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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Tenía yo 48 años de edad, y sentí que debería vivir con una mujer ya de fijo en mi vida, fue que en Bacalar conocí a doña Alba, viudita de no muy mal ver que nunca pudo tener hijos, y con sus 32 años juntamos nuestras vidas. Una vez estábamos cosechando elotes, cuando mi mujer vio pasar un armadillo y lo correteamos hasta agarrarlo fuertemente de la parte trasera pero el animalito resistió y con sus enormes garras se hundía empujando tierra hacia fuera. Alba vio entre la tierra removida unas monedas de oro… no lo podía yo creer, anteriormente caminé varios kilómetros por debajo de Bacalar y nunca encontré algo de valor, y en mi terreno había oro. ¿Cómo es que esas 38 monedas acuñadas a finales del virreinato estuvieran ahí casi a flor de tierra? ¿Será que todavía en la época de la guerra de castas, circulaban en Bacalar esas monedas? jamás lo sabré.

Y como el dinero y la viruela no se pueden ocultar, perforé cinco monedas y le fabriqué un collar a mi adorable mujer. Después me fui a la cantina a celebrar echándome unos tragos de tequila y pagué con oro, total para eso se hizo el dinero para gastar. Muy tarde comprendí que el humano estúpido e ignorante es el vanidoso presumido que se llena de accesorios de oro como yo lo hice para que todo el mundo supiera que ya había un nuevo millonario… no faltó quién me quiso robar, y hasta me querían matar tal vez por envidia. La policía me detuvo y fui llevado a Campeche, mi mujer al darse cuenta de lo que ocurría huyó con las monedas para Río Verde, lugar donde vivía su madre y demás familia… allá la ocultaron. En Campeche me encadenaron, no me daban de comer y me golpearon hasta dejarme varias veces inconsciente, pero aguanté siempre negando la existencia del precioso metal. Para 1935 con la reincorporación del Territorio de Quintana Roo, fui puesto en libertad por falta de pruebas.

Al regresar a Bacalar no encontré a Alba, y me fui a buscarla a Río Verde, allá me recibieron con la terrible noticia de que mi mujer había sido mordida por una serpiente cascabel y había fallecido… del dinero nunca supe a dónde habrá quedado… no cabe duda que la vida todo te lo da, pero si te apendejas, todo te lo quita. Riéndome de mi propia desgracia me regresé a la capital del Territorio, Payo Obispo prometía el desarrollo y el progreso. Era el Presidente de México don Lázaro Cárdenas del Río, quien nombró como Gobernador al Gral. Rafael E. Melgar, hombre bien intencionado diría yo que el mejor gobernador que ha tenido el Territorio de Quintana Roo. Al mes y medio de haber ocupado la silla presidencial, el Gral. Cárdenas por Decreto ordenó la inmediata reincorporación del Territorio de Quintana Roo, y así fue publicado en el diario oficial del 16 de enero de 1935. Cuando el sur de Quintana Roo estuvo en poder del gobierno campechano sólo sirvió para que se llevaran las riquezas naturales sin siquiera habernos dado chamba, la población de Payo Obispo inactiva corrió el peligro de desaparecer.

Ahora éramos en Payo Obispo unas tres mil personas, y ya había trabajo para todos, claro que en algunas obras teníamos que colaborar como por ejemplo en la construcción del monumental aljibe captador de dos millones de litros de agua de lluvia, antes sólo contaba con agua los que tuvieran su curvato de Madera; con el aljibe público todos podíamos ir y con nuestras cubetas agarrar el líquido. Se crearon las cooperativas de albañiles, chicleros, mieleros, caoberos, etc.La capital cambió mucho: aplanado de las calles y bustos de los héroes, escuelas y hospitales, música viva en el parque principal, la costera, el hotel de Los Cocos, el Palacio de Gobierno en su primera etapa , todo eso era trabajo y en seis años hubo desarrollo en Quintana Roo. A partir del 23 de diciembre de 1936, Payo Obispo cambió su original nombre por el de ‘Cd. Chetumal’, y la frontera conocida como Santa Elena, cambio por el de ‘Subteniente López’.

Al Gobernador Melgar le llegó el informe militar sobre mis antecedentes diciendo que yo era persona de buen criterio y extremada rectitud, asunto que al General le agradó y me dio la primera chamba… ir al vecino Estado de Campeche y recoger el reloj público de Payo Obispo… esos cuates cuando se fueron arrasaron con todo, con máquinas de escribir, escritorios, archiveros; bueno hasta con las escobas cargaron, pero al nuevo Gobernador de Quintana Roo sólo le interesaba que devolvieran el reloj público que era propiedad del Gobierno Federal… Mi General Melgar se llenó de sonrisa al vernos llegar con el famoso reloj público. Fui nombrado Inspector General de Policía, mi primer encargo fue crear con elementos de la misma corporación la “Banda de Música del Gobierno del Territorio de Quintana Roo”… así fue que en Payo Obispo por dos pesos con cincuenta centavos diarios la hacíamos de músicos y policías.

Pero no todo era trabajo feliz. Uno de los asesinatos más sonados en Chetumal fue el ocurrido la noche del 15 de septiembre de 1939… habían matado al Dr. Jaime López Mijares, primer director del nosocomio más moderno de todo el sureste mexicano… el Hospital Morelos de Chetumal. El crimen fue por un arrebato pasional. Lo asesinó su novia una enfermera de nombre Judith Lagunas Arcaraz, quien en momentos de acalorada discusión, ella con un revolver le disparó un tiro que perforó el abdomen dejando al galeno sin vida. La tragedia ocurrió en uno de los departamentos construidos de madera donde el médico pagaba renta a conocido panadero (el Griego) cuyo inmueble se ubicaba en la esquina que componen las avenidas 22 de Marzo (hoy Carmen Ochoa) y la Héroes, en Chetumal. Judith Lagunas, envuelta en llanto declaró que no era su intención matarlo, sino más bien asustarlo: —”Saqué la 45 que mi padre me había regalado, el arma la sentí más ligerita que nunca antes, parecía una pesadilla, todo me temblaba de coraje… Él preparaba su ropa para abandonarme, por ahí supe que una vieja en Chetumal me lo andaba quitando. Yo le advertí, si tú das un paso a la calle ¡te juro que te mato!, dejé a mis padres por seguirte y no voy a regresar a Oaxaca toda fracasada… Cuando desperté a la realidad, ahí estaba mi Jaime, tirado en el suelo en gran charco de sangre”.

Por otra parte, es justo reconocer que el Presidente de México Lázaro Cárdenas no escatimó gastos para enviar al Hospital Civil Morelos los médicos más reconocidos de aquellos años: Arceny Lepiavka (de origen ruso), Raúl Esquivel Medina (del D.F.), Aguilera Olmos (médico militar) y otros que no recuerdo sus nombres. Entre ellos había un galeno francés de nombre Jean Berén, que ocupó la atención de los periódicos más importantes de Europa, y de América también. En 1939 fue noticia de primera plana que un preso se escapara de la “Isla del Diablo”, Jean Berén en su fuga tuvo la buena suerte de ser encontrado y auxiliado por un barco mercante que lo acercó a la Isla de Cozumel. Era el Territorio de Quintana Roo donde se encontraba el hombre más buscado por las autoridades judías antinazis que ya presentían que la segunda guerra mundial era inevitable. La justicia mexicana del Gral. Lázaro Cárdenas no encontró culpa alguna en el fugitivo que en todo caso era un problema de carácter político. Así es que como médico en agradecimiento al pueblo de México que lo protegió, se quedó en el Hospital Civil Morelos y dio consultas a muchos chetumaleños.

El periodismo profesional celoso de la información, envió desde la capital de nuestro país a la escritora Refugio Escobar, quien se encargó del reportaje en torno al fugitivo Dr. Berén. La reportera y el galeno terminaron enamorándose, fue así que Refugio como enfermera se quedó a vivir en el Territorio de Q. Roo al servicio del Hospital Morelos. Al término del gobierno del Gral. Cárdenas el nuevo Presidente de México, Gral. Manuel Avila Camacho (1940-1946) se permitió la extradición del Dr. Jean Berén y de una actriz de nombre Fatamorgana de origen alemana que también vivía en Chetumal. Refugio Escobar no teniendo ya nada qué hacer en la capital de Quintana Roo, se regresó a la Ciudad de México, años después se matrimonió con el escritor Tomás Perrín, mujer talentosa que la radio XEW la llevó con sus monólogos cómicos a la fama como “Cuca la telefonista”. La recuerdo perfectamente bien cuando vino a escribir un reportaje, y se quedó a vivir alegrías y tristezas del naciente Chetumal.

Durante el último año de gobierno quintanarroense del Gral. Rafael E. Melgar, habían tres candidatos (J. Mújica, Andrew Almazán y Ávila Camacho) a la Presidencia de la República, el Gobernador Melgar apoyó al Gral. Juan Andrew Almazán, pero el que ganó fue el Gral. Manuel Ávila Camacho, así es que las venganzas políticas contra Melgar no se dejaron esperar. A Melgar no le dio tiempo de inaugurar un mercado que llevaría el nombre de Benito Juárez ubicado en la esquina que componen las avenidas de Los Héroes e Ignacio Zaragoza en Chetumal, sólo le faltaban pequeños detalles de acabado como los mosaicos del piso y pulido del mármol, sin embargo el mercado estuvo sin abrir seis años, cerrado todo el sexenio del Gral. Ávila Camacho (1940-1946). No fue sino hasta la administración presidencial del Lic. Miguel Alemán cuando finalmente se inauguró pero ahora bajo el nombre de ‘Mercado Miguel Alemán’. El mercado en cuestión tuvo un costo por la cantidad de 36,000.00 pesos, según informe de gobierno que dio el mismo Gral. Rafael E. Melgar al interior del Teatro Juventino Rosas, a finales de su mandato.

El Gral. Gabriel R. Guevara Orihuela (1940-19444) fue el siguiente gobernador”. “Aquí vi cuando al faro-reloj lo cambiaron de lugar, de la glorieta (Avenidas Héroes y 22 de Marzo) a la rellenada Explanada de la Bandera; acercando así el faro más a la bahía de Chetumal. Siendo el 24 de febrero de 1943 cuando el viejo reloj público dio de nueva cuenta sus renovadas campanadas, en cuanto al faro estuvo ahí provisionalmente durante cinco años, y finalmente en 1948, se inauguró el faro que en Chetumal, hasta hoy, conocemos todos. Con el gobernador Guevara se hizo el parque frente al Palacio de Gobierno donde se colocaron dos hermosos monumentos… el de la madre y el del maestro, aunque yo diría que su mayor obra fue la construcción del Aeropuerto Internacional de Cd. Chetumal. De último llegó el Gobernador de hoy don Margarito Ramírez Miranda, mi amigo, que llegó al Territorio de Quintana Roo el primero de abril de 1944. Margarito, amigo de sus amigos pero un perfecto desgraciado con sus enemigos, es demasiado extremoso. Debe tener de edad como cuatro años más que yo, y yo tengo 69. Mi amigo Márgaro ya lleva once años de gobernador y dice que lo tendremos que aguantar otros once más, que va a enterrarlos de viejos a todos sus detractores y que de pura venganza se estará orinando en la tumba de quienes lo han difamado… Por si las dudas mejor yo ni escribo nada de él. Hasta aquí son mis últimos vivencias que redacto. Me he quedado sin luz y las velas se apagan con el viento que aporrea las ventanas, creo que esta noche pegará el ciclón que dicen se llama JANET y según en la radio de Belice aseguran que trae marea de diez metros sobre el nivel del mar. El tiempo se ha puesto terrible no deja de llover, no puedo salir, las calles están rotas porque en toda la ciudad están metiendo el drenaje; vuelan artefactos peligrosos. Son las once de la noche y ya no oigo a los carros que anunciaban los refugios en el Hospital Morelos, Hotel Los Cocos y la Escuela Belisario Domínguez, bueno ya ni en la radio se escucha decir que corramos para el cerro… Ni modos, lo que será, será.

Y pensar que mi amigo Márgaro vino por mí para llevarme al palacio de gobierno como refugio, y todavía me di el lujo de mandarlo al carajo… Aún en estos momentos de total soledad debo manifestar mi satisfacción por haber terminado parte de mis memorias… “Mi Último Deseo” era éste. Mientras Camelo Sóstenes Chin se resguardaba en su casa construida de madera, en Xcalak con cinco mil habitantes, cien ya se habían ahogado y otros doscientos más quedaban gravemente heridos… el mar caribe había pegado dos horas antes que en Chetumal. Esa noche del 27 de septiembre de 1955 la bahía se secó, quienes corrieron al interior del Teatro Ávila Camacho y al palacio de gobierno, asombrados lo vieron; pero lo más impactante de todo fue cuando el agua, de más de dos metros de altura, regresó tirando bardas y viviendas de madera, acabando con familias completas: abuelos, hijos, nietos. Hubo casos horrendos como el del soldado Higinio Banda, cabo de la Cía. Fija, que cruzando en el Parque de los Caimanes una lámina lo dejó sin cabeza; o el de la muchachita de nombre Amalia Polanco que en Xcalak una lámina la alcanzó por la mitad del cuerpo y la partió en dos. Casas que con todo y familias el agua las levantó y las llevó hasta 400 metros lejos de donde originalmente estaban.

Había seis mil chicleros registrados en las cooperativas cercanas a Chetumal, y muchos de ellos murieron aplastados por los gigantescos árboles, de esto nunca se dijo nada. A todo esto y haciendo un paréntesis, a Camelo Sóstenes no se le abandonó a su suerte, porque muy de mañana Margarito Ramírez había ido ese 27 de septiembre a ver a su amigo Camelo, y le ofreció refugio en palacio de gobierno, pero Sóstenes se negó diciendo: “De Dios estaría morir como murió ‘Flor’ mi primer mujer”, refiriéndose al funesto huracán ocurrido en Cozumel aquel 12 de agosto de 1903. “Déjame terminar mis memorias, ya mero acabo”, dijo Camelo a Margarito y le cerró la puerta… sin imaginar que sería la última vez que se verían los dos amigos. Al día siguiente el Hospital Civil Morelos cuyo director era el Dr. Guillermo Macías, se vio insuficiente para curar a tantos heridos. En Chetumal estaban quedando sólo hombres, porque las criaturas y mujeres eran llevadas en avión hacia Mérida, Yucatán que fue de los primeros en auxiliar en esta desgracia. El reloj público que estaba en la Explanada de la Bandera desapareció, el ciclón Janet se lo llevó dejando tremendo agujero en lo alto del obelisco. Una vez terminada la tormenta vino la total calma, finalmente don Margarito acabó de leer las memorias de su amigo Camelo Sóstenes Chin, quien por cosas del destino falleció ahogado en un ciclón tal y como había muerto “Flor” la mujer que siempre amó.

Don Margarito Ramírez Miranda que fue 14 años Gobernador (1944-1958) del Territorio Federal de Quintana Roo, lo hicieron renunciar las manifestaciones en su contra hechas por campesinos que ya lo veían como un odioso dictador, pero momentos antes de retirarse para siempre de Chetumal, don Márgaro escuchó el disco que tanto guardó su cuate Camelo: “Flor se llamaba, flor era ella… flor de los bosque en una palma, flor de los cielos en una estrella… flor de mi vida, flor de mi alma. Murió de pronto mi flor querida erré el sendero, perdí la calma… y para siempre quedó mi vida sin una estrella… sin una palma”.

F I N de la novela.

Si no leyó desde el principio aquí los enlaces:

Enlace a la primera parte

Enlace a la Segunda Parte

Enlace a la Tercera Parte

 

 

 

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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Después del General Octaviano Solís, llegó como Gobernador el Teniente Coronel Librado Avitia (1921—1923). La verdad es que hubo varios gobernadores que sólo duraron un par de semanas los cuales ya ni recuerdo sus nombres, pero sí seguiré mencionando los que hayan durado poco más de un año. “Otro gobernadores pero interino, que viene a mi memoria fue el Mayor Camilo E. Félix”. Corría el mes de diciembre de 1923, a un año de distancia próxima en que el Gral. Obregón terminaría el cargo de Presidente de México, el Gral. Adolfo de la Huerta quiso ser el sucesor pero como no lo logró se levantó en armas convocando a la rebelión de los generales en contra del Jefe del Poder Ejecutivo.

Acá en la Capital de Quintana Roo, unos cuantos ciudadanos, la Comandancia Naval y demás militares veían con agrado el movimiento armado que el General Adolfo de la Huerta desde el Puerto de Veracruz protagonizaba en contra del C. Presidente de la República Mexicana Gral. Álvaro Obregón.

En Payo Obispo (Chetumal) que apenas tenía 25 años de haberse fundado, el comunicarnos con el centro del país era casi imposible ocasionando que de muy poco nos enteráramos de lo que en esos momentos ocurría en toda la nación. El “run-run” de que también podría haber revuelta armada en Quintana Roo, cada día sonaba más. Lejos estábamos los payoobispenses, hoy chetumaleños, en creer que algo parecido pudiera pasar en nuestro Territorio de Quintana Roo… sin embargo pasó. ! Le dieron cuartelazo al gobernador interino !.

El Mayor de Caballería don Camilo E. Félix (1923), Comandante Militar del Territorio quintanarroense, fue aprehendido por el insurrecto Mayor de Infantería Atanasio Rojas. El mismito Palacio de Gobierno sirvió para tener secuestrado al gobernador Félix, y a sus más cercanos colaboradores. En la madrugada del 13 de diciembre de 1923, los prisioneros fueron embarcados en el cañonero “El Explorador”, custodiados y deportados al Puerto de Belice, Honduras Británicas… al Gobernador Félix le acompañaba su señora esposa doña María Aranda.

Desafortunadamente en el Estado vecino de Yucatán no corrieron con la misma buena suerte… Tres semanas más tarde a principio de enero de 1924, los sublevados fusilaron al Gobernador de Yucatán don Felipe Carrillo Puerto, sus tres hermanos, colaboradores y algunos militares más. Don Felipe Carrillo Puerto, leal al Gobierno Constitucional del Presidente Obregón, fue encarcelado y sometido a juicio sumario. Siendo civil se le formó consejo de guerra e inmediatamente en menos de 24 horas acribillado ante un paredón del cementerio general de Mérida… había que acabar urgentemente con los partidarios del Presidente de México. Al igual que en Yucatán, en Quintana Roo tampoco teníamos gobernador, y los militares golpistas seguían matando a militares, federales y civiles que reconocieran a Álvaro Obregón.

Encontrándome de servicio en la frontera de Santa Elena, fuimos agredidos y advertidos para que entregáramos las armas a los sublevados; uno de mis subalternos el Cabo Justo Martínez, desenfundó la pistola y mató a quemarropa a un Coronel que comandaba a los golpistas, un tal Juan Galindo; en medio de la balacera estando yo herido del pié izquierdo pude escapar gracias a que cerca de ahí había un burdelito que regenteaba una mujer que fue mi querida, ella me salvó llevándome a esconder a Santa Elena del lado beliceño. Fuera de mi país, sin dinero y sin poder caminar, pasé mi cumpleaños número 38… y una navidad “chupando” con mi querendona amiga que para amenizar mi festejo dando cuerda hizo sonar moderno fonógrafo con unas canciones en inglés que estaban de moda; al escuchar la música me entró, como buen yucateco, mucho sentimiento y no pude soportar soltando amargo llanto, no sé cómo fue que recordé a mi amada y ya fallecida Flor, el asunto es que mi amiga me preguntó: “¡bueno y qué sanababich (son of a bich) te pasa!”, experta mi amiga comprendió que en ese momento lo único que se me podría haber parado era el corazón.

Pero, y a pesar de todo conté con la buena suerte que no tuvieron mis demás compañeros, el 17 de abril de 1924 fueron fusilados en el panteón que existía enfrente del hoy hotel de “Los Cocos” (Av. de Los Héroes, en Chetumal)… en estos momentos no puedo recordar el nombre de todos los que fueron pasados por las armas, sólo me acuerdo del Subteniente Rosalino López, de un Cabo llamado Justo Martínez, de un soldado de nombre Urbano, y de un contratista chiclero cuya persona era don Juanito Erales. Este señor Erales, fue relacionado con un movimiento que estaban preparando en contra del usurpador Atanasio Rojas, pero los descubrieron y en caliente que los fusilan; otros lograron escapar como el Tesorero del Territorio don Andrés Sangri y el Jefe de la Aduana Marítima Sr. Pedro Pérez Andrade.

Estando yo todavía mal herido y protegido en Santa Elena, mis amigos Ramón González Téllez, Audomaro Castillo Herrera, Aurelio Aranda y Enrique Ruiz, me tenían al tanto de lo que sucedía en aquel violento Payo Obispo (Chetumal). Así fue como me enteré que un nutrido grupo de soldados rebeldes escapaban hacia Centroamérica, que ya los esperaba una embarcación en el muelle de Payo Obispo, y entre esos militares se encontraba un tal Ricárdez Broca, que fue quien dio el cuartelazo en Yucatán, se autonombró gobernador, y ordenó el fusilamiento de don Felipe Carrillo Puerto.

Atanasio Rojas que todavía tenía control sobre el Territorio de Quintana Roo, entre aplausos y vivas ayudó a que escapara el coronel Juan Ricárdez Broca. A las pocas semanas hubo más muertos cuando a Payo Obispo entraron las fuerzas obregonistas que recuperaron la plaza el 5 de mayo de 1924… única vez que no se pudo celebrar un año más de la fundación de Payo Obispo. Desde las seis de la mañana entre nutrido tiroteo, Atanasio Rojas y sus secuaces cruzaron nadando el Río Hondo, y se internaron en selvas de Honduras Británicas (Belice).

Impuesto el orden constitucional, el Presidente Gral, Alvaro Obregón nombró al nuevo Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Gral. Amado Aguirre Benavides (1924-1925)… después de tantos brincos y sombrerazos finalmente el sucesor de Obregón fue el General Plutarco Elías Calles. Yo con mi pata amolada y un sueldo de miseria que siempre tuve viviendo entre drogadictos y asesinos que venían a esconderse a Quintana Roo, y que muchas veces terminaban como mis compañeros en el ejército, ya no quise saber más de las armas, y menos ahora que se veía venir el enfrentamiento entre el Gobierno del Gral. Plutarco Elías Calles y el Clero Católico Mexicano. Perdí el miedo, ya no distinguía el bien del mal, yo ya no quería matar; que me perdone Dios no sé ni cuántos hijos habré dejado por ahí… Algo inexplicable me estaba pasando, asombrado comprendí la grandeza del creador y la pequeñez del hombre… la vida tan frágil y tan corta.

Con el nuevo presidente Calles, pasaron por Quintana Roo tres gobernadores: el Coronel Enrique Barocio, el periodista Antonio Ancona Albertos y el General Dr. José Siurob Ramírez. Lo que tenía que suceder sucedió, el Gobernador Dr. Siurob ordenó en el año de 1928, cerrar definitivamente la Iglesia “San José de Payo Obispo”, único templo católico existente en la capital de Q. Roo, y su inmueble de madera fue anexada (por utilidad pública) a la vecina escuela primaria Belisario Domínguez también de madera ubicada en la Av. Othón P. Blanco frente al campo deportivo ‘Nigromante’ hoy más conocido como Parque de los Caimanes… Así clausurada la iglesia, ésta fue utilizada con el nombre de ‘Teatro Minerva’

Para reconocerse “secretamente” los católicos entre sí, le mochaban un pedazo de orilla al sombrero, de ahí que a los fanáticos católicos les llamáramos los Mochos”.

El último sacerdote de dicha Iglesia, fue el padre de origen español Francisco Palau. Palau casó en todos los matrimonios, ofició misas en todos los entierros… Palau fue el alma religiosa que todos en Payo Obispo respetaban. Resulta que un buen día el padre Palau fue obligadamente llevado al “Pontón Chetumal” que todavía se encontraba anclado en la bahía, ahí lo encerraron no sin antes haberle llevado bebidas alcohólicas y prostitutas, obligándolo a fornicar. El encargado del operativo fue el Capitán Primero Julián Izquierdo, que en una de las borracheras me lo platicó: “¿Creerás Camelo, que con tan buenas hembras el mocho de Pancho Palau no se animó?”.

Ya no quería yo saber nada de mi pasado, a mis 45 años en pleno apogeo de mi vida decidí cerrar mi casa de Payo Obispo y me fui como repoblador a Bacalar, allá me puse a trabajar el campo. Una botella de vino, una buena vieja chaparra, flaca, gorda o grandotota lo que caiga es bueno y “si tiene gújero es SALVAVIDAS” (decía anuncio de la época) todo eso y una hermosa laguna de siete colores… qué más podía pedir un vulgar humano como yo. Y la verdad es que en esos principios de los años treintas de este siglo XX los repobladores iban a Bacalar con la intención de hallar tesoros escondidos, asunto que en lo personal desde muy niño soñé con encontrar un baúl repleto de monedas de oro, así es que “¡fuímonos p’a Bacalar linda tierra tropical!”.

En fin, Bacalar Q. Roo que se encuentra a 35 kilómetros de la capital Payo Obispo, fue ocupada por los Itzaes en el año 435 D.C., y la llamaron Siyancaan Bakhalal, por eso cuando estamos sembrando encontramos un montón de objetos de barro y otros de obsidiana, figuras que pertenecieron a los mayas que de aquí salieron para fundar la gran Chichen-Itza. Después llegaron los españoles que en 1544 por orden del Emperador Carlos V, se fundó la Villa Salamanca de Bacalar; Inglaterra siempre quiso apoderarse de estas tierras, por eso la Nueva España construyó el fuerte de Bacalar. Desde 1544 Bacalar venía siendo, a pesar de los piratas ingleses, lugar de comercio próspero y exitoso, pero después de la independencia de México, durante la “guerra de castas”, Bacalar en 1858 quedó completamente arruinado..

En este lugar no habían instituciones bancarias a dónde guardar el dinero, todavía no aparecía el papel moneda (billetes)… se utilizaba efectivo en oro o plata, metales muy pesadas para transportar; así es que con las prisas de salir corriendo y salvar la vida ante los horrendos crímenes que hacían los campesinos mayas, los ricos comerciantes y hacendados escondieron sus joyas y dinero enterrándolos en lugares insospechables, y toda la población que eran cerca de seis mil personas huyeron para Centroamérica.

Casi 60 años después cuando volvió la calma, los que habían escondido sus riquezas ya habían fallecido y nunca pudieron regresar a Bacalar. A principios de los años treinta de este siglo veinte, pocos éramos los repobladores, creo que no llegábamos ni a cien, lo que sobraba eran un montón de casas todas de piedra con los techos ya vencidos, paredes por caer, sin puertas ni ventanas; yo mismo agarré una afuera del poblado que parecía haber sido una hacienda. Nunca vi inmueble alguno sin paredes ensangrentadas… estaba claro que los indígenas mayas masacraron a los mestizos de habla hispana… guerra entre yucatecos donde el gobierno federal de don Porfirio Díaz tuvo que intervenir enérgicamente o el sureste se desintegraba.

Ya en Bacalar empecé haciendo agujeros en mi propia casa, la dejé toda picoteada y no encontré nada, seguí con los vecinos… y no encontré nada… me compré un equipo ingles detector de tesoros… y nada. Pero ocurrió que en una de las casonas que está cerca de la Iglesia de San Joaquín, le había salido un árbol al interior de lo que creo fue la cocina, que ligeramente dejaba al descubierto angostos escalones que conducía hacia un sótano, de primero creí que se trataba de un sótano, pero luego vi que era un túnel.

Prendí mis lámparas y viaje por el túnel, calculo que fui a dar afuerita de la destruida Iglesia de San Joaquín… noté que una escalera de madera ya podrida apuntaba hacía arriba impidiendo una pesada losa la salida. No estaba errado, el mismo tipo de losa que vi al interior del túnel, era el mismo que ya estando por fuera vi en el área verde de la iglesia, que por cierto habían varias lápidas de clérigos sepultados ahí. Al siguiente día muy de madrugada empecé a recorrer el túnel y llegué al fuerte de Bacalar, entré a un amplio sótano húmedo que me pareció haber sido bodega; el asunto es que no pude salir subiendo los escalones porque alguna vez hubo un derrumbe que taponeó el paso. Me regresé y seguí otra ruta que pasando frente a la Iglesia de San Joaquín llegué hasta las ruinas españolas de un altísimo mirador donde se veía bien toda la laguna, muy especialmente a lo lejos un lugar que le llamaban el ‘Canal de los Piratas’. Me quité de ahí porque ya era muy noche, lo importante es que había encontrado otra entrada o salida del túnel.

Hasta ese momento mis conclusiones fueron: esos edificios de la época colonial se comunicaban entre sí por túneles o sacscaberas, que el sacscab o tierra blanca muy probablemente fue utilizada como polvo de piedra para hacer las construcciones; que el sistema de oxigenación era a través de pozos que iban a un lado del túnel con discretas perforaciones que hacían circular el aire; esos túneles debieron haber sido perfectos escondites contra las invasiones de los piratas inglese. Cabe aclarar que a finales de 1931 había por Decreto Presidencial de Pascual Ortiz Rubio, dejado de existir el Territorio de Quintana Roo, quedando el norte para Yucatán y el sur para Campeche.

Desde bien temprano, al día siguiente llevé mi comida ya que no pensaba salir sino hasta que recorriera todas las rutas del túnel. Con la emoción de mi búsqueda de tesoros, ni cuenta me di que ese día era la navidad de 1933, y yo sin saberlo metido en el agujero, y lo peor es que una amiguita de nombre Alba me había invitado a pasar la navidad en su casa. Alba en una ocasión me dijo que tuviera mucho cuidado en esos túneles, porque ella sabía que habían pumas ahí; yo nunca vi esos gatos, lo que sí me encontraba cada veinte metros era con tarántulas, alacranes y un que otro coralillo, hasta parecían trencitos arrastrándose en la obscuridad.

Además ese 24 de diciembre los poquitos policías que habían estaban muy entretenidos peleándose con las viejas “mochas” que se negaban a que el Santo Patrono de Bacalar fuera llevado a la capital de Campeche, dizque porque allá los campechanos le arreglarían su bracito del santito que estaba quebrado. Pobres polis, los apedrearon que ya mero y los matan… y a mí se me figura que por miedo los campechanos dijeron que el santito pesaba un chingo, y que por eso no lo podían cargar… el viejerío empezó a llorar y gritaban que San Joaquín no se quería ir de Bacalar. Años después ya en Payo Obispo con uno de esos policías me hice compadre, y éste nunca negó que estuvo pegado al piso San Joaquín… constantemente yo le cuestionaba: ¿no será que el temor les hizo creer que no podían moverlo?. Una vez ya pedísimos le quise sacar la sopa, y encabronado me mentotió la madre en maya: —“Mira pela-ná de mier… , ya no me dijo compadrito, ¿tú piensas que esas mugrosas viejas nos iban a meter miedo?, te digo que ocho policías no lo pudimos ni siquiera arrastrar, si quieres creerlo qué bueno, sino ya sabes por favor deja de estar fregando”… Por culpa de San Joaquín ya mero y pierdo a mi compadre Silverio. Pero volviendo a lo del túnel, mientras allá afuera estaba tremenda trifulca religiosa, yo seguía como ratón dentro del túnel… se empezó a hacer de noche y la poquita gente celebraba su navidad. Sonaban algunos cohetes y palomitas, algunos borrachos hacían sonar sus escopetas y otros sus pistolas- Yo no quería salir, estaba picadazo recorriendo el obscuro lugar. Una de las casas cuyos escalones se encontraban limpiecitos me llamó la atención, subí y me asomé, me di cuenta que arriba de mi cabeza había una cama que sonaba “chaca chaca’”; con la cama ahí atravesada dificultaba el paso… entre risas, besos y celebrando con un pollo asado, los amantes pasaban felices la navidad. En eso que llega el marido, rápidamente la mujer sin saber qué hacer aventó el pollo por debajo de la cama, yo me eche a correr cuando quitaban la cama; enseguida el amante escapó huyendo por el túnel y se metió a una casa vecina… el amante era el vecino. ¡Yo lo vi todo!, con tremendo pistolón el marido corrió parte del incómodo túnel pero con tan mala suerte no logró limpiar su honra… qué bueno que no me vio sino me mata, y yo que a la mujer ni la uñas le vi. Francamente desaparecí del lugar, los gritos de la mujer pidiendo auxilio me hicieron correr más rápido. Al otro día la curiosidad me llevó al inmueble donde ocurrieron los hechos, fue fácil dar con el lugar; entre la gente arremolinada sacaban el cadáver baleado y acuchillado de la pobre mujer. Las autoridades policiacas dijeron que por robarle a la dama sus joyas la asesinaron, y es que como la señora tenía fama de haber encontrado un tesoro en esa misma casona donde vivía; acusaron del crimen a un jovencito chiclero de apellido Santos con el que también la fémina tuvo amoríos… Pero éste último no fue el que la mató, ¡yo lo supe todo! y sin poder hablar…. Fin de la Tercera Parte.

Continuará mañana la cuarta y última parte.

Si desea leer los capitulos anteriores de estra novela aquí los enlaces a ellos:

Primera Parte

Segunda Parte

Última Parte y final

 

 

 

El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

En aquellos años (1903) el sueldo del Gobernador o Jefe Político del Territorio quintanarroense, era de diez pesos diarios. Y así como misteriosamente fue desintegrándose el Puerto de Xcalak, quería el General Bravo también desaparecer el “Campamento General Vega”; borrar todo lo que su antecesor hizo en beneficio del Territorio de Quintana Roo… y empezó por inventar impuestos en el Ayuntamiento Campamento Vega (Bahía de la Ascensión), hasta dejar arruinados a los pocos comerciantes que ahí habitaban. Se había decretado el Territorio de Quintana Roo zona libre o sea, zona de exención de pagos a los impuestos, pero el Gobernador seguía cobrándolos muy especialmente a los del Campamento Vega. La importancia del Campamento se debía a que cerca se encontraba el Puerto de Vigía Chico, lugar con mucho movimiento de barcos pequeños mercantes, y hasta un ferrocarril que recorría diariamente a Sta. Cruz de Bravo. Hasta aquí la versión de los comerciantes Peraza Hnos., Martín Hnos., Isidoro Garabana, José Carballo, Juan Ponce, Pedro Silvaran, J. M. Liggburn, Parham y Alamilla, que se quejaron ante el Presidente de la República, don Porfirio Díaz.

Está claro que los beneficiados en la anterior administración del ex Jefe Político De la Vega, echaban la culpa de todos sus males al Gral. Bravo. Muchas cosas terribles se han dicho en torno al General Ignacio A. Bravo, pero durante el tiempo, en que se cobraron impuestos por la venta de alcohol al menudeo, nunca faltó el dinero en las Tesorerías Municipales; los sueldos a los serenos fueron puntualmente pagados, se compraron y repararon faroles, etc., y había un fondo para las necesidades emergentes… pero  era ilegal cobrar impuestos porque todo el Territorio de Quintana Roo era una  Zona Libre de impuestos, y ni los borrachos debíamos pagar impuestos.

Finalmente el Campamento Vega desapareció y oficialmente la capital de Quintana Roo fue declarada Santa Cruz de Bravo el 5 de mayo de 1904. Lo anterior quedó escrito en un documento que informa: “Tengo el honor de comunicar a Ud. Lic. Corral, Srio. de Gobernación, que conforme a la Ley de Organización Política y Municipal del Territorio Fed. de Q. Roo, con esta fecha ha quedado instalada en esta localidad la Jefatura Política”… Libertad y Constitución… Firma del Gral. Bravo… MAYO 5 DE 1904… Mi superior Bravo ordenó a los soldados que pegáramos en todas las paredes copias de dicho documento.

El General era un militar muy estricto, recuerdo una vez cuando su hijo el Teniente Tomás A. Bravo, fue invitado a una fiesta particular, el joven habrá tenido mi edad como de veinte años, y se le hizo fácil ordenar que la Banda Militar de la 10/a Zona, amenizara la pachanga. El General Bravo que se encontraba en el cuartel, preguntó lleno de cólera a su Estado Mayor un tal Zapata:¿Quién ordenó que la Banda Militar tocara música para bailar?

El Teniente Bravo, mi General. Indignado y con voz ronca gritó el Gral. Bravo: ¡Tráigamelo inmediatamente, vivo o muerto! El Teniente ya frente al autor de sus días y cuadrándose militarmente exclamó: ¡A sus órdenes mi General! El Gral. Bravo temblando de coraje le interrumpió: ¿Quién le dio permiso para sacar la banda? ¡Nadie mi general!, respondió el Teniente. Desenvainando rápidamente el sable que siempre portaba, el anciano General Bravo se fue en contra de su hijo, y le dio furiosos planazos donde le cayeran. El muchacho le suplicaba entonces: “¡Papacito!”. Pero ya el General enloquecido sin dejar de golpearlo le respondía:¡Yo no soy su padre hijo de la chingada… soy su General!

Fue necesario que los oficiales retiraran al muchacho para que el señor general Bravo no consumara el asesinato de su propio hijo… mi General nunca permitió la deshonra del H. Ejército Mexicano. Viene a mi memoria un acontecimiento político que fue cuando hubo comicios para elegir presidente de los mexicanos, y también al primer Diputado Federal por el Territorio de Quintana Roo. En un pedazo de papel en blanco (cuarta parte tamaño carta) el elector escribía: “Doy mi voto para Presidente de la República al C. General de División don Porfirio Díaz… y para Vicepresidente al C. Lic. Don Ramón Corral”. Al calce de la improvisada boleta firmaba el elector. El mismo mecanismo era para elegir al Diputado Federal: “Doy mi voto para Dip. Federal al General don Mariano Ruiz y para suplente al Lic. don Vicente Villada”… y firma del elector… Santa Cruz de Bravo, Capital del Territorio de Q. Roo, año de 1904.

Tres días del mes de julio se utilizaron para llevar a cabo dichas elecciones federales: el día diez para diputados, el once para Presidente y el doce para Magistrados de la Suprema Corte de Justicia. La única casilla existente en todo Quintana Roo, la abrieron a las nueve de la mañana cerrándola veinte minutos después, hecho que ocurrió repetidamente dentro de cada uno de los tres días consecutivos… más tardaban llenando las actas, que contando los siete votos que caían dentro de la ánfora. La ley electoral Art. 26 permitía que en el caso de Quintana Roo, tan sólo siete personas votaran en nombre de todos los ciudadanos del Territorio; por ejemplo José Aguilar, votó por todos los de ISLA MUJERES; Ausencio F. Robles, votó por los de

Puerto Morelos; José A. Novelo, por los de Cozumel; Felipe Santibáñez, por Vigía Chico; José Villalobos, porSanta Cruz de Bravo; Justo Castillo y Antonio R. Flores, por los de Xcalak. Los siete representantes que ya mencioné, y que podían votar por todos los quintanarroenses eran militares, además de que también fungieron como Presidente y Escrutadores en la casilla electoral… convertidos en juez y parte al mismo tiempo. En las actas de instalación no apareció nombre alguno de candidatos opositores al régimen dictatorial, se puede decir que los quintanarroenses ni se enteraron que habían votado por don Porfirio Díaz.

Yo como soldado de tropa, puedo presumir que conocí a todos los Generales Jefes Políticos de Q. Roo, y el momento que más descontrol hubo en la política administrativa local fue cuando entró como Presidente de México don Francisco I. Madero. El Lic. José María Pino Suárez, que era Gobernador del Estado de Yucatán, participó en las elecciones como Vicepresidente a lado de Madero, y dejó de Gobernador a su “cuñadito” el Sr. Nicolás Cámara Vales.

De nueva cuenta como en los tiempos de la dictadura, Quintana Roo se llenó de presos políticos y campesinos inocentes traídos encadenados desde “Ixtlán de Juárez”, Oaxaca, acusados de levantarse en armas contra Francisco I. Madero. Para entonces el Jefe Político de Q. Roo, fue el General Manuel Sánchez Rivera que en realidad duró muy poco porque Pino Suárez colocó a su otro cuñadito el Sr. Alfredo Cámara Vales, como Gobernador de Q. Roo… y así desfilaron un montón de “busca chambas” que se decían ser los Jefes Políticos.

Francisco I. Madero protegido por el clero, era también afecto al espiritismo y aseguraba comunicarse con los muertos. Algo que molestó mucho a los militares de alto rango, fue cuando Madero mandó quitar el águila de una bandera mexicana para en ese mismo lugar colocar su cara de Presidente Madero. No cabe duda que don Pancho Madero ya se sentía superior a los símbolos patrios.

En 1913 cuando asesinan a Francisco I. Madero la situación se puso todavía peor. Había al mismo tiempo dos Jefes Políticos de Q. Roo, uno enviado por Venustiano Carranza y el otro por Victoriano Huerta, estos dos últimos ya se sentían Presidentes de México; que no habiendo Presidente legítimo quedaba claro que la Revolución Mexicana aún seguía su marcha.

Carranza que no había tomado protesta ante el H. Congreso de la Unión como Presidente de México, no tenía autoridad legal para firmar decretos, sin embargo Carranza se aventó la puntada de ‘Por Dcreto del 10 de junio de 1913’, desaparecer el Territorio de Quintana Roo y anexárselo al Estado de Yucatán… desde luego que todo fue una vacilada porque, nos guste o no, el Presidente era el General Victoriano Huerta, único facultado para decretar la desaparición de una entidad federativa… asunto muy delicado que nunca pasó por el H. Congreso de la Unión.

Para 1915 ya no estaban los Porfiristas ni los delahuertistas, ahora nacían los nuevos burgueses con uniformes de Generales y su caudillo Venustiano Carranza al frente. De los Jefes Políticos que recuerdo con gran estima, se encuentra el General Arturo Garcilaso y De la Vega, hombre de la revolución mexicana, Gobernador del Territorio de Quintana Roo, allá por 1915; perjudicó grandemente los intereses de latifundistas, e inmediatamente lo fusilaron.

En esta parte de la Península existían varios latifundios, pero uno de éstos era muy especial cuyo poderoso poseedor, el ‘Banco de Londres y México’,  tenía poco más de setecientas mil hectáreas ubicadas a 65 kilómetros de Puerto Morelos Q. Roo, lugar hoy conocido como ‘Leona Vicario’, que originalmente en manos del banco llevó el nombre de “Hacienda Santa María”.

Mi General Garcilaso que más simpatizaba con Emiliano Zapata que con el mismo Carranza, quiso por cuenta propia acabar en el Territorio de Quintana Roo con los latifundistas, y comenzó con la Hacienda Santa María. Venustiano Carranza que desde un principio al igual que Pancho Madero, no cumplió con los ideales de la Revolución Mexicana al no devolver las tierras a los campesinos, dio origen al enfrentamiento armado entre Villistas-Zapatistas contra Obregonistas-Carrancistas.

Al mismo tiempo en el Territorio de Quintana Roo empezaron las quejas de los adinerados hacendados en contra del Gobernador Garcilaso, del cual yo era su escolta. Fueron varias entrevistas con el Sr. Carranza, y escritos enviados a la Sría. de Gobernación pidiendo la destitución del Gral. Garcilaso que ya se había convertido para los terratenientes en una verdadera amenaza. El Banco de Londres y México, alegaba que esos “sus terrenos” los tenían para la explotación del chicle en gran escala, y que ninguno de los distintos gobiernos de la República había pretendido desconocer el derecho para explotar los terrenos en la forma que al banco le viniera en gana hasta que fue nombrado comandante militar de Quintana Roo el Sr. Gral. Don Arturo Garcilaso, quien prohibió terminantemente que se continuaran los trabajos que se venían haciendo… Que el ejército les recogió todo el dinero que había en caja, al igual se habían llevado toda la mercancía existente en bodega, y si algún directivo se oponía se lo llevaban a prisión en Santa Cruz de Bravo.

Que cada rato les cortaban el telégrafo y el teléfono dejando incomunicada la Hacienda Santa María, Puerto Morelos y Payo Obispo (Chetumal). Que el Gral. Garcilaso llegó al grado de llevarse a Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) el chicle que se encontraba almacenado en Puerto Morelos ya listo para exportarlo y que ascendía a ciento cincuenta toneladas; lo mismo hizo con otras ciento cincuenta toneladas de chicle aproximadamente que se encontraban en Payo Obispo. Al Parecer para el Gral. Garcilaso no había otra forma de acabar con el latifundismo que tanto pregonó la Revolución Mexicana. Mi General Garcilaso tocó intereses muy fuertes pisando callos que ni Carranza Constitucionalista se hubiera atrevido a hacer… tal vez no era el momento.

Altos mandos lo mandaron a llamar que fuera inmediatamente a Mérida Yucatán. Encontrándose en Santa Cruz de Bravo Capital de Quintana Roo, se trasladó a la ciudad de Mérida, ahí lo apresaron encerrándolo en un calabozo de la Penitenciaría Juárez; incomunicado, se le acusó de deslealtad al Jefe Carranza. Golpeado y cortado todo su cuerpo con navajas de afeitar no lograron que se declarara culpable. Al amanecer del 10 de julio de 1915 con la yugular y las venas de las manos sangrando, apoyándose en los hombros de dos soldados, ya falleciendo lo amarraron a una silla de madera para que recibiera la descarga que fue de treinta fusiles.

Aquí en Quintana Roo, se nos hizo creer que al General lo habían asesinado por líos de faldas, pero quienes llegamos a tomar la copa con Garcilaso sabíamos que Carranza estaba muy molesto porque se habían tocado los intereses del Banco de Londres y México… mi General Garcilaso se había echado encima un alacranzote llamado latifundio; el asunto es que la ‘Hacienda Santa María’ siguió trabajando en santa paz.

No fue sino hasta el régimen cardenista, con su Gobernador en Quintana Roo General Rafael E. Melgar, que el latifundio en manos del Banco de Londres y México, por fin dejó de ser, y conforme al Código Agrario, el 26 de junio de 1936 se entregaron las tierras y bosques a los vecinos: Leona Vicario 64 mil has., Tulum 10 mil has., Puerto Morelos 21 mil has., Solferino 18 mil has., Playa del Carmen 22 mil has., y Kantunilkín 5 mil has.”.

“El cobarde asesinato del ex Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Arturo Garcilaso y de la Vega, no pudo ser en vano… la ‘Hacienda Santa María’ tierras que desde Porfirio Díaz despojó a la Nación por muchos millones de pesos, al fin quedó en manos de los quintanarroenses. Ante tanto desorden a finales de 1915, una comisión enviada por el General Salvador Alvarado (Gobernador de Yucatán), se hizo entrega de Santa Cruz de Bravo, entonces Capital del Territorio de Q. Roo, a los indígenas mayas.

En cuanto el cacique de aquel lugar de nombre Francisco May, tomó posesión ordenó dinamitar las obras federales como los aljibes públicos, oficinas, escuela y hospital. Mandó cortar todos los cables de telégrafos y teléfonos, descarriló el tren que corría de Santa Cruz de Bravo a Vigía Chico. Violando el pacto federal May pretendió anexar la zona maya a los ingleses de Honduras Británicas (Belice); incluso sólo reconocía como única autoridad a la Reina Victoria de Inglaterra a la cual le rezaba y prendía veladoras a la fotografía de la Reina que era blanca, rubia con cara de virgencita… Locuras de May que ponía en aprietos la soberanía de nuestra nación.

Lo anterior motivó que a principios de 1916 se hiciera el movimiento rápido de tropas al mando del General Carlos A. Vidal, que desconoció la autoridad de Francisco May, cambiando inmediatamente la capital del Territorio Federal de Quintana Roo hacia Payo Obispo (Chetumal), lugar seguro y alejado de la peligrosidad que aún representaba la zona maya.

Con la llegada a Santa Cruz de Bravo, de mi General Carlos A. Vida, también llegó una soldadera revolucionaria de nombre María Cristina del Refugio Pérez Vda. de Morales, cuyo oficio eran las armas pero principalmente era partera o comadrona… le apodaban la Zandunga, sobrenombre que alguna vez se lo había puesto el Gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza.

Doña Zandunga me platicó que había participado en muchas batallas, pero que nunca antes sintió tanto miedo como cuando desembarcaron en Vigía Chico… descuartizados por todos lados, tanto de indígenas como de militares… que en la revolución fueron combates diferentes, que aquí era a machetazos de cuerpo a cuerpo donde los campesinos mayas eran expertos.

Y así empezó la mudanza con rumbo a la nueva capital de Quintana Roo, únicamente sacamos de allá los archivos que en realidad ya sólo eran documentos para la historia; recuerdo que entre esos papeles iba el Decreto de puño y letra firmado por don Porfirio Díaz, donde se creaba el Territorio Federal de Quintana Roo…de los muebles lo único que nos trajimos a Payo Obispo fue la planta eléctrica y el reloj público, uno de dos relojes que con motivo del primer centenario del grito de independencia el Gobierno de China obsequió a México, y que vino a parar a Sta. Cruz de Bravo en 1910. El otro ‘reloj chino’ estuvo en la Ciudad de México, y fue destruido a balazos por los revolucionarios.

Al sur de Quintana Roo el desarrollo empieza:

Ya para 1916 en Payo Obispo (Chetumal) la nueva capital de los quintanarroenses, el Gral. Vidal ordenó inmediatamente construir con maderas finas el Palacio de Gobierno de dos pisos ubicado frente al Parque Hidalgo en la avenida 22 de enero con calle del Reloj (Héroes). Payo Obispo había sido fundado por don Othón P. Blanco el 5 de mayo de 1898, luego de haber trazado las primeras calles, lo segundo que el Sr. Blanco construyó fue la escuela primaria, un muelle de madera, oficina de gobierno llamada ‘Detall’ y un faro. Para l916 se colocó el reloj público en lo alto de dicho faro, glorieta que estaba ubicada atrasito del Palacio de Gobierno: cruce de la Av. 22 de Marzo con Calle del Reloj. Originalmente esta última mencionada calle, se llamó “2 de Abril”.

La Constitución del 5 de febrero de 1917 dio origen al Municipio Libre, y por otro lado dejaron de llamarse “Jefes Políticos” para definitivamente dar paso a los “Gobernadores”. El 15 de septiembre de 1917, el nuevo Gobernador General Octaviano Solís, inauguró el ‘Palacio de Gobierno’ que su antecesor había construido (El edificio  de madera). Algo que en lo personal me llenó de orgullo, fue que con la llegada del General Solís también llegó mi nuevo nombramiento… ya que por méritos ganados ante los conflictos habidos en la anterior capital Santa Cruz de Bravo, lealtad al Presidente de México Venustiano Carranza, y sobre todo una excelente conducta, fui ascendido a Capitán 2º de Caballería.

Me había prometido no volver jamás a la Isla de Cozumel, el recuerdo de aquel mi primer amor con flor, aún me tenía destrozado; si regresé fue porque mi General Octaviano Solís me ordenó por cuestiones de seguridad nacional, infiltrarme entre la gente para obtener información y saber qué tanto hablaban unos militares “gringos” con los pescadores de la Isla. Para cumplir con esta misión, también fue nombrado el Subteniente Rosalino López. El Señor Gobernador nos dijo: “¡hoy recibí un telegrama fechado el 3 de agosto de 1918, donde el Presidente Municipal de la isla cozumeleña me informa que constantemente fondea en ese puerto, el crucero CHESTER de cuatro chimeneas, y tres caza-submarinos de la Armada Norteamericana… que pidiendo permiso en calidad de turistas, bajan a tierra veinticuatro marineros que hablan perfectamente el español, pero que en realidad se dedican a interrogar muy especialmente a los pescadores!”.

Todo esto sucedió porque eran tiempos de la primera guerra mundial. A principios de 1917 los aliados británicos habían interceptado un telegrama enviado por el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Arthur Zimmermann, al embajador de su país en México, donde se decía la posibilidad de una alianza germano mexicana en la que México recuperaría parte de lo que fue su territorio como Nuevo México, Texas y Arizona… eso puso de nervios a los gringos que en ese 1917 le había declarado la guerra a Alemania.

Encontrándonos el Subteniente Rosalino López y yo en Cozumel, nos enteramos que dichos marineros yanquis, andaban indagando entre los pescadores si habían visto algún submarino alemán en aguas del Territorio de Quintana Roo, ya que el Sr. José Rodríguez (de Cozumel), patrón del balandro mexicano “Unity II”, fue llamado por las autoridades aliadas a Estados Unidos, para que confirmara haber visto un submarino alemán en aguas del Territorio. También informamos a nuestro superior el Gral. Octaviano Solís, que el crucero de guerra norteamericano y tres de los caza submarinos navegaban constantemente por aguas del Canal de Yucatán y Mar del Caribe, fondeando a la altura de Cabo Catoche.

Que durante el patrullaje estadounidense estuvieron checando profundidades del mar en la zona del canal, Isla Mujeres, Cozumel, Bahía de la Ascensión, Espíritu Santo y toda la costa hasta llegar frente a Xcalak. Una vez terminado nuestro reporte, el Subteniente López y yo, nos devolvimos a Payo Obispo (Chetumal). Ya en la zona militar supimos que el Cónsul de México en Belice, había informado (en clave) a la Secretaria de Relaciones Exteriores, que agentes secretos como el Teniente Mayor de la Marina Inglesa Eduardo Minister del Gobierno Inglés, también andaba investigando si México se comunicaba con Alemania por medio de alguna estación inalámbrica. No cabe duda que el miedo no anda en burro… si Pancho Villa apenas hacía dos años (9 de marzo de 1916) se atrevió a invadir Columbus estando ahí sus soldados yanquis, con mayor razón le tenían pavor al ejército alemán.

Fin de la 2ª parte (continuará)

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El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Camelo Sóstenes Chin, jovencito que a sus catorce años abandonó su hogar probando suerte llegó a la Isla de Cozumel en el año de1900. El narra en estas sus memorias parte de la vida política, social y económica en la peligrosa selva peninsular del entonces sureste mexicano.

Remembranzas que van de 1900 a 1955. Don Camelo a sus 69 años de edad muere ahogado en Chetumal durante el ciclón Janet, no sin antes haber cumplido su sueño ideal, dar por terminadas sus memorias… “¡MI ULTIMO DESEO!”.

En esta novela, basada en hechos reales, (entrevistas y Archivo General de la Nación) pretende su autor Rubén Hernández Godínez, llevar al lector por la manera más entretenida de enterarse de una parte de los acontecimientos que durante 55 años de historia regional, quedaron atrapados en este libro, que es la única novela que se ha escrito sobre el origen y época del misterioso Territorio Federal de Quintana Roo… ¡Comenzamos!.

Enlutado el sur de Quintana Roo:

“Poco más de cuatrocientos cadáveres humanos regados por toda la Ciudad de Chetumal y sus alrededores. El último reporte de la Sría. de Marina, informa que el ciclón Janet acabó con la tercera parte de la ciudad y sólo les dejó puesto lo que traían encima”… Así fueron las primeros notas periodísticas con lo que todos los mexicanos amanecimos aquel 28 de septiembre de 1955.

— “¿Qué puede haber peor que esto?”, acomodándose entre las orejotas sus eternos lentes obscuros de vidrio y empuñando en su mano izquierda a la que le faltaban dos dedos se cuestionaba el Gobernador Margarito Ramírez Miranda: — “En estos momentos me siento un imbécil, cansado y viejo, sin embargo soy el Gobernador de todos los quintanarroenses… lo he sido por once años y lo seguiré siendo hasta que se me hinchen las ganas”.

Chetumal capital del Territorio de Quintana Roo, cuyas arquitecturas hacían muy especial el lugar pues el 95 por ciento de sus casas fueron construidas con maderas finas de caoba y cedro ciudad de buena madera, pero al fin de madera que el huracán destruyó; aunado a que el agua de la bahía y del mar Caribe se metió llegando con tal fuerza una altura de casi tres metros que a una señora de nombre doña Alicia Delgado Mayorga Propietaria de la Posada Centenario, le fue arrebatada de entre sus brazos a su bebe, la madre desconsolada narraba cómo es que tan sólo se quedó con un bracito de la pequeña infante.

No se podía caminar con tantas puntas de clavos y maderas rotas tiradas por todos lados, filosas láminas de metal; sobre todo gente herida que suplicaba atención médica.

Ese 28 de septiembre muy de mañana ya estaban acomodando los muertitos a las afueras del Teatro Juventino Rosas, ahí comenzaron sobre la banqueta y luego se siguieron hasta pasar por el Teatro Avila Camacho… y así se siguieron rodeando hasta casi completar toda la manzana, y a cuatro cuadras sobre la banqueta de la Iglesia del Sagrado Corazón habían otro tanto más de cuerpos esperando ser identificados.

Muertos que después seguían apareciendo por todos lados, el mal olor señalaba el lugar, lo mismo era debajo de las tablas, que cuerpos atrapados en el pretil de la costera donde al regreso del agua muchos se quedaban atorados. La cantidad real de los muertos jamás se llegará a saber, sobre todo si los datos los manipula el gobierno federal. Hacía un calor endiablado, serpientes y alacranes aparecían por todos lados. Cuanto más pasaban las horas, los perros empezaban a comerse los cadáveres, hubo que incinerar inmediatamente… Por la Av. de los Héroes sólo transitaban carretas llevando amontonados los muertos a la fosa común del panteón, hoyo que medía cinco metros de hondo por seis de largo y tres de ancho.

Don Camelo Sóstenes Chin, que desde hacía diez años se había convertido en el mejor amigo de don Margarito Ramírez, ya que ambos todas las tardes se reunían frente al Palacio de Gobierno en el Parque del Maestro con el fin de un partidito de ajedrez o conversar sobre la revolución mexicana, caudillos y esas cosas de los cristeros. Nunca faltaban otras personalidades a las reuniones, pero Camelo Sóstenessin más estudios que la primaria (no había más en el nuevo Quintana Roo) lo mismo sabía de la Revolución Francesa que de la Independencia de México; el gobernador siempre lo tuvo en buena estima: “¡Sóstenes es un hijo de la chingada igualitito a mí, por eso es mi cuate!”, presumía don Márgaro.

Pero Sóstenes que llevaba como 24 horas de haber muerto ahogado, se le encontró abrazando un disco del trovador Guty Cárdenas cuya canción era “FLOR”, junto había también una libreta con manuscritos de sus recuerdos vividos en el Territorio Federal de Quintana Roo, todo envuelto en gruesa bolsa de hule. Margarito fue en busca de su amigo, y recogiendo disco y escritos de aquella libreta le reprochó al cuerpo inerte: “Te lo dije cabrón, que no te quedaras en esta pinche casa pero tú terco dizque querías ya terminar tus memorias”.

Márgaro sentado en una cubeta, dio instrucciones de que sepultaran a su amigo Camelo, y por pura curiosidad se puso a leer los apuntes cuyo titulo le llamó mucho la atención, sobre todo que venia de un recién muerto… “¡Mi Último Deseo!”.

—A la Diosa Naturaleza llamada Salud: solicito un último deseo… poder terminar estas mis memorias que a mi tercera edad es arena del tiempo que se me escapa entre las manos… tercera edad… tercera llamada:

Mi nombre es Camelo Sóstenes Chin, nací un diciembre de1885 en la Villa de Baca, Yucatán.

No conocí a mi papá, y ni falta que me hizo; mi mamá siempre fue algo más que una amiga, que una compañera.De niño viviendo en Baca los vecinos cuidaban de mí, mamá trabajaba en una empresa henequenera en Mérida Yucatán, ya en el último año de mi escuela primaria la fui a terminar en la Benito Juárez de la ciudad blanca, ahí había un profesor que me impresionaba cuando se ponía a hablar sobre la historia de Yucatán, piratas y tesoros del Caribe.

En una ocasión el maestro dijo que tenía la firme convicción de que en la parte Oriente de la Península, el marinero Gonzalo Guerrero había escondido varias monedas de oro. Que la embarcación donde viajaban del Panamá a Santo Domingo aquel año de 1511, jamás se estrelló en los arrecifes llamados “Alacranes” frente a Jamaica. Que todo aquel ladrón que se atrevía a hurtarle alguna riqueza a la Corona Real de España, le eran cortadas como castigo las dos manos. Hernán Cortés refiriéndose a Gonzalo Guerrero dijo: “En verdad que le querría haber a las manos, porque jamás será bueno”.

Bernal Díaz del Castillo, secretario escribano del Capitán Hernán Cortés dice en sus apuntes, que encontrándose Cortés en la Isa de Cozumel mandó buscar a Gonzalo Guerrero que se encontraba viviendo tierra adentro de la Península cuya única entrada se refería a lo que hoy es Chiquilá o Cabo Iglesias; y que para llegar hasta el marinero Gonzalo Guerrero les llevó caminar tres soles y dos lunas, pero que Gonzalo dio un montón de pretextos para no ir al llamado del Capitán Cortés.

Cuando los soldados españoles se llegaban a dar cuenta de las riquezas en metal oro que ellos mismos llevaban, la mayor de las veces estos navíos eran auto robados.

De Gonzalo Guerrero no sabemos absolutamente nada, a su mujer le han inventado gran cantidad de nombres como: Izpilotzama, Axchel, Za-zil o Nicte-há… cuentos e inventos de poetas.

En Cartas de las Indias que existen en archivos de España, hay unas de Hernán Cortés donde da saber al Rey de España que son muchísimos los españoles que se encuentran viviendo entre los indígenas, y que no le era posible rescatar a todos porque urgía salir rumbo a la Gran Tenochtitlan o las lluvias se encargarían de no dejarlos pasar.

Por lo anterior nos queda claro que con tantos españoles en la península yucateca, sabrá la Macarena cual de todos habrá sido nuestro primer papá.

A mí me asombra la calidad de enseñanza de los maestros que habían antes, maestro Peniche del sexto ‘B’ chaparrito caderón con una guayabera toda viejita; de verdad que con don Porfirio Díaz sí que habían profesores de vocación.

El Profe Peniche defendiendo la clase indígena de nosotros los niños mayas, juraba y perjuraba que nunca existió “el padre del mestizaje”, que lo que en realidad hubo primero fue “madre del mestizaje”, que es muy diferente.

Dada la condición de esclavos, los náufragos españoles no tenían derecho a elegir mujer porque ¡ERAN ESCLAVOS!; si acaso les iba bien y no se los comían, estarían enjaulados muchos años en calidad de esclavos.

A diferencia del Nohoch Tata, que en sus dominios sí le era posible cualquier mujer que él quisiera, no faltaba más para eso era el jefazo de la tribu.

Bernal Díaz del Castillo dice en sus escritos, que el padre Jerónimo de Aguilar le había informado que en el naufragio les acompañaban diez mujeres… españolas, jovencitas, de ojos claros y divinos… por Dios que se necesitaba ser muy tonto para no darse cuenta que el Nohoch Tatich tuvo muchísima tela europea de dónde escoger, y conociendo a mis paisanos yucas, seguramente éste gandaya maya dijo: “¡Que me sirvan la rubia de categoría superior!”… que con toda certeza no hablaba de la cerveza.

Y como los cuentos y chismes no todos tienen que ser igual, mi profe Peniche aseguraba que el primer embarazo no se dio con una indígena, sino con una europea; pero como nos encanta sufrir y ser perdedores, no va a faltar algún político despistado que hasta le levante una estatua al tal Gonzalo Guerrero.

La Real Academia de Historia de Madrid (seguía diciendo mi profe Peniche), tiene un documento que escrito a fines de 1518, manifiesta haber llegado a Sevilla una carabela trayendo desde tierra nueva a seis indios de la misma tierra, y que estos primitivos de Huicata (Yucatán) dicen que allá existen ocho hombres castellanos de Sevilla que llegaron en una carabela y que están allá desde hace 15 o 20 años casados y ricos.

Para ya finalizar esta parte de mi niñez que tanto llamó mi atención, Peniche mi queridísimo maestro ponía en duda que Gonzalo Guerrero haya sido el padre del mestizaje y terminaba diciendo: “Con tanto gachupín en Yucatán, ya ni supe cuál fue mi verdadero abuelo”.

Después de haber terminado mi primaria en diciembre de 1898, siendo hijo único y sin posibilidades económicas para seguir estudiando decidí abandonar el hogar, y me fui al Puerto de Progreso a trabajar como alijador, estaba por cumplir apenas 14 años de edad, pero no aguanté mucho y me embarqué siguiendo la ruta de los tesoros hacia la Isla de Cozumel.

En la Isla me encontré con una prima que hacía como seis años que no veía, era mayor que yo diez años; siempre de niño ella cuidó de mí… me bañaba, me curaba cuando estaba yo enfermo, me hacía mi pastel para mis cumpleaños y como mi madre vivía en Mérida y yo en la Villa de Baca, ella mi prima se dormía conmigo para que yo no tuviera miedo a la obscuridad en ese pueblo donde las almas en pena nunca descansaban.

Mi parienta Flor Nogal Sóstenes, que vivía sola me recibió encantadoramente en su casa, un jacal de palmas cayéndose por los fuertes vientos pero que yo veía como algo hermoso… cuando eres joven todo lo ves hermoso. Mi primita siguiendo su vieja costumbre continuó abrazándome cuando yo dormía, y como era mestiza que no usaba calzón… una noche vino el Diablo y sopló… ¡ aquello fue un verdadero incendio!.

La casa nidito de nuestro amor estaba ubicada cerca del rancho San Remigio, allá por el Cedral; Flor y yo trabajábamos en la Hacienda Colombia, eran plantas henequeneras donde yo laboraba en las maquinarias… esos extranjeros sí que pagaban bien.

Flor cada vez estaba más joven y hermosa, y yo más hombre, sólo queríamos estar haciendo el amor, no sé ni cómo pasaron tres años y no embarace a esta mujer.

La Cía. Colonizadora de la Costa Oriental de Yucatán, S. A., para la que yo trabajaba me pidió que me fuera a tierra firme, precisamente a 65 kilómetros de Puerto Morelos, del mismo Territorio de Quintana Roo, ahí se explotaba el chicle y se necesitaba un capataz.

Cuando me despedía de Flor, sentí mucho miedo, como si su protección divina me abandonara… ella significaba todo para mí; cuando me daba su bendición me dijo que a mi regreso a la Isla me daría una sorpresa… creo que ahora sí la encontraría panzona.

Apenas habían pasado unos cuantos días y ya en tierra firme se anunció el desarrollo de un huracán, que después pegó a la Isla de Cozumel, y les tardó 24 horas de aquel funesto 12 de agosto de 1903.

La distancia en el Mar Caribe entre Puerto Morelos a San Miguel de Cozumel apenas y son 17 millas casi 32 kilómetros, pero fue un calvario regresar a Cozumel. Cuando por fin llegué vi que los cayucos Magnolia, Cornelia y Vaporcito habían sido destruidos totalmente. El Pailebot Nacional Cozumel del porte de 28 toneladas fue arrojado a la playa a más de ocho metros del litoral, a pesar de haber estado debidamente anclado. Los pailebotes Josefita, Pepito, Unión, Quintana Roo, así como los Balandros Fénix, Aire Libre, San Román y seis botes que estaban abrigados en la Caleta se fueron a pique.

En la playa sur se encontró un timón y por la del norte una vela. En la playa del este se encontraron papas y naranjas dulces en gran cantidad, por lo que se sospecha pudo haber ocurrido algún naufragio cerca de estas costas.

En la Colonia de los prisioneros indígenas, los delincuentes todos se escaparon.

Pero a mí lo que más me interesaba era encontrar a Flor, y yo lo único que veía eran siembras de maíz destruidas, matas de coco reducidas a basura, casas de mampostería desmoronadas; me dijeron que el faro de Punta Celarain estaba tirada en el suelo.

Los más corpulentos árboles habían sido arrancados de raíz, y multitud de ramas de grueso tamaño cubrieron el piso impidiendo el tránsito. Que en el Cedral sólo quedó en pie la casa del C. Arturo Rejón.

En mis prisas por encontrar a Flor, vi en el camino ganados vacunos y caballos muertos aplastados por los árboles… cuando por fin encontré el lugar a donde alguna vez estuvo la casa de palmas, vecinos salieron a mi encuentro para decirme que Flor había fallecido ahogada junto con otros más que fueron aplastados por la casa a donde se habían ido a refugiar… la descomposición de los cuerpos hizo urgente el entierro en una fosa común.

A mis dieciocho años estaba yo sufriendo el golpe más grande de mi vida… prometí jamás volver a Cozumel.

Me fui a vivir a Santa Cruz de Bravo (Felipe Carrillo Puerto), Territorio de Quintana Roo, no había más chamba que la de soldado, y como yo era un mestizo civilizado (un “Cholo”) y entendía bien la maya, que me cuelgan mi rifle y que me ponen a las órdenes de mi General José María de la Vega, Jefe Político del Territorio; nunca imaginé llegar tan alto… limpia botas del primer Gobernador de Quintana Roo.

Todavía existían indígenas sublevados dolor de cabeza para la Secretaría de Guerra, apenas hacía unos cuantos días el 14 de septiembre de aquel 1903, en Bacalar un Capitán de apellido Labastida, que se encontraba colocando cables de teléfonos para comunicar de Bacalar a Santa Cruz de Bravo (115 kilómetros), junto con otros militares fueron asesinados y colgados de los mismos postes no sin antes haberles cortado sus partes nobles.

Pero si hasta entre los mismos generales tenían muy serios enfrentamientos: Ignacio A. Bravo y José Ma. De la Vega, fueron enemigos irreconciliables. Para cuando se creó el nuevo Territorio de Q. Roo en 1902, ya la principal población de los indígenas mayas se llamaba Santa Cruz ‘de Bravo’, porque en Yucatán hacía año y medio (10 de junio de 1901) habían decretado que la población de Chan Santa Cruz, que estuvo ocupada por indios sublevados, llevara el nombre de Santa Cruz ‘de Bravo’, en honor al generalísimo Ignacio A. Bravo, quien como jefe de la campaña de pacificación, había tomado dicha plaza el 3 de mayo de 1901.

Los métodos de ‘pacificación’ del General Bravo, preocuparon a la Presidencia de la República que tenía informes de que los indígenas mayas estaban siendo quemados vivos, haciendo mayor la venganza entre indígenas y mestizos, no había control.

Llamado ante sus superiores, el General Ignacio A. Bravo se ausentó de la Península Yucateca, quedando al frente de la 10/a zona el también General de División don José María de la Vega, quien correspondió ser el primer Jefe Político con facultades de Gobernador del naciente Territorio Federal de Quintana Roo, cuyo periodo fue del 24 de noviembre de 1902 al 12 de diciembre de 1903, permaneciendo un año ya que el anciano Gral. Ignacio A. Bravo, retornó a la zona como Jefe Político.

La rivalidad entre estos dos Generales era tan obvia, que si uno lograba que Sta. Cruz se le anexara: “de Bravo”, el otro fundó un lugar llamado “Campamento General Vega”.

Todos los documentos firmados por el Gral. Vega decían: Campamento Vega, Territorio de Q. Roo. Cuando regresó el Gral. Bravo, la documentación cambió diciendo: Sta. Cruz ‘de Bravo.

El Campamento Vega que fue temporalmente la Capital del naciente Territorio de Q. Roo se encontraba en Punta Allen, a un par de kilómetros de Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) y como a 60 kilómetros de Santa Cruz de Bravo (Carrillo Puerto); campamento Vega donde se establecieron los servicios administrativos, de enfermería, concentración de tropas y sobre todo lugar seguro frente a la hermosa playa para inversionistas que habían sido invitados por el mismo General De la Vega. Punta Allen representaba un lugar seguro a diferencia de Santa Cruz de Bravo que los rebeldes mayas todavía seguían asesinando a los que fueran diferentes a ellos, Punta Allen fue ideal para vivir en paz, yo no lo conocí porque al igual que otros soldados siempre estuvimos al frente cuidando el orden en Santa Cruz.

Por aquel tiempo tuve la fortuna de haber conocido a tres de los generalazos más importantes de la historia quintanarroense: a Vega, a Bravo y Victoriano Huerta, este último muy amigo del Ministro de Guerra el General Bernardo Reyes. Don Victoriano Huerta pidió ingenieros militares y dinero para construir el ferrocarril, se contrató mano de obra afroamericana beliceña para hacer la “chamba” pero no supieron hacer el trabajo y se fueron a la huelga… se tuvo que echar mano de 200 presos mexicanos que finalmente hicieron la obra de Vigía Chico a Santa Cruz de Bravo… trenecito de diez furgones, quince plataformas con sus tres máquinas cuyo combustible era de petróleo, y sus rieles estaban 90 centímetros distanciados uno del otro. El General (ingeniero topógrafo) Huerta fue un hombre muy respetado, sobre todo famoso entre las tropas porque como egresado del H. Colegio Militar, obtuvo las calificaciones más altas, motivo por el cual fue felicitado por el Presidente Don Benito Juárez quien le dijo: “¡Indios como usted y yo, los mexicanos esperan mucho!”… pero como la historia oficial la hacen los intereses de los vencedores…

Nota de Mario:

Al presentar en  este espacio el trabajo  del autor, pretendo a la vez de darle la merecida  difusión a su obra,  rendir un reconocimiento a su trabajo y su talento. He leído novelas históricas de reconocidos autores sobre la guerra de castas y Chan Santa Cruz. Tal  es el caso de  ” La Cruz y la Espada” de Don Serapio Baqueiro. Esta es la primera obra de este tipo que leo de un autor del patio.   Me gusta su mezcla de ficción con   realidad histórica a lo largo de 55 años del accidentado  pasado de esta tierra nuestra (1900-1955). Creo que el autor  logra una obra realmente entretanida, ilustrativa,  didáctica y  meritoria. Esfuerzos como estos deben ser siempre alentados.   A partir de hoy, en cinco capitulos, diariamente, estaremos publicando el contenido de este bonito relato. Que  lo disfruten.

Si desea leer completa esta novela, haga click en los siguientes enlaces:

Segunda Parte de “Mi Último Deseo”

Tercera Parte de “Mi Último Deseo”

Última Parte y final de “Mi Último Deseo”

El Mercado de Payo ObispoEn lo que hoy es la esquina  de la Calle 22 de Enero con  la avenida Cinco de Mayo, bajo el mandato del gobernador Siurob,  a principios de los 30s,  se construyó el primer mercado de la ciudad de Payo Obispo, una edificación de madera con techo de lámina de zinc de estilo caribeño, asentada a  orillas de la bahía, y a cien metros  de la casa del gobernador y de la delegación de gobierno del entonces territorio federal de Quintana Roo.

Aquel pequeño mercadito venía a llenar las necesidades, tanto de los pequeños agricultores y matarifes, como las necesidades de consumo de los habitantes de la capital del Territorio. Quiero decir que Payo Obispo estaba formada por una  comunidad de gente sencilla. Esa sencillez característica de aquellas rurales comunidades de nuestro país sin drenaje, sin agua potable entubada, sin teléfono, sin televisión y sin laptops, Ipads, como tienen los niños y los papás de los niños de ahora. Era gente venida de Corozal, de Mérida y de otras partes de la república, sin faltar los colonos de procedencia árabe y oriental.

Debo decirles también que por aquellos años el abasto de ganado vacuno provenía de pequeños ranchos aledaños como eran los ranchos del Sr. Willoghby, del Sr. Montalvo, del Sr. Terencio Salas, o del Sr. Romero. Con frecuencia el abasto no era suficiente y el ganado se traía por mar en pequeñas embarcaciones procedentes de Centro América, principalmente desde Puerto Cortez Honduras.  Los animales se transportaban vivos y las pequeñas embarcaciones eran de poco calado y de fondo plano como la del rudo capitán Noble, quien saliendo de Honduras pasaba frente a Belice y diestramente navegaba  por el Caribe y por la bahía  hasta llegar al muelle fiscal.

La travesía requería de destreza y conocimiento de las aguas de aquella prístina región, debido al  alto riesgo de encallar en las muy bajas aguas de la bahía de Chetumal. Un buen capitán de barco, como lo era Noble, debía conocer muy bien las rudimentarias balizas  y los canales de navegación, navegando por ellos solo con la luz del día. Buena parte de este recorrido  debía hacerse en aguas pertenecientes a los ingleses, y luego siguiendo la línea divisoria con la colonia inglesa de Honduras Británicas, ahora Belice, pasar frente a “Consejo” y llegar al muelle Nachi Cocom. Hacía muy poco tiempo, a inicios del siglo XX, que el tratado de límites se había establecido y como consecuencia de este hecho el Presidente Porfirio Diaz mandó a Othón P. Blanco a establecerse en la desembocadura del Rio Hondo para vigilar el respeto de la soberanía del país, y como consecuencia final fue que tuvo lugar la fundación del pequeño Payo Obispo de que les hablo.

Por aquellos remotos años entre los principales importadores de ganado se contaban   los hermanos Terencio y Valdemar Salas, quienes surtían de carne de res a los tablajeros del mercadito. La gente del pueblo, si quería alcanzar buena carne,  debía acudir al mercadito muy de madrugada, entre las cuatro y cinco del amanecer. En esos años era costumbre que los señores del pueblo fueran los encargados de hacer la compra de la casa, una veces al mercadito y otras veces al muelle para adquirir su pescado. La venta de pescado fresco se hacía  directamente de los barquitos pesqueros. Era linda la costumbre de aquel pueblito rudo y primitivo, que los señores , en un gesto de solidaridad doméstica, hicieran el mandado, mientras contemplaban el amanecer,  con el  sol naciente  alzándose por bahía,

Y es que el paisaje era hermoso, sentirse en la bocana de un rio,  en los límites de un país, y a las costas de la dorada y chispeante Bahia de Chetumal. Una romántica y bella imagen para el mejor  pintor: Barquitos de vela enfilados, pescadores afanados en arreglar y  vender su pesca, gente en un desordenado  barullo, apiñada sobre las piedras y pujando como en subasta  por el mejor pescado.   Pues bien, así era el payo Obispo de aquellos años aquel selvático e insalubre punto de vigilancia de la soberanía de México de aquellos años. Y es en el marco de este bonito pueblito que les relataré la siguiente historia que me contó  mi buen amigo Efraín Angulo.

Don Darío Caballero Sosa, nativo de Ensenada Baja California, era un  funcionario de aduanas a quien sus jefes lo habían comisionado, allá por  la década de los 40s, a venir a la recientemente nombrada Chetumal, antes Payo Obispo, a desempeñarse como subjefe de la aduana. El administrador de la aduana en ese tiempo era Don Jesús el Chapo Salcido.

Don Darío, hombre sencillo, tranquilo y sereno, no obstante su condición de funcionario de aduanas, rento para vivir una casita de techo de palma ubicada en la esquina oriente de  la calle 22 de Enero con 16 de Septiembre, a orillas de la bahía,  sobre lo que ahora es nuestro flamante boulevard y enfrente de lo que ahora es el parque y la Fuente del Pescador,  donde se ubican las letras que dicen: Aquí Inicia México”.

Un buen día don Darío, amigo ya de don Mariano Angulo y don Ernesto Osorio, siguiendo la costumbre de la sociedad Chetumaleña, despertó muy tempranito, tomó su morralito y feliz se dirigió al mercadito. Consciente que los primeros en tiempo son los primeros en derecho, se dirigió a la mesa de la carne de res y le dijo al carnicero:

Buenos días señor, ¿me podría dar un kilo de filete? Aquel abastecedor, con su afilada chaira mano, en la penumbra del amanecer, bajo la luz de una lámpara de gasolina,  se veía muy serio y ocupado en arreglar  su carne y amontonar a un lado las piltrafas. Con desdén y desenfado, esbozando una risa burlona, le contestó a don Darío: Señor usted debe ser nuevo aquí, me imagino, porque veo que no sabe, y debe saber, que el filete solo es para el gobernador, el jefe de sanidad  o el jefe de agricultura. ¡¡ Ellos son los únicos que  aquí comen filete !!

Ante tan lapidaria respuesta del carnicero, don Darío, ahora sí que arrollando su cola, le pidió disculpas, y solicitó le diera lo mejor que tuviera pues quería comer bisteces.

No pasó mucho tiempo, cuando en su carácter de sub jefe de la aduana don Darío debía encargarse de autorizar las importaciones del ganado, que como he dicho,  procedente de Honduras venía por barco y se desembarcaba en el muelle fiscal.

Dado lo largo  del viaje y debido las condiciones de amontonamiento en que viajaban, las reses llegaban cansadas, estresadas y entumidas, por lo que  los ganaderos debían bajarlas de la embarcación a la brevedad y ponerlas en tierra. En tal circunstancia  un hombre se le acercó a don Darío y le solicitó  le permitiera desembarcar su ganado mientras se hacían los trámites para su legal importación.

El taimado de don Darío levantó la mirada, reconoció el  rostro de aquel hombre y le dijo: ¿usted es el amigo de la carnicería del mercado, verdad? Debe acordarse de mí, yo soy el mismo que queriendo comer filete le fue a solicitar comprar un kilo, recuerde bien. Tremendamente apenado aquel hombre miró a don Darío como queriendo registrar para siempre su rostro, balbuceo, y le dijo: ¡Mi jefe, desde hoy usted en este pueblo comerá filete las veces que quiera!

Don Darío exclamó en voz baja, casi para sí mismo, ¡Ah, ese tráfico de influencias no se cuando acabará,  pués todos  lo llevamos, no solo en la sangre, sino hasta en la carne!

Y esbozó una sonrisa que le duró toda la mañana.

Mario