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Pepe MujicaY hubo un día en que el presidente de Uruguay, ante todas  las naciones congregadas  en  la ONU, con la presencia de los más poderosos líderes del mundo, habló de lo que había que hablar, y dijo estas palabras:

Amigos todos, soy del sur, vengo del sur. Esquina del Atlántico y del Plata, mi país es una penillanura suave, templada, una historia de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras, de lanzas y caballos, hasta que por fin al arrancar el siglo XX se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado, en la enseñanza. Diría que la socialdemocracia se inventó en el Uruguay.

Durante casi 50 años el mundo nos vio como una especie de Suiza. En realidad, en lo económico fuimos bastardos del imperio británico y cuando este sucumbió vivimos las amargas mieles de términos de intercambio funestos, y quedamos estancados añorando el pasado.

Casi 50 años recordando el Maracaná, nuestra hazaña deportiva. Hoy hemos resurgido en este mundo globalizado tal vez aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal, la de un muchacho- porque alguna vez fui muchacho- que como otros quiso cambiar su época, su mundo, el sueño de una sociedad libertaria y sin clases. Mis errores son en parte hijos de mi tiempo. Obviamente los asumo, pero hay veces que medito con nostalgia.

La fuerza de la utopía

¡Quién tuviera la fuerza de cuando éramos capaces de albergar tanta utopía! Sin embargo no miro hacia atrás porque el hoy real nació en las cenizas fértiles del ayer. Por el contrario no vivo para cobrar cuentas o reverberar recuerdos.

Me angustia, y de qué manera, el porvenir que no veré, y por el que me comprometo. Sí, es posible un mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea cuidar la vida.

Pero soy del sur y vengo del sur, a esta asamblea, cargo inequívocamente con los millones de compatriotas pobres, en las ciudades, en los páramos, en las selvas, en las pampas, en los socavones, de la América Latina patria común que se está haciendo.

El bloqueo inútil a Cuba

Cargo con las culturas originales aplastadas, con los restos del colonialismo en Malvinas, con bloqueos inútiles a ese caimán bajo el sol del Caribe que se llama Cuba. Cargo con las consecuencias de la vigilancia electrónica que no hace otra cosa que sembrar desconfianza. Desconfianza que nos envenena inútilmente. Cargo con una gigantesca deuda social, con la necesidad de defender la Amazonia, los mares, nuestros grandes ríos de América.

Cargo con el deber de luchar por patria para todos. Para que Colombia pueda encontrar el camino de la paz, y cargo con el deber de luchar por tolerancia, la tolerancia se precisa para con aquellos que son distintos, y con los que tenemos diferencias y discrepamos. No se precisa la tolerancia para los que estamos de acuerdo.

La tolerancia es la paz

La tolerancia es el fundamento de poder convivir en paz, y entendiendo que en el mundo somos diferentes. El combate a la economía sucia, al narcotráfico, a la estafa, el fraude y la corrupción, plagas contemporáneas, prohijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos felices si nos enriquecemos sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales. Les ocupamos el templo con el dios mercado, que nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas, la apariencia de felicidad.

Parecería que hemos nacido solo para consumir y consumir, y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión.

Lo cierto hoy es que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta humanidad a consumir como un americano medio promedio, sería imprescindible tres planetas para poder vivir.

El despilfarro de vida

Es decir nuestra civilización montó un desafío mentiroso y así como vamos, no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida. En los hechos se está masificando como una cultura de nuestra época, siempre dirigida por la acumulación y el mercado.

Prometemos una vida de derroche y despilfarro, y en el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza, contra la humanidad como futuro. Civilización contra la sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales.

“Civilización” contra el amor

Lo peor: civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, el amor, la amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra tiempo libre no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la naturaleza.

Arrasamos la selva, las selvas verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, la soledad con electrónicos, porque somos felices alejados del entorno humano.

Cabe hacerse esta pregunta, huimos de nuestra biología que defiende la vida por la vida misma, como causa superior, y lo suplantamos por el consumismo funcional a la acumulación.

La política, la eterna madre del acontecer humano quedó limitada a la economía y al mercado, de salto en salto la política no puede más que perpetuarse, y como tal delegó el poder y se entretiene, aturdida, luchando por el gobierno. Debocada marcha de historieta humana, comprando y vendiendo todo, e innovando para poder negociar de algún modo, lo que es innegociable. Hay marketing para todo, para los cementerios, los servicios fúnebres, las maternidades, para padres, para madres, pasando por las secretarias, los autos y las vacaciones. Todo, todo es negocio.

Todavía las campañas de marketing caen deliberadamente sobre los niños, y su psicología para influir sobre los mayores y tener hacia el futuro un territorio asegurado. Sobran pruebas de estas tecnologías bastante abominables que a veces, conducen a las frustraciones y más.

El hombrecito promedio de nuestras grandes ciudades, deambula entre las financieras y el tedio rutinario de las oficinas, a veces atemperadas con aire acondicionado. Siempre sueña con las vacaciones y la libertad, siempre sueña con concluir las cuentas, hasta que un día, el corazón se para, y adiós. Habrá otro soldado cubriendo las fauces del mercado, asegurando la acumulación. La crisis se hace impotencia, la impotencia de la política, incapaz de entender que la humanidad no se escapa, ni se escapará del sentimiento de nación. Sentimiento que casi está incrustado en nuestro código genético.

Un mundo sin fronteras

Hoy, es tiempo de empezar a tallar para preparar un mundo sin fronteras. La economía globalizada no tiene más conducción que el interés privado, de muy pocos, y cada estado nacional mira su estabilidad continuista, y hoy la gran tarea para nuestros pueblos, en mi humilde manera de ver, es el todo.

Como si esto fuera poco, el capitalismo productivo, francamente productivo, está medio prisionero en la caja de los grandes bancos. En el fondo son la cúspide del poder mundial. Más claro, creemos que el mundo requiere a gritos reglas globales que respeten los logros de la ciencia, que abunda. Pero no es la ciencia que gobierna el mundo. Se precisan por ejemplo, una larga agenda de definiciones, cuántas horas de trabajo y toda la tierra, cómo convergen las monedas, cómo se financia la lucha global por el agua, y contra los desiertos.

Solidaridad con los oprimidos

Cómo se recicla y se presiona contra el calentamiento global. Cuáles son los límites de cada gran quehacer humano. Sería imperioso lograr consenso planetario para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Movilizar las grandes economías, no para crear descartables, con obsolescencia calculada, sino bienes útiles, sin fidelidad, para ayudar a levantar a los pobres del mundo. Bienes útiles contra la pobreza mundial. Mil veces más redituable que hacer guerras. Volcar un neo-keynesianismo útil de escala planetaria para abolir las vergüenzas más flagrantes que tiene este mundo.

La política y la ciencia

Tal vez nuestro mundo necesita menos organismos mundiales, esos que organizan los foros y las conferencias, que le sirven mucho a las cadenas hoteleras y a las compañías aéreas y en el mejor de los casos nadie recoge y lo transforma en decisiones.…

Necesitamos sí mascar mucho lo viejo y eterno de la vida humana junto a la ciencia, esa ciencia que se empeña por la humanidad no para hacerse rico; con ellos, con los hombres de ciencia de la mano, primeros consejeros de la humanidad, establecer acuerdos por el mundo entero. Ni los Estados nacionales grandes, ni las transnacionales y muchos menos el sistema financiero debería gobernar el mundo humano. Sí la alta política entrelazada con la sabiduría científica, allí está la fuente. Esa ciencia que no apetece el lucro pero que mira el porvenir y nos dice cosas que no atendemos. ¿Cuántos años hace que nos dijeron determinadas cosas que no nos dimos por enterados? Creo que hay que convocar la inteligencia al comando de la nave arriba de la tierra, cosas de este estilo y otras que no puedo desarrollar nos parecen imprescindibles, pero requerirían que lo determinante fuera la vida, no la acumulación.

No somos tan  ilusos

Obviamente, no somos tan ilusos, estas cosas no pasarán, ni otras parecidas. Nos quedan muchos sacrificios inútiles por delante, mucho remendar consecuencias y no enfrentar las causas. Hoy el mundo es incapaz de crear regulación planetaria a la globalización y esto es por el debilitamiento de la alta política, eso que se ocupa de todo. Por último vamos a asistir al refugio de acuerdos más o menos “reclamables”, que van a plantear un mentiroso libre comercio interno, pero que en el fondo van a terminar construyendo parapetos proteccionistas, supranacionales en algunas regiones del planeta. A su vez van a crecer ramas industriales importantes y servicios, todos dedicados a salvar y mejorar al medio ambiente. Así nos vamos a consolar por un tiempo, vamos a estar entretenidos y naturalmente va a continuar como para estar rica la acumulación para regodeo del sistema financiero.

Ir contra la especie

Continuarán las guerras y por tanto los fanatismos hasta que tal vez la misma naturaleza lo llame al orden y haga inviable nuestras civilizaciones. Tal vez nuestra visión es demasiado cruda, sin piedad y vemos al hombre como una criatura única, la única que hay arriba de la tierra capaz de ir contra su propia especie. Vuelvo a repetir, porque algunos llaman la crisis ecológica del planeta, es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana. Ese es nuestro triunfo, también nuestra derrota, porque tenemos impotencia política de encuadrarnos en una nueva época. Y hemos contribuido a construir y no nos damos cuenta.

¿Por qué digo esto? Son datos nada más. Lo cierto es que la población se cuadriplicó y el PBI creció por lo menos veinte veces en el último siglo. Desde 1990 aproximadamente cada seis años se duplica el comercio mundial. Podíamos seguir anotando datos que establecen la marcha de la globalización. ¿Qué nos está pasando? Entramos en otra época aceleradamente pero con políticos, atavíos culturales, partidos, y jóvenes, todos viejos ante la pavorosa acumulación de cambios que ni siquiera podemos registrar. No podemos manejar la globalización, porque nuestro pensamiento no es global. No sabemos si es una limitante cultural o estamos llegando a los límites biológicos.

Los efectos de la codicia

Nuestra época es portentosamente revolucionaria como no ha conocido la historia de la humanidad. Pero no tiene conducción consciente, o menos, conducción simplemente instintiva. Mucho menos todavía, conducción política organizada porque ni siquiera hemos tenido filosofía precursora ante la velocidad de los cambios que se acumularon.

La codicia, tanto negativa y tanto motor de la historia, eso que empujó al progreso material técnico y científico, que ha hecho lo que es nuestra época y nuestro tiempo y un fenomenal adelanto en muchos frentes, paradojalmente, esa misma herramienta, la codicia que nos empujó a domesticar la ciencia y transformarla en tecnología nos precipita a un abismo brumoso. A una historia que no conocemos, a una época sin historia y nos estamos quedando sin ojos ni inteligencia colectiva para seguir colonizando y perpetuarnos transformándonos.

¿Qué es el todo?

Porque si una característica tiene este bichito humano, es que es un conquistador antropológico. Parece que las cosas toman autonomía y las cosas someten a los hombres. Por un lado u otro, sobran activos para vislumbrar estas cosas y en todo caso, vislumbrar el rumbo. Pero nos resulta imposible colectivizar decisiones globales por ese todo. Más claro, la codicia individual ha triunfado largamente sobre la codicia superior de la especie. Aclaremos, ¿qué es el todo?, esa palabra que utilizamos.

Para nosotros es la vida global del sistema tierra incluyendo la vida humana con todos los equilibrios frágiles que hacen posible que nos perpetuemos. Por otro lado, más sencillo, menos opinable y más evidente. En nuestro occidente, particularmente, porque de ahí venimos aunque venimos del Sur, las repúblicas que nacieron para afirmar que los hombres somos iguales, que nadie es más que nadie, que sus gobiernos deberían representar el bien común, la justicia y la equidad. Muchas veces, las repúblicas se deforman y caen en el olvido de la gente corriente, la que anda por las calles, el pueblo común.

No fueron las repúblicas creadas para vegetar encima de la grey, sino por el contrario, son un grito en la historia para hacer funcionales a la vida de los propios pueblos y, por lo tanto, las repúblicas se deben a las mayorías y a luchar por la promoción de las mayorías.

La cultura consumista

Por lo que fuera, por reminiscencias feudales que están allí en nuestra cultura; por clasismo dominador, tal vez por la cultura consumista que nos rodea a todos, las repúblicas frecuentemente en sus direcciones adoptan un diario vivir que excluye, que pone distancia con el hombre de la calle.

En los hechos, ese hombre de la calle debería ser la causa central de la lucha política en la vida de las repúblicas. Los gobiernos republicanos deberían de parecerse cada vez más a sus respectivos pueblos en la forma de vivir y en la forma de comprometerse con al vida.

El hecho es que cultivamos arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, hacemos diferenciaciones jerárquicas que en el fondo socavan lo mejor que tienen las repúblicas: que nadie es más que nadie. El juego de estos y otros factores nos retienen en la prehistoria. Y hoy es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. Así se estrangula la economía, derrochamos recursos.

Dos millones por minuto

Oigan bien, queridos amigos: en cada minuto del mundo se gastan dos millones de dólares en presupuestos militares en esta tierra. Dos millones de dólares por minutos en presupuesto militar!! En investigación médica, de todas las enfermedades que ha avanzado enormemente y es una bendición para la promesa de vivir unos años más, esa investigación apenas cubre la quinta parte de la investigación militar.

Este proceso del cual no podemos salir, es ciego. Asegura odio y fanatismo, desconfianza, fuente de nuevas guerras y esto también, derroche de fortunas. Yo se que es muy fácil, poéticamente, autocriticarnos, personalmente. Y creo que sería una inocencia en este mundo plantear que allí existen recursos para ahorrar y gastarlos en otras cosas útiles. Eso sería posible, otra vez, si fuéramos capaces de ejercitar acuerdos mundiales y prevenciones mundiales de políticas planetarias que nos garanticen la paz y que nos den a los más débiles, garantía que no tenemos. Ahí habría enormes recursos para recortar y atender las mayores vergüenzas arriba de la Tierra. Pero basta una pregunta: en esta humanidad, hoy, ¿adonde se iría sin la existencia de esas garantías planetarias? Entonces cada cual hace vela de armas de acuerdo a su magnitud y allí estamos porque no podemos razonar como especie, apenas como individuos.

Las instituciones mundiales, particularmente hoy vegetan a la sombra consentida de las disidencias de las grandes naciones que, obviamente, estas quieren retener su cuota de poder.

El papel de la ONU

Bloquean en los hechos a esta ONU que fue creada con una esperanza y como un sueño de paz para la humanidad. Pero peor aún la desarraigan de la democracia en el sentido planetario porque no somos iguales. No podemos ser iguales en este mundo donde hay más fuertes y más débiles. Por lo tanto es una democracia planetaria herida y está cercenando la historia de un posible acuerdo mundial de paz, militante, combativo y que verdaderamente exista. Y entonces, remendamos enfermedades allí donde hace eclosión y se presenta según le parezca a algunas de las grandes potencias. Lo demás miramos desde lejos. No existimos.

Amigos, yo creo que es muy difícil inventar una fuerza peor que el nacionalismo chauvinista de las granes potencias. La fuerza que es liberadora de los débiles. El nacionalismo tan padre de los procesos de descolonización, formidable hacia los débiles, se transforma en una herramienta opresora en las manos de los fuertes y vaya que en los últimos 200 años hemos tenido ejemplos por todas partes.

Nuestro pequeño ejemplo

La ONU, nuestra ONU languidece, se burocratiza por falta de poder y de autonomía, de reconocimiento y sobre todo de democracia hacia el mundo más débil que constituye la mayoría aplastante del planeta. Pongo un pequeño ejemplo, pequeñito. Nuestro pequeño país tiene en términos absolutos, la mayor cantidad de soldados en misiones de paz de los países de América Latina desparramos en el mundo. Y allí estamos, donde nos piden que estemos.

Pero somos pequeños, débiles. Donde se reparten los recursos y se toman las decisiones, no entramos ni para servir el café. En lo más profundo de nuestro corazón, existe un enorme anhelo de ayudar para que le hombre salga de la prehistoria. Yo defino que el hombre mientras viva con clima de guerra, está en la prehistoria, a pesar de los muchos artefactos que pueda construir.

Las soledades de la guerra

Hasta que el hombre no salga de esa prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa, esa es la larga marcha y el desafío que tenemos por delante. Y lo decimos con conocimiento de causa. Conocemos las soledades de la guerra. Sin embargo, estos sueños, estos desafíos que están en el horizonte implica luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiecen a gobernar nuestra historia y superar paso a paso, las amenazas a la vida. La especie como tal, debería tener un gobierno para la humanidad que supere el individualismo y bregue por recrear cabezas políticas que acudan al camino de la ciencia y no solo a los intereses inmediatos que nos están gobernando y ahogando.

Paralelamente hay que entender que los indigentes del mundo no son de África o de América Latina, son de la humanidad toda y esta debe como tal, globalizada, propender a empeñarse en su desarrollo, en que puedan vivir con decencia por sí mismos. Los recursos necesarios existen, están en ese depredador despilfarro de nuestra civilización.

La bombita de 100 años

Hace pocos días le hicieron ahí, en California, en una agencia de bomberos un homenaje a una bombita eléctrica que hace 100 años que está prendida; ¡100 años que está prendida, amigo! Cuántos millones de dólares nos sacaron del bolsillo haciendo deliberadamente porquerías para que la gente compre, y compre, y compre, y compre.

Pero esta globalización de mirar por todo el planeta y por toda la vida significa un cambio cultural brutal. Es lo que nos está requiriendo la historia. Toda la base material ha cambiado y ha tambaleado, y los hombres, con nuestra cultura, permanecemos como si no hubiera pasado nada y en lugar de gobernar la civilización, esta nos gobierna a nosotros. Hace más de 20 años que discutíamos la humilde tasa Tobi. Imposible aplicarla a nivel del planeta. Todos los bancos del poder financiero se levantan heridos en su propiedad privada y qué sé yo cuántas cosas más. Sin embargo, esto es lo paradojal. Sin embargo, con talento, con trabajo colectivo, con ciencia, el hombre paso a paso es capaz de transformar en verde a los desiertos.

El hombre es capaz…

El hombre puede llevar la agricultura al mar. El hombre puede crear vegetales que vivan con agua salada. La fuerza de la humanidad se concentra en lo esencial. Es inconmensurable. Allí están las más portentosas fuentes de energía. ¿Qué sabemos de la fotosíntesis?, casi nada. La energía en el mundo sobra si trabajamos para usarla con ella. Es posible arrancar de cuajo toda la indigencia del planeta. Es posible crear estabilidad y será posible a generaciones venideras, si logran empezar a razonar como especie y no solo como individuo, llevar la vida a la galaxia y seguir con ese sueño conquistador que llevamos en nuestra genética los seres humanos.

Pero para que todos esos sueños sean posibles, necesitamos gobernarnos a nosotros mismos o sucumbiremos porque no somos capaces de estar a la altura de la civilización que en los hechos fuimos desarrollando.

Este es nuestro dilema. No nos entretengamos solos remendando consecuencias. Pensemos en las causas de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del use-tire que lo que está tirando es tiempo de vida humana malgastado, derrochando cuestiones inútiles. Piensen que la vida humana es un milagro. Que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida. Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla y entender que la especie es nuestro nosotros.

Gracias.

Meryl Streep“Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere mi paciencia, ni consecuentar con el cinismo, las críticas en exceso y las exigencias de cualquier naturaleza.

Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.

Ya no dedico un minuto a quién miente o quiere manipularme. Decidí no convivir más con la pretensión, la hipocresía, la deshonestidad y los elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. Ya no me ajusto más con la barriada corriente o el chusmerío.

No soporto conflictos y comparaciones porque creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.

No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar de forma sincera. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales.

Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia”

Meryl Streep.

990707-N-6483G-001Chuck Yeager inició la era de los vuelos supersónicos al volar en su avión el 14 de octubre de 1947. En esa fecha rompió la barrera del sonido: “Una especie de “muro de ladrillos invisibles”. Algunos científicos prominentes parecían disponer de ciertos “datos sólidos” respecto a que esa barrera era impenetrable. Otros predijeron, taxativamente, que tanto el avión como el piloto se desintegrarían cuando alcanzaran dicha la velocidad; o que el piloto perdería la voz; retrocedería en edad, o recibiría fuertes golpes.

A pesar de ello, ese día histórico, Yeager alcanzó una velocidad de vuelo de 1.126 kilómetros por hora en su avión Bell. Tres semanas después superó esa marca, y seis años más tarde voló a la increíble velocidad de 2.594 kilómetros por hora, poniéndole fin al mito de la barrera impenetrable.

En su autobiografía, Yeager escribió: “Cuanto más rápido iba, más suave se hacía el vuelo. Repentinamente, el indicador de velocidad comenzó a oscilar. Subió hasta 0.965 y luego saltó en la escala.   ¡Creí que estaba viendo visiones!   Estaba volando a velocidad supersónica y el vuelo era tan suave como el trasero de un bebé: mi abuela hubiese podido ir sentada allá atrás, sorbiendo una limonada. Yo estaba estupefacto.

Después de tanta ansiedad y de tantas prevenciones, romper la barrera del sonido, lo desconocido, era sólo una incursión a través de una especie de gelatina espacial, como circular en una autopista perfectamente pavimentada. Más tarde comprendí que esa misión había terminado en una decepción, porque la verdadera barrera no estaba en el cielo, sino en nuestros conocimientos y en nuestras experiencias acerca del vuelo supersónico”. La humanidad ya ha “roto” la barrera del sonido, pero enfrenta todavía un obstáculo que muchos consideran más difícil de superar: ¿La velocidad de la luz? No, “La barrera del humano”.

En la actualidad, romper la “barrera humana” o statu-quo es, para muchos, tan difícil como lo era hace cuatro décadas romper la “barrera del sonido” para los ingenieros aeronáuticos. Muchas personas necesitan dar un salto cuantitativo en sus vidas y hacer un saludable cambio en sus hábitos, una modificación importante en sus directrices.   Para lograr romper con los viejos hábitos y elaborar otros nuevos, se debe aprender, al igual que en la aviación, a manejar las fuerzas restrictivas y a aprovechar las fuerzas impulsoras.

Superar la inercia del pasado depende, en gran medida, de disponer de una clara identidad y un sólido fin. De saber quién eres tú y qué es lo que quieres llevar a cabo.

 Valga esta reflexión para el equipo mexicano  en el mudial de fut bol de Brasil 2014, donde nuestro país debe aprovechar al máximo toda su fuerza impulsora alcanzada en su fase inicial de octavos de final. ¡Vamos México!

 

 

PaletosSegún el diccionario de la Real Academia Española un paleto es una persona rústica, zafia o con falta de trato social. Pero en el día a día, ser un paleto es mucho más que eso. En Estados Unidos la palabra equivalente sería redneck literalmente, “cuello rojo” y, aunque en aquel país responden a una tipología muy concreta, sus características encajan a la perfección con la de muchos.

Para el psicólogo Karl Albretch, consultor de management y autor de más de 20 libros de desarrollo profesional, los paletos en su país cumplen, tradicionalmente, una serie de características: son personas groseras, de educación y habilidades sociales limitadas, del entorno rural con un escaso nivel cultural, una actitud tradicionalista, cuando no reaccionaria, y tendencia a la autocomplacencia. Su figura está estereotipada: son fanáticos de lo ostentoso, van armados, tienen grandes coches y les gusta la caza y la pesca. En México esta clasificación correspondería  al clásico naco con dinero, o el que fue a la escuela, dice tener un título, pero no se le nota por ningún lado.

Todos hemos conocido a gente con títulos universitarios y empleos bien remunerados, cuya mentalidad es limitada, rígida e intolerante. Albretch no niega que existan este tipo de rednecks o nacos pero asegura que, más allá del lugar común, el paletismo puede afectar a cualquier persona, sea de pueblo o de ciudad, lleve bigote y botas o vista con buen gusto o nó. El psicólogo habla de un “paletismo intelectual”, que sufren muchas personas que, aunque no encajan estéticamente en el universo del naco, son iguales o más cerrados que estos.

El “paletismo intelectual”, asegura, es prevalente entre muchas personas supuestamente bien educadas. Todos hemos conocido a gente con títulos universitarios, empleos bien remunerados y un estilo de vida acomodado, cuya mentalidad es limitada, rígida, intolerante, resistente al cambio, poco dada a aceptar otras perspectivas y necesitada de respuestas simples y una cómoda sensación de “ley y orden”. Le huyen a la complejidad del razonamiento. Este tipo de gente, asegura Albretch en su blog, al contrario que los rednecks auténticos nunca aceptarían ser paletos o cerrados: creen que son poseedores de la verdad absoluta.

El paletismo tampoco es una condición universal. Hay quien es paleto en cuestiones políticas, pero abierto en temas sociales o económicos. Todas las combinaciones son posibles, y las personas tienden a ser, por lo general, “más paletas” de lo que creen en muchos temas. Es por ello que el psicólogo ha diseñado un sencillo test, que te permitirá saber si eres o no un paleto. Aunque duela.

El test del “paleto intelectual”

¿Recibes la mayoría de la información sobre la sociedad en la que vives a través de la televisión?

¿Estás orgulloso de tus firmes convicciones y las defiendes con firmeza sin mostrar paciencia por los mequetrefes que no lo hacen?

¿Dices habitualmente “no me importante lo que diga el resto, esta es mi opinión”?

¿Suscribes tres o más teorías conspirativas sobre quién está detrás de las cosas malas que pasan hoy en el mundo?

¿Tiene tu coche más de una bandera, una pegatina de una congregación religiosa o un eslogan político?

¿Llevas más de un año sin entrar en una librería o sin comprar un libro online?

¿Lees alguna revista que no sea la Cosmopolitan, Sports Illustrated, Playboy o similares?

¿Sabes nombrar a todos los personajes de la serie más popular de la televisión pero no sabes decir un sólo nombre de un jefe de Estado de un país extranjero?

¿Conoces más acerca de la vida personal de las estrellas del cine y el deporte que las cualificaciones de las personas a las que votas?

¿Votas por sistema por todos los candidatos de la lista electoral de un partido?¿Aseguras con énfasis que no votas por ningún partido, sino por las personas, pero votas por todos los candidatos que aparecen en la lista de un partido?

¿Recibes toda la información para debatir sobre política con los amigos de las tertulias?

¿Tu visión y juicio de la actualidad política y social se reduce a una serie de eslóganes estandarizados, que utilizas de forma rutinaria en las conversaciones?

¿Estás convencido de que cualquiera que no comparta tus creencias religiosas está condenado a arder en el infierno?

¿Crees que cualquiera que no comparta tus opiniones políticas es mentalmente incompetente o moralmente corrupto?

El paletómetro

Si has contestado “sí” a la mayoría de preguntas, lo sentimos, sufres “paletismo intelectual”, y estas paleta. Seguro pronuncias frases del tipo “ese cuadro del tal pintor lo puede pintar mi sobrino de 3 años”. Pero todo tiene cura. Quizás sólo necesites ser un poco más abierto de mente, consultar fuentes de información diversas y de distinta línea editorial; ser más tolerante con las ideas del resto de la gente y, sobre todo, abrirte a nuevas experiencias que te permitan aprender y crecer.

“La decisión es sólo tuya”, así concluye el psicólogo Albretch.

EgoísmoLa Real Academia Española de la Lengua define el egoísmo como un inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.  La persona egoísta se cree el centro del universo y sólo tiene ojos para sí misma.  Podríamos definirlo, por tanto, como una forma de ser y de actuar centrada en uno mismo, en las propias necesidades y deseos y que carece de interés por los demás, por su mundo, sus sentimientos o sus necesidades.  El egoísmo nos lleva a querer todo para uno mismo con independencia de los intereses ajenos.  La persona egoísta está centrada en sí misma y vive en un mundo cerrado.  A estas personas no les interesa ser consciente de las necesidades ajenas y, en el caso de serlo, les daría igual porque no se preocuparían por ellas.

El egoísmo es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona sino desprecio y quiere todo para él porque se siente miserable y vacío.  La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.  Las personas egoístas están solas y aisladas, por eso tratan de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos.

La persona que es egoísta, da tanta prioridad a su interés personal que no tiene en cuenta el de otras personas: Hace lo que le da la gana, sin tan siquiera preguntarse sobre los efectos que sus acciones tendrán sobre otros.Está tan ocupado con lo suyo, que no escucha a los demás. O, si los escucha, no se da el trabajo de ponerse en su lugar, sino que interpreta lo que le dicen teniendo en cuenta únicamente sus propias ideas.

Las personas egoístas se protegen, solo atienden a sus necesidades e intereses: Primero yo, luego yo y después yo. Esta actitud puede deteriorar las relaciones personales. Porque, ¿a quién le gusta compartir la vida con alguien que sólo puede pensar en sí mismo?  En el fondo, la persona egoísta lo sabe, y por eso no es raro que, del mismo modo que sigue protegiendo lo suyo a capa y espada, aprenda a manipular el entorno a su conveniencia para no sentirse mal consigo mismo.

El egoísta aprende la habilidad de expresar sus deseos y de justificar sus acciones haciendo creer a los demás (y/o a sí mismo) que también les benefician.  Aunque, tarde o temprano, su verdadera motivación queda al descubierto. Quienes están alrededor se dan cuenta de que el egoísta pide mucho y da muy poco. O, si da mucho, es sólo por su propio interés.

Trinidad Aparicio Pérez,
Psicóloga

Amar a los animales

Reflexiones(48)La vida es, aún para la ciencia, el más grande de los milagros, pero para la mayoría de los animales, la vida no es vida sino un intenso dolor, sólo por haberles tocado la suerte de compartir el planeta y este tiempo con el hombre, su verdugo más cruel.

Los “animales no humanos”, hay que decirlo de esta manera para expresarse con propiedad de ellos, son seres maravillosos en los que se ve la grandeza de Dios, y la perfección de la naturaleza, pero son tristemente indefensos ante el hombre: su mayor depredador.

Hay quienes afirman que lo que distingue al ser humano de los otros animales, es el raciocinio, pero viendo lo que este hace con su aparente ventaja, es necesario ponerlo en duda, no sólo en su relación con los seres inferiores que están a su merced, sino con el uso inescrupuloso que le da en cada acto a su facultad de entendimiento.

Apenas comprendiendo su ignorancia y confusión, puede explicarse la arrogancia insoportable del que pone su derecho a la vida ciegamente por delante del derecho a la vida de otros seres.  Si somos superiores, sólo esa condición nos agrega un imperativo moral por el cual debemos rendir justificaciones de nuestros actos. Sólo el hecho de que debamos decidir cómo tratar a los animales, hace a nuestra relación con ellos moralmente grave.

Nosotros pensamos, nuestros animales no, por lo que tenemos el privilegio y la carga de hacernos responsables de la relación y el trato con ellos.  Pero nuestra relación con las bestias, sin embargo, es la de las metáforas que las degradan. “Eres un animal”, “Eres un burro”.  Pero mejor sería decir: “eres un hombre torpe”, o “eres una mujer egoísta”.

“Soy un miserable gusano” decía Friedrich Nietzsche para autodefinirse, cuando lo devoraba la sífilis y expiaba su remordimiento de filósofo porque se acostaba con su madre y con su hermana.  Había muchas culpas humanas en él, pero ¿qué culpa tenía el gusano?

El siglo XX fue generoso y mezquino, bálsamo y letal, fértil para la ciencia y retrógrado para la convivencia entre los hombres.  Sobre su final, mostró una luz de esperanza en el reconocimiento al derecho de los animales en las sociedades civilizadas. Una luz, nada más, pero es mejor algo, que nada.

Los derechos del hombre en la Grecia clásica eran los derechos del ciudadano varón y libre.  Las mujeres y los esclavos eran para la legislación, tan poca cosa como hoy son (continúan siendo) los animales en las comunidades incultas.  Otras formas de discriminación, igual de vergonzantes ha visto la historia: quemar al hereje en la hoguera fue una conducta aceptada, hasta que un día la civilización decidió que era inaceptable.  Todo es cuestión de tiempo.  Llegará el día en que el exterminio irracional de los animales de esta época, en casi todas las sociedades, será un asunto que se exhibirá en museos, a la mirada incrédula de los visitantes.

Konrad Lorenz, el etólogo austríaco, el gran sabio del siglo pasado que en 1973 obtuvo el premio Nobel de medicina, dijo: “el hombre siempre fue bastante estúpido, pero últimamente noto un cambio: está peor”.  Es el mismo médico bondadoso que amaba a los animales y que en otra ocasión afirmó: “De sólo pensar que mi perro me quiere más que yo a él, siento vergüenza”.

Lord Byron escribió para la tumba de su perro, este epitafio: “Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios”.

Los animales, salvajes o domésticos, son a la luz de la inteligencia, nuestros compañeros de viaje.  Su sacrificio o sufrimiento inútiles son actos de inmoralidad y barbarie degradantes para quien los provoca.

¿Por qué quererlos?

  • Porque el cuidado de todas las formas de vida nos hace más evolucionados.
  • Por compasión, porque la compasión es una olvidada emoción elevada.
  • Porque matar o hacer sufrir es destrucción.
  • Porque construir es respetar a un Dios todopoderoso y a su acto de la Creación.
  • Porque el hombre civilizado vive de acuerdo con ciertos valores y no hay valores que justifiquen la crueldad.
  • Porque la inteligencia invita a vivir de tal manera que nuestras acciones aporten a la felicidad y no al dolor que hay en el mundo.
  • Porque proveer a la vida y no a la muerte no puede estar pasado de moda, a menos que el mundo esté irremediablemente perdido.
  • Porque no podemos ser indiferentes a la insensibilidad de quien mata a un animal por placer.

 Un amante de las corridas de toros dijo una vez: “los toros de lidia no nacerían si no existiera esa primitiva obscenidad que llaman fiesta, porque estos son criados para la muerte en la plaza”.  Basados en este criterio, también podríamos criar niños para que sean sacrificados frente a cincuenta mil forajidos con boleto pagado. Desde Platón sabemos que educar es formar en la virtud.  Piedad, compasión, amor por la vida de todos los seres, respeto por los demás, son conquistas del hombre de buenas costumbres. No se trata de ser superior, sino de superar a los demás, y de ser capaz de mejorarse a sí mismo.

 ¿Por qué dicen algunos que con relación al hombre, los animales son una especie inferior?   ¿Porque no tienen las mismas “virtudes” que adornan a los hombres, como: el odio, la maldad, la envidia, la venganza, el rencor, el engaño, la traición,  y la soberbia?

Todos los animales, humanos y no humanos, morimos cuando cesan nuestras funciones corporales. Sin embargo, los hombres crueles, mueren mucho antes, aunque no lo noten.

Eduardo Lamazón.

José MujicaPepe Mujica, presidente de Uruguay 2010-2015, habló ante una audiencia de mandatarios y periodistas del mundo reunidos en Brasil. La audiencia,  con cierto desgano, escuchó estas tremendas verdades:  

“Autoridades presentes de todas la latitudes y organismos, gracias por su presencia.  Muchas gracias también al pueblo de Brasil y a su Sra. presidenta, Dilma Rousseff, y  a todos los oradores que me precedieron. Estamos aquí para expresar la íntima voluntad que como gobernantes tenemos de apoyar todos los acuerdos que, esta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir. Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar a las inmensas masas de la población de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?   Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?  Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible?  ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?

Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.  Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, cuya mirada alcanza a todo el planeta.  ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?  ¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis que tenemos no es ecológica, es política.  El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre, y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental.  Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese híper consumo es el que está “agrediendo” al planeta.  Y tienen que generar ese híper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas!  Pero esas no, no se pueden hacer; porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso.  Estos son problemas de carácter político. Nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura. 

No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”.  Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, “sino que tenemos que gobernar al mercado”. Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político.  Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco, sino el que necesita infinitamente mucho”, y desea más y más.  “Esta es una clave de carácter cultural” . Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hagan.  Y lo voy acompañar, como gobernante. 

Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo “rechinan”. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.  Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes.  Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas.  Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué?  Porque tiene que pagar una cantidad de cosas: la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida.  Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?  ¿Solamente consumir?

Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad.  Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. “Y tener, sí, lo elemental”.  Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos.  Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama “felicidad humana”.

José Alberto Mujica Cordano

La magia y el deseo

Momentos FelicesEl cuerpo gigantesco del guerrero sumerio estaba arado de cicatrices y su piel curtida por el sol y la nieve.  Su nombre era Jormás, y cuenta esta historia que cierta vez, mientras cabalgaba con tres de sus amigos de una ciudad a otra, sufrieron una emboscada a manos de sus más crueles enemigos.  Los cuatro guerreros combatieron  con fiereza, pero sólo Jormás consiguió sobrevivir, sus tres amigos cayeron muertos durante la lucha.

Ensangrentado y exhausto, Jormás se dio cuenta de que necesitaba descansar, reponer fuerzas y sanar sus heridas.  Miró a su alrededor en busca de un lugar seguro y divisó una pequeña caverna excavada en una montaña cercana.  Casi arrastrándose llegó hasta allí, y una vez dentro de la cueva, extendió sobre el piso su piel de oso y se quedó profundamente dormido.

Horas o días después, lo despertó el hambre, sintió que su estómago reclamaba algo caliente.  Todavía adolorido, Jormás decidió salir a juntar algunas ramas y troncos secos para prender un pequeño fuego en su guarida, y comer así, un poco de carne salada que llevaba consigo.  Cuando la luz de las llamas iluminó el interior del refugio, el guerrero no podía creer lo que veía :  El reducto que había encontrado no era simplemente una cueva, era un templo,  un templo excavado en la roca.  Por las instrucciones y símbolos, el sumerio descubrió que el templo había sido construido en honor del dios Gotzú.

Jormás había aprendido a desconfiar de las casualidades, y quizá por eso,  no dudó en pensar que sus pasos  habían sido conducidos hasta la cueva por el mismísimo dios del templo, para poder así,  guardar su sueño.  Concluyó que ésta era una señal.  Desde entonces encomendaría su espada al dios Gotzú.  Se quedaría allí hasta que sus heridas curaran.  Mientras tanto, hizo un gran fuego delante del altar que presidía la inmensa imagen en piedra del dios, y cazaría algún animal al cual sacrificaría en su honor.

Cinco días y cinco noches más estuvo el guerrero en la cueva de la montaña, reponiéndose.  Durante ese tiempo, nunca dejó que se apagara la llama que iluminaba el altar.  Al sexto día, Jormás se dio cuenta de que era hora de seguir su camino, y quiso dejar antes de partir, una ofrenda en señal de gratitud.  Una llama eterna!  -pensó- , pero… ¿cómo conseguirla?  Salió de la cueva y se sentó en una roca al borde del sendero a meditar sobre el problema.

Sabía que un poco de aceite ayudaría a mantener la llama,  pero no era suficiente.  Pensó, por un momento, que quizá debía buscar mucha leña, tanta como para que nunca se consumiera, tanta, que durara eternamente…. pero rápidamente se dio cuenta de lo vano del esfuerzo…. mucha madera aumentaría la intensidad del fuego, pero no la duración de la llama….

Un monje, de túnica blanca que caminaba por el sendero, se detuvo frente a Jormás.  Tal vez de puro curioso,  o quizá por la sorpresa de ver a un  guerrero en tan reflexiva actitud, el caso es que el monje se sentó frente al sumerio,  y quedó inmóvil mirándolo como si pasara a ser parte del paisaje.  Horas después, cuando el sol ya caía, todavía seguía pensando…. Lo ocupaba tanto su problema que no se sorprendió demasiado cuando el monje le habló:

–    ¿ qué te pasa guerrero?   Pareces preocupado… ¿Puedo ayudarte?

–    No lo creo  -dijo el guerrero-  Esta cueva, mi señor, es el templo del dios Gotzú, a quien hace cinco lunas he consagrado como mi protector, el destinatario de mis oraciones, el objeto último de mi lucha.  Pronto deberé partir y quisiera honrarlo eternamente, pero no sé cómo conseguir que la llama que he encendido dure para siempre.

El monje negó con la cabeza, y como si hubiera adivinado el camino que había recorrido el pensamiento del guerrero, le dijo:

–    Para que la llama sea eterna, necesitarás algo más que madera y aceite.

–    ¿Qué cosa?  – se apuró a preguntar Jormás,  ¿qué más necesito?

–    Magia.  -Dijo el monje secamente.

–    Pero yo no soy mago, ni sé de magia.   -Contestó Jormás.

–    Sólo la magia puede conseguir que algo sea eterno.  -Repuso el monje.

–    Yo quiero que la llama sea eterna!  -Dijo el guerrero, y siguió.  Si consigo la magia, ¿me puedes asegurar que la llama para siempre será eterna?

–    ¿Asegurar?  Hace una semana ni siquiera sabías de la existencia de este templo a Gotzú, y hoy quieres para él un homenaje eterno.  ¿Esto es lo que deseas?… ¿Es qué acaso tú puedes asegurar que tu deseo será eterno?

Jormás guardó silencio…

El guerrero se dio cuenta que nadie podía afirmar la eternidad de un deseo.  El monje volvió a menear la cabeza y se puso de pie.  Se acercó a Jormás, apoyándole la mano abierta en el pecho, le dijo:

–    Te diré un secreto: ¡La magia sólo dura mientras persiste el deseo!

Jorge Bucay.

 

 

FeoTodos en el edificio de apartamentos donde yo vivía sabían quién era Feo. Feo era el gato callejero del barrio. Feo adoraba tres cosas en este mundo: las peleas, comer basura y digamos, el amor. La combinación de estas tres cosas sumadas a una vida en las calles, habían causado daños en Feo.

Para comenzar, el sólo tenía un ojo, y en el lugar donde debería estar el otro ojo, había un hondo agujero. Él también había perdido la oreja del mismo lado, y su pata izquierda parecía haber sido quebrada gravemente en el pasado. Su hueso se curó en un ángulo extraño, haciendo que él siempre pareciese estar dando vuelta la esquina.

Feo había perdido la cola hacía mucho tiempo, y quedaba apenas un pedazo de cola espesa, que él siempre giraba y torcía. Todos los que veían a Feo tenían la misma reacción: “¡Qué gato tan feo!”

Los niños estaban advertidos para no tocarlo. Los adultos le tiraban piedras, le tiraban agua con manguera para espantarlo, lo expulsaban cuando él intentaba entrar en sus casas, o le lastimaban sus patas con la puerta cuando él insistía en entrar. Feo siempre tenía la misma reacción. Cuando le tiraban agua con la manguera, él no salía del lugar, se quedaba allí ensopado hasta que la persona desistiese. Cuando le tiraban cosas, él encorvaba su cuerpecito flaquito como pidiendo perdón.

Siempre que veía niños, el surgía corriendo, maullando desesperadamente y refregando la cabeza en todas las manos, implorando amor. Cuando yo lo tomaba, él inmediatamente comenzaba a lamer mi camisa, orejas, o lo que encontrase.

Un día, Feo quiso compartir su amor con los perros del vecino. Ellos no eran amistosos y Feo fue herido gravemente. Desde mi apartamento, yo oí sus gritos y corrí para intentar ayudarlo. En el momento en que llegué donde él estaba caído, parecía que la triste vida de Feo se estaba evaporando.

Feo estaba caído en un pozo, sus patas traseras y su espalda estaban totalmente deformes, un profundo corte en la línea blanca de pelo atravesaba su pecho. Cuando yo lo agarré e intenté llevarlo para casa, él aspiraba y se asfixiaba, podía sentirlo luchando para respirar. “Creo que lo estoy lastimando mucho”, pensé. Entonces, sentí la sensación familiar de Feo chupando mi oreja en medio de tamaño dolor, sufriendo y obviamente muriendo.

Feo estaba intentando lamer mi oreja. Lo atraje cerca de mí y él refregó su cabeza en la palma de mi mano, me miró con su único ojo dorado y comenzó a ronronear. Incluso sintiendo tanto dolor, aquel gatito feo, lleno de las cicatrices de sus batallas, estaba pidiendo un poco de cariño, tal vez alguna conmiseración. En aquel instante, pensaba que Feo era el gato más lindo y adorable que yo había visto. En ningún momento, él intentó arañarme o morderme, ni intentó huir de mí, o se rebeló de alguna manera. Feo apenas me miraba, confiando completamente en que yo aliviaría su dolor.

Feo murió en mis brazos antes que yo entrase en mi apartamento. Yo me senté y me quedé abrazada a él por mucho tiempo, pensando sobre cómo este gato callejero, deformado y cubierto de cicatrices, había cambiado mi opinión sobre lo que significaba la genuina pureza de espíritu y sobre cómo amar incondicionalmente.

Feo me enseñó más sobre la compasión, que cualquier ser humano. Y yo siempre le estaré agradecida por esto, porque él me enseñó a amar de verdad y sin condición.

IracundiaImbécil fue la sola palabra.  Dura, contundente, expresada con un ceño fruncido y gestos ofensivos.  Al reclamo vinieron los hechos. Los dos hombres que en sus vehículos estuvieron a punto de chocar, se apearon y se fueron a los puños. Uno rodó por el suelo. El otro corrió, abrió la guantera de su automóvil, extrajo un revólver y disparó, justo en el momento en que su eventual contrincante intentaba pararse. Y esa palabra “Imbécil”, costó la vida de una persona.

 Días después al escuchar la sentencia de condena a veinticinco años de cárcel, José María sólo atinó a musitar:

-“No quería matarlo, de verdad, no quería hacerlo”.

 De nada valieron sus explicaciones sobre el rapto de ira que lo encegueció. Todos clamaban justicia, y las autoridades obraron conforme a los códigos penales.  Hoy José María purga su condena en un penal, y una y otra vez da vueltas al incidente. Recuerda que frenó al ver cómo se le atravesó otro carro.  Estaban en un cruce de vías.  Iba deprisa para acudir a una cita odontológica, por eso el incidente le molestó. Y lo primero que expresó fue indignación con un sonoro “Imbécil” que el otro conductor interpretó como un agravio y decidido retó para pelearse.

-“Todavía tengo grabada la expresión de angustia cuando me vio con el arma. Esos ojos que no puedo borrar de mi mente parecían gritarme que no disparara.  Pero lo hice. Simplemente no pensé.”

 Es evidente que las palabras ejercen una poderosa influencia en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean. Las palabras bien pueden fortalecer una amistad, estimular a la persona amada o destruir a amigos y conocidos.  Y lo grave, es que las heridas más difíciles de olvidar, son las heridas del alma, provocadas por palabras y gestos ofensivos.

 ¿Cuántos matrimonios no terminan en problemas justo porque uno de los cónyuges no guardó silencio?;  ¿cuántos negocios no se echan a perder porque uno de los interesados dice algo que ofende a su cliente?;  ¿cuántas amistades se echan a perder por una palabra dicha en el momento menos indicado y en las circunstancias menos apropiadas?

 Calcular las consecuencias: Cuando evaluamos nuestras actuaciones, lo más probable es que tendremos una sumatoria de problemas producto de no saber decir las cosas. Hablar es todo un arte. Es necesario examinar y medir las consecuencias de cada palabra. Si aprendemos a decir las cosas, de seguro nos evitaremos muchos malentendidos.

 En discusiones, lo más indicado es dialogar, no gritar: Cuando por alguna circunstancia surge una desavenencia, lo más prudente es bajar el tono al volumen de nuestras palabras. Si gritamos al igual que nuestro interlocutor, probablemente terminaremos en una acalorada discusión.  Experimenta este principio de vida:  Cuando alguien eleve la voz, tú conserva la calma, y podrá comprobar que el cruce de palabras no llegará a mayores.

 Es preferible callar para ganar: Una tendencia humana frente a las agresiones de los demás, es reaccionar en igual tono o con mayor irascibilidad. Y actuar así con mucha frecuencia agrava los problemas.  Quien tiene la serenidad para callar, es quien verdaderamente lleva las de ganar en una discusión. Cuando tú guardas silencio, la presión sanguínea y la actitud asumida tienden a la normalizarse, y en casos complejos, lo más indicado es recobrar o conservar la serenidad.

 Pensamiento Positivo. El tratar de revivir el pasado o predecir el futuro, puede impedir lo que va a suceder, o puede impedirme disfrutar el momento presente.  Por tanto, hago el compromiso de vivir en el ahora, con la seguridad y el conocimiento de que DIOS está a cargo y todo está bien.

 Si alguna vez siento que las complejidades de la vida me agobian; recordaré que sólo puedo vivir un día a la vez.  Sé que tengo la fe, la fortaleza y el valor de transformar cualquier reto en una oportunidad de crecimiento espiritual.  No permito que los recuerdos se interpongan en el camino del bien.   Dejo ir el pasado y abro las puertas a un nuevo bien.  Vivo en el ahora, dando gracias por el bien que cada día contiene, hago lo mejor y dejo el resto a DIOS.  ¡Cuánto mejor es la sabiduría que el oro, y el entendimiento que la plata!

 Fernando Alexis Jiménez