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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Después del General Octaviano Solís, llegó como Gobernador el Teniente Coronel Librado Avitia (1921—1923). La verdad es que hubo varios gobernadores que sólo duraron un par de semanas los cuales ya ni recuerdo sus nombres, pero sí seguiré mencionando los que hayan durado poco más de un año. “Otro gobernadores pero interino, que viene a mi memoria fue el Mayor Camilo E. Félix”. Corría el mes de diciembre de 1923, a un año de distancia próxima en que el Gral. Obregón terminaría el cargo de Presidente de México, el Gral. Adolfo de la Huerta quiso ser el sucesor pero como no lo logró se levantó en armas convocando a la rebelión de los generales en contra del Jefe del Poder Ejecutivo.

Acá en la Capital de Quintana Roo, unos cuantos ciudadanos, la Comandancia Naval y demás militares veían con agrado el movimiento armado que el General Adolfo de la Huerta desde el Puerto de Veracruz protagonizaba en contra del C. Presidente de la República Mexicana Gral. Álvaro Obregón.

En Payo Obispo (Chetumal) que apenas tenía 25 años de haberse fundado, el comunicarnos con el centro del país era casi imposible ocasionando que de muy poco nos enteráramos de lo que en esos momentos ocurría en toda la nación. El “run-run” de que también podría haber revuelta armada en Quintana Roo, cada día sonaba más. Lejos estábamos los payoobispenses, hoy chetumaleños, en creer que algo parecido pudiera pasar en nuestro Territorio de Quintana Roo… sin embargo pasó. ! Le dieron cuartelazo al gobernador interino !.

El Mayor de Caballería don Camilo E. Félix (1923), Comandante Militar del Territorio quintanarroense, fue aprehendido por el insurrecto Mayor de Infantería Atanasio Rojas. El mismito Palacio de Gobierno sirvió para tener secuestrado al gobernador Félix, y a sus más cercanos colaboradores. En la madrugada del 13 de diciembre de 1923, los prisioneros fueron embarcados en el cañonero “El Explorador”, custodiados y deportados al Puerto de Belice, Honduras Británicas… al Gobernador Félix le acompañaba su señora esposa doña María Aranda.

Desafortunadamente en el Estado vecino de Yucatán no corrieron con la misma buena suerte… Tres semanas más tarde a principio de enero de 1924, los sublevados fusilaron al Gobernador de Yucatán don Felipe Carrillo Puerto, sus tres hermanos, colaboradores y algunos militares más. Don Felipe Carrillo Puerto, leal al Gobierno Constitucional del Presidente Obregón, fue encarcelado y sometido a juicio sumario. Siendo civil se le formó consejo de guerra e inmediatamente en menos de 24 horas acribillado ante un paredón del cementerio general de Mérida… había que acabar urgentemente con los partidarios del Presidente de México. Al igual que en Yucatán, en Quintana Roo tampoco teníamos gobernador, y los militares golpistas seguían matando a militares, federales y civiles que reconocieran a Álvaro Obregón.

Encontrándome de servicio en la frontera de Santa Elena, fuimos agredidos y advertidos para que entregáramos las armas a los sublevados; uno de mis subalternos el Cabo Justo Martínez, desenfundó la pistola y mató a quemarropa a un Coronel que comandaba a los golpistas, un tal Juan Galindo; en medio de la balacera estando yo herido del pié izquierdo pude escapar gracias a que cerca de ahí había un burdelito que regenteaba una mujer que fue mi querida, ella me salvó llevándome a esconder a Santa Elena del lado beliceño. Fuera de mi país, sin dinero y sin poder caminar, pasé mi cumpleaños número 38… y una navidad “chupando” con mi querendona amiga que para amenizar mi festejo dando cuerda hizo sonar moderno fonógrafo con unas canciones en inglés que estaban de moda; al escuchar la música me entró, como buen yucateco, mucho sentimiento y no pude soportar soltando amargo llanto, no sé cómo fue que recordé a mi amada y ya fallecida Flor, el asunto es que mi amiga me preguntó: “¡bueno y qué sanababich (son of a bich) te pasa!”, experta mi amiga comprendió que en ese momento lo único que se me podría haber parado era el corazón.

Pero, y a pesar de todo conté con la buena suerte que no tuvieron mis demás compañeros, el 17 de abril de 1924 fueron fusilados en el panteón que existía enfrente del hoy hotel de “Los Cocos” (Av. de Los Héroes, en Chetumal)… en estos momentos no puedo recordar el nombre de todos los que fueron pasados por las armas, sólo me acuerdo del Subteniente Rosalino López, de un Cabo llamado Justo Martínez, de un soldado de nombre Urbano, y de un contratista chiclero cuya persona era don Juanito Erales. Este señor Erales, fue relacionado con un movimiento que estaban preparando en contra del usurpador Atanasio Rojas, pero los descubrieron y en caliente que los fusilan; otros lograron escapar como el Tesorero del Territorio don Andrés Sangri y el Jefe de la Aduana Marítima Sr. Pedro Pérez Andrade.

Estando yo todavía mal herido y protegido en Santa Elena, mis amigos Ramón González Téllez, Audomaro Castillo Herrera, Aurelio Aranda y Enrique Ruiz, me tenían al tanto de lo que sucedía en aquel violento Payo Obispo (Chetumal). Así fue como me enteré que un nutrido grupo de soldados rebeldes escapaban hacia Centroamérica, que ya los esperaba una embarcación en el muelle de Payo Obispo, y entre esos militares se encontraba un tal Ricárdez Broca, que fue quien dio el cuartelazo en Yucatán, se autonombró gobernador, y ordenó el fusilamiento de don Felipe Carrillo Puerto.

Atanasio Rojas que todavía tenía control sobre el Territorio de Quintana Roo, entre aplausos y vivas ayudó a que escapara el coronel Juan Ricárdez Broca. A las pocas semanas hubo más muertos cuando a Payo Obispo entraron las fuerzas obregonistas que recuperaron la plaza el 5 de mayo de 1924… única vez que no se pudo celebrar un año más de la fundación de Payo Obispo. Desde las seis de la mañana entre nutrido tiroteo, Atanasio Rojas y sus secuaces cruzaron nadando el Río Hondo, y se internaron en selvas de Honduras Británicas (Belice).

Impuesto el orden constitucional, el Presidente Gral, Alvaro Obregón nombró al nuevo Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Gral. Amado Aguirre Benavides (1924-1925)… después de tantos brincos y sombrerazos finalmente el sucesor de Obregón fue el General Plutarco Elías Calles. Yo con mi pata amolada y un sueldo de miseria que siempre tuve viviendo entre drogadictos y asesinos que venían a esconderse a Quintana Roo, y que muchas veces terminaban como mis compañeros en el ejército, ya no quise saber más de las armas, y menos ahora que se veía venir el enfrentamiento entre el Gobierno del Gral. Plutarco Elías Calles y el Clero Católico Mexicano. Perdí el miedo, ya no distinguía el bien del mal, yo ya no quería matar; que me perdone Dios no sé ni cuántos hijos habré dejado por ahí… Algo inexplicable me estaba pasando, asombrado comprendí la grandeza del creador y la pequeñez del hombre… la vida tan frágil y tan corta.

Con el nuevo presidente Calles, pasaron por Quintana Roo tres gobernadores: el Coronel Enrique Barocio, el periodista Antonio Ancona Albertos y el General Dr. José Siurob Ramírez. Lo que tenía que suceder sucedió, el Gobernador Dr. Siurob ordenó en el año de 1928, cerrar definitivamente la Iglesia “San José de Payo Obispo”, único templo católico existente en la capital de Q. Roo, y su inmueble de madera fue anexada (por utilidad pública) a la vecina escuela primaria Belisario Domínguez también de madera ubicada en la Av. Othón P. Blanco frente al campo deportivo ‘Nigromante’ hoy más conocido como Parque de los Caimanes… Así clausurada la iglesia, ésta fue utilizada con el nombre de ‘Teatro Minerva’

Para reconocerse “secretamente” los católicos entre sí, le mochaban un pedazo de orilla al sombrero, de ahí que a los fanáticos católicos les llamáramos los Mochos”.

El último sacerdote de dicha Iglesia, fue el padre de origen español Francisco Palau. Palau casó en todos los matrimonios, ofició misas en todos los entierros… Palau fue el alma religiosa que todos en Payo Obispo respetaban. Resulta que un buen día el padre Palau fue obligadamente llevado al “Pontón Chetumal” que todavía se encontraba anclado en la bahía, ahí lo encerraron no sin antes haberle llevado bebidas alcohólicas y prostitutas, obligándolo a fornicar. El encargado del operativo fue el Capitán Primero Julián Izquierdo, que en una de las borracheras me lo platicó: “¿Creerás Camelo, que con tan buenas hembras el mocho de Pancho Palau no se animó?”.

Ya no quería yo saber nada de mi pasado, a mis 45 años en pleno apogeo de mi vida decidí cerrar mi casa de Payo Obispo y me fui como repoblador a Bacalar, allá me puse a trabajar el campo. Una botella de vino, una buena vieja chaparra, flaca, gorda o grandotota lo que caiga es bueno y “si tiene gújero es SALVAVIDAS” (decía anuncio de la época) todo eso y una hermosa laguna de siete colores… qué más podía pedir un vulgar humano como yo. Y la verdad es que en esos principios de los años treintas de este siglo XX los repobladores iban a Bacalar con la intención de hallar tesoros escondidos, asunto que en lo personal desde muy niño soñé con encontrar un baúl repleto de monedas de oro, así es que “¡fuímonos p’a Bacalar linda tierra tropical!”.

En fin, Bacalar Q. Roo que se encuentra a 35 kilómetros de la capital Payo Obispo, fue ocupada por los Itzaes en el año 435 D.C., y la llamaron Siyancaan Bakhalal, por eso cuando estamos sembrando encontramos un montón de objetos de barro y otros de obsidiana, figuras que pertenecieron a los mayas que de aquí salieron para fundar la gran Chichen-Itza. Después llegaron los españoles que en 1544 por orden del Emperador Carlos V, se fundó la Villa Salamanca de Bacalar; Inglaterra siempre quiso apoderarse de estas tierras, por eso la Nueva España construyó el fuerte de Bacalar. Desde 1544 Bacalar venía siendo, a pesar de los piratas ingleses, lugar de comercio próspero y exitoso, pero después de la independencia de México, durante la “guerra de castas”, Bacalar en 1858 quedó completamente arruinado..

En este lugar no habían instituciones bancarias a dónde guardar el dinero, todavía no aparecía el papel moneda (billetes)… se utilizaba efectivo en oro o plata, metales muy pesadas para transportar; así es que con las prisas de salir corriendo y salvar la vida ante los horrendos crímenes que hacían los campesinos mayas, los ricos comerciantes y hacendados escondieron sus joyas y dinero enterrándolos en lugares insospechables, y toda la población que eran cerca de seis mil personas huyeron para Centroamérica.

Casi 60 años después cuando volvió la calma, los que habían escondido sus riquezas ya habían fallecido y nunca pudieron regresar a Bacalar. A principios de los años treinta de este siglo veinte, pocos éramos los repobladores, creo que no llegábamos ni a cien, lo que sobraba eran un montón de casas todas de piedra con los techos ya vencidos, paredes por caer, sin puertas ni ventanas; yo mismo agarré una afuera del poblado que parecía haber sido una hacienda. Nunca vi inmueble alguno sin paredes ensangrentadas… estaba claro que los indígenas mayas masacraron a los mestizos de habla hispana… guerra entre yucatecos donde el gobierno federal de don Porfirio Díaz tuvo que intervenir enérgicamente o el sureste se desintegraba.

Ya en Bacalar empecé haciendo agujeros en mi propia casa, la dejé toda picoteada y no encontré nada, seguí con los vecinos… y no encontré nada… me compré un equipo ingles detector de tesoros… y nada. Pero ocurrió que en una de las casonas que está cerca de la Iglesia de San Joaquín, le había salido un árbol al interior de lo que creo fue la cocina, que ligeramente dejaba al descubierto angostos escalones que conducía hacia un sótano, de primero creí que se trataba de un sótano, pero luego vi que era un túnel.

Prendí mis lámparas y viaje por el túnel, calculo que fui a dar afuerita de la destruida Iglesia de San Joaquín… noté que una escalera de madera ya podrida apuntaba hacía arriba impidiendo una pesada losa la salida. No estaba errado, el mismo tipo de losa que vi al interior del túnel, era el mismo que ya estando por fuera vi en el área verde de la iglesia, que por cierto habían varias lápidas de clérigos sepultados ahí. Al siguiente día muy de madrugada empecé a recorrer el túnel y llegué al fuerte de Bacalar, entré a un amplio sótano húmedo que me pareció haber sido bodega; el asunto es que no pude salir subiendo los escalones porque alguna vez hubo un derrumbe que taponeó el paso. Me regresé y seguí otra ruta que pasando frente a la Iglesia de San Joaquín llegué hasta las ruinas españolas de un altísimo mirador donde se veía bien toda la laguna, muy especialmente a lo lejos un lugar que le llamaban el ‘Canal de los Piratas’. Me quité de ahí porque ya era muy noche, lo importante es que había encontrado otra entrada o salida del túnel.

Hasta ese momento mis conclusiones fueron: esos edificios de la época colonial se comunicaban entre sí por túneles o sacscaberas, que el sacscab o tierra blanca muy probablemente fue utilizada como polvo de piedra para hacer las construcciones; que el sistema de oxigenación era a través de pozos que iban a un lado del túnel con discretas perforaciones que hacían circular el aire; esos túneles debieron haber sido perfectos escondites contra las invasiones de los piratas inglese. Cabe aclarar que a finales de 1931 había por Decreto Presidencial de Pascual Ortiz Rubio, dejado de existir el Territorio de Quintana Roo, quedando el norte para Yucatán y el sur para Campeche.

Desde bien temprano, al día siguiente llevé mi comida ya que no pensaba salir sino hasta que recorriera todas las rutas del túnel. Con la emoción de mi búsqueda de tesoros, ni cuenta me di que ese día era la navidad de 1933, y yo sin saberlo metido en el agujero, y lo peor es que una amiguita de nombre Alba me había invitado a pasar la navidad en su casa. Alba en una ocasión me dijo que tuviera mucho cuidado en esos túneles, porque ella sabía que habían pumas ahí; yo nunca vi esos gatos, lo que sí me encontraba cada veinte metros era con tarántulas, alacranes y un que otro coralillo, hasta parecían trencitos arrastrándose en la obscuridad.

Además ese 24 de diciembre los poquitos policías que habían estaban muy entretenidos peleándose con las viejas “mochas” que se negaban a que el Santo Patrono de Bacalar fuera llevado a la capital de Campeche, dizque porque allá los campechanos le arreglarían su bracito del santito que estaba quebrado. Pobres polis, los apedrearon que ya mero y los matan… y a mí se me figura que por miedo los campechanos dijeron que el santito pesaba un chingo, y que por eso no lo podían cargar… el viejerío empezó a llorar y gritaban que San Joaquín no se quería ir de Bacalar. Años después ya en Payo Obispo con uno de esos policías me hice compadre, y éste nunca negó que estuvo pegado al piso San Joaquín… constantemente yo le cuestionaba: ¿no será que el temor les hizo creer que no podían moverlo?. Una vez ya pedísimos le quise sacar la sopa, y encabronado me mentotió la madre en maya: —“Mira pela-ná de mier… , ya no me dijo compadrito, ¿tú piensas que esas mugrosas viejas nos iban a meter miedo?, te digo que ocho policías no lo pudimos ni siquiera arrastrar, si quieres creerlo qué bueno, sino ya sabes por favor deja de estar fregando”… Por culpa de San Joaquín ya mero y pierdo a mi compadre Silverio. Pero volviendo a lo del túnel, mientras allá afuera estaba tremenda trifulca religiosa, yo seguía como ratón dentro del túnel… se empezó a hacer de noche y la poquita gente celebraba su navidad. Sonaban algunos cohetes y palomitas, algunos borrachos hacían sonar sus escopetas y otros sus pistolas- Yo no quería salir, estaba picadazo recorriendo el obscuro lugar. Una de las casas cuyos escalones se encontraban limpiecitos me llamó la atención, subí y me asomé, me di cuenta que arriba de mi cabeza había una cama que sonaba “chaca chaca’”; con la cama ahí atravesada dificultaba el paso… entre risas, besos y celebrando con un pollo asado, los amantes pasaban felices la navidad. En eso que llega el marido, rápidamente la mujer sin saber qué hacer aventó el pollo por debajo de la cama, yo me eche a correr cuando quitaban la cama; enseguida el amante escapó huyendo por el túnel y se metió a una casa vecina… el amante era el vecino. ¡Yo lo vi todo!, con tremendo pistolón el marido corrió parte del incómodo túnel pero con tan mala suerte no logró limpiar su honra… qué bueno que no me vio sino me mata, y yo que a la mujer ni la uñas le vi. Francamente desaparecí del lugar, los gritos de la mujer pidiendo auxilio me hicieron correr más rápido. Al otro día la curiosidad me llevó al inmueble donde ocurrieron los hechos, fue fácil dar con el lugar; entre la gente arremolinada sacaban el cadáver baleado y acuchillado de la pobre mujer. Las autoridades policiacas dijeron que por robarle a la dama sus joyas la asesinaron, y es que como la señora tenía fama de haber encontrado un tesoro en esa misma casona donde vivía; acusaron del crimen a un jovencito chiclero de apellido Santos con el que también la fémina tuvo amoríos… Pero éste último no fue el que la mató, ¡yo lo supe todo! y sin poder hablar…. Fin de la Tercera Parte.

Continuará mañana la cuarta y última parte.

Si desea leer los capitulos anteriores de estra novela aquí los enlaces a ellos:

Primera Parte

Segunda Parte

Última Parte y final

 

 

 

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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

En aquellos años (1903) el sueldo del Gobernador o Jefe Político del Territorio quintanarroense, era de diez pesos diarios. Y así como misteriosamente fue desintegrándose el Puerto de Xcalak, quería el General Bravo también desaparecer el “Campamento General Vega”; borrar todo lo que su antecesor hizo en beneficio del Territorio de Quintana Roo… y empezó por inventar impuestos en el Ayuntamiento Campamento Vega (Bahía de la Ascensión), hasta dejar arruinados a los pocos comerciantes que ahí habitaban. Se había decretado el Territorio de Quintana Roo zona libre o sea, zona de exención de pagos a los impuestos, pero el Gobernador seguía cobrándolos muy especialmente a los del Campamento Vega. La importancia del Campamento se debía a que cerca se encontraba el Puerto de Vigía Chico, lugar con mucho movimiento de barcos pequeños mercantes, y hasta un ferrocarril que recorría diariamente a Sta. Cruz de Bravo. Hasta aquí la versión de los comerciantes Peraza Hnos., Martín Hnos., Isidoro Garabana, José Carballo, Juan Ponce, Pedro Silvaran, J. M. Liggburn, Parham y Alamilla, que se quejaron ante el Presidente de la República, don Porfirio Díaz.

Está claro que los beneficiados en la anterior administración del ex Jefe Político De la Vega, echaban la culpa de todos sus males al Gral. Bravo. Muchas cosas terribles se han dicho en torno al General Ignacio A. Bravo, pero durante el tiempo, en que se cobraron impuestos por la venta de alcohol al menudeo, nunca faltó el dinero en las Tesorerías Municipales; los sueldos a los serenos fueron puntualmente pagados, se compraron y repararon faroles, etc., y había un fondo para las necesidades emergentes… pero  era ilegal cobrar impuestos porque todo el Territorio de Quintana Roo era una  Zona Libre de impuestos, y ni los borrachos debíamos pagar impuestos.

Finalmente el Campamento Vega desapareció y oficialmente la capital de Quintana Roo fue declarada Santa Cruz de Bravo el 5 de mayo de 1904. Lo anterior quedó escrito en un documento que informa: “Tengo el honor de comunicar a Ud. Lic. Corral, Srio. de Gobernación, que conforme a la Ley de Organización Política y Municipal del Territorio Fed. de Q. Roo, con esta fecha ha quedado instalada en esta localidad la Jefatura Política”… Libertad y Constitución… Firma del Gral. Bravo… MAYO 5 DE 1904… Mi superior Bravo ordenó a los soldados que pegáramos en todas las paredes copias de dicho documento.

El General era un militar muy estricto, recuerdo una vez cuando su hijo el Teniente Tomás A. Bravo, fue invitado a una fiesta particular, el joven habrá tenido mi edad como de veinte años, y se le hizo fácil ordenar que la Banda Militar de la 10/a Zona, amenizara la pachanga. El General Bravo que se encontraba en el cuartel, preguntó lleno de cólera a su Estado Mayor un tal Zapata:¿Quién ordenó que la Banda Militar tocara música para bailar?

El Teniente Bravo, mi General. Indignado y con voz ronca gritó el Gral. Bravo: ¡Tráigamelo inmediatamente, vivo o muerto! El Teniente ya frente al autor de sus días y cuadrándose militarmente exclamó: ¡A sus órdenes mi General! El Gral. Bravo temblando de coraje le interrumpió: ¿Quién le dio permiso para sacar la banda? ¡Nadie mi general!, respondió el Teniente. Desenvainando rápidamente el sable que siempre portaba, el anciano General Bravo se fue en contra de su hijo, y le dio furiosos planazos donde le cayeran. El muchacho le suplicaba entonces: “¡Papacito!”. Pero ya el General enloquecido sin dejar de golpearlo le respondía:¡Yo no soy su padre hijo de la chingada… soy su General!

Fue necesario que los oficiales retiraran al muchacho para que el señor general Bravo no consumara el asesinato de su propio hijo… mi General nunca permitió la deshonra del H. Ejército Mexicano. Viene a mi memoria un acontecimiento político que fue cuando hubo comicios para elegir presidente de los mexicanos, y también al primer Diputado Federal por el Territorio de Quintana Roo. En un pedazo de papel en blanco (cuarta parte tamaño carta) el elector escribía: “Doy mi voto para Presidente de la República al C. General de División don Porfirio Díaz… y para Vicepresidente al C. Lic. Don Ramón Corral”. Al calce de la improvisada boleta firmaba el elector. El mismo mecanismo era para elegir al Diputado Federal: “Doy mi voto para Dip. Federal al General don Mariano Ruiz y para suplente al Lic. don Vicente Villada”… y firma del elector… Santa Cruz de Bravo, Capital del Territorio de Q. Roo, año de 1904.

Tres días del mes de julio se utilizaron para llevar a cabo dichas elecciones federales: el día diez para diputados, el once para Presidente y el doce para Magistrados de la Suprema Corte de Justicia. La única casilla existente en todo Quintana Roo, la abrieron a las nueve de la mañana cerrándola veinte minutos después, hecho que ocurrió repetidamente dentro de cada uno de los tres días consecutivos… más tardaban llenando las actas, que contando los siete votos que caían dentro de la ánfora. La ley electoral Art. 26 permitía que en el caso de Quintana Roo, tan sólo siete personas votaran en nombre de todos los ciudadanos del Territorio; por ejemplo José Aguilar, votó por todos los de ISLA MUJERES; Ausencio F. Robles, votó por los de

Puerto Morelos; José A. Novelo, por los de Cozumel; Felipe Santibáñez, por Vigía Chico; José Villalobos, porSanta Cruz de Bravo; Justo Castillo y Antonio R. Flores, por los de Xcalak. Los siete representantes que ya mencioné, y que podían votar por todos los quintanarroenses eran militares, además de que también fungieron como Presidente y Escrutadores en la casilla electoral… convertidos en juez y parte al mismo tiempo. En las actas de instalación no apareció nombre alguno de candidatos opositores al régimen dictatorial, se puede decir que los quintanarroenses ni se enteraron que habían votado por don Porfirio Díaz.

Yo como soldado de tropa, puedo presumir que conocí a todos los Generales Jefes Políticos de Q. Roo, y el momento que más descontrol hubo en la política administrativa local fue cuando entró como Presidente de México don Francisco I. Madero. El Lic. José María Pino Suárez, que era Gobernador del Estado de Yucatán, participó en las elecciones como Vicepresidente a lado de Madero, y dejó de Gobernador a su “cuñadito” el Sr. Nicolás Cámara Vales.

De nueva cuenta como en los tiempos de la dictadura, Quintana Roo se llenó de presos políticos y campesinos inocentes traídos encadenados desde “Ixtlán de Juárez”, Oaxaca, acusados de levantarse en armas contra Francisco I. Madero. Para entonces el Jefe Político de Q. Roo, fue el General Manuel Sánchez Rivera que en realidad duró muy poco porque Pino Suárez colocó a su otro cuñadito el Sr. Alfredo Cámara Vales, como Gobernador de Q. Roo… y así desfilaron un montón de “busca chambas” que se decían ser los Jefes Políticos.

Francisco I. Madero protegido por el clero, era también afecto al espiritismo y aseguraba comunicarse con los muertos. Algo que molestó mucho a los militares de alto rango, fue cuando Madero mandó quitar el águila de una bandera mexicana para en ese mismo lugar colocar su cara de Presidente Madero. No cabe duda que don Pancho Madero ya se sentía superior a los símbolos patrios.

En 1913 cuando asesinan a Francisco I. Madero la situación se puso todavía peor. Había al mismo tiempo dos Jefes Políticos de Q. Roo, uno enviado por Venustiano Carranza y el otro por Victoriano Huerta, estos dos últimos ya se sentían Presidentes de México; que no habiendo Presidente legítimo quedaba claro que la Revolución Mexicana aún seguía su marcha.

Carranza que no había tomado protesta ante el H. Congreso de la Unión como Presidente de México, no tenía autoridad legal para firmar decretos, sin embargo Carranza se aventó la puntada de ‘Por Dcreto del 10 de junio de 1913’, desaparecer el Territorio de Quintana Roo y anexárselo al Estado de Yucatán… desde luego que todo fue una vacilada porque, nos guste o no, el Presidente era el General Victoriano Huerta, único facultado para decretar la desaparición de una entidad federativa… asunto muy delicado que nunca pasó por el H. Congreso de la Unión.

Para 1915 ya no estaban los Porfiristas ni los delahuertistas, ahora nacían los nuevos burgueses con uniformes de Generales y su caudillo Venustiano Carranza al frente. De los Jefes Políticos que recuerdo con gran estima, se encuentra el General Arturo Garcilaso y De la Vega, hombre de la revolución mexicana, Gobernador del Territorio de Quintana Roo, allá por 1915; perjudicó grandemente los intereses de latifundistas, e inmediatamente lo fusilaron.

En esta parte de la Península existían varios latifundios, pero uno de éstos era muy especial cuyo poderoso poseedor, el ‘Banco de Londres y México’,  tenía poco más de setecientas mil hectáreas ubicadas a 65 kilómetros de Puerto Morelos Q. Roo, lugar hoy conocido como ‘Leona Vicario’, que originalmente en manos del banco llevó el nombre de “Hacienda Santa María”.

Mi General Garcilaso que más simpatizaba con Emiliano Zapata que con el mismo Carranza, quiso por cuenta propia acabar en el Territorio de Quintana Roo con los latifundistas, y comenzó con la Hacienda Santa María. Venustiano Carranza que desde un principio al igual que Pancho Madero, no cumplió con los ideales de la Revolución Mexicana al no devolver las tierras a los campesinos, dio origen al enfrentamiento armado entre Villistas-Zapatistas contra Obregonistas-Carrancistas.

Al mismo tiempo en el Territorio de Quintana Roo empezaron las quejas de los adinerados hacendados en contra del Gobernador Garcilaso, del cual yo era su escolta. Fueron varias entrevistas con el Sr. Carranza, y escritos enviados a la Sría. de Gobernación pidiendo la destitución del Gral. Garcilaso que ya se había convertido para los terratenientes en una verdadera amenaza. El Banco de Londres y México, alegaba que esos “sus terrenos” los tenían para la explotación del chicle en gran escala, y que ninguno de los distintos gobiernos de la República había pretendido desconocer el derecho para explotar los terrenos en la forma que al banco le viniera en gana hasta que fue nombrado comandante militar de Quintana Roo el Sr. Gral. Don Arturo Garcilaso, quien prohibió terminantemente que se continuaran los trabajos que se venían haciendo… Que el ejército les recogió todo el dinero que había en caja, al igual se habían llevado toda la mercancía existente en bodega, y si algún directivo se oponía se lo llevaban a prisión en Santa Cruz de Bravo.

Que cada rato les cortaban el telégrafo y el teléfono dejando incomunicada la Hacienda Santa María, Puerto Morelos y Payo Obispo (Chetumal). Que el Gral. Garcilaso llegó al grado de llevarse a Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) el chicle que se encontraba almacenado en Puerto Morelos ya listo para exportarlo y que ascendía a ciento cincuenta toneladas; lo mismo hizo con otras ciento cincuenta toneladas de chicle aproximadamente que se encontraban en Payo Obispo. Al Parecer para el Gral. Garcilaso no había otra forma de acabar con el latifundismo que tanto pregonó la Revolución Mexicana. Mi General Garcilaso tocó intereses muy fuertes pisando callos que ni Carranza Constitucionalista se hubiera atrevido a hacer… tal vez no era el momento.

Altos mandos lo mandaron a llamar que fuera inmediatamente a Mérida Yucatán. Encontrándose en Santa Cruz de Bravo Capital de Quintana Roo, se trasladó a la ciudad de Mérida, ahí lo apresaron encerrándolo en un calabozo de la Penitenciaría Juárez; incomunicado, se le acusó de deslealtad al Jefe Carranza. Golpeado y cortado todo su cuerpo con navajas de afeitar no lograron que se declarara culpable. Al amanecer del 10 de julio de 1915 con la yugular y las venas de las manos sangrando, apoyándose en los hombros de dos soldados, ya falleciendo lo amarraron a una silla de madera para que recibiera la descarga que fue de treinta fusiles.

Aquí en Quintana Roo, se nos hizo creer que al General lo habían asesinado por líos de faldas, pero quienes llegamos a tomar la copa con Garcilaso sabíamos que Carranza estaba muy molesto porque se habían tocado los intereses del Banco de Londres y México… mi General Garcilaso se había echado encima un alacranzote llamado latifundio; el asunto es que la ‘Hacienda Santa María’ siguió trabajando en santa paz.

No fue sino hasta el régimen cardenista, con su Gobernador en Quintana Roo General Rafael E. Melgar, que el latifundio en manos del Banco de Londres y México, por fin dejó de ser, y conforme al Código Agrario, el 26 de junio de 1936 se entregaron las tierras y bosques a los vecinos: Leona Vicario 64 mil has., Tulum 10 mil has., Puerto Morelos 21 mil has., Solferino 18 mil has., Playa del Carmen 22 mil has., y Kantunilkín 5 mil has.”.

“El cobarde asesinato del ex Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Arturo Garcilaso y de la Vega, no pudo ser en vano… la ‘Hacienda Santa María’ tierras que desde Porfirio Díaz despojó a la Nación por muchos millones de pesos, al fin quedó en manos de los quintanarroenses. Ante tanto desorden a finales de 1915, una comisión enviada por el General Salvador Alvarado (Gobernador de Yucatán), se hizo entrega de Santa Cruz de Bravo, entonces Capital del Territorio de Q. Roo, a los indígenas mayas.

En cuanto el cacique de aquel lugar de nombre Francisco May, tomó posesión ordenó dinamitar las obras federales como los aljibes públicos, oficinas, escuela y hospital. Mandó cortar todos los cables de telégrafos y teléfonos, descarriló el tren que corría de Santa Cruz de Bravo a Vigía Chico. Violando el pacto federal May pretendió anexar la zona maya a los ingleses de Honduras Británicas (Belice); incluso sólo reconocía como única autoridad a la Reina Victoria de Inglaterra a la cual le rezaba y prendía veladoras a la fotografía de la Reina que era blanca, rubia con cara de virgencita… Locuras de May que ponía en aprietos la soberanía de nuestra nación.

Lo anterior motivó que a principios de 1916 se hiciera el movimiento rápido de tropas al mando del General Carlos A. Vidal, que desconoció la autoridad de Francisco May, cambiando inmediatamente la capital del Territorio Federal de Quintana Roo hacia Payo Obispo (Chetumal), lugar seguro y alejado de la peligrosidad que aún representaba la zona maya.

Con la llegada a Santa Cruz de Bravo, de mi General Carlos A. Vida, también llegó una soldadera revolucionaria de nombre María Cristina del Refugio Pérez Vda. de Morales, cuyo oficio eran las armas pero principalmente era partera o comadrona… le apodaban la Zandunga, sobrenombre que alguna vez se lo había puesto el Gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza.

Doña Zandunga me platicó que había participado en muchas batallas, pero que nunca antes sintió tanto miedo como cuando desembarcaron en Vigía Chico… descuartizados por todos lados, tanto de indígenas como de militares… que en la revolución fueron combates diferentes, que aquí era a machetazos de cuerpo a cuerpo donde los campesinos mayas eran expertos.

Y así empezó la mudanza con rumbo a la nueva capital de Quintana Roo, únicamente sacamos de allá los archivos que en realidad ya sólo eran documentos para la historia; recuerdo que entre esos papeles iba el Decreto de puño y letra firmado por don Porfirio Díaz, donde se creaba el Territorio Federal de Quintana Roo…de los muebles lo único que nos trajimos a Payo Obispo fue la planta eléctrica y el reloj público, uno de dos relojes que con motivo del primer centenario del grito de independencia el Gobierno de China obsequió a México, y que vino a parar a Sta. Cruz de Bravo en 1910. El otro ‘reloj chino’ estuvo en la Ciudad de México, y fue destruido a balazos por los revolucionarios.

Al sur de Quintana Roo el desarrollo empieza:

Ya para 1916 en Payo Obispo (Chetumal) la nueva capital de los quintanarroenses, el Gral. Vidal ordenó inmediatamente construir con maderas finas el Palacio de Gobierno de dos pisos ubicado frente al Parque Hidalgo en la avenida 22 de enero con calle del Reloj (Héroes). Payo Obispo había sido fundado por don Othón P. Blanco el 5 de mayo de 1898, luego de haber trazado las primeras calles, lo segundo que el Sr. Blanco construyó fue la escuela primaria, un muelle de madera, oficina de gobierno llamada ‘Detall’ y un faro. Para l916 se colocó el reloj público en lo alto de dicho faro, glorieta que estaba ubicada atrasito del Palacio de Gobierno: cruce de la Av. 22 de Marzo con Calle del Reloj. Originalmente esta última mencionada calle, se llamó “2 de Abril”.

La Constitución del 5 de febrero de 1917 dio origen al Municipio Libre, y por otro lado dejaron de llamarse “Jefes Políticos” para definitivamente dar paso a los “Gobernadores”. El 15 de septiembre de 1917, el nuevo Gobernador General Octaviano Solís, inauguró el ‘Palacio de Gobierno’ que su antecesor había construido (El edificio  de madera). Algo que en lo personal me llenó de orgullo, fue que con la llegada del General Solís también llegó mi nuevo nombramiento… ya que por méritos ganados ante los conflictos habidos en la anterior capital Santa Cruz de Bravo, lealtad al Presidente de México Venustiano Carranza, y sobre todo una excelente conducta, fui ascendido a Capitán 2º de Caballería.

Me había prometido no volver jamás a la Isla de Cozumel, el recuerdo de aquel mi primer amor con flor, aún me tenía destrozado; si regresé fue porque mi General Octaviano Solís me ordenó por cuestiones de seguridad nacional, infiltrarme entre la gente para obtener información y saber qué tanto hablaban unos militares “gringos” con los pescadores de la Isla. Para cumplir con esta misión, también fue nombrado el Subteniente Rosalino López. El Señor Gobernador nos dijo: “¡hoy recibí un telegrama fechado el 3 de agosto de 1918, donde el Presidente Municipal de la isla cozumeleña me informa que constantemente fondea en ese puerto, el crucero CHESTER de cuatro chimeneas, y tres caza-submarinos de la Armada Norteamericana… que pidiendo permiso en calidad de turistas, bajan a tierra veinticuatro marineros que hablan perfectamente el español, pero que en realidad se dedican a interrogar muy especialmente a los pescadores!”.

Todo esto sucedió porque eran tiempos de la primera guerra mundial. A principios de 1917 los aliados británicos habían interceptado un telegrama enviado por el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Arthur Zimmermann, al embajador de su país en México, donde se decía la posibilidad de una alianza germano mexicana en la que México recuperaría parte de lo que fue su territorio como Nuevo México, Texas y Arizona… eso puso de nervios a los gringos que en ese 1917 le había declarado la guerra a Alemania.

Encontrándonos el Subteniente Rosalino López y yo en Cozumel, nos enteramos que dichos marineros yanquis, andaban indagando entre los pescadores si habían visto algún submarino alemán en aguas del Territorio de Quintana Roo, ya que el Sr. José Rodríguez (de Cozumel), patrón del balandro mexicano “Unity II”, fue llamado por las autoridades aliadas a Estados Unidos, para que confirmara haber visto un submarino alemán en aguas del Territorio. También informamos a nuestro superior el Gral. Octaviano Solís, que el crucero de guerra norteamericano y tres de los caza submarinos navegaban constantemente por aguas del Canal de Yucatán y Mar del Caribe, fondeando a la altura de Cabo Catoche.

Que durante el patrullaje estadounidense estuvieron checando profundidades del mar en la zona del canal, Isla Mujeres, Cozumel, Bahía de la Ascensión, Espíritu Santo y toda la costa hasta llegar frente a Xcalak. Una vez terminado nuestro reporte, el Subteniente López y yo, nos devolvimos a Payo Obispo (Chetumal). Ya en la zona militar supimos que el Cónsul de México en Belice, había informado (en clave) a la Secretaria de Relaciones Exteriores, que agentes secretos como el Teniente Mayor de la Marina Inglesa Eduardo Minister del Gobierno Inglés, también andaba investigando si México se comunicaba con Alemania por medio de alguna estación inalámbrica. No cabe duda que el miedo no anda en burro… si Pancho Villa apenas hacía dos años (9 de marzo de 1916) se atrevió a invadir Columbus estando ahí sus soldados yanquis, con mayor razón le tenían pavor al ejército alemán.

Fin de la 2ª parte (continuará)

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