, a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto. La razón es que el buitre siempre comienza un vuelo desde el suelo con una carrera de 3 a 4 metros. Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo.

El Murciélago:
El murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche es una criatura sumamente hábil en el aire, pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo.  Si se lo coloca en el suelo en un lugar plano, todo lo que puede hacer es arrastrase indefenso y, sin duda dolorosamente, hasta que alcanza algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar a si mismo hacia el aire.  Entonces, inmediatamente despega para volar.

La Abeja:
La abeja al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que sea sacada de allí.  Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por arriba de ella, sin embargo persiste tratando de encontrar alguna forma de escape por los laterales cercanos al fondo.  Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que completamente se destruye a sí misma.

Las personas en muchas formas, somos como el buitre, el murciélago y la abeja obrera.  Lidiamos con nuestros problemas y frustraciones, sin nunca darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es ver hacia arriba.  Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema.  ¡Solo mira hacia arriba! 

La tristeza mira hacia atrás, la preocupación mira alrededor, la depresión mira hacia abajo, pero la fe mira hacia arriba. 

Hay que tener fe en uno mismo. 

Hay que creer en los que amamos. 

Hay que confiar en los amigos,

Dejémosle a la soberbia de la ciencia, la fe en una partícula. 

Nosotros los creyentes, confiamos en Dios.