En la foto el profesor Salvador Lizarraga Carrillo con el Gobernador Lic. Javier Rojo Gomez y el Candidato a la presidencia Lic. Luis Echeverría, en visita a la escuela Secundaria Adolfo López Mateos en 1970. Sucede que en esos días el profesor fué mordido por un perro . Don Alfredo Sosa Cuevas, amigo íntimo suyo, le hizo este chusco verso que cita también personajes muy típicos del Chetumal de la época.

El varón que tiene

corazón de flor

que vive contento

en este Chetumal,

el mejor de todos,

el buen Salvador

está con un rudo

y torvo animal.

Bestia temerosa,

bestia sanguinaria

que a nadie respeta

pues lo mismo ataca

a un crío de primaria

que al doctor Zaleta.

 

El perro furioso ,

el terrible can

por todos odiado

se halla disgustado,

cuatro policías fueron a buscarlo,

se llevaron más de una mordida

y tuvieron  que dejarlo.

 

Salvador salió y al perro buscó

sin necesitar perrera, 

solo con su  paciencia

encontró a la fiera

que al verlo se lanzó feroz.

Chava con su ronca voz

le dijo alzando su vaso:

paz amigo perrazo.

 

¿Dime yo que te he hecho,

 

para que al recibirme te portes así?

El perro calmado le contestó:

Señor no me hables a mi en tu modo,

por favor señor profesor,

no me gustan  las quimeras

y por eso no vivo en perreras,

se sincero maestro Salvador.

 

¿Cómo, perro maldito, matón,

vives asustando gente

y no tienes más en la mente

que sembrarles miedo y terror?

 

El pobre can compungido

contestó todo abatido:

Cuando uno está hambriento,

ya no se repara en nada

por conseguir alimento;

y así que hay que dar dentelladas

para poder subsistir.

 

Bien, conmigo vas a venir,

le dijo el buen Salvador,

tendrás tu comida diaria

e irás a la secundaria,

de la cual soy director.

Y para sellar nuestro pacto

tiéndeme esa tu pata

y tomemos en el acto

un trago de esta mi chata.

 

Y fueron a Chetumal

el bueno de Salvador,

y ajeno de todo rencor,

el ya tranquilo animal.

A las seis de la mañana

el perro se levantaba

y a esa hora tan temprana

el can se desayunaba;

 

Terminando su yuntar

se dedicaba a estudiar

y así aprendió biología,

a restar y multiplicar;

se aplicó en la geografía

y también supo sumar.

 

El maestro estaba encantado

con tanta ciencia canina

y hasta lo llevó con “Fina”

como premio a su labor

a echarse una “Superior”.

 

Cierto día, día aciago,

el perro ya medio briago

desconoció al profesor

con gesto amenazador

y le pegó una mordida

en la pierna a Salvador

emprendiendo rauda huída.

 

La víctima enloqueció

de coraje y de dolor

por lo que el buen profesor

a gritos doctor pidió.

Rápido vino Zaleta

y le inyectó una ampoyeta

de una sustancia alcalina

dis que penicilina.

 

Dos días de incertidumbre

entre la vida y la muerte

pasó el pobre profesor.

Después de la acometida

se encontraba Salvador

lleno de rabia y rencor

contra aquel perro traidor.

 

Y así pasaron los días,

y así pasaron los meses,

evitando tomar frías

y los wiskys  escoceses.

 

Un buen día Salvador

fué por el perro traidor

para mentarle a la madre

y con equidad  de género

también a su canijo padre.

¿Que te hice can mordelón

para que me incaras el díente

como si fuera un jamón

sin considerarme gente?

 

¿No fuiste a la secundaria,

mala bestia cavernaria

para poder aprender?

¿Porqué ese instinto tan pillo

pudiendo ser bachiller

como el profesor Castillo?

¿Porqué no usaste tu saña

contra el profesor España

O incarle el diente directo

al flacucho del prefecto?

¿Porqué perro lobo o hiena

no mordiste a Castorena?,

¿O bien tus dientes no valen

con el ingeniero Allen?

 

Ahí estaba el gordo Farah

y también don Miguel Lara

y recuerdo que ese día

estaba Pepe García

y hasta Jesús Santamaría.

 

¿No pudiste hijo del mal

morder a Jesus Leal?

¿Porqué te ensañas conmigo

Si nada tengo contigo

diablo, demonio, o Belial?

Ahí estaba Raúl Ruz

y también Alfredo Sosa

con su lírica horrorosa,

y don Eligio Mendoza

¿Por la vida de Jesús!

 

El pobre can dejó el hueso,

pobre hueso nauseabundo

y como dijera al mundo

saliendo de su embeleso

le dijo al buen director:

 

Mi querido Salvador

es verdad que en Chetumal

pasé un año encantador

evitando hacer el mal,

pero al ver la podredumbre

y la falta de moral

que imperaba por doquier

y volvió a mí la incertidumbre

y entonces quise volver

a tornar ser criminal.

 

Hablando sin ton ni tino

de la honra de las gentes

escuché a don Antonino

y quien pudiera pensar

en Delio Paz diputado

y en Pedro Salazar

disfrazado de suplente.

 

Ví a los de la Quinta Zona

actuar en Carrillo Puerto

eran una maravilla

asaltando a los viajeros

como su fueran rateros

por llevar un solo queso

y un poco de mantequilla

mas barata que este hueso.

 

Hace poco, algunos días

me encontré ciertos pellejos

propiedad de Pepe Elías y su

Sociedad de carros viejos.

 

Me parece suficiente

la forma en que he razonado

y por eso he regresado

a mi humilde soledad,

lejos de esa humanidad

desgraciada y mal cliente.

 

Ante tal razonamiento

Y en señal de asentamiento

Inclinó la cabeza

con infinita tristeza

el pobre de Salvador,

y se tomó una cerveza

para calmar su dolor.

 

Alfredo Sosa Cuevas