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Mi hermana Gladys después de volver a la vida.

Mi hermana Gladys después de volver a la vida.

Padre mío, ahora que las voces se silenciaron y los clamores se apagaron, ahora que he vuelto después de haberme ausentado de esta vida,  al pie de la cama, mi alma se eleva hasta Ti para decirte:

Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas mis fuerzas. Gloria a Ti, Señor.  Deposito en tus manos la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que quedaron atrás.  Si los nervios me traicionaron, si los impulsos egoístas me dominaron, si di entrada al rencor o a la tristeza, perdón Señor Ten piedad de mí.  Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas, si me dejé llevar por la impaciencia, si fui espina para alguien, perdón Señor!

No quiero entregarme esta noche al sueño sin sentir sobre mi alma la seguridad de tu misericordia, tu dulce misericordia, Señor. Te doy gracias, Padre mío, porque has sido la sombra fresca que me ha cobijado durante todo este día.  Te doy gracias porque invisible, cariñoso, y envolvente, me has cuidado como una madre a lo largo de estas horas.

Señor, a mi derredor ya todo es silencio y calma. Envía el ángel de la Paz a mi casa, relaja mis nervios, sosiega mi espíritu, desata mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego confiada al sueño como un niña que duerme feliz en tus brazos.

En tu nombre, Señor descansaré tranquila.

Amén
Padre Ignacio Larrañaga

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Mensajes de la Madre TeresaHaz mi paso lento, Señor; Alivia el latido de mi corazón mediante la quietud de mi mente. Dame en medio de la confusión de mi día la calma de los cerros eternos.

Atenúa la tensión de mis nervios y músculos con la música suavizadora de las corrientes cantarinas  que viven en mi memoria. Ayúdame a conocer el poder restaurador del sueño y tu presencia.

Enséñame el arte de tomar vacaciones de un minuto y detenerme para mirar una flor, conversar con un amigo, acariciar un gato, y leer unas pocas líneas de un buen libro.

Recuérdame cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para que pueda saber que la carrera no siempre la gana el más veloz, y para tener presente que la vida es más que aumentar la velocidad.

Haz que mire hacia arriba a las ramas del imponente roble y que sepa que creció grande y fuerte, porque creció lentamente; y bien guiado por tu tiempo y dirección.

 Haz lento mi paso Señor, e inspírame para que envíe mis raíces profundamente en el suelo de los valores perdurables de la vida;  para que pueda crecer hacia la felicidad en la tierra que es preámbulo de la que tendré en el cielo.

 En este mundo agitado, recuérdame quien es la paz en medio de la tormenta y quien es la quietud en medio del bullicio.

 Y recuérdame también:

 “Que si las ocupaciones me  impiden orar, es porque  estoy  más ocupado de lo que me conviene”.

 Madre Teresa de Calcuta.

 

 

Gracias, Señor, porque el amor de mis amigos me hace sentir más humano, más comprometido.  Mi amistad por ellos es un intercambio de ideas, de palabras, de silencios llenos de vida.  Es dejar que tu luz penetre nuestras vidas y bajo esa luz, comprobar gozosamente que juntos buscamos la verdad, que juntos iluminamos nuestras existencias y las de nuestros hermanos. 

Señor, que cada vez seamos más amigos, que nuestra amistad sea cada vez más fuerte y más hermosa y que cada uno, al reflejarnos en el alma del otro, encontremos el camino de lo eterno.

 

 

 

Pregúntame

Señor, si un día estuviera sofocado, agobiado, harto de la vida, con deseos de desaparecer, de morir, insatisfecho conmigo mismo y con el mundo a mi alrededor…

Pregúntame si quiero cambiar la mesa puesta por los restos que tantos buscan en la basura;

Pregúntame si quiero cambiar mis pies por una silla de ruedas;

Pregúntame si quiero cambiar mi voz, por las señas;

Pregúntame si quiero cambiar el mundo de los sonidos por el silencio de los que no oyen nada;

Pregúntame si quiero cambiar el diario que leo y después echo a la basura, por la miseria de los que van a buscarlo para hacerse con él una manta;

Pregúntame si quiero cambiar mi salud, por las enfermedades de tanta gente;

Pregúntame si quiero cambiar la luz por las tinieblas;

Pregúntame hasta cuándo no reconoceré tus bendiciones, para hacer de mi vida un himno de alabanza y gratitud y decir, todos los días, desde el fondo de mi corazón:

¡Gracias Señor por este nuevo día!

Señor, quiero escuchar tu voz,  toma mi mano, guíame al desierto para que  nos encontremos a solas, Tú y yo. Necesito contemplar tu rostro porque me hace falta el calor de tu voz y caminar juntos. Me hace falta callar, para que hables Tú. Quiero revisar mi vida, descubrir en que tengo que cambiar, afianzar lo que anda bien, sorprenderme con lo nuevo  que me pides.

Me pongo en tus manos, ayúdame a dejar a un lado las prisas, las preocupaciones que me llenan. Barre mis dudas e inseguridades porque quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado. Ver dónde aprieta el zapato para urgir el cambio.

Me tienta el activismo, la seguridad y el diario hacer y hacer, y me olvido del silencio y la oración. ¿Leer tu Palabra en la Biblia? sólo para cuando haya tiempo.

Me tienta la incoherencia: Hablar mucho y hacer poco. Mostrar facha de buen cristiano, pero dentro, donde solo Tú y yo sabemos, tengo mucho que cambiar. Me tienta ser el centro del mundo. Que los demás giren a mi alrededor. Que me sirvan en lugar de servir. Me tienta la idolatría de fabricarme ídolos con mis proyectos, mis convicciones, mis certezas y conveniencias, y ponerles tu nombre: si, ponerles a ellos el nombre  de Dios.

Me tienta la falta de compromiso pues es más fácil pasar de largo que bajarse del caballo y actuar como el buen samaritano. ¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor, y yo me hago el distraído! Me tienta la falta de sensibilidad, no tener compasión, acostumbrarme a que otros sufran y tener excusas, razones, explicaciones que no tienen nada de Evangelio, pero que me conforman un rato aunque en el fondo no puedo engañarte. Me tienta separar la fe y la vida. Leer el diario, ver las noticias sin indignarme evangélicamente por la ausencia de justicia y la falta de solidaridad. Me tienta el mirar la realidad sin la mirada del Reino. Me tienta el alejarme de la solidaridad y la participación social. Que se metan otros. Yo, soy cristiano de sólo el Domingo ir a misa y gracias.

Me tienta el tener tiempo para todo menos para lo importante. La familia, los hijos, la oración se quedan ultimo lugar. Me tienta el desaliento, lo difícil que a veces se presentan las cosas. Me tienta la desesperanza. Me tienta el dejar las cosas para mañana, cuando hay que empezar a cambiar hoy. Me tienta creer que te escucho cuando  solo escucho mi voz. Me tienta creer que te busco cuando en verdad me busco a mi mismo.

¡Enséñame a  discernir! Dame luz para distinguir tu rostro. Llévame  al desierto de la oración, Señor, despójame de lo que me ata, sacude mis certezas y pon a prueba mi amor. Para empezar de nuevo, humilde, sencillo, con fuerza y espíritu para vivir fiel a Ti.

Amén.

Señor :

Dame fuerzas para  ser fuerte sin ser rudo

Ser amable sin ser débil

Aprender con orgullo pero sin arrogancia

Aprender a ser gentil sin ser tonto

Ser humilde sin ser tímido

Ser valioso sin ser agresivo

Ser agradecido sin ser servil

Meditar sin ser flojo.

Y también  te pido Señor;

Dame grandeza para entender

Capacidad para retener

Método y facultad para aprender

Sutileza para interpretar

Gracia y abundancia para hablar.

Dame acierto al empezar

Dirección al progresar

Y perfección al acabar.

Y sobre todo:

“Señor, no permitas que me quede donde estoy.

Ayúdame a llegar donde Tú quieres”.

Amen.

Oración Por la Paz

Señor Jesús, Tú eres nuestra paz, mira a nuestra patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad.

Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan.

Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte.    

Dales el don de la conversión,  Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en Tí, nuestro Pueblo tenga vida digna.

Amén.

Oración Al Padre

Gracias Padre porque eres en mí, presencia de vida perpetua.  Desde mi silencio siento como mi amor te busca y se funde con el Tuyo, y en este maravilloso todo y uno, la luz, la paz y la armonía nos acercan infinitamente. 

 “Sé que no hay nada que pueda separarnos porque soy parte de Ti, esa parte que siempre cuidas y velas con esmero, paciencia, sabiduría, perdón y misericordia.

 ¡Cuántas veces he sentido tus manos levantándome cuando he estado caído!  Y sé, que habrás de levantarme cuantas veces sean necesarias, porque confías en mí y en que saldré siempre adelante. 

Gracias por el Amor-Hijo hecho carne, por el Espíritu que nos cubre, envuelve y alimenta con tu verdad a cada instante.  Humilde y rendido ante tu presencia recibo con fe lo que en mis manos pones. 

Acepto lo que debes darme y es así en mí, tu voluntad, ahora y siempre.

 

Amén

No Digas:

No digas: Padre, si cada día no te portas como un hijo.

No digas: Nuestro, si vives aislado en tu egoísmo.

No digas: Que estás en el cielo, si sólo piensas en las cosas terrenas.

No digas Santificado sea tu nombre, si no lo honras.

No digas: Venga a nosotros tu reino, si lo confundes con el éxito material.

No digas: Hágase tu voluntad, si no la aceptas cuando es dolorosa.

No digas: Danos hoy nuestro pan de cada día, si teniéndolo tú, no te preocupas por la gente que no tiene nada.

No digas: Perdona nuestras ofensas, si guardas rencor a tu hermano.

No digas: No nos dejes caer en la tentación, si tienes la intención de seguir pecando.

No digas: Líbranos del mal, si no tomas parte activa contra el mal.

De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: “Señor, dame fuerzas para cambiar al mundo”.

A medida que me fui haciendo adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: “Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo, aunque sólo sea mi familia y mis amigos, con eso me doy por satisfecho”.

Ahora que soy viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo tonto que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”.

Si yo hubiera orado de este modo desde el principio no habría malgastado mi vida. Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Anthony de Mello