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El Papa FranciscoHermanos y hermanas:

Me alegro de este encuentro con ustedes, autoridades políticas y civiles de Bolivia, miembros del Cuerpo diplomático y personas relevantes del mundo de la cultura y del voluntariado. Agradezco a Mons. Edmundo Abastoflor, Arzobispo de esta Iglesia de la Paz, su amable bienvenida. Les ruego que me permitan cooperar, alentando con algunas palabras, la tarea que cada uno de ustedes ya realiza. Y les agradezco la cooperación que ustedes con su testimonio de calurosa acogida me dan a mí para que yo pueda seguir adelante. Muchas gracias.

Cada uno a su manera, todos los aquí presentes compartimos la vocación de trabajar por el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente de la propia perfección»; gracias a ustedes por aspirar –desde su rol y misión– para que las personas y la sociedad se desarrollen, alcancen su perfección.

Estoy seguro de sus búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno en este afán por el bien común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva. Que la riqueza se distribuya.

En el trayecto hacia la catedral he podido admirarme de las cumbres del Hayna Potosí y del Illimani, de ese «cerro joven» y de aquel que indica «el lugar por donde sale el sol». También he visto cómo de manera artesanal muchas casas y barrios se confundían con las laderas y me he maravillado de algunas obras, de su arquitectura. El ambiente natural y el ambiente social, político y económico están íntimamente relacionados.

Nos urge poner las bases de una ecología integral, es problema de salud. Una ecología integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las graves cuestiones socio ambientales de nuestros días, sino los glaciares de esos mismos montes seguirán retrocediendo y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores también se derretirán como esos hielos). De esto hay que tomar conciencia. Ecología integral y me arriesgo, supone ecología de la madre tierra, cuidar la madre tierra,  Ecología humana, cuidarnos entre nosotros y ecología social. Forzada la palabra.

Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad.

Es necesaria también la cultura, de la que forma parte no solo el desarrollo de la capacidad intelectual del ser humano en las ciencias y de la capacidad de generar belleza en las artes, sino también las tradiciones populares locales, eso también es cultura, con su particular sensibilidad al medio de donde han surgido y al que dan sentido y del medio del que han salido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportar a la sociedad.

Los cristianos, en particular, como discípulos de la Buena Noticia, somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia en favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen. Esas virtudes que vuestra cultura tan sencillamente se expresan esos tres mandamientos, “no mentir”, “no robar”, “no ser flojo”, pero debemos estar alertas pues muy fácilmente nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, que nos volvemos insensibles a sus manifestaciones. Y así confundimos sin darnos cuenta el «bien común» con el «bien-estar», Y de ahí se va resbalando de a poquito de a poquito y el ideal del bien común cómo que se va perdiendo y termina en el bienestar sobre todo cuando somos nosotros los que los disfrutamos y no los otros.

El bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace. El bien común, en cambio, es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.

Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para que los pensadores, las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación desarrollen su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos, llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad.

La luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora,la Iglesia debe servir al Evangelio de Cristo para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana. Respeto. El cristianismo ha tenido un papel importante en la formación de la identidad del pueblo boliviano.

La libertad religiosa –como es acuñada habitualmente esa expresión en el fuero civil– es quien también nos recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales. En extender el bien común a través de las obras sociales.

Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes por tantos factores la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la calle y recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia, que lo resuelve en silencio, son tantos que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos.

Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Estoy pensando acá en el mar. Diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución.

Bolivia transita un momento histórico: la política, el mundo de la cultura, las religiones son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy puede ser el tiempo de la integración. Y hay que caminar en ese camino Hoy Bolivia puede «crear nuevas síntesis culturales».

¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo!

¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!

Bolivia, en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser «esa multiforme armonía que atrae» Y que atrae en el camino de la consolidación de la Patria grande.

Muchas gracias por su atención. Pido al Señor que Bolivia, «esta tierra inocente y hermosa» siga progresando cada vez más para que sea esa «patria feliz donde el hombre vive el bien de la dicha y la paz». Que la Virgen santa los cuide y el Señor los bendiga abundantemente. Y por favor, por favor les pido, que no se olviden de rezar por mí.

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El Arte de No EnfermarseHable de Sus Sentimientos.

Emociones y sentimientos que son escondidos, reprimidos, terminan en enfermedades como: gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerarnos, hacer confidencias, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, nuestros errores.  ¡Porque el diálogo, el hablar,  y la palabra, son  poderosos remedios y una excelente terapia!

Tome decisiones.

La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana es hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel

Busque Soluciones.

Personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Mejor es encender un fósforo que lamentar la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedadNo Viva de Apariencias.

Quien esconde la realidad finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, bonachón, etc., está acumulando toneladas de peso… Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor

Acéptese.

El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a si mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría, buen sentido y terapia.

Confie.

Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relacionamiento. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.

No Viva Siempre Triste.

El bueno humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”. La alegría es salud y terapia.

Dr. Durazio Varella

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2,700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 44,000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House,  se necesitarían alrededor de 16 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Muelle ChetumalHola, hola, soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia? Digo, sé que sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras mandarme a volar, sé que si pudieras… me matarías, sobre todo porque crees que soy yo la que te quiere matar o hacer daño, pero créeme, si no te he matado, no lo voy a hacer.

No estoy aquí para hacerte daño, mucho menos para volverte loco, creo que ya te lo he demostrado cada vez que llego a tu cuerpo, hago un relajo y te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has vuelto loco. Si pudiera, lo haría, pero esa no es mi idea.

La verdad es que aparezco y te hago sentir todo eso porque no había logrado encontrar otra manera de hacerme escuchar por ti, estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar?

Bueno, pues todas esas veces era yo tratando de que me escucharas, pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida, seguiste con tu misma manera de pensar… Entonces intenté algo más fuerte, hice que te temblara el ojo, que se te taparan los oídos y que te sudaran las manos… pero tampoco me quisiste escuchar.

Aunque acá entre nos, los dos sabemos que sentías mi presencia, es por eso que cuando te quedabas tranquilo… o era momento de estar sólo contigo mismo, en soledad… te empezabas a poner nervioso, como si algo te impidiera quedarte quieto.
Te desesperabas, porque no “entendías” con tu mente racional lo que estaba pasando, y claro, con tu mente racional no me ibas a entender.

Así es que por eso me he rendido y decidí escribirte. Y te felicito si estás leyendo lo que te digo, porque significa que ya tienes el valor de escucharme, y créeme, nadie mejor que yo sabe de tu gran habilidad para evitarme y salir corriendo, huyendo de mí como huirías del monstruo en el bosque oscuro.
Como esas veces que me evitas y te distraes embobándote horas con la televisión, viviendo las vidas de otras personas que ni conoces para no enfrentar que la tuya no te gusta.

O qué tal, de esas veces que con un par de cubitas lograbas adormecer tus nervios e inquietud; y ni qué decir de esas otras substancias que más allá de adormecerte, te fugan de esta realidad que no quieres enfrentar.
Pero bueno, espero que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad y escucharme por fin. Espero que estés listo y lista para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones. Así es que aquí te van las cosas como son. Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… ya es tiempo de evolucionar, necesitas hacerlo, no hay de otra.

Necesitas crear cambios muy profundos dentro de ti, pues por alguna razón, en realidad no estás disfrutando de tu vida y no te sientes pleno. Por eso yo estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla.Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser que es tu esencia. Cada vez que yo aparezca en tu vida, será porque por ti mismo no te has dado cuenta que no estás siendo pleno y feliz, así es que si vuelvo a aparecer, no te asustes… mejor agradéceme que llegué y escúchame.

Y si realmente me escuchas, no tardarás en hacer los cambios que necesitas hacer en tu vida, los harás de inmediato, claro, eso si realmente quieres sentirte bien de nuevo, todo depende de qué tanto quieras. Y se que sí quieres, pero a la vez sé que quieres seguir en tu confort y en tu comodidad por vivir con lo “conocido”, aunque eso conocido te haga daño.

Prefieres seguir buscando la aprobación y aceptación de los demás, haciendo hasta lo imposible por llamar su atención; buscando seguridad en otras personas menos en ti; prefieres que los demás sean responsables de tu persona que tú mismo, y claro, te entiendo, todos quisiéramos regresar a la panza de nuestra mamá y despreocuparnos de todo. Pero… te tengo una noticia, solamente entrando a un temazcal podrás acercarte a esa experiencia. Mientras tanto… necesitas asumir que eres responsable de ti y que solamente tú me podrás escuchar, y cuando me escuches y yo vea que ya me hiciste caso, créeme que me iré. Solamente tú puedes hacer que me vaya.

Y eso es algo muy importante que te quiero decir, en verdad me iré en cuanto vea que estás haciendo esos cambios en tu vida, cuando vea que estás en camino a tu evolución y que estás dispuesto a crecer y recuperarte a ti mismo. Mientras no lo hagas… aquí seguiré. En conclusión, si hoy estoy aquí, es porque me necesitas. Necesitas de mi para modificar tu manera de interpretar tu realidad, la cual dejame decirte que está un poco distorsionada. Necesitas deshacerte de creencias que no te ayudan y que nada más te limitan; necesitas perdonar todo ese enojo que guardas a tus seres queridos y recuperar tu libertad interior.
Y sobre todo, necesitas de mí para hacer lo que te gusta de la vida, para ser tú mismo, y perder el miedo al rechazo o abandono de los demás.

Necesitas de mí para ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo! ¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente dejes de hacerlo. Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha sacado de tu equilibrio interior. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque los estás retando y tarde o temprano te seguirán, y si no… tendrán otra oportunidad, dales chance.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, pero para recuperarlo, tendrás que aceptar que lo has perdido, y que dejes que yo me exprese, que salga a decirte con todos esos síntomas tan horribles que me inventé para decirte algo muy claro, pero si me reprimes y te distraes cada vez que llego… no podré hablarte y vendré más fuerte. Así es que la próxima vez que me sientas llegar, haz un alto, cierra los ojos… déjate sentir todo lo que te estoy diciendo, apaga tu mente racional por un momento, déjate llevar… y entiéndeme. Después, empieza el cambio en tu vida con acciones claras y específicas, y en menos de que te des cuenta, me iré.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz. Y ya para terminar, ojalá que puedas verme como lo que soy: tú esencia. Soy tú mismo gritándote con desesperación que me escuches por favor. Así es que hola, yo soy tú, hablándote desde el fondo de tu corazón, desesperado tocándolo para que me pongas atención, lo que sientes no es taquicardia, soy yo, tu ansiedad.

Rosas5De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido.

Aprendí que ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.  Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría, ni sufriste el más grande dolor.

Aprendí a vaciar la copa cada noche para que Dios la llene de agua nueva en el nuevo día. Vive de instante en instante, porque eso es la vida.

Me costó 57 años llegar hasta aquí, ¿Cómo no gozar y respetar este momento?  Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿Por qué te preocupas tanto?  No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la tierra. En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate.

Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad, borra el pasado para no repetirlo, para no abandonar como tu padre, para no desanimarte como tu madre, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante.  ¡Pero no digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes!

Si quieres recuperar la salud, abandona la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades.  Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.

Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella.  El bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse. Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano.

No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas, ya son ganancia.  Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida.  Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.

 

El Janet y Mis Recuerdos

Mercadp Miguel AlemanHace apenas dos días, recibí la invitación de este honorable Congreso del Estado, para expresarles unas palabras en mi carácter de testigo  de una gran tragedia, acontecida en esta ciudad. Una tragedia que partió nuestra historia en un antes y un después, en un casi morir,  pero también,  en un renacer,  un dinámico y esperanzador renacer.

Para referirme a esa tragedia es obligado hacer un ejercicio mental que me sitúe en  aquel remoto día. Aquel remoto día con su larga noche, de un 26 de Septiembre de 1955.  De esto  hace ya 59 años, cuando una tormenta, con la furia de sus vientos,  entró por la bahía y sembró destrucción y muerte. Una tormenta que en forma del huracán Janet,  arrasó  lo que era un pintoresco caserío costeño. Una pequeña ciudad de edificaciones de madera con techos de láminas de zinc.

Como veterano de esa tragedia, a mí me tocó vivir tanto ese antes, como ese después, tanto ese morir como ese renacer. Y también, con el paso del tiempo, me ha tocado ver los grandes cambios acontecidos. Cambios entre  una etapa de la vida de la ciudad que   con el huracán terminó, y  el inicio de una etapa de progreso y de modernidad, que a partir de aquella misma  desgracia, comenzó.

En aquel entonces yo era un niño.  Acababa de cumplir los nueve años. Si bien ese niño ya tenía la  edad suficiente para percibir la angustia reflejada en los rostros de los adultos, también su  corta edad no le permitía,  entender en su exacta dimensión, las consecuencias, los alcances y los peligros de aquella  gran catástrofe que se avecinaba.

En su mente infantil, en aquel niño se mezclaban sentimientos encontrados. Por un lado se sentía contagiado del miedo colectivo y por el otro lado  se  sentía entusiasmado ante   la insólita y trágica aventura que habría de presenciar.

No centraré mi relato en las desgarradoras escenas de destrucción, desolación, angustia y muerte, que nos trajo Janet.  La exposición de fotos de hoy,  nos describe los hechos mejor que mil palabras.

Mi intención es otra. Mi intención, más bien,  es evocar aquellos dolorosos momentos,  desde una perspectiva  que nos  conduzca a revalorar,  lo que ahora somos y lo que ahora tenemos.

Recuerdo con lúcida claridad aquellas  24 horas previas al huracán. Recuerdo a aquella pequeña difusora de la radio local del señor Roque Salvatierra, la cual nos transmitía constantemente las indicaciones de prevención y los reportes del tiempo. Lo mismo hacía  radio Belice que nos daba los reportes del centro de huracanes de Miami.  Recuerdo a los señores con  aquellos radios de onda corta y de bulbos, muy atentos a las noticias de la trayectoria del ciclón y a los reportes de la torre de control del aeropuerto.

El ejército mexicano, como siempre, hacía su noble labor y recorría la ciudad, ayudando  a las personas a acudir a los refugios.  Los oficiales  eran el hospital Morelos, la escuela Belisario, y el hotel los Cocos. También estaba el segundo piso del palacio de gobierno. La Iglesia del Sagrado Corazón, enfrente del parque de Los Caimanes, también era otra opción que ofrecía a la gente la ventaja de tener comunicación más directa con la providencia divina.

En aquel día,  mientras las nubes de tormenta surcaban con rapidez el cielo, empujadas por aquel  viento húmedo que presagiaba mal tiempo, la gente cargaba gasolina en aquella  única y primera gasolinera que había. Era una  estación de gasolina de una sola bomba que se ubicada en los bajos de la casa de don Ángel Aguilar y de doña María Córdoba;  enfrente estaban  los Billares del Ganso y en la misma cuadra estaba la Casa Marrufo. En ese lugar ahora está  la perfumería del Palacio de Las Pelucas,  sobre la Cármen Ochoa de Merino, entre  Héroes y Cinco de Mayo.

Para la compra de víveres y provisiones estaban  establecimientos como: El paso de don Jorge Medina, La casa Villanueva de don Marcelino, La casa Aguilar de don Guadalupe, La Casa Garabana de Don Enrique, La Casa Angulo de Don Mariano, El Corsario Andaluz del Sr. Giménez, La Casa Onofre de don Adrián, La casa del Campesino de don Leonides Onofre, el Tigre de don Vicente Galera, la Casa Abuxapqui,  de don Elías y doña Manuela, y otros comercios, con construcciones mayormente de madera..

Durante todo aquel día el martillar fue constante mientras los carros de sonido daban indicaciones e  invitaban a la gente a abandonar sus viviendas. Con tablas clavos y martillo muchas personas  pretendían asegurar sus hogares. Así,  muchas personas clavaban las puertas y las ventanas de sus casas de madera, mientras  otras dejaban sus pequeñas casitas de palitos y techo de paja, encomendando todo lo que tenían a la misericordia  de Dios. Finalmente, después del huracán, tanto los unos como los otros,  habrían de perderlo todo.

La luz eléctrica durante todo el día y toda la noche, nos acababa de llegar. La Comisión Federal de Electricidad estaba por inaugurar una  nueva planta de 5 mil kilovatios que prometía introducirnos a la modernidad. Nos ilusionaba dejar atrás largos  años en los que solo tuvimos luz eléctrica de seis de la tarde a once de la noche.

Antes  de la llegada de la CFE, la luz  eléctrica nos la daba el gobierno. Lo hacía con una pequeña plantita de luz la cual  primero estaba atrás del palacio de gobierno y después en los talleres de gobierno. Aquellos viejos talleres ubicados en la esquina de Independencia con Zaragoza. En ese lugar estuvo alguna vez la tienda de la Conasupo y ahora está el estacionamiento del muy moderno y grande hotel Fiesta Inn. El maestro Cuellar era el mecánico. Él era el  encargado  de mantener funcionando aquella planta de luz, y el Sr. Encalada quien se encargaba de las líneas, y de conectar el alumbrado público.

La red de agua potable se estaba construyendo y en  las principales calles de la ciudad,  a manera de trincheras de guerra,  había  zanjas escavadas  para la introducción de las tuberías.  Aquellas  zanjas habrían de ser trampas mortales en el  desesperado intento de la gente por alcanzar los refugios de la parte alta de la ciudad. En plena tormenta, en la oscuridad de la noche, y con el agua a la cintura, la gente intentaba llegar  a la escuela Belisario y al Hotel de Los Cocos, principalmente.

El mercado Miguel Alemán, sólida construcción recientemente construida,  es uno  de los sitios muy asociados a esos mis recuerdos de aquel día.  Estaba ubicado en el cruzamiento de la Avenida Héroes y la Calle Zaragoza. Allí, desde muy temprana hora, la gente acudió a hacer sus compras de  carne, huevos, frutas y verduras.

Recordar aquel día es recordar a algunas personas y comerciantes locatarios muy ligados a aquel mercado. Personas como: doña Tina de Zafra, don Enrique Ruiz, don Ernesto Chejin, don Cesar Castilla, don Valerio Martínez,  don Cres, Sarampión, el Pimienta, Los Martínez, los Cuxú,  don Jorge Dacak, don Antonio Iza, don Farid Medina, don Wilbert Canto, don Juanito Buenfil, doña Leda Vargas,  don Rubén Darío, doña Pola Canul, doña María Chun, doña Conchita Salazar, don Luis Ocejo, don Héctor Santin, don José Antonio Medina, don Pepe Peraza , sin olvidar al buen Pochón el Chácara.

Otro recuerdo de ese día es la carpintería de don Miguel Gamero; aquella donde se hacían las cajas mortuorias  de madera de cedro y caoba; madera que tanto  abundaba y que era muy barata en esos tiempos. Lejos estábamos de pensar en aquel día, que aquella nuestra primera funeraria, con sus pocas cajitas de madera, habría de ser insuficiente para dar sepultura al gran número de muertos que habríamos de tener.

Revivir los recuerdos de aquel día, de aquel mercado, de aquella gente y de aquella tragedia, es dar  gracias a Dios, por todo lo vivido en aquellos años  y poder estar aquí para contarlo.

Finalmente,  hablar de aquel suceso es rebuscar en los  infantiles recuerdos de aquel niño de nueve años. Ese niño que en ese entonces no pensaba en que llegaría a ser un veterano de lo que hoy les cuento. Un niño que no pensaba en que habría de llegar un día en que estaría  en Punta Estrella, en el mismo lugar que ocupó la antigua escuela Álvaro Obregón, y diciendo esto en el Congreso de su Estado.

Un niño que hoy tiene el gran gusto y el privilegio de   estar compartiendo con ustedes, en este especial  día de conmemoración y de aniversario; sus ya muy añejos  recuerdos.

Mario.

Con especial dedicatoria a mis nietos Alex de 6, Lilian de 5 y Cristobal de

Con especial dedicatoria a mis nietos Alex de 6, Lilian de 5, Cristobal de 4, Raúl André y Marito de un año, y Rolandito de apenas unos días de nacido.

Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.

– ¡Qué felices somos aquí! – se decían unos a otros.

Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.

– ¿Qué hacen aquí? – surgió con su voz retumbante.

Los niños escaparon corriendo en desbandada.

– Este jardín es mío. Es mi jardín propio – dijo el Gigante – Todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.

Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:

Entrada estrictamente prohibida bajo las consecuentes penas.

Era un Gigante egoísta… Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.

– ¡Qué dichosos éramos allí! – se decían unos a otros.

Cuando la primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.

Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.

– La Primavera se olvidó de este jardín -se dijeron-, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.

La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.

– ¡Qué lugar más agradable! -dijo-.

Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también. Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.

– No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí – decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco-, espero que pronto cambie el tiempo.

Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano. El otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.

– Es un gigante demasiado egoísta – decían los frutales.

De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.

Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfosa escape y el jardín quedó en invierno otra vez. Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la primavera regresó al jardín. que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.

– ¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera – dijo el Gigante. – Y saltó de la cama para correr a la ventana.

¿Y qué es lo que vio?

Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello.

Sólo en un rincón el invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.

– ¡Sube a mí, niñito! – decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía.

Pero el niño era demasiado pequeño. El Gigante sintió que el corazón se le derretía.

– ¡Cuán egoísta he sido! – exclamó. – Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. – Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. – Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.

Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho. Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron

– Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos -dijo el Gigante– Y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.

Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás. Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.

– Pero, ¿dónde está el más pequeñito? – Preguntó el Gigante– ¿ese niño que subí al árbol del rincón?

El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso. – No lo sabemos – respondieron los niños-, se marchó solito. – Díganle que vuelva mañana – dijo el Gigante.

Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedó muy triste. Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.

– ¡Cómo me gustaría volverlo a ver! – repetía.

Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.

– Tengo muchas flores hermosas – se decía– Pero los niños son las flores más hermosas de todas.

Una mañana de invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el invierno pues sabía que el invierno era simplemente la primavera dormida, y que las flores estaban descansando. Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró… Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.

Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín. Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:

– ¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?

Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.

– ¿Pero, quién se atrevió a herirte? – Gritó el Gigante. – Dímelo, para tomar la espada y matarlo. – ¡No! – Respondió el niño. – Estas son las heridas del Amor. – ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? – preguntó el Gigante.

Y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño. Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:

– Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín. – Hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.

Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.

Oscar Wilde

 

Ruben Hernández GodínezLo conocí  hace muchos años, llegó a Chetumal casi al mismo tiempo de la creación del nuevo estado,  a principios  de los 70’s. Era un joven soltero que venía con el equipo de trabajo de Jesús Martínez Ross, nuestro primer gobernador constitucional. Su baja estatura se complementaba  con su firme   carácter, rebelde,  fuerte y combativo,  siempre fiel a sus ideas y a sus principios. Un rasgo de su personalidad me llamó la atención: a pesar de sus  capacidades periodísticas y literarias,  sin arrogancia, y con gran dignidad hacía  los trabajos más sencillos y rudos con tal de  llevar el sustento para los suyos.

Después del gobierno de Martínez Ross, de quien fuera su secretario particular, Rubén se desempeñó en el campo empresarial creando  su propia empresa  dedicada a la renta de mobiliario para eventos,  fiestas y banquetes.  Aquí en Chetumal se casó con su esposa, Lupita Contreras Golib,  hija de Chucho y Morena, miembros de dos muy numerosas  y  antiguas familias que desde el siglo pasado vieron nacer la ciudad y su  transformación: desde el viejo  Payo Obispo hasta el ahora Chetumal, y desde su condición de   territorio federal  hasta llegar a ser el  estado 30 de la República. Tanto los Contreras como los Golib, son referentes al hablar de la historia y las costumbres de la ciudad. De aquella ciudad que a principios del siglo pasado nació y se fue desarrollando a partir de la desembocadura del rio Hondo, hasta ser lo que es ahora. Familias que sin límite de tiempo se entregaron  a esta tierra desde diferentes trincheras y desde diversos oficios. Gente que con trabajo  duro y digno se dieron un nombre. Un nombre y un apellido que hasta el sol de hoy los distingue y los hace respetables  entre nosotros.

Quizá la influencia de su nueva familia contribuyó a hacer de Rubén una persona singular para muchos de los que lo conocimos.  Él fue uno de esos hombres y mujeres agradecidos  que viniendo   de afuera tomó amor y apego a esta tierra, que hizo profundamente  suya. Una tierra  en la que sin alardes, ni triunfalismos, con la conciencia de dar lo mejor de su capacidad, dejó  abonada con su labor  y por la que guardó nobles  sentimientos. Sentimientos  que muchos natos y no natos dicen tener por lo que es nuestro,  aunque que no se les nota.  Unos nativos por circunstancias o  por accidente,  y otros llegados de muchas partes  que muy  bien  han sabido cosechar,  pero que  actualmente tienen su mente,  su residencia, sus anhelos  y sus ansias, en otros lados.

Si bien Rubén   no llegó a ser un acaudalado empresario,  un renombrado político, o un influyente periodista,  su interés y  gran amor a  lo nuestro,  y en especial por la  ciudad, en la que  construyó su vida y dejó su descendencia,  lo hace grande a los ojos  de quienes apreciamos  sus valores.   Rubén es  una de esas  sencillas gentes que después de idas, dejan para nuestro análisis reflexiones sobre lo que es verdaderamente trascendente, sobre lo que significa  el verdadero sentido de pertenencia,  y sobre lo que debe de ser nuestro paso y nuestro legado en esta vida.

Rubén nos deja también con su novela histórica “Mi Último Deseo”,  publicada en cuatro partes en este mismo espacio, un ameno relato, basado en hechos reales,  de muchas anécdotas y  sucesos    acontecidos en diversos puntos del Estado. Con su obra nos cuenta sobre  la historia de Camelo Sóstenes Chin quien a los catorce años,  abandonando su hogar, llega a la isla de Cozumel en el año de 1900. El personaje se hace soldado a las órdenes del General  José María de la Vega,  y de 1900 hasta 1955, que es cuando  fallece con el huracán Janet, nos  relata cómo era la vida social, militar, política y económica en aquel  agreste Territorio Federal, surgido de la  selva tropical, y nacido de  aquel “Campamento Vega”, ubicado  en Punta Allen, que fue el lugar donde se asentó el  primer jefe político de Quintana Roo.  Mi último deseo  comienza haciendo una crónica de los acontecimientos  sucedidos inmediatamente después del  Janet de 1955 y recopila, retrospectivamente,   55 años de historia regional en la que Camelo Sóstenes nos habla  del General Bravo, de Chan Santa Cruz, de  los mayas y su guerra de castas, de dos huracanes que azotaron nuestras costas, del Gobierno de Margarito Ramírez,  del fuerte de Bacalar, de Márgaro su amigo y  de “Flor”,  el gran amor de su vida. Ambos, Camelo y Flor, eran oriundos mayas de esta región,  y ambos sucumbieron ante  la fuerza letal y destructiva de sendos huracanes.  Mi “Último deseo” es una historia rica en detalles, personajes, situaciones que el lector sabe reales, y  que vale la pena leer.

Hoy, en  este mes de Septiembre, en plena temporada de huracanes, cuando uno  de ellos acaba de azotar con gran furia y destrozar Baja California Sur, el estado 31 seguido de Quintana Roo,  nos enteramos del sensible fallecimiento del buen amigo Rubén.   Vaya pues  mi más  sentido pésame a sus hijos, a su esposa y a sus deudos, pensando en su novela  “Mi último Deseo”, en el dolor de su partida,  en lo bonito de recordar nuestro pasado y en los méritos,  que como Rubén, tienen los relatores de la historia.  Descanse en paz Rubén Hernández Godínez.

Mario.

Meryl Streep“Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere mi paciencia, ni consecuentar con el cinismo, las críticas en exceso y las exigencias de cualquier naturaleza.

Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.

Ya no dedico un minuto a quién miente o quiere manipularme. Decidí no convivir más con la pretensión, la hipocresía, la deshonestidad y los elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. Ya no me ajusto más con la barriada corriente o el chusmerío.

No soporto conflictos y comparaciones porque creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.

No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar de forma sincera. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales.

Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia”

Meryl Streep.

Las Hawaianadas del ChévereTranscurría el año de 1966 y en la selecta, aunque sencilla, sociedad Chetumaleña, la juventud, entre los 18 y 25, vivía esa su etapa de la vida de estudiantes en la cual el cortejo, las fiestas y los bailes eran agua fresca para el sol ardiente que  consumía a esa juventud ávida de diversión.

Eran las vacaciones de verano, Julio y Agosto, y muchos de los jóvenes habían regresado a Chetumal a pasar el período vacacional procedentes de otras ciudades, principalmente de Mérida, donde cursaban sus estudios, después de terminar la secundaria.

El recién remodelado Hotel de los Cocos tenía una nueva alberca, y era el lugar ideal para para organizar una gran fiesta y un gran bailongo que reuniera a todos esos jóvenes. Rafaél Ruiz, “El Cheverito, un buen amigo y excelente pianista nativo de la ciudad, era el hombre indicado.  Su agradable trato y su homosexualidad simpática y sincera, eran atributos que le habían ganado el cariño y el respeto de todos los miembros de la sociedad y especialmente de los jóvenes de ambos sexos en Chetumal.  El Chévere aceptó gustoso la encomienda y organizó aquella memorable Hawaianada que causó sensación y que nos llenaría de recuerdos a todos. Para asistir al baile, el que estaría amenizado por Beny y su grupo y los Cuervos, era requisito ir vestido a la usanza de los habitantes de la isla de Hawaii.

Eran tiempos del regae, el ska, el twist, y el rock y estaban en su momento cumbre la música de Los Aragón. Para bailar de cachetito estaban las melodías y temas  como Amor Indio, Tema de Tracy, Y la amo, Bésame mucho, y otras de trence obligado, y en las que dos corazones, pechito con pechito, se acoplaban de maravilla.

Como era de esperarse el Chévere con su Hawaianada concentró en el Hotel de Los Cocos a todo Chetuma;, en la fiesta nos reencontramos con compañeros y compañeras de la escuela que estaban estudiando afuera y que regresaban a la ciudad animosos de ver a los amigos  y convivir con los suyos. Fue allí, en esa hawaianada, donde comencé a enamorar a aquella preciosa gūerita de mirada tímida con la que comencé bailando pegadito y terminé procreando cuatro hijos. La misma con la que, después de medio siglo, ya sin la lozanía en su rostro, aunque si con esa belleza que le han  dado los años  en el ejercicio de su vocación de madre y ama de casa, continúa envejeciendo conmigo, siempre a mí lado, luchando y gozando codo con codo.

Al volver mi vista a aquellos años y contemplar la fotografía que hoy reseño  observo con nostalgia cosas que en su momento no había percibido cabalmente, la galanura y el derroche de juventud  de mis amigos. Siento que algo bonito recorre mi cuerpo, y mágicamente me hace sentir dichoso de haber vivido esos lindos momentos.  Me quedo contemplando la foto y  mi ánimo se llena de entusiasmo y alegría. Después de algunos momentos de contemplar esos rostros, voy recobrando la calma y un sentimiento de gratitud a la vida me llena. Percibo bienestar por  haber vivido esos momentos y estar todavía con vida, cuando seis de aquellos mis amigos, los que aparecen en esta foto, se me han adelantado y se encuentran ya con Dios.

Contrario a ese  natural sentimiento atemorizante ante la proximidad de tomar mi turno  en la fila de espera siento esbozar una sonrisa de aceptación y de paz mientras sigo sonriendo y sigo pensando,  que en aquellos años “del sol ardientes que nos consumía” no sentía ni pensaba en esas cosas.

En memoria de esos mis amigos fallecidos y de los que aún seguimos sobre la tierra es que publico esta foto y estas letras. Son muchísimos  los amigos que formamos esa generación de jóvenes que dejamos nuestras semillas, nuestras alegrías, nuestro sudor y nuestras lágrimas en aquel inolvidable, viejo Chetumal.

Me siento ufano de formar parte de esa generación que como dice la bella canción de Paul Anka, famosa en la voz de Frank Sinatra, “Amó y disfrutó, quizas no más que otra cualquiera, pero eso si, todo eso lo hizo a su manera”.

Mario.

En la foto aparecen en el orden acostumbrado: Enrique Pérez Padilla, Miguel Angel Avila Morales (+), Antonino Sangri Aguilar (+), Salin Marrufo Juan (+), Diego Rojas Zapata, Marcos Medina Martínez, Alfonso Santin (+), Raúl Angulo Macliberty(+), Elia Elías de A, Cristina Diaz, Sara Muza Simón, Maria de los Ángeles Córdova González(+), Felipa Ramírez A, Cecilia Oliava, La Moza Angulo Macliberty y Rosalinda Ferreiro.