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La Señora AdamsEl gran auto de lujo paró delante del pequeño escritorio a la entrada del cementerio y el chofer, uniformado, se dirigió al guardia:

– ¿Puede usted acompañarme, por favor?  Es que mi patrona está enferma y no puede caminar, explicó. ¿Quiere tener la bondad de venir a hablar con ella?

A cierta distancia una señora de edad, cuyos ojos en el fondo no podían ocultar el profundo sufrimiento, esperaba en el auto:

– Soy la señora Adams, le dijo.  En estos últimos dos años mandé cinco dólares por semana…

-Para las flores, recordó el vigilante.

– Justamente, para que fueran colocadas en la sepultura de mi hijo.  Vine aquí hoy, dijo un tanto consternada, porque los médicos me avisaron que tengo poco tiempo de vida. Entonces quise venir hasta aquí para una última visita y para agradecerle.

El vigilante tuvo un momento de excitación, después habló con delicadeza:

– Sabe mi señora, yo siempre lamenté que continuara mandando el dinero para las flores.

– ¿Cómo es eso? Preguntó la dama.

– Es que… sabe señora…  las flores duran tan poco tiempo y al final, aquí, nadie las ve.

– ¿Señor sabe lo que está diciendo? Refutó la señora Adams.

– Sí, sí señora. Pertenezco a una asociación de servicio social, cuyos miembros visitan los hospitales y los asilos.  Allá, sí que las flores, hacen mucha falta.  Los internos pueden verlas y apreciar su perfume.

La señora quedó en silencio por algunos momentos. Después sin decir palabra, hizo una seña a su chofer para que partieran.

Meses después, el vigilante fue sorprendido por otra visita. Doblemente sorprendido, porque esta vez, era la propia señora Adams quien venía manejando el auto:

– Ahora soy yo misma quien lleva las flores a los enfermos, le explicó con una sonrisa muy amable. Usted tenía razón, los enfermos se sienten radiantes y hacen que yo me sienta muy feliz.  Los médicos no saben la razón de mi cura, pero yo si sé.  Es que encontré motivos para vivir. No me olvidé de mi hijo, al contrario, ahora entrego las flores en su nombre y eso me da fuerzas para vivir.

La señora Adams descubrió lo que casi todos no ignoramos, pero que muchas veces olvidamos. Ayudando a otros, conseguimos ayudarnos a nosotros mismos.

¿Feliz día del amor y la amistad!

 

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Juan Sebastian Celis MayaA veces cuando hablo de éxito la gente se llena de falsas esperanzas.  Trato de esforzarme mucho en mis escritos para que eso no pase, sin embargo, están los que creen que el éxito es únicamente glamour, diversión, fiestas, autos, mansiones, cheques, reconocimiento, fama, etc.

Es claro que muchas veces el éxito no necesita de fama para ser éxito. Muchos de los más grandes triunfadores de este momento son desconocidos por prácticamente todo el mundo. Y entonces la gente se acostumbra a creer que el éxito solo se alcanza si sale por televisión.  Finalmente los que le creen todo a la televisión no sólo tienen una mente limitada en ese aspecto sino en otros.  La cuestión es que muchos ignoran es que para llegar al éxito hay que esforzarse, trabajar duro, y aprender de los errores, que pueden llegar a ser muchos.

Normalmente las personas más exitosas son aquellas que han cometido muchísimos errores, y han aprendido efectivamente de ellos las mejores lecciones. Tanto para no volverlos a cometer, como para mejorar los aspectos que en principio los generaron.  El trabajo duro no sirve si no está acompañado de un buen plan, o de alguna idea que lo haga triunfar.

Así como hay ideas que por más buenas que sean nunca ven la luz, por lo tanto no tienen importancia; de igual manera el trabajo duro no sirve de nada, si no se hace de forma inteligente.  A eso le llamo yo trabajo inteligente. No es que por ser inteligente no sea duro; simplemente lo que nos dice esa palabra es que: aparte de ser un buen esfuerzo,  dicho esfuerzo va enfocado hacia un objetivo claro.

Algunas personas confunden el éxito con estar rodeado de autos en una gran mansión y salir por televisión sin hacer nada. Estas cosas son posibles pero requieren esfuerzo y trabajo duro.  ¿Te imaginas las 4 llantas de un automóvil todas girando hacia lados diferentes o de forma aleatoria? El auto probablemente no tendría un rumbo fijo, o se iría dando giros en círculos, quizás en reversa, dependiendo de la configuración.  Muy diferente a cuando, a pesar del consumo de energía y gasolina, todas las ruedas giran hacia el mismo lado con un objetivo claro.

Por supuesto que se necesita esfuerzo, pero el esfuerzo está dirigido. Es trabajo inteligente.  Y no me malinterpretes, el glamur, la diversión, y los lujos pueden existir, y de hecho, soy uno de los que más aboga porque todos puedan vivirlos en algún momento de su vida. No hay nada mejor que darse gusto, y recompensarse por el esfuerzo. Pero nota que digo: “Por el esfuerzo”.  No se trata de recompensarse porque sí, o porque ahora “soy exitoso” de la noche a la mañana. El pensar así lleva a las personas a fracasar rápidamente, pues están viendo el mundo con el telescopio al revés.

Es claro entonces.  Para alcanzar el éxito se requiere trabajo duro, dirigido de forma inteligente y clara hacia un objetivo en particular. Y dicho trabajo muchas veces nos puede privar de lujos, de darnos gusto, o de estar divirtiéndonos en vez de quedarnos en la casa.  Muchos fines de semana deben ser sacrificados para poder triunfar en la vida. Mientras los “amigos” están bebiendo cerveza, el exitoso por su parte está trabajando en una idea que quiere sacar adelante.  O en otras palabras, “Hoy haré lo que nadie quiere hacer, para mañana hacer lo que nadie puede hacer”.

El éxito es algo posible de alcanzar, pero desafortunadamente, pocas personas en sus vidas tendrán la posibilidad de saber lo que se siente estar en la cima.  Es difícil pensar, que a pesar de que todos tenemos las mismas posibilidades en la vida, muy pocas personas verdaderamente podrán (y sabrán) aprovecharlas para alcanzar el éxito.

Sin embargo, no todo está perdido para quienes existe un deseo ardiente por salir adelante, querer lograr mejores cosas, vivir mejor, tener buena calidad de vida, y sobre todo alcanzar verdadera felicidad y plenitud.  Las personas que desean alcanzar el éxito, de alguna manera u otra saben que tendrán que trabajar para conseguirlo.  Sin embargo no es trabajo duro lo que necesitas, es trabajo inteligente.

Es un mito, que las personas crean que se necesita trabajar muy dura y arduamente para llegar a las metas. Si esto fuera cierto, entonces los verdaderos ricos, quienes han amasado fortunas con su propio esfuerzo y desde cero,  tendrían que necesitar más de 24 horas al día.  El esfuerzo no es directamente proporcional a los resultados en términos de éxito. Lo que pasa es que desde pequeños nos enseñaron a pensar que mientras más duro trabajáramos, más dinero ganaríamos. Y extendimos ese mito al resto de áreas en la vida.

Ni siquiera en el dinero esto es cierto. Hay miles de personas ganando 10 veces más dinero que tú, trabajando una o dos horas a la semana. Pero no por ese hecho, paradójicamente, están siendo ilegales, explotadores, avariciosos, codiciosos, malas gentes, tacaños ni mucho menos infelices.  Lo que sucede es que ellos conocen el camino al éxito, el mismo que tú también deseas alcanzar. Por tanto debes liberarte de la creencia de que los ricos son malos, o que las personas exitosas han debido pasar por encima de otros para conseguir sus malévolos propósitos. No es una regla general.

Sin contribución y valor al mundo no hay progreso ni éxito para nadie. Las empresas exitosas, justamente se encargan de proveer a sus clientes satisfactores y beneficios. En concordancia con la manera como está organizada la sociedad hoy el mercado les brinda una retribución por sus esfuerzos.

Así que, si quieres alcanzar el éxito, primero que todo debes reprogramar tu mente para soñar en grande. Debes aceptar que hay gente que ha logrado mejores cosas que tú y que lo ha hecho por el camino del bien, y debes comprometerte a estudiarlos y aprender de ellos.  Y por otro lado debes tener claro el objetivo que quieres alcanzar, así como la fecha en la cual quieres lograrlo. Esto te permitirá básicamente tener un derrotero o guía a seguir en tu camino, mediante el cual podrás mantener fácilmente el enfoque.

Y por supuesto, no te olvides que para alcanzar el éxito, debes contribuir con las demás personas. Nunca podrás ser exitoso si no te relacionas con otros, al menos necesitarás que otros te den su dinero por un valor que les entregas, como en el ejemplo de la empresa.  Enfócate en contribuir, y verás cómo los resultados empiezan a surtir efecto. Piensa desde hoy cada día ¿Cómo puedo contribuir más con el mundo? ¿Qué decisiones puedo tomar hoy para hacer de éste, un mundo mejor?  No importa que tus acciones sean pequeñas, de igual manera si empiezas hoy, en algún momento nos veremos en la cima.

Juan Sebastián Celis Maya

La fuente de agua¿Qué clase de ser humano soy?  Menuda pregunta ¿verdad? Comenzó a hacerme cosquillas en el corazón después de leer a Alberto Magno, santo muy antiguo, para quien hay tres plenitudes:

 La del “vaso”, que retiene y que no da nada.

La del “canal”, que da y no retiene.

La de la “fuente”, que crea, retiene y da.

Y entonces comprendí que, hay seres humanos parecidos a un “vaso”, cuya única ocupación es almacenar virtudes, ciencia y sabiduría, objetos y dinero. Son aquellos que creen saber todo lo que hay que saber; tener todo lo que hay que tener, y consideran su tarea terminada cuando han concluido su almacenamiento. No pueden compartir su alegría, ni poner al servicio de los demás sus talentos, ni siquiera repartir sabiduría. Son extraordinariamente estériles; servidores de su egoísmo; carceleros de su propio potencial humano.

Por otro lado existen otros seres humanos que podríamos llamar “canal”.  Son aquellas personas que se pasan la vida haciendo y haciendo cosas. Su lema es: “producir, producir y producir”. No están felices si no realizan muchísimas actividades, y todas de prisa, sin perder un minuto. Creen estar al servicio de los demás en su neurosis productiva, cuando en realidad su accionar es el único modo que tienen de calmar sus carencias. Son personas que dan, dan y dan; pero no retienen. Y siguen dando pero se sienten vacios.

Pero también podemos encontrar otros seres humanos que podíamos llamarlos “fuente”.  Personas que son verdaderos manantiales de vida. Capaces de dar sin vaciarse, de regar sin decrecer, de ofrecer su agua sin quedarse secos. Son aquellos que nos salpican gotitas de amor, confianza y optimismo, iluminando con su reflejo nuestra propia vida.

 

 

Hace una semana presencié un hecho llamativo. No se trató de alguna hazaña espacial, como “traer de regreso a la Tierra” al transbordador Discovery, ni tampoco fue un acto político de proselitismo en los suburbios de mi ciudad. Parece mentira, pero estas cosas ya no nos sorprenden…

Mientras viajaba en uno de los trenes del Subterráneo de Buenos Aires, un verdadero desfile de vendedores ambulantes hacia gala de un amplio surtido de productos. Porta-documentos de plástico, linternas descartables, pilas alcalinas, chocolates y naipes españoles se ofrecían “sólo por hoy” y a “precios increíbles”. Pero en medio de todo aquello, ingresó un niño menudo y de apariencia triste; alguien que en mi país es denominado como “chico de la calle” (título que, por supuesto, jamás buscó obtener…).

Ofrecía calendarios de bolsillo con una ilustración infantil al dorso. Pero mientras hacia su recorrido por el vagón, un hombre ingresó y a viva voz comenzó a vender un “trompo luminoso”.

El pequeño detuvo su tarea y se quedó quieto, observando con ojos de asombro aquel juguete.

Cuando el vendedor concluyó su demostración, una señora de condición humilde lo llamó, le pagó por el producto y se lo entregó al niño como un obsequio (¡me ganó de mano!). La sonrisa del “pibe” iluminó la tarde de muchos, y el gesto de aquella mujer logró “arrancar” más de una lágrima de emoción entre los que estábamos allí.

¡Es tan fácil perderse en teorías! ¡Es tan común discutir sobre lo que “debería hacerse” para mejorar nuestra sociedad… y no hacer nada al respecto!

La cobardía suele refugiarse detrás de grandes discursos y tratados sociales, mientras que la valentía convive con aquellos que se animan a “ensuciarse” con la vida, arremangándose para realizar pequeñas acciones que terminan hablando más que sus palabras.

Las teorías no sirven para nada, si no se llevan a la práctica. Es increíble, pero día a día se pierden inimaginables posibilidades de brillar y generar cambios.

¡Detengamos esta situación!

Sería triste perderse en las palabras y derrochar el tiempo en juegos dialécticos estériles. ¡Ahora es el momento para la acción! ¡Es el tiempo de llevar a la práctica los “pequeños” grandes planes! Como lo hizo aquella mujer en el tren al demostrar un poco de amor hacia ese niño pequeño. Como podemos hacerlo usted y yo a partir de hoy.

 Cristian Franco

Deja a un lado las preocupaciones y te sorprenderás de la belleza del cielo, del color de las flores, del frescor de la brisa y de la generosidad del sol. Te sentirás parte de la creación, y la vida empezará a tener sentido.

La mayor riqueza es saber apreciar lo que tenemos y lo que somos.  Pensar en lo que los demás están haciendo puede darte dolor de cabeza. En lugar de ello, piensa en lo que tienes que hacer.  Hazlo, y verás cómo te sientes.

Nadie en realidad te produce intranquilidad. Tú eres tu propio amigo o tu propio enemigo.  Son tus limitaciones, debilidades, expectativas y hábitos negativos los que te roban la paz y te hacen sufrir.

Si alguien está haciendo algo erróneo, en lugar de perder tu paz y dejar que la mente se queje, pregúntate: “¿Qué puedo hacer yo para beneficiar a esa persona?”

Una de las principales razones por la que hay tanto miedo en nuestra sociedad es que pasamos la mayor parte del tiempo escuchando noticias negativas sobre violencia y conflictos.  Proponte cambiar de tema y hablar de lo que la vida te ofrece.

Es necesario crear esperanzas y entusiasmo en el futuro y una visión más positiva de la realidad del presente.  De esta forma promovemos la paz.

La humanidad es como un árbol, cada ser humano está conectado con la Semilla y pertenece al mismo árbol.  La belleza del árbol es que tiene diferentes ramas y en cada una innumerables hojas.

Cada individuo también es diferente y tiene su propio papel.  Piensa en lo que tenemos en común y apreciarás a cada ser humano.  Esta es una clave para permanecer en paz.

Toma tu tiempo

Toma tu tiempo:

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Para pensar, porque es la fuente del poder.

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Para jugar, porque es el secreto de la perpetua juventud.

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Para leer, porque es la raíz del saber.

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Para viajar, porque es de las experiencias más excitantes.

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Para rogar, porque es el poder más grande sobre la tierra.

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Para querer y ser querido, porque es un privilegio divino.

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Para cultivar la amistad, porque es el camino para la felicidad.

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Para reír, porque es la música del alma.

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Para dar, porque es demasiado corto el día para ser egoísta.

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Para trabajar, porque es el precio del éxito.

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Para compartir, porque es la clave del cielo. Y el cielo empieza aquí en la tierra.

 

 

La conciencia de tu misión

Frecuentemente, me pregunto:

¿Qué es lo que cada uno de nosotros está haciendo en este planeta?

¿Es la vida, solamente intentar y aprovechar al máximo posible las horas y minutos?

Tengo la certeza de que existe un sentido mejor en todo lo que vivimos.  Para mí, nuestra venida al planeta tierra tiene básicamente dos motivos: evolucionar espiritualmente y aprender a amar mejor.

 Todos nuestros bienes en verdad no son nuestros.  Somos apenas nuestras almas, y debemos aprovechar todas las oportunidades que la vida nos da para mejorarnos como personas.  Por tanto, recuerda siempre que tus fracasos son siempre los mejores profesores, y es en los momentos difíciles que las personas precisan encontrar una razón para continuar en frente.

Nuestras acciones, especialmente cuando tenemos que superarnos, hacen de nosotros personas mejores. Nuestra capacidad de resistir a las tentaciones, a los desánimos para continuar el camino, es lo que nos torna personas especiales.  Nadie vino a esta vida con la misión de juntar dinero y comer de lo bueno y de lo mejor. Ganar dinero y alimentarse es parte de la vida, pero no puede ser la razón de la vida.

Tengo la certeza de que personas como Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Madre Teresa de Calcuta, y tantas otras anónimas, que lucharon y luchan para mejorar la vida de los más débiles y de los más pobres, no estaban motivadas por la idea de ganar dinero.

¿Qué mueve a esas personas generosas a trabajar diariamente, a no desistir nunca?

La respuesta es una sola: la conciencia de su misión en esta vida.

Cuando tienes conciencia de que a través de tu trabajo estás realizando tu misión, desenvuelves una fuerza extra, capaz de llevarte a la cima de la montaña más alta del planeta.  Infelizmente, mucha gente se pierde en este viaje y distorsiona el sentido de su existencia pensando que acumular bienes materiales es el objetivo de la vida, y cuando llega al final del camino, percibe que sólo va a poder llevarse de aquí, el bien que hizo a las personas.

Si tienes angustia sin motivo aparente, está ahí un aviso para parar y reflexionar sobre tu estilo de vida.  Escucha tu alma: ella tiene la orientación sobre cuál es el camino que debes seguir.  Todo en la vida es una invitación para el avance y la conquista de valores en la armonía y en la gloria del bien.

Roberto Shinyashiki.

De su Libro “No le temas a triunfar”. Este es un buen libro para aquellos que tienen una firme convicción de cambio, pero que no saben por dónde empezar y que por eso muchas veces no se atreven a dar el siguiente paso hacia la trascendencia.  En este libro se pueden encontrar pautas fáciles para organizar nuestra vida y encarrilar nuestro camino directo al éxito; estas pautas son fáciles de seguir siempre y cuando exista voluntad para llegar a la cima de estas montañas que nos propone escalar Roberto Shinyashiki.

He aprendido

La autora, escritora cubana nacida en la Habana Cuba en 1902

He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, pero puedo convertirme en alguien a quien se puede amar. El resto depende de los otros.

He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mí.

He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.

He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor, sino las personas que tengo alrededor.

He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos. Después de eso, necesito poder hacer más.

He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.

He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede, sino lo que hago al respecto.

He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante, y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.

He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser.

He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar, y más satisfactorio pensar que reaccionar.

He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la última vez que las vea.

He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que creí posible.

He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.

He aprendido que si no controlo mis actitudes, ellas me controlan a mí.

He aprendido que por apasionada que sea una relación en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.

He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencidos, a pesar de las consecuencias.

He aprendido que aprender a perdonar requiere de mucha práctica.

He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de algo o de alguien.

He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada, y tener el mejor de los momentos.

He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar, y aquellas que creo que me van a levantar, son las que me patean.

He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, mas no el derecho de ser cruel.

He aprendido que el verdadero amor y la verdadera amistad, continúan creciendo a pesar de las distancias.

He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la misma manera en que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera.

He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.

He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son tan humillantes y qué tragedia seria si lo creyera.

He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.

He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.

He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.

He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias puedan haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.

He aprendido que porque dos personas discuten, no significa que no se aman; y simplemente porque dos personas no discutan no significa que se aman. He aprendido que no tengo que cambiar de amigos, si comprendo que los amigos cambian.

He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.

He aprendido que hay muchas maneras de enamorarse y permanecer enamorado.

He aprendido que sin importar las circunstancias, cuando soy honesto conmigo, llego más lejos en la vida.

He aprendido que muchas cosas pueden ser generadas por la mente; el truco es el autodominio.

He aprendido que aún cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fuerza para ayudarlo.

He aprendido que tanto escribir como hablar, alivia los dolores emocionales. He aprendido que el paradigma en el que vivo, no es la única opción que tengo. He aprendido que los títulos sobre la pared, no nos convierten en seres humanos decentes.

He aprendido que las personas se mueren demasiado pronto. He aprendido que aunque la palabra amor pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.

He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.

He aprendido que yo siempre puedo orar por otro cuando no tengo las fuerzas para ayudarlo de alguna otra manera.

He aprendido que deberíamos estar contentos de que Dios no nos dio todo lo que pedimos.

He aprendido que bajo la coraza más dura, hay alguien que quiere ser apreciado y amado.

He aprendido que El Señor no lo hizo todo en un día. ¿Qué me hace pensar que yo puedo?

He aprendido que el amor y no el tiempo, cierran todas las heridas.

He aprendido que debemos mantener nuestras palabras tiernas, porque mañana tal vez debamos tragárnoslas.

He aprendido que… debo seguir aprendiendo.

Dulce María Loynaz

La autora es conocida como la más grande escritora cubana del siglo veinte, galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987, y con el Premio Miguel de Cervantes en 1992.  Nació en La Habana, Cuba, el 10 de diciembre de 1902. Fue nombrada María Mercedes Loynaz y Muñoz, pero se le conoce, desde la infancia, como Dulce María.

En ocasiones

En ocasiones, todo nos parece carente de recursos.

En ocasiones, el reloj no se detiene o corre despacio.

En ocasiones, nos resulta la vida aburrida.

En ocasiones, todo lo vemos y sentimos en plan negativo.

En ocasiones, algo nos azota y nos hace poner mal.

En ocasiones, el día nos parece noche.

En ocasiones, los detalles parecen olvidados.

En ocasiones, nos sentimos tristes y solos sin más.

En ocasiones, alguien parece traicionarnos.

En estos casos, me gustaría transmitirte que pese a todo, la vida es preciosa, que el sol alumbra cada día. Y eso que hoy te resulta penoso, mañana lo verás mejor, pues, cada noche, una estrella te acompaña y está contigo. Pero, particularmente, me encantaría decirte:

Cuando te suceda esto, cuando las fuerzas te empiecen a flaquear, confía. Alguien estará ahí para tenderte una mano. Cuando las nubes no te dejen ver la claridad del sol, apártalas, pues, de otra forma, no lograrás ver las estrellas, sino la oscuridad de la noche.

Cuando no puedas dormir cada noche, sueña. Sólo se cumplen aquellos sueños de quienes los tienen. Cuando alguien te falle sin más, no te detengas, nunca perderás tú, sino él; la vida se encargará de recordárselo. Cuando tengas un buen amigo, consérvalo, es el mejor regalo, la mayor fortuna que puedes tener, ya que éste, jamás te fallará.

Y no olvides, cada día al levantarte dar gracias por lo que tienes, no por lo que se quedó atrás. Sólo de esta forma, podrás lograr esa paz interior tan deseada, la tuya, y lo que es mejor, la de los tuyos.

 

 

Nicole Johnson autora de “Mujer Invisible”, un bestseller de librería.

Todo comenzó a ocurrir gradualmente, entro a la habitación y digo algo y nadie se da cuenta, digo: apaguen la televisión por favor, y nada ocurre, y vuelvo a decir: ¡¡ apaguen la televisión, por favor !! Finalmente tuve que ir a apagar yo misma la televisión. Entonces comencé a entender. Mi marido y yo estuvimos en una fiesta y yo estaba lista para irme,  me acerqué a él que estaba conversando con un compañero de trabajo, si me acerqué era para irnos, y él siguió conversando,  ni siquiera me respondió. Fue ahí cuando me di cuenta, él no puede verme, ¡¡Soy Invisible!!

Desde allí lo empecé a notar más y más; llevé a mi hijo al colegio y su señorita le preguntó: ¿Jack con quien has venido? Y mi hijo respondió: con nadie. Él solo tiene cinco años, pero ¿nadie? Una noche estábamos entre amigas celebrando el regreso de una amiga de Londres; Jennise había hecho un viaje increíble, contaba y contaba de los hoteles fabulosos en los que había estado y yo estaba allí sentada observando a las otras mujeres en la mesa.

Me había maquillado en el auto camino allí, me había puesto un vestido viejo porque era lo único limpio que tenía. Tenía un rodete en la cabeza, así que me sentía realmente patética. Y luego vino Jennise hacia mí, y me dijo traje esto para ti, era un libro de las grandes catedrales de Europa. No comprendía. Entonces leí la dedicatoria que ella escribió y decía: “Con admiración por la grandeza de  lo que tu  estas construyendo, cuando nadie lo ve”.

Me pregunté ¿Que no se puede mencionar los nombres de las personas que han construido las grandes catedrales? Tratando de encontrar en el libro quienes habían construido las maravillosas obras, encontré: Autores anónimos.  O sea que ellos terminaron sus obras sin saber que notarían su trabajo.

Hay una historia acerca de un constructor que estaba tallando una pequeña ave en el interior de una viga que iba a ser cubierta por un techo, y alguien se le acercó y le preguntó: “¿porqué empleas tanto tiempo en realizar algo que nunca nadie verá? Está registrado que el constructor respondió: Porque Dios lo ve. Ellos confiaban en que Dios lo veía todo. Ellos entregaron toda su vida a un trabajo, un magnífico trabajo que jamás verían terminado.

Ellos trabajaron día tras día. Algunas de estas catedrales tardaron más de 100 años en construirse. Eso es más tiempo que toda la vida de trabajo de un hombre. Ellos hicieron sus sacrificios personales sin crédito a cambio, realizando un trabajo que nunca verían finalizado por una obra cuyo nombre jamás figurará. Un escritor se adelantó a decir que una gran catedral jamás se volverá a ser construida, porque muy poca gente está dispuesta a sacrificar su vida de esta forma. Cerré el libro y fue como si oyera a Dios decir: “Yo te veo”.  No eres invisible para mí.  Ningún sacrificio es tan pequeño para que yo no lo note. Veo cada torta que cocinas, cada plato de lentejas que haces y les sonrío a todos. Veo cada lagrima de decepción tuya cuando las cosas no salen de la manera que quieres que salgan. Pero recuerda: “Estas construyendo una gran catedral que no será terminada durante tu vida y lamentable no vivirás para verla”; pero si acaso no la construyes  muy bien, “Yo lo haré”.

Actualmente mi invisibilidad fue el punto de inflexión para mí. Porque no es una enfermedad que se lleve mi vida, sino es la cura de la enfermedad de mi egocentrismo. Es el antídoto de mi propio orgullo. Está bien que no vean, está bien que no sepan. No quiero que mi hijo les diga a sus amigos que trae del colegio a casa: No pueden creer lo que hace mi mamá, se levanta a las cuatro de la mañana y nos hace tortas, y nos cocina pavo, y prepara la mesa. Más allá que yo haga o no esas cosas, no quiero que diga eso, quiero que él quiera venir a casa y en segundo lugar quiero que les diga a sus amigos: “Les va a encantar estar allí”.

Está bien que no te vean. No trabajamos para ellos, trabajamos para Él. Nos sacrificamos para Él. Ellos, nunca lo verán, a pesar de que hagamos lo correcto  o a pesar de que lo hagamos bien. Oremos para que nuestras obras se mantengan como monumentos para Dios.
Nicole Johnson.