Category: Sobre la relación con tus hijos,


Niño ModernoSe está probando en Japón, un revolucionario plan piloto llamado “Cambio Valiente” (Futoji no henko), basado en los programas educativos Erasmus, Grundtvig, Monnet, Ashoka y Comenius. Es un cambio conceptual que rompe todos los paradigmas. Es tan revolucionario, que forma a los niños como “Ciudadanos del mundo”, no como japoneses.

En esas escuelas, no se rinde culto a la bandera, no se canta el himno, no se vanagloria a héroes inventados por la historia. Los alumnos ya no creen que su país es superior a otros por el solo hecho de haber nacido allí. Ya no irán a la guerra para defender los intereses económicos de los grupos de poder, disfrazados de “patriotismo”. Entenderán y aceptarán diferentes culturas y sus horizontes serán globales, no nacionales.

¡Imagínese que ese cambio se está dando en uno de los países más tradicionalistas y machistas del mundo! El programa de 12 años, está basado en los conceptos:

Cero patriotismo.
Cero materias de relleno.
Cero tareas.

Y solo tiene 5 materias, que son: Aritmética de Negocios: Las operaciones básicas y uso de calculadoras de negocio.

Lectura: Empiezan leyendo una hoja diaria del libro que cada niño escoja y terminan leyendo un libro por semana.

Civismo: Pero entendiendo el civismo como el respeto total a las leyes, el valor civil, la ética, el respeto a las normas de convivencia, la tolerancia, el altruismo y el respeto a la ecología.

Computación: Office, internet, redes sociales y negocios on-line. 4 Idiomas, 4 Alfabetos, 4 Culturas y 4 Religiones: Japonesa, americana, china y árabe, con visitas de intercambio a familias de cada país durante el verano.

¿Cuál será la resultante de este programa?

Jóvenes que a los 18 años hablan 4 idiomas, conocen 4 culturas, 4 alfabetos y 4 religiones. Son expertos en uso de sus computadoras. Leen 52 libros cada año. Respetan la ley, la ecología y la convivencia. Manejan la aritmética de negocios al dedillo.

¡Contra ellos van a competir nuestros hijos! ¿Y quiénes son nuestros hijos?

Jóvenes que se saben todos los chismes de la televisión, que se saben los nombres de los artistas famosos, pero nada de historia. Jóvenes que hablan español sólo más o menos, que tienen pésima ortografía, que no saben hacer sumas de quebrados, que son expertos en “copiar” durante los exámenes. Jóvenes que pasan más tiempo viendo las estupideces de la televisión o partidos de “fútbol” que estudiando o leyendo, casi sin comprender lo que leen.

Jóvenes que son los llamados homo videos, ya que no socializan sino que están “estupidizados” con el Ipod, las tablets, el skate, los blackberries, el facebook, los chats donde sólo hablan de las mismas estupideces que enumeramos antes o con los juegos informáticos, en un claro aislamiento que conocemos como autismo y que atenta contra la libertad, la educación, su autoestima, el respeto a sus padres o prójimo, la solidaridad, la cultura y promueven un egoísmo alarmante.

Si esta sociedad y nosotros padres no hacemos un cambio total, nuestros hijos no estarán preparados para la globalización que implica entre muchas cosas, aprender más de dos idiomas pues la competencia no se duerme.

 

 

 

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A veces los hijos son muy desagradecidos con sus padres, incluso en su etapa de adultos, cuando debieran tener mayor capacidad de apreciar lo que sus padres hicieron por ellos.  Si bien es cierto que hay padres que no han sido ejemplares, también hay padres que sacrificaron todo por sus hijos, que lucharon por darles oportunidades que ellos mismos no tuvieron y tienen hijos ingratos.  Para una madre que ha sacrificado mucho de su propia vida, que ha dado buen ejemplo a sus hijos, incluso llegando a dejar de lado sus propias vidas para dar paso a la de sus hijos, los hijos ingratos le son doblemente dolorosos. 

Es doloroso tener hijos desagradecidos:

 “Mi vida nunca ha sido fácil, pero tuve la suerte de poder trabajar para mi hija. Muchas veces me vi obligada a aceptar trabajos difíciles para darle sustento a ella, nunca pensé en mí, sino en las necesidades de mi hija.  Mi hija lo es todo para mí, ahora es una mujer profesional, educada y bien posicionada, pero ya no está junto a mí.  Ahora sólo me escribe muy de vez en cuando y no sé nada de ella, ya no me necesita en su vida, ahora su vida gira sólo en torno a ella misma, se olvidó de mí, una vez alcanzó lo que tanto luché para ella, me dejó de lado. Ahora sólo está disponible para sí misma y los amigos de ella, yo claramente no estoy en su lista.” Así habla una madre con mucho dolor sobre su hija. 

No existe el padre o la madre perfecta ni el hombre o la mujer perfecta, pero cuando se es padre, se trata de ser el mejor, y todo el amor que ha sido dado a los padres, se derrama sobre los hijos.  Se trata de que no tengan problemas y evitarles que pasen necesidades. Aunque los padres sean los que pasen por todos los momentos malos, los hijos pasan a ser intocables.  Se les mima demasiado, se le consiente tanto, que muchas veces se les da sobreprotección.

Pretender hacerlo todo bien, es un anhelo imposible. Somos incompletos, tenemos grietas y fallas. Nos equivocamos, nos confundimos, no tenemos todo claro y esa es nuestra realidad. Pero eso no se le dice a un hijo, no se puede, ellos deben ver en un padre o una madre al hombre o la mujer perfecta, los que todo lo pueden. Pero la realidad es que todos somos humanos y por lo tanto con muchos defectos.   Los hijos deberían saber, que no siempre se les puede dar todo lo que quieren, porque a la larga no sabrán apreciar los sacrificios, y darán por sentado que sólo deben abrir la boca para obtener lo que quieren.

La ingratitud supone mucho dolor para cualquier persona, sobre todo si viene de un hijo. A un padre o a una madre cualquier palabra que se le diga afectará su corazón, porque siempre piensan como esta madre lo hizo: “cuando mi hija sea grande podré hablar con ella, seremos amigas y nos podremos contar nuestras cosas”. Esperando que así sea se le da todo, hasta que llega a ser una gran profesional.

Los padres siempre están dispuestos a sacrificarlo todo por sus hijos y a veces la vida así lo requiere. Hay padres que lo han dado todo por sus hijos, que no se han guardado nada para ellos, muchas veces trabajando de más, sacrificando comodidad e incluso llegando a sacrificar sueños por ver a sus hijos con algo mejor, con un futuro mejor, o por la sonrisa de un hijo un día cualquiera.  A los padres que han hecho todo esto y más por sus hijos, la vida muchas veces les depara sorpresas desagradables: hijos e hijas que no les toman en consideración una vez llegan a independizarse.  A los padres todo esto les duele mucho más cuando entran en cierta edad y las fuerzas flaquean y se sigue sin saber nada de esas criaturas preciosas por las que vivieron y se desvivieron.

A los padres les produce una enorme alegría y satisfacción ver que a los hijos le salgan alas, se independicen, culminen una profesión y un nivel de vida mejor que suya propia. Todo ello es motivo de alegría y regocijo, pues es muestra de que sus sacrificios no fueron en vano. Pero duele, enormemente, que esas alas puedan llevar a los hijos tan lejos que ni se asomen a preguntar cómo están, y que cuando lo pregunten sea sin interés real, sino simplemente por cordialidad con los padres.

A un padre le resulta duro descubrir que su hijo lo dejó de lado, que pasa todo su tiempo con sus nuevas amistades y ni un fin de semana al mes le puede dedicar. Duele ver que ahora, personas extrañas son las que recogen las lágrimas de sus hijos, que son ellas quienes los arropan cuando el mundo se les viene abajo, y que no tan sólo ya no acuden a ellos para buscar cobijo en estos momentos, sino que tampoco están para sus padres, cuando ellos quieren ayudarles.

A los hijos no se les puede dar todo cuando éstos lo quieran, los padres tampoco debieran darles a los hijos todo cuanto pidan, en el momento que lo pidan.  Hay que enseñarles a valorar las cosas, a valorar el sacrificio que por ellos se hace, a valorar cada cosa que se les da. Los hijos deben de comprender, desde cuanto más jóvenes mejor, que la vida no es de color rosa y que todo cuesta, que todo tiene un precio, que todo se logra con el sudor de una frente, y que si no es con la de ellos, es con el sudor de la frente de los padres. Hay que enseñarles a los hijos a ser buenos hijos, no sólo preocuparse porque tengan estudios y acceso a la universidad. 

Los padres deben hacerse respetar, por eso es importante que los hijos ingratos sepan que muchas veces los padres se sacan el pan de la boca para dárselos a ellos.  Es necesario que los hijos lo sepan, es necesario no ocultarles la dureza de la vida, es necesario evitar que piensen que todo es color rosa, es necesario que valoren todo cuanto se hace por ellos, que si la vida les es fácil es gracias a lo que por ellos hacen sus padres y lo mucho que se sacrifican por ellos.  A los hijos hay que enseñarles a ser responsables. 

Si eres padre o madre de niños pequeños puede que aún estés a tiempo de cambiar la forma en la que los estás educando.  A los padres que ya están sufriendo el abandono de sus propios hijos, sólo queda decirles que seguramente llegará el día en que sus hijos ingratos se den cuenta de que los padres que tuvieron fueron realmente los mejores padres del mundo. Ojalá cuando se den cuenta de ello no sea demasiado tarde y puedan de algún modo llegar a apreciar y recompensar a sus padres por lo mucho que hicieron por ellos.

Si eres un hijo o una hija adulta, y te sientes identificado, entonces posiblemente seas un hijo o una hija con suerte, porque aún estás a tiempo de acercarte a tus padres, acércate a ellos porque tenerlos es como tener un pedacito de Dios.  Acércate porque aún estás a tiempo, pues un padre o una madre siempre espera a sus hijos con los brazos abiertos, por muy mal que éstos se porten con ellos.

Si eres joven y aún no tienes hijos, sé buen hijo, porque seguramente algún día serás padre o madre, y este dolor que tus padres sufren hoy, pudiera ser también tu dolor en un futuro.
Del Grupo de Semillas de Vida

Nicole Johnson autora de “Mujer Invisible”, un bestseller de librería.

Todo comenzó a ocurrir gradualmente, entro a la habitación y digo algo y nadie se da cuenta, digo: apaguen la televisión por favor, y nada ocurre, y vuelvo a decir: ¡¡ apaguen la televisión, por favor !! Finalmente tuve que ir a apagar yo misma la televisión. Entonces comencé a entender. Mi marido y yo estuvimos en una fiesta y yo estaba lista para irme,  me acerqué a él que estaba conversando con un compañero de trabajo, si me acerqué era para irnos, y él siguió conversando,  ni siquiera me respondió. Fue ahí cuando me di cuenta, él no puede verme, ¡¡Soy Invisible!!

Desde allí lo empecé a notar más y más; llevé a mi hijo al colegio y su señorita le preguntó: ¿Jack con quien has venido? Y mi hijo respondió: con nadie. Él solo tiene cinco años, pero ¿nadie? Una noche estábamos entre amigas celebrando el regreso de una amiga de Londres; Jennise había hecho un viaje increíble, contaba y contaba de los hoteles fabulosos en los que había estado y yo estaba allí sentada observando a las otras mujeres en la mesa.

Me había maquillado en el auto camino allí, me había puesto un vestido viejo porque era lo único limpio que tenía. Tenía un rodete en la cabeza, así que me sentía realmente patética. Y luego vino Jennise hacia mí, y me dijo traje esto para ti, era un libro de las grandes catedrales de Europa. No comprendía. Entonces leí la dedicatoria que ella escribió y decía: “Con admiración por la grandeza de  lo que tu  estas construyendo, cuando nadie lo ve”.

Me pregunté ¿Que no se puede mencionar los nombres de las personas que han construido las grandes catedrales? Tratando de encontrar en el libro quienes habían construido las maravillosas obras, encontré: Autores anónimos.  O sea que ellos terminaron sus obras sin saber que notarían su trabajo.

Hay una historia acerca de un constructor que estaba tallando una pequeña ave en el interior de una viga que iba a ser cubierta por un techo, y alguien se le acercó y le preguntó: “¿porqué empleas tanto tiempo en realizar algo que nunca nadie verá? Está registrado que el constructor respondió: Porque Dios lo ve. Ellos confiaban en que Dios lo veía todo. Ellos entregaron toda su vida a un trabajo, un magnífico trabajo que jamás verían terminado.

Ellos trabajaron día tras día. Algunas de estas catedrales tardaron más de 100 años en construirse. Eso es más tiempo que toda la vida de trabajo de un hombre. Ellos hicieron sus sacrificios personales sin crédito a cambio, realizando un trabajo que nunca verían finalizado por una obra cuyo nombre jamás figurará. Un escritor se adelantó a decir que una gran catedral jamás se volverá a ser construida, porque muy poca gente está dispuesta a sacrificar su vida de esta forma. Cerré el libro y fue como si oyera a Dios decir: “Yo te veo”.  No eres invisible para mí.  Ningún sacrificio es tan pequeño para que yo no lo note. Veo cada torta que cocinas, cada plato de lentejas que haces y les sonrío a todos. Veo cada lagrima de decepción tuya cuando las cosas no salen de la manera que quieres que salgan. Pero recuerda: “Estas construyendo una gran catedral que no será terminada durante tu vida y lamentable no vivirás para verla”; pero si acaso no la construyes  muy bien, “Yo lo haré”.

Actualmente mi invisibilidad fue el punto de inflexión para mí. Porque no es una enfermedad que se lleve mi vida, sino es la cura de la enfermedad de mi egocentrismo. Es el antídoto de mi propio orgullo. Está bien que no vean, está bien que no sepan. No quiero que mi hijo les diga a sus amigos que trae del colegio a casa: No pueden creer lo que hace mi mamá, se levanta a las cuatro de la mañana y nos hace tortas, y nos cocina pavo, y prepara la mesa. Más allá que yo haga o no esas cosas, no quiero que diga eso, quiero que él quiera venir a casa y en segundo lugar quiero que les diga a sus amigos: “Les va a encantar estar allí”.

Está bien que no te vean. No trabajamos para ellos, trabajamos para Él. Nos sacrificamos para Él. Ellos, nunca lo verán, a pesar de que hagamos lo correcto  o a pesar de que lo hagamos bien. Oremos para que nuestras obras se mantengan como monumentos para Dios.
Nicole Johnson.

 

 

 

Mi madre: Doña Leda Vargas De Regil de A.

·        Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel, por la incansable solicitud de sus cuidados;

·        Una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud;

·        Una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más aciertos que un sabio, y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños;

·        Una mujer que siendo pobre, se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica daría con gusto todo su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud;

·        Una mujer que siendo débil se reviste con la bravura de un león;

·        Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.

 

Esa mujer fue mi madre, ¡¡ que Dios la tenga en su gloria !!.

 

 

Niño dialogando con su padre

No me des todo lo que te pida; a veces lo hago para ver cuánto puedo obtener.   

No me des siempre órdenes; si me pidieras las cosas con cariño, yo las haría más rápido y con más gusto.   

Cumple tus promesas buenas o malas; si me ofreces un premio, dámelo, pero también dame el castigo si me lo merezco.   

No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos, no es justo y me hace sufrir.   

No corrijas mis faltas delante de otros; enséñame a mejorar cuando estemos solos.   

No me grites; te respeto menos cuando lo haces. Además aprendo a gritar también y no quiero hacerlo.   

Déjame hacer las cosas por mí mismo; si lo haces todo por mí, yo nunca aprenderé.   

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro; me haces sentir mal y perder la fe en tu palabra.    Cuando yo haga algo mal, no me exijas que te diga el porqué, pues a veces ni yo mismo lo sé.   

Cuando estés equivocado en algo, admítelo para que crezca la opinión que tengo de ti y así me enseñas a admitir mis equivocaciones.   

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; ya que, aunque sea tu hijo, también podemos ser amigos.   

No me digas que haga lo que tú no haces. Yo siempre aprendo, no por lo que me dices que debo hacer, sino por lo que veo que haces.   

Enséñame a conocer y amar a Dios, pero recuerda que quiero aprenderlo a través de tu ejemplo.   

Cuando te cuente un problema, no me digas: “No tengo tiempo para tonterías” o “Eso no tiene importancia”; trata de comprenderme y ayúdame. Para mí es importante.   

Ámame mucho y dímelo a menudo, a mí me gusta oírlo, aunque pienses que no es necesario.

 

 

Mientras todavía estén jóvenes, solteros, y sin hijos, hagan lo que hacen todas las criaturas del Señor: preparar el nido para cuando lleguen los crios. No acepten una actividad vocacional que les impida ser un buen padre. Escojan su oficio de tal manera que el mismo aporte al máximo al desempeño de su papel como padres. El padre que se deja absorber por el éxito en los negocios será un pésimo padre. Si ganaran todo el mundo y perdieran el alma de su hijo, ¿de qué les aprovecha?

Algunos adictos al trabajo dicen que lo están haciendo por sus hijos, para proporcionar seguridad, una buena educación, etc. ¿A qué se debe que los hijos de padres que trabajan duro y siempre están ausentes nunca aprecian ese sacrificio, y hasta muestran desprecio por el éxito de su padre? La razón es que a los hijos no se les engaña. Ellos entienden que la ausencia de su padre se debe a una falta de interés.

Ellos consideran que su profesión tiene una motivación egoísta. Perciben que su padre deriva más satisfacción de su empleo, que de la presencia de ellos. Sea cierto esto o no, el resultado es el mismo. El éxito profesional siempre pasa. Tus hijos serán eternos. La educación que necesitará tu hijo no se puede comprar en la universidad. Se adquiere por las largas horas que el padre invierte haciendo cosas con sus hijos.

El concepto de “tiempo de calidad” en oposición a la “cantidad” es un sedante para las conciencias de padres modernos absortos en sus intereses mundanos. Una hora programada de atención de tipo “clínico” convierte tu “tiempo de calidad” en poco menos que una cita de negocios: una sesión de terapia, es irreal y pretencioso. La atención hipócrita a asuntos sin trascendencia abarata el compañerismo. El mejor tiempo que podrían pasar juntos es aquel que se invierte en las luchas reales para lograr metas en común. El niño desarrollará autoestima, no por ser el centro de la atención en conversaciones vacías, sino por la conquista de una necesidad en el mundo real: poner un buzón de correo, un tendedero, podar el pasto, partir leña, lavar ventanas, construir una casa para el perro, acompañar a papá a su trabajo para ser un ayudante de verdad. ¿Recuerdan cuando Don Madill venía a trabajar en nuestra carpintería acompañado por su hijito de dos o tres años que limpiaba el aserrín o martillaba un clavo? En esa relación padre-hijo no había pretensión ni prisa. Actualmente sus hijos son todos unos hombrecitos, seguros respecto a su papel en la vida.

En cuanto nazca su primer hijo, inicien su papel como padres. Releven a su cansada esposa por un par de horas, tomando al bebé y atendiendo a todas sus necesidades. Cuando estén leyendo o descansando, acuesten al bebé en su regazo. Cuando ustedes tenían apenas unos cuantos días de nacidos, yo los recostaba en mi pecho para que pasaran una noche inquieta. Llegué a acostumbrarme de tal manera, que podía dormir profundamente con uno de ustedes en mi pecho. Su madre exhausta, necesitaba un pequeño descanso. Cuando yo era recién casado, esperaba que mi esposa fuera una súper mujer. Pronto comprendí que si iba a soportar varios partos más y con buen ánimo, iba a necesitar mucho apoyo. Traten a su esposa como a una delicada flor y ella tendrá energías para ser una madre más dadivosa. Estoy consciente de que ustedes, hijos, no necesitan dormir mucho. Sin embargo, si cada dos o tres años fueran sujetados a una cirugía mayor, y se les extrajera un tumor de 12 kg. y le tuvieran que prestar su cuerpo a un lechero, también requerirían más descanso. Permitan que su esposa duerma un poco más que ustedes, y ella será mucho más eficiente.

A pesar de que yo pasé mucho tiempo con ustedes cuando eran pequeños, siempre le dije a su mamá: “Son tuyos hasta que puedan seguirme afuera, luego serán míos.” Lleven a sus pequeños con ustedes a muchas aventuras. Exploren y descubran nuevamente todo el mundo con cada uno. Yo los llevaba a la cacería de conejos en un “canguro”. Mis perros cazadores estaban tan condicionados que cada vez que veían el canguro, creían que íbamos de cacería. Creo que le dio gusto a Rebekah cuando llegó Gabriel y la desplazó del canguro.

Denles muchas cosas para que sus hijos ejerciten su creatividad: cajas de cartón, dados de madera, aserrín, arena, palos, martillos y clavos. Eviten los juguetes comprados en la tienda, porque éstos apagan la creatividad de los niños, limitando su imaginación. Un principio importante que hay que recordar, es que mientras más tiempo inviertan haciendo cosas juntos, menos problemas de disciplina tendrán. El hijo que adora a su padre, deseará agradarlo en todo lo que haga. Un hijo no se puede rebelar contra su mejor amigo. Cuando tengan edad para ver las imágenes en un libro, pasen tiempo dándole vueltas a las páginas con ellos. Cuando tengan edad para entender, empiecen a leerles o contarles historias bíblicas. En el transcurso del día, en forma natural, platíquenles acerca de nuestro Padre Celestial. Examinen juntos la naturaleza como una creación sabia de un Dios magnificente.

No aplacen el momento para actuar como padres. Cada día que ellos crezcan sin ustedes, serán como una mata de tomate que crece sin guía. Se extiende sin rumbo. Salen las hierbas donde no se pueden sacar. Los tomates se darán sobre el suelo donde se pudrirán. El padre que está “presente”, siempre involucrado en la vida de su hijo, conocerá su pulso. Si elogian y premian la conducta deseada, habrá muy poca conducta indeseable. Estarán pronunciando cincuenta palabras de aliento por cada reprensión. Pero, no sean víctimas del sustituto psicológico moderno: descuidar al niño y luego entrar corriendo a decirle algo positivo. Es artificial y es lisonja. Los comentarios positivos que no son merecidos por esfuerzos legítimos son destructivos. El niño debe saber que se ha ganado cada elogio que reciba. Los elogios que no se basan en esfuerzos meritorios son tan injustos como el castigo administrado sin provocación. Enseñará una mentira en el sentido de que invierte la realidad. No existe ningún sustituto para una presencia real y auténtica. Si tu hijo no está haciendo nada digno de elogio, tómalo de la mano y permite que camine contigo hasta que sí haga algo digno. Los niños abandonados se convierten en niños rechazados. El niño necesita a su padre como una planta necesita la luz para crecer sano. No basta la luz del relámpago o el destello. Se requiere la iluminación estable y permanente de la presencia del padre.

Por ningún motivo dejen la enseñanza espiritual únicamente en manos de la madre (por muy bien que lo pueda hacer), porque los niños crecerán pensando que la religión es cosa de mujeres. Ustedes acuesten a los hijos en la noche y lean y oren con ellos. A medida que vayan creciendo sus muchachos, aseguren que no estén demasiado encerrados con los estudios. Para cuando cumplan doce o trece años deben haber terminado con su escuela estructurada y deben estar involucrados en un oficio con ustedes. Sigan exponiéndolos a conceptos e ideas; pero sobre todo provean problemas de la vida real que ellos deban resolver: reparación de bicicletas, motor pequeño o aparato doméstico. Toda clase de construcción y mantenimiento constituye entrenamiento esencial. El concepto que pretenden comunicar es el de independencia y confianza. El joven que sabe hacerlo, repararlo, construirlo, intentará cosas nuevas con la confianza de lograrlas. La confianza en el trabajo se traducirá en éxito en la educación.

Recuerden al joven mennonita de 27 años, con su primer auto, que partía para ir a la universidad en una ciudad distante, dejando todo lo que le era familiar, enfrentando retos que nunca antes había contemplado. Yo tenía mis dudas respecto a su capacidad para triunfar en ese nuevo ambiente. No contaba con ninguna de las destrezas necesarias. Su nivel educativo era equivalente al de un niño de sexto grado. Cuando intenté advertirle respecto a las dificultades que le esperaban, dijo: “Siempre he logrado todo lo que he intentado, podré hacer esto también”. No resultó fácil para él, pero obtuvo un promedio de 90% en el primer semestre. Fuera en las cosas manuales o en las cosas intelectuales, había aprendido a triunfar. Si le imponen a un niño pequeño una carga de estudio tal que lo haga sentirse incapaz, le estarán inculcando el principio del fracaso. Primero enseñen a sus hijos a trabajar con las manos, y la educación de su mente se producirá con mayor facilidad. No dejen a sus hijos varones en casa con mamá y a las niñas en clase. Ellos deben andar afuera con los hombres.

Hijos, ayuden a sus esposas a entender entrenamiento y disciplina. No den por hecho que ellas automáticamente están preparadas para ser madres. Algunas madres no tienen el valor necesario para disciplinar. Les dirán a los niños: “Ya verás cuando llegue tu papá: él te va a pegar”. Cuando ustedes entren a la casa, desearán que los hijos vengan a subirse a sus piernas y jalarles los brazos y que no se escondan en un rincón. Tres horas de estar temiendo la llegada de Papá es una programación devastadora. Hagan que su esposa aplique su propia disciplina. Verifiquen su propio equilibrio, preguntándose: “¿Mis hijos me ven como un severo disciplinador o como un alegre y maravilloso compañero y guía?” Sus juicios y castigos deben perderse entre muchas horas de alegre compañerismo.

Por último, a medida que sus hijos crezcan, permitan que ellos se sientan parte de las luchas de la vida. No ostenten tanto “éxito” como para proveerles todo lo que puedan necesitar o desear. Si descubren que todo se está dando con demasiada facilidad, regálenlo todo y comiencen de nuevo bajo circunstancias más difíciles. La vida sin luchas no provee la satisfacción de tener triunfos. Si pierden sus zapatos, permitan que se queden descalzos hasta que ganen dinero para comprar otros. Aseguren que no cuenten con toda clase de manjares exquisitos para comer. Permite que aprendan a contentarse con privaciones. No permitan que entren a la casa los alimentos chatarra ni el azúcar. Si nunca los prueban, no los desearán. Si comer entre las horas de alimento impide que coman verdadera comida (carne, papas, verduras, ensaladas, etc.), entonces no les permitan comer sino en las horas de comida. Existen algunos sabores o texturas por las que sentimos rechazo. Permitan que cada niño tenga una o dos aversiones; pero aseguren que sus preferencias no sean demasiado limitadas. Si a un niño no le gusta lo que hay en la mesa, dejen que se quede sin comer hasta la siguiente comida. Un poco de ayuno es buen entrenamiento. Si tuvieran un niño que es especialmente mañoso y come muy poco, entonces denle principalmente lo que no le gusta hasta que aprenda a disfrutarlo.

Olvídense de comprarles juguetes. Algunos juguetes funcionales son deseables, como un camión metálico para los niños o un triciclo o bicicleta para los mayores. Es benéfico para las niñas jugar con loza de juguete y muñecas bebés (que se parezcan a bebés de verdad). Solamente no cultiven sus inclinaciones ambiciosas enseñándoles a esperar que les concedan todos sus gustos. Nunca cedan a la presión de las modas. El cristiano debe tener la dignidad suficiente como para no dejarse llevar por los publicistas de Madison Avenue. Su calzado, ropa y cereales deben ser seleccionados por su utilidad, no por el estilo. Hollywood no es para los hijos de Dios. No permitan que entre en sus hogares la propaganda subversiva, insensata tipo Plaza Sésamo. La mentalidad de sus hijos debe ser moldeada por la Palabra de Dios y el ejemplo cristiano, no por los pervertidos sexuales y socialistas. Si quieren destruir a su familia, consíganse una buena televisión y videocasetera para que les hagan compañía a sus hijos. La familia cristiana es una madre y un padre con sus hijos; todos viviendo, riendo, amando, trabajando, jugando, luchando y logrando cosas juntos para la gloria de Dios.

Necesitan tener una visión más grande que lo temporal y terrenal. No están preparando a sus hijos para el tiempo, sino para la eternidad. Adán engendró un hijo a su semejanza. Ustedes engendrarán hijos e hijas a semejanza de ustedes. Toda empresa terrenal debe contemplar la eternidad. Así como sus hijos llevarán la imagen de sus padres terrenales, deben llegar a llevar la imagen del Padre Celestial. Nacidos a imagen de ustedes, deben renacer a imagen de Cristo. Ser conformados a la imagen del Hijo de Dios es nuestra expectativa y esperanza.

Es una aspiración colosal, pero tenemos los recursos del cielo a nuestra disposición. La sabiduría se da a quien la pide. Amar es el único mandamiento; el ego nuestro más grande enemigo; la Biblia nuestro único recurso educativo; el Espíritu Santo nuestro consolador; la sangre de Cristo nuestra única esperanza. Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, “sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Tomado del libro “Para entrenar a un Niño” Capítulo 20 Segunda Parte. Michael y Debi Pearl.

En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al padre perfecto:

-Debe ser fuerte, comentó uno.

-También, debe ser dulce, comentó otro experto.

-Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos.

-Debe ser justo en los momentos decisivos y alegre y comprensivo en los momentos tiernos.

 ¿Cómo es posible poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo?, preguntó uno de los obreros:

 El ingeniero contestó:

-Es fácil. Sólo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga un corazón de caramelo.

 Todos rieron ante la ocurrencia y una voz se escuchó; era El Maestro y dueño del taller del cielo:
-Veo que al fin comienzan, comentó sonriendo. No es fácil la tarea, es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello. Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.

-¿Tierra?, preguntó sorprendido uno de los arquitectos. ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, o marfil o de piedras preciosas!

El Maestro contestó:

-Este material es necesario para que sea humilde.

Y extendiendo su mano sacó oro de las estrellas y lo añadió a la masa:

-Esto es para que en las pruebas brille y se mantenga firme.

Agregó a todo aquello, amor y sabiduría. Le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco.

Uno de los obreros preguntó:

-¿Y qué pondrás ahí?

Abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, El Maestro sacó su corazón, le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquel hueco. Dos lágrimas salieron de sus ojos, mientras volvía a su lugar su corazón ensangrentado.

Un ángel obrero le preguntó al Maestro:

-¿Por qué has hecho tal cosa?

El Maestro, aún sangrando, le contestó:

-Esto hará que me busque en momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo, que esté dispuesto aún al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, porque al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de padre, allá en la tierra, regresará hasta Mí. Y satisfecho por su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino.

Esta metamorfosis es aplicable, de la misma forma, a la transformación de la Madre.  Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios.

Imperaban normas estrictas de educación: Nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie repetía el almuerzo sin el permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre.

La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema.

Cuando el padre miraba fijamente a la hija, esta abandonaba todo; a una orden del padre los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra.

Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en papá.

El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza.

Además, la segunda derrota es que papá es una invitación al infame tuteo, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre.

A diferencia del padre, el papá era tolerante.

Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes con una trompada, como hacía el padre en circunstancias parecidas.

Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde.

El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo.

Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa; tomaban el teléfono sin permiso, sacaban dinero de la cartera de papá y usaban sus mejores camisas.

La hija comenzó a salir con pretendientes sin chaperón y a exigirle a papá que no le pusiera mala cara al insoportable novio y que le ofreciera que, en vez de llamarlo “Señor Barreiro”, como habría llamado al padre, que lo llamara simplemente “Tato”.

Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha.

Nada comparable a la figura prócer del padre.

Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado.

 Y entonces vino papi.  Papi es un invento reciente de los últimos 20 ó 25 años.

Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica.

Papi, me llevo el carro, dame para gasolina.

Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta y que , cuando vuelvan, entren en silencio por la puerta de atrás.

Tiene prohibido preguntarle a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en su cocina.

Ni hablar de las tarjetas de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la afeitadora, el ordenador, las llaves.

Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan!

 Aquel respeto que inspiraba el padre y, hasta cierto punto el papá, se transformó en exceso de confianza además de convertirse en un franco abuso hacia papi:

– ¡Oye, papi, se me está acabando el whisky y la cerveza!

– ¡Oye papi, anda a comprar pan!

No sé qué seguirá después de papi.

Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo.

Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de mis hijos, mis nietas han empezado a llamarme “pa”… 

 Creo que quieren decir: – ¡¡¡Pa’ nada sirves !!!!

Distinguir el bien del mal es fundamental para vivir en sociedad. El sentido moral es el conjunto de valores que rigen el comportamiento. Mediante ellos, las personas deciden qué está bien y qué está mal. Pero para el recién nacido, nada es bueno o malo desde un punto de vista moral. Algunos expertos en psicología infantil consideran que el bebé nace sin ningún tipo de sentido moral.

 El proceso de socialización permite que los niños interioricen las normas sociales que ayudan a distinguir el bien del mal.  La moral se desarrolla en cada persona a medida que pasa por una serie de fases, que son las mismas para todos los seres humanos y que se dan en el mismo orden.

Desarrollo del sentido moral:

Es muy difícil establecer a qué edad los niños son capaces de empezar a distinguir el bien del mal.  Sin embargo, el período que transcurre durante la socialización (infancia y adolescencia) resultan vitales para el desarrollo del sentido moral.  En estas etapas, el niño aprende e interioriza un repertorio de normas y valores, entre ellos la idea del bien y el mal, que jugarán un importante papel en la constitución futura de su identidad y de su personalidad.  En esta etapa es fundamental el papel que juegan los padres. “La interacción entre padres e hijos en la vida diaria facilita esta transmisión de valores”.

 La importancia de la escuela:

 Los padres son fundamentales en el desarrollo moral del niño. Pero, a medida que éste crece, el papel de la escuela adquiere más relevancia. Los niños pasan muchas horas en el colegio y, en la adolescencia, encuentran sus principales referencias entre sus compañeros de estudio. 

Hay muchos progenitores que no pueden o no saben cumplir con su función de educadores. La falta de tiempo, sus propias crisis personales o valores erróneos pueden entorpecer el desarrollo moral de los hijos.  Por eso se espera que la escuela corrija las posibles carencias morales que los niños tienen en casa.

¿Se pueden compensar en clase estas carencias morales?

Depende de la edad del niño, de la capacidad de influencia que las figuras educativas tengan en él y de su grupo de compañeros. “En una situación óptima, en un niño menor de doce años, cuando los educadores tienen mucho peso y siempre que desde casa se valore el papel de estos, es posible si, además, el pequeño cuenta con buenos compañeros”.  En la adolescencia resulta bastante complicado.

¿En qué medida influye el comportamiento de los ídolos infantiles en el desarrollo moral de los niños?

Respecto a su exposición a los medios de comunicación y el seguimiento que hacen en ellos de sus ídolos, como cantantes, futbolistas o actores, propicia que estos se conviertan en figuras que cobran importancia en el mundo interior de los pequeños.  Los menores pueden querer imitar la conducta de sus ídolos, pero el desarrollo moral se refiere a cuestiones más profundas y amplias. “Los ídolos son personas que no están en su entorno inmediato, por lo que su influencia es relativa, aunque pueden convertirse en una motivación para el éxito”. Tema preparado por el Grupo de Semillas de Vida.

El amor que les tenemos a nuestros hijos nos lleva muchas veces a cegarnos y a olvidar lo que los hará felices a la larga. Es muy común en estos tiempos que los padres de familia, sobre todo los de ciertos recursos económicos, les construyamos un mundo irreal, sacado de un cuento de Walt Disney, aislándolos así de la realidad.
Cuando tarde que temprano el cuento termina, nuestros hijos se enfrentan a un mundo que desconocen, que no comprenden, lleno de trampas y callejones sin salida que no saben sortear, y las consecuencias son peores a las que quisimos evitar.

Hace poco la imagen de un padre con lágrimas en los ojos conmovió profundamente al mundo entero. Pelé, el gran ídolo del fútbol de los últimos tiempos, quien a diferencia de otras ocasiones, dio una de las ruedas de prensa más tristes y dolorosas de su vida: su hijo, Edson de 35 años, fue arrestado junto a 50 personas más en la ciudad de Santos-Brasil.

El hijo de Pelé fue acusado de asociación delictiva con narcotraficantes y puede ser condenado a 15 años de cárcel. Con lágrimas en los ojos, el ex futbolista brasileño admitió públicamente que su hijo resultó involucrado en una pandilla de traficantes de cocaína arrestados por la policía.

Pelé dijo a los medios: “como cualquier padre, es triste ver a tu hijo metido en grupos como ése y ser arrestado, pero él tendrá que sufrir las consecuencias”. Y agregó, “desafortunadamente, yo quizás estaba demasiado ocupado y no me di cuenta. Es lamentable, porque yo siempre he peleado contra las drogas y no noté lo que pasaba en mi propia casa”.

Pelé es un personaje mundial admirable como deportista y hombre honesto que no perdió su humildad como otras figuras del deporte. Sin embargo, es triste que un hombre bueno y talentoso como él se haya “distraído” en su jugada más importante: la formación de sus hijos.

La historia de Pelé no es un hecho aislado. Por desgracia es la vida de cientos de padres de familia de estas épocas atrapados en una agenda saturada de trabajo y de compromisos fuera de casa. Papás que compensan la falta de atención a sus hijos con bienes materiales. Los inscriben en las mejores escuelas, los rodean de lujos y comodidades y piensan que con eso ya cumplieron con su tarea de padres, cuando lo único que han logrado es formar niños que desconocen el hambre y tiran lo que no les gusta.

Hijos tiranos, pequeños monstruos insoportables y prepotentes que sufrirán y harán sufrir a sus semejantes porque desde pequeños se han salido con la suya. Muchachitos que creen que sentir frío o calor es cuestión de aire acondicionado, que el cansancio que han sentido se limita a caminar unas cuantas cuadras porque no hallaron estacionamiento frente a la discoteca, jovencitos que piensan que el trabajo de los padres es firmar cheques para que ellos tengan todo lo que se les antoja.

¿Qué posibilidades tienen nuestros hijos de convertirse en hombres y mujeres de bien si los papás les damos todo y no les educamos la voluntad?

¿Qué hijos estamos formando si con nuestra actitud les mostramos que el dinero es lo más importante en la vida?

Confucio decía “Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío”. Proverbios señala “Corrige a tus hijos”. Cuánto bien hacen los padres a los hijos cuando ponen esa máxima tan sencilla en práctica. Y cuánto daño les hacen al ponerles todo en bandeja de plata.

Hay muchas realidades que como padres quisiéramos desaparecer; el sufrimiento de los hijos, el exceso de sudor, de esfuerzo, y las carencias económicas. Sin embargo, quizás esas realidades no los hagan felices de momento, pero a la larga puedan forjarlos como hombres y mujeres de bien.

Ojalá que más padres de familia tengan la inquietud de enterarse por dónde andan sus hijos. Que no les vaya a pasar que cuando tengan tiempo deban decir: “Estaba demasiado ocupado y no me di cuenta”.

“Encárgate hoy de lo posible, que Dios se encargará por ti de lo imposible, ya que lo imposible de hoy será posible mañana”