Category: Sobre Tu Vida de Pareja


Pareja feliz¿Qué se necesita para ser feliz en una relación? es la pregunta que plantea el doctor Mark Goulston, psiquiatra, consultor empresarial, y conferencista internacional, quien propone algunos consejos para mejorar la vida en pareja.  Si bien no existe un secreto mágico para lograrlo, Goulston plantea que su experiencia le ha hecho notar que las parejas más felices suelen tener ciertos hábitos que contribuyen a su bienestar.

Van a la cama al mismo tiempo

Según Goulston, las parejas felices suelen resistir a la tentación de ir a acostarse en diferentes momentos. “Van a la cama al mismo tiempo, incluso si uno de los dos se levanta luego para hacer cosas mientras su pareja duerme”, dice, añadiendo que “cuando tocan su piel aún sienten un pequeño hormigueo, a menos que uno o ambos estén tan agotados como para sentirse sexualmente excitados”.

Cultivan intereses comunes

Cuando la pasión baja sus niveles, es común que las parejas se den cuenta que tienen pocos intereses en común. Por ello, no hay que restarle importancia a las actividades que pueden desarrollar y disfrutar en conjunto, dice el experto.  “Si los intereses comunes no están presentes, las parejas felices los desarrollan”, señala, recomendando también tener actividades por separado, para que la relación no se vuelva demasiado dependiente.

Caminan de la mano o van uno al lado del otro

En lugar de que uno de los dos se vaya quedando atrás porque camina más lento o se detiene a ver algo, Goulston recomienda andar cómodamente al lado de la pareja, y mejor aún si se toman la mano. Si uno quiere parar a observar alguna cosa, es mejor hacerlo juntos, o se pierde el sentido de compañía.

Confían y perdonan

En los desacuerdos o discusiones rutinarias que no llegan a resolución, las parejas felices no se desgastan, se perdonan mutuamente y confían el uno en el otro, en lugar de guardar rencor y mantenerse de mala gana en la relación.

Se centran más en lo que su pareja hace bien que en lo que hace mal

Si comienzas a buscar cosas malas en tu pareja, siempre encontrarás algo. Si haces lo contrario, es decir, buscas lo bueno, también hallarás cosas. “Todo depende de lo que quieres buscar. Las parejas felices acentúan lo positivo”, dice el experto.

Se abrazan al reencontrarse después del trabajo o actividades

“Nuestra piel tiene una memoria de “buenas caricias” (amor), “malas caricias” (abuso) y “sin caricias” (descuido). Las parejas que se saludan con un abrazo mantienen su piel bañada por “buenas caricias”, afirma Mark.

Dicen “te amo” y “que tengas un buen día” todas las mañanas

Es una manera de cultivar la paciencia y la tolerancia, pues es una buena forma de empezar un día que depara problemas, dificultades y otras molestias que podrían darse en el trabajo.

 Dicen “Buenas noches” cada noche, independientemente de cómo se sientan

“Esto le dice a tu pareja que, sin importar lo mal que estás con él o ella, aún quieres estar en la relación. Dice que lo que tú y tu pareja tienen es más grande que cualquier incidente perturbador”, explica el psiquiatra.

Llaman o envían un pequeño mensaje a su pareja durante el día

Llamar o enviar un pequeño mensaje preguntando cómo va el día del otro, es un hábito de las parejas felices, dice Goulston. Ayuda a mantener la complicidad y conexión aún cuando no se ven, y permite estar más en sintonía cuando se ven después del trabajo. Puedes saber si tu pareja está teniendo un día horrible o tuvo un gran logro que pueden compartir cuando se reencuentren.

 Se sienten orgullosos de estar con su pareja

A las parejas felices les gusta verse juntos y cuando están en público suelen darse la mano, apoyar su mano sobre el hombro, espalda o rodilla del otro, etc. Muestran la conexión que existe entre ellos, a veces sin darse cuenta.

Goulston indica que un hábito es un comportamiento discreto que para transformarse en automático, necesita un poco esfuerzo para mantenerlo y cultivarlo. En este sentido, dice que aquellos que tienen problemas de pareja, pueden seleccionar uno de los puntos señalados y llevarlo a cabo. Además, si en un comienzo no funciona, aconseja no desesperarse y simplemente retomarlo.

Mark Goulston
Psiquiatra

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El Arte de Amar Erich Fromm¿Es el amor un arte?  En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno “tropieza” si tiene suerte?

Todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor.  Esa peculiar actitud se debe a varios factores que, individualmente o combinados, tienden a sustentarla. Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor.

Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, (utilizado con mayor en frecuencia por algunos hombres), es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, (usado particularmente por las mujeres), consiste en ser atractivas por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, dependiendo de lo que el ambiente social valore más en ese momento y lugar. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, para “ganar amigos e influir sobre la gente”.  En realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.

La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar -o para ser amado por él-. En las últimas generaciones el concepto de amor romántico se ha hecho casi universal en el mundo occidental. En los Estados Unidos de Norteamérica, si bien no faltan consideraciones de índole convencional, la mayoría de la gente aspira a encontrar un “amor romántico”, a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la función.

Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. “Atractivo” significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente.

De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante- no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.

El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del “enamorarse” y la situación permanente de estar enamorado o, mejor dicho de “permanecer” enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa y se sienten cercanas, se sienten uno. Ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto; en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar “locos” el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.

Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores o renunciaría a la actividad. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.

El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.

¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte?

El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades. Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte.

Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte. El dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia, nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor. Y quizás radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos, y muy poca a aprender el arte del amor.

¿Sucede acaso que sólo se consideran dignas de ser aprendidas las cosas que pueden proporcionarnos dinero o prestigio, y que el amor, que “sólo” beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no tenemos derecho a gastar muchas energías?
Erich Fromm

Enlace a la Segunda Parte del Arte de Amar

En ocasiones nos enamoramos del hombre perfecto y él de nosotras, dice la señora Shoshan. Es algo maravilloso. Pero a veces, después de un tiempo de estar casadas con él, deja de ser ese maravilloso hombre que creímos ver. El príncipe azul te salió rana, o lo que es peor, ahora es un hombre que ni te mira ni te trata bien, siempre discutiendo y criticando todo cuanto haces o dejas de hacer. Puede que tu historia sea algo así:

En una ocasión muy especial, el amor llegó a tu vida. Llegó aquel hombre que sabías que era para ti, aquel con quien compartir tus años dorados, y todo lo que reste de vida. Todo era maravilloso, eras feliz, no necesitabas de nadie pues tenías su amor y compañía. Tu vida pasó a ser la de él, y ya no tenías que preocuparte más de lo emocional o económico, pues él suplía por ti. Lo dejaste todo por amor a él, el amor de tu vida.

Ahora llevas un tiempo casada, y de repente te das cuenta de que las cosas ya no son como antes. Todo lo guapo y romántico que viste en el tiempo de enamoramiento se ha esfumado. Hoy es un hombre al que nada le parece bien, hagas lo que hagas le parecerá reprochable, siempre te discute todo. Sientes como si ya no le conocieses, al menos no ves en él a aquel maravilloso hombre que un día te enamoró locamente haciéndote dejarlo todo por él. Hoy es un extraño, no habla, siempre está fuera y tiene cosas que hacer.

Y ahí estás tú, sola con tus hijos en casa, cuidando de todo, haciendo los deberes del hogar. En un tiempo viviste con plenitud, ahora no eres más que una señora de casa que sufre la soledad que su pareja le dio por vida. Ya ni te toca, pasan las semanas sintiéndote como si ambos fuesen extraños el uno para el otro, y comienzas a preguntarte como será realmente la vida de aquellas amigas tuyas que aún conservan el trabajo pese a estar casadas, que tienen hijos como tú, pero que se las ve siempre felices, plenas y realizadas. ¿Dónde está el error?

El error no está en enamorarse sino en pretender vivir la vida en base a al hombre que se ama. El amor no es egoísta, el amor no necesita pasar por tantas pruebas, el amor para que sea un amor verdadero y en lo posible para siempre, se tiene que trabajar y cuidar mucho.

La pasión es lo primero que pasa en la pareja, luego queda el amor más pausado, la amistad, la complicidad que debe haber en una pareja, por eso deben conocerse bien, hablar las cosas, la manera de pensar tanto del uno como del otro, no dejarse llevar por lo maravilloso que nos resulta… Todos somos especiales al conocernos, luego viene la tranquilidad para tomar decisiones en conjunto. Pero ya está hecho, ahora vienen los arrepentimientos, las preguntas y los cuestionamientos. ¿Por qué dejé de trabajar? ¿Por qué no traté de conocerlo más? ¿Por qué alejé a toda mi familia y mis amigos de mi lado? ¿Por qué dejé de arreglarme como a mí me gustaba y me ponía lo que a él le parecía? Su apariencia física me desconectó de la realidad, al fin era un hombre como cualquiera. En resumen, si esta es tu situación posiblemente estás diciéndote algo parecido a esto:

“Dejé de ser persona, dejé que me manipulara, fui una inocente porque resulta que él sólo necesitaba una mujer para la casa y los hijos. La mujer que yo era ya no existe, me miré en el espejo y no me gusto, nada lo que vi en mi espejo me gustó, como mujer estoy acabada.

Traté de hablar, de hacerle comprender que las cosas no estaban bien, fui muy tolerante, le expliqué acerca de todo cuanto renuncié en la vida para estar como él quería que yo estuviera, pero él no parecía tomar conciencia de ello, siguió con su misma vida. En fin, fui yo la que dejé que me anulara como mujer y como persona.

Mis conversaciones no tuvieron ninguna respuesta, lo que escuché fue cosas como “si no te gusta esta vida, ahí está la puerta” o “¿por qué no trabajas?” Quizás así te pones más atractiva, porque ahora mismo no lo eres’. ¿Se puede ser más cruel?

A veces puedes ser una buena mujer, ama de casa, madre que cuida de los hijos, del hogar, teniéndolo todo siempre ordenado y limpio, y él no es capaz de apreciarte reduciéndote a la nada con sus comentarios. En tal caso, es evidente que la llama de amor se ha apagado. ¿Qué hacer en estos casos?

No ser masoquista, ser y tener las ganas de salir adelante con o sin él, buscar trabajo, ser independiente económicamente, hacerte respetar y que cuando se dirija a ti que lo haga con respeto. Debes volver a conseguir que tu autoestima salga adelante, salir de esa vida de soledad que llevas, volver a tus tiempos donde eras otra persona. Por algo te buscó y se casó contigo; ahora todo depende de ti: si sigues siendo la sirviente porque ya no eres mujer para él, solo la de los quehaceres de la casa, entonces o arreglas eso, o buscas la manera de seguir sola y feliz aunque sea en un hogar más humilde con tus hijos, pero nadie tiene el derecho de aniquilarte como persona.

Sólo tú puedes dar ese paso, nadie lo puede hacer por ti. Tú eres mujer valiente y decidida, no hay porqué vivir sometida por años y años llorando amarguras si la vida misma te ofrece distintas oportunidades. SHOSHAN

 

 

Nicole Johnson autora de “Mujer Invisible”, un bestseller de librería.

Todo comenzó a ocurrir gradualmente, entro a la habitación y digo algo y nadie se da cuenta, digo: apaguen la televisión por favor, y nada ocurre, y vuelvo a decir: ¡¡ apaguen la televisión, por favor !! Finalmente tuve que ir a apagar yo misma la televisión. Entonces comencé a entender. Mi marido y yo estuvimos en una fiesta y yo estaba lista para irme,  me acerqué a él que estaba conversando con un compañero de trabajo, si me acerqué era para irnos, y él siguió conversando,  ni siquiera me respondió. Fue ahí cuando me di cuenta, él no puede verme, ¡¡Soy Invisible!!

Desde allí lo empecé a notar más y más; llevé a mi hijo al colegio y su señorita le preguntó: ¿Jack con quien has venido? Y mi hijo respondió: con nadie. Él solo tiene cinco años, pero ¿nadie? Una noche estábamos entre amigas celebrando el regreso de una amiga de Londres; Jennise había hecho un viaje increíble, contaba y contaba de los hoteles fabulosos en los que había estado y yo estaba allí sentada observando a las otras mujeres en la mesa.

Me había maquillado en el auto camino allí, me había puesto un vestido viejo porque era lo único limpio que tenía. Tenía un rodete en la cabeza, así que me sentía realmente patética. Y luego vino Jennise hacia mí, y me dijo traje esto para ti, era un libro de las grandes catedrales de Europa. No comprendía. Entonces leí la dedicatoria que ella escribió y decía: “Con admiración por la grandeza de  lo que tu  estas construyendo, cuando nadie lo ve”.

Me pregunté ¿Que no se puede mencionar los nombres de las personas que han construido las grandes catedrales? Tratando de encontrar en el libro quienes habían construido las maravillosas obras, encontré: Autores anónimos.  O sea que ellos terminaron sus obras sin saber que notarían su trabajo.

Hay una historia acerca de un constructor que estaba tallando una pequeña ave en el interior de una viga que iba a ser cubierta por un techo, y alguien se le acercó y le preguntó: “¿porqué empleas tanto tiempo en realizar algo que nunca nadie verá? Está registrado que el constructor respondió: Porque Dios lo ve. Ellos confiaban en que Dios lo veía todo. Ellos entregaron toda su vida a un trabajo, un magnífico trabajo que jamás verían terminado.

Ellos trabajaron día tras día. Algunas de estas catedrales tardaron más de 100 años en construirse. Eso es más tiempo que toda la vida de trabajo de un hombre. Ellos hicieron sus sacrificios personales sin crédito a cambio, realizando un trabajo que nunca verían finalizado por una obra cuyo nombre jamás figurará. Un escritor se adelantó a decir que una gran catedral jamás se volverá a ser construida, porque muy poca gente está dispuesta a sacrificar su vida de esta forma. Cerré el libro y fue como si oyera a Dios decir: “Yo te veo”.  No eres invisible para mí.  Ningún sacrificio es tan pequeño para que yo no lo note. Veo cada torta que cocinas, cada plato de lentejas que haces y les sonrío a todos. Veo cada lagrima de decepción tuya cuando las cosas no salen de la manera que quieres que salgan. Pero recuerda: “Estas construyendo una gran catedral que no será terminada durante tu vida y lamentable no vivirás para verla”; pero si acaso no la construyes  muy bien, “Yo lo haré”.

Actualmente mi invisibilidad fue el punto de inflexión para mí. Porque no es una enfermedad que se lleve mi vida, sino es la cura de la enfermedad de mi egocentrismo. Es el antídoto de mi propio orgullo. Está bien que no vean, está bien que no sepan. No quiero que mi hijo les diga a sus amigos que trae del colegio a casa: No pueden creer lo que hace mi mamá, se levanta a las cuatro de la mañana y nos hace tortas, y nos cocina pavo, y prepara la mesa. Más allá que yo haga o no esas cosas, no quiero que diga eso, quiero que él quiera venir a casa y en segundo lugar quiero que les diga a sus amigos: “Les va a encantar estar allí”.

Está bien que no te vean. No trabajamos para ellos, trabajamos para Él. Nos sacrificamos para Él. Ellos, nunca lo verán, a pesar de que hagamos lo correcto  o a pesar de que lo hagamos bien. Oremos para que nuestras obras se mantengan como monumentos para Dios.
Nicole Johnson.

 

 

Más de cuatro años de su vida gastaron María y Eduardo en un noviazgo aparentemente feliz, que se acabó cuando terminaron la carrera que estudiaron juntos. Fue como si hubieran agotado los temas de conversación que tenían en la universidad, para entrar en una competencia profesional que, lejos de dar trascendencia a su relación, marcaba territorios incompatibles.

Finalmente, Eduardo confesó que cuando se dio cuenta de que su noviazgo le reclamaba mas formalidad, tuvo miedo de continuar, porque necesitaba tiempo para saber si María era la mujer con quien realmente deseaba pasar el resto de su vida’. Su caso es el de cada vez más parejas ‘modernas’ que huyen de la responsabilidad como del demonio incluso cuando ya tienen todo preparado para la boda.

Quizás no supieron nunca que el verdadero amor no se traduce en ‘sentir bonito’ cuando se esta frente a la pareja y que tampoco significa: ‘estar de acuerdo en todo lo que se hace’, porque cuando realmente se ama a alguien se adquiere el COMPROMISO MORAL de ayudarlo respetuosamente a ser mejor, a que crezca como ser humano en todos los aspectos.

 

Cuando los jóvenes sueñan con encontrar al príncipe azul o a la súper-mujer para ser felices siempre, tendrán que plantearse con toda seriedad si no están esquizofrénicos, porque un mundo así solo se da en las letras o en las telenovelas, donde navegamos a merced de la imaginación del autor, pero no en el mundo, donde el Creador ha dispuesto para los hombres la felicidad y el sufrimiento, los logros y los fracasos, la aceptación y el rechazo, y la lucha constante y permanente, desde que nacemos hasta que dejamos de respirar.

Hace poco llego a mis manos una información de Cimac, en la que Martha Celia Herrera, psicoterapeuta del Centro de Interdisciplina Conductuales, asegura que las mujeres aun hoy conservan la expectativa de encontrar a un hombre maduro, productivo, estable, inteligente, paternal, que cambie pañales, que las acompañe al pediatra, que sepa preparar papillas que sea una excelente pareja, tierno, que externe sus emociones, que no pida relaciones intimas cuando ella está enojada, que sea empático.

Ellos, entre tanto, buscan a la mujer de sus sueños: productiva, inteligente, excelente anfitriona, que desee uno o dos hijos cuando el lo decida, que no pida dinero, que sea autosuficiente, independiente y autónoma, que colabore en la economía familiar y que cuide a los niños, que lave, planche, cocine y tenga bien arreglada la casa, además de que se dé tiempo para cuidar su apariencia, que siempre esté súper delgada, que sea vea sexy, etc., etc.

La doctora Herrera dice que con la revolución sexual y el feminismo se rompió el equilibrio tradicional entre el papel que correspondía a los hombres y el que estaba destinado a las mujeres.

Los varones se asustan frente a las mujeres que compiten con ellos en su espacio laboral y que a menudo están mas calificadas que ellos, y esa amenaza a veces se extiende al campo sentimental.

Influye también que se dividieron los roles, pero nunca quedaron delineados. Ahora la mujer tiene mas actividades que antes, porque debe estudiar, trabajar y atender a su familia, hecho que resulta desconcertante para todos.

Las expectativas femeninas y las masculinas son irreales y poco objetivas Muchos ni siquiera son capaces de expresar lo que esperan del otro. Yo no soy psicoterapeuta, pero se que en la vida nada es mágico ni gratuito. Los hombres y las mujeres hemos sido siempre los mismos, aunque las circunstancias han cambiado y, en este renglón, no tan positivamente como seria deseable.  Nadie esta ya hecho; la vida entera no nos alcanza a veces para irnos moldeando según nuestras metas y proyectos. De la misma manera dos seres inacabados, que tendrían que estar conscientes de que van a esculpirse juntos durante toda la vida. Anhelar un príncipe azul o una súper mujer junto a nosotros NO es un PECADO, pero si puede llegar a convertirse en un obstáculo para ser felices al lado de un ser humano de carne y hueso, con potencialidades y miserias que, como nosotros, necesita comprensión y verdadero amor para perfeccionarse poco a poco. Si hoy tantas relaciones se rompen después de un tiempo de tratarse en su noviazgo, es precisamente porque no estamos dispuestos a trabajar para forjar una relación sana, sincera, basada en el verdadero amor, que no es solo romanticismo, sino prueba constante de fidelidad, comunicación, respeto y de humanidad.

 Curiosamente, la doctora Herrera concluye que, mientras estudian licenciaturas, maestrías y doctorados, hombres y mujeres no se dan tiempo para ‘habilitarse en pareja’, para hablar de si mismos.

Todo eso se queda guardado y, cuando cumplen 30 años o más deciden tener un compañero, suponen que, como por arte de magia, contarán con habilidades que no desarrollaron, porque nunca se dieron tiempo para hacerlo.

Para relacionarse con otra persona hay que estar dispuesto a negociar, a manejar enojos, a discutir -no pelear- porque aunque existan puntos de vista diferentes, es posible conseguir objetivos que satisfagan a los dos, en otras palabras COMUNICACION dice la doctora. Pero eso cuesta.

Quizás el problema radica en que nadie desea comprometerse a entablar la lucha por lograrlo. Demasiado egoísmo. Diría yo. Cada día son más las mujeres y hombres, profesionistas, independientes, inteligentes y de éxito, que ven pasar los años sin encontrar pareja. Personas, de todas las clases sociales se encuentran frente al mismo problema.

Son Solteros y Solteras, se han quedado atrapados(as) en un espacio dentro de la sociedad actual, muy limitado en cuanto a diversiones y actividades, y se les dificulta mucho encontrar personas en su misma situación, ya no se diga para casarse, sino simplemente para acompañarse y entablar una buena amistad.

Ya no existe la palabra ‘solterón (a)’ y su imagen ha cambiado 180 grados, ya no es el hombre o la mujer gris, amargada, vestido como fraile o monja (según sea el caso); ahora son seres impecables, atractivos(as), de muy buen carácter. Que van supliendo la juventud con personalidad, desarrollo humano e intelectual.

Que hay demasiadas mujeres y pocos hombres’ es una idea que se escucha todos los días, y que ha llegado a penetrar profundo en la conciencia de las mujeres de todos los estratos sociales. Este punto se da como un hecho, apoyado en estadísticas generalmente falsas o bastante caprichosas. A un número determinado de mujeres les corresponde un número equivalente de hombres, a diferencia de la idea común de que por cada hombre hay cinco o seis mujeres.

Pero la soledad no es exclusiva de aquellas personas que son solteras. Hay mujeres que aun estando rodeadas de mucha gente llegan a sentirse muy solas, y a sufrir de carencias afectivas. También entre mujeres y hombres, casadas y casadosos, que comparten su vida con su pareja, es frecuente encontrar ‘solos y solas, acompañados y acompañadas,’.

Para poder amar verdaderamente hay que renunciar a creer que ese sentimiento es el fin de la soledad, y estar dispuestos a aceptar dos soledades, la del otro y la propia. Y es que amor es confesar: Si, yo te amo como tus eres… aunque no correspondas a mis sueños y a mis esperanzas, Tu realidad me da mucho mas regocijo que mis sueños.

 

 

Valorar es reconocer, estimar y apreciar el valor o mérito de alguien o algo. Es también aumentar el valor de alguien o algo.  Es frecuente escuchar esta queja de muchas parejas, especialmente de las mujeres, sin embargo, la gran mayoría de personas no expresa este sentimiento. Se guardan su frustración por no sentirse valoradas y simplemente se van alejando emocionalmente de su cónyuge.

También es cierto que vemos y resentimos con mucha más intensidad lo que mi cónyuge no me valora, que lo que yo le valoro a él o ella. En otras palabras es más fácil resentir lo que mi cónyuge no me valora que lo que yo no valoro de él o ella.  ¡Valora lo que Dios te ha dado! Hay un principio fundamental de vida que dice que lo que tú no valoras, eventualmente lo vas a perder.  Lo que tú no reconoces como valioso, lo vas a perder.  Hay muchos casos de cónyuges que no se valoraron, hasta que se perdieron. Es lamentable que muchas veces valoramos lo que teníamos hasta que lo perdemos y entonces viene el lamento y la tristeza, pero lamentablemente muchas veces ya es muy tarde.

Valora a tu esposo,   es la persona que Dios te dio para compartir la vida, es el padre de tus hijos; no es perfecto, pero es tu esposo.  Valora todo lo bueno que hay en él y ayúdale a mejorar en lo que no es bueno. Dios te instruye a que lo ames y lo respetes.  Agrega valor a tu esposo, en vez de criticarlo o juzgarlo; apóyalo, anímalo, motívalo y hazlo sentirse valioso cada día.

Que tus palabras sean de edificación siempre. Valora a tu esposa   Es la compañera de tu vida y madre de tus hijos y tampoco es perfecta. Valora todo lo que ella es, todo lo que hace, su esfuerzo por tener un hogar lindo y agradable, por su esfuerzo por tu bienestar y el bienestar de tus hijos. Dios te instruye a que la ames, la trates tiernamente y la protejas. Agrega valor a tu esposa ayudándola a ser mejor persona cada día.  Ora por ella todos los días.

Nunca te pongas a valorar más lo que haces tú que lo que hace tu cónyuge, eso no es constructivo. Si así fuera en realidad, más bien da gracias a Dios por la oportunidad de aportar más a tu familia, pero nunca exijas reconocimiento por eso.  Todos tenemos áreas en las que somos fuertes y otras en la que no lo somos. Generalmente vemos más fácilmente los defectos y los errores de nuestro cónyuge que todo lo bueno que hace.

Eso debe cambiar. Debemos formar el hábito de observar y pensar en todo lo bueno de nuestro cónyuge y cómo podemos expresarle nuestro agradecimiento por todo el esfuerzo que realiza por el bien de la familia. Toma la decisión de pensar en todo lo bueno de tu cónyuge y formar el habito de reconocer y valorar todo lo bueno que hace por ti y tu familia. Quizás debes pedirle perdón por no haber reconocido y valorado todo lo bueno que ha hecho. Pídele perdón y exprésale tu agradecimiento. Forma el hábito de valorar y expresarle a tu cónyuge tu agradecimiento constantemente. 

Tu matrimonio y tu familia es el regalo más preciado que Dios te ha dado. ¡Cuídalo!

Luis y Hannia Fernández    

 

 

Quien no te valora... Hay muchas relaciones de pareja y matrimonio en las que el respeto no existe.  Quien no te valora, no te merece. Eso es algo que toda persona debiera tener en mente. Y el respeto empieza por uno mismo, que se te valore o no, depende de ti. Las relaciones comienzan con esperanza, empezamos una nueva vida junto a la persona que amamos, ya no hay secretos pues por fin tienes un cómplice, un amigo, ya tienes un amor, y tu alma está descubierta ante esa persona. Así vivimos cada día con mucha alegría, con esperanza, con fe de que vamos a llegar mucho mas allá en la relación, parece que todo fuese perfecto, la relación perfecta, todo encaja en nuestras vidas. Pero sucede también que muchas veces esos sueños realizados, esos sueños de amor que se han cumplido, se rompen.

Tras ello viene la desilusión, tu pareja ya no te mira, ya no te valora, ya no te llama, o si lo hace es cuando ella quiere y no cuando tú le necesitas.  Ya nunca está para ti y te ves envuelto en absoluta tristeza e impotencia de no saber qué hacer. Y es justo que te sientas enfadado, lo has dado todo, no te has quedado con nada, y de pronto todo se ha roto. 

¿Dónde fue que perdiste el rumbo?  ¿Por qué te dejas pisotear?  Muchas personas viven esta experiencia de verse menospreciadas y vejadas, insultadas por su pareja.  Relaciones en las que ya no hay respeto. Pero más triste que todo esto es que tú permites que se te atropelle. Eso es lo más grave, nadie puede ni tiene el derecho de insultar tu persona, no lo consientas, no permitas que en nombre del amor te hagan pedazos a ti y a tu dignidad. Algunas características comunes de parejas que no te valoran:     Nada de lo que haces le gusta.     Critica todo, hasta tu forma de vestir.

     Ya no te deja tener amistades, te controla en todos los aspectos.

     Te pone en evidencia ante otras personas.

     Después de lograr que le amaras, ya no te hace caso.

     No responde a tus llamadas.

     Evita cualquier encuentro para no tratar temas serios.

     Se deja querer, ya no tiene detalles, al contrario, piensa que se lo “merece” todo.

Si identificas a tu pareja en casi todas estas características, entonces no dudes en bajarte de ese tren; en la primera estación bájate. Es mejor sufrir un tiempo que estar con una persona así toda la vida. No te merece, no te valora, no te quiere, sólo le sirves para sus gustos.  Tú no tienes que vivir una vida así, no eres cualquier cosa, eres una persona creadora de amor, de bondad y tropezar con este tipo de personas sólo te hará mal. Tú mismo debes retirarte de su vida, te mereces un buen amor, una buena relación, no tienes por qué estar todos días soportando que hieran tu corazón.

Si te respetas a ti mismo, llegará el día en que una persona te dará tu lugar y sabrá valorar lo que eres. Te valorará por ser tú mismo, no por lo que tienes.  No permitamos que nadie sufra de esta manera, esas personas no valen la pena, deja esa vida y no te olvides, hay que tener dignidad, sólo así podrás salir adelante con estas relaciones tan nocivas.  Mereces que te amen y no te lastimen, mereces respeto así como toda persona lo merece, por algo eres único, y esa palabra vale mucho. Puedes permitirte perderlo todo en la vida, menos la dignidad, eso es lo que realmente hace daño, no lo permitas nunca, y si ya lo perdiste nunca es demasiado tarde para recuperarlo. Mereces dignidad. Recuerda: ¡Quien no te valora, no te merece!

Shoshan

Hijo;
No puedo imaginar la clase de mundo que pueda traer el día de mañana, pero a menos que sea el Milenio del que habla la Biblia, será aún más hostil para la familia.  Si el Señor tarda en venir lo suficiente como para que ustedes se casen y empiecen a criar hijos, su papá tiene unas cuantas palabras de consejo.

Primero, sepan que la mujer con la que se casen será para toda la vida madre de sus hijos.  Todo lo que ella sea, por las experiencias pasadas acumuladas, estará presente en la madre de sus hijos.  Ninguna decisión afectará el futuro de sus hijos más importantemente que la elección de su compañera para toda la vida.  La relación entre un hombre y su esposa afecta más a los hijos, que ningún otro factor.  Una pareja pudiera expresar sus diferencias únicamente en privado, pero jamás podrán ocultarles a sus hijos los efectos.  Recuerden, su familia no podrá ser mejor, que lo que es la relación que tengan con su esposa: la madre de ellos.

No dejen de cultivar su relación con su esposa.  Satisfagan las necesi­dades de ella.  Háganla feliz.  La condición mental de ella será el 50% del ejemplo de los hijos, y el 100% cuando ustedes estén ausentes.  Si ustedes aman y cuidan a su esposa, los hijos la amarán y la cuidarán también.  Si ustedes están dispuestos a servirle a ella, el ejemplo se reflejará en la experiencia de ellos.

Cuando busquen una esposa y madre para sus hijos, el primer requi­sito es que ame al Señor y sea discípula de Él.  Ninguna otra cosa será capaz de sostenerla hasta el final.  Necesitará saber orar.  Una muchacha que ve a Cristo con ligereza, hará lo mismo con su familia.  Un hombre y su esposa son “coherederos de la gracia de la vida.”   Se necesitan dos, en un yugo igual, para tirar la carreta familiar felizmente a su destino a través de los hostiles desiertos de esta vida.

El segundo elemento que hay que buscar en una futura esposa es: alegría.  Ahora, algunos pasarían por alto esta cualidad totalmente; pero no puedo recalcar demasiado el valor práctico de esta cualidad.  La muchacha que es irritable y descontenta antes del matrimonio, no cambiará repentinamente después.  Todos pasamos por pruebas y adversidades.  La muchacha feliz y alegre, ha aprendido a manejarlas sin dejar de disfrutar la vida.  No hay hombre que pueda hacer feliz a la mujer descontenta.  La mujer que no encuentra el gozo que mana de una fuente interior, no la encontrará en las dificultades y pruebas del matrimonio y la maternidad.

El cortejo es un jardín en primavera; todo parece prometedor; pero el matrimonio es un jardín en agosto, cuando empieza a dejarse ver la calidad del suelo y de la semilla, el cuidado que se ha puesto para prevenir las plagas, el añublo y las malas hierbas.  El fruto del vientre se puede arruinar antes de que germine.  Elijan con cuidado y oración a su esposa y la madre de sus hijos.  Una muchacha sentida que llora para manipularte, será un grillete después del matrimonio.  La alegría se deja ver mejor cuando las cosas no salen exactamente como ella quisiera.

La siguiente cualidad que hay que buscar es: gratitud.  Cuando una muchacha no es agradecida con su familia o sus circunstancias, un cambio de ambiente y relaciones no la va a volver agradecida.  La gratitud no es una respuesta al ambiente en el que uno se encuentra, sino una expresión del corazón.  Eviten a la muchacha de humor cambiadizo, malagradecida y descontenta.  Si no está llena del gozo de vivir antes del matrimonio, segu­ramente no lo estará después.  Una joven que tenía menos de un mes de casada le dijo a Deb:  “Jamás he sido una persona sentida, a la que se le ofende fácilmente.  Pero desde que me casé, parece que cargo con un resen­timiento constante.  Supongo que es porque me importan las cosas más que antes.”   Deb le dijo: “No, no es que las cosas te importen más; sólo es que sientes que tienes más derechos y por eso esperas más.”   Lo que hay que recordar es que la personalidad y el temperamento no mejoran después del matrimonio.  Cuando se elimina el freno social, la libertad que procede de una unión segura y permanente, permite que uno exprese sus verdaderos sentimientos.

Hijos, tomen nota de la actitud de una muchacha hacia su padre.  No importa qué clase de canalla pueda ser él, si ella es rebelde con él, será doblemente rebelde con ustedes.  Si se expresa irrespetuosamente de su padre o con él, lo mismo hará con ustedes.

Otra cosa que hay que buscar es que sea una trabajadora diligente y creativa.  No se casen con una muchacha floja y perezosa.  La belleza envejece muy rápidamente cuando está guardada en la cama, enmarcada en el desarreglo y las quejumbres.  Eviten a toda costa a la muchacha perezosa.  Si espera que la atiendan, que se case con un mesero.  Suficiente trabajo tendrán criando hijos sin tener que criar también a la esposa.

Jamás se casen con una muchacha que no está convencida de que está consiguiendo al mejor marido del mundo cuando te consiga a ti.  La muchacha que se embarca en el matrimonio pensando que le podía haber ido mejor, jamás estará satisfecha por estarse preguntando cómo hubieran sido las cosas si…

Eviten a la muchacha que está enamorada de su propia hermosura.  Mejor sería casarse con una muchacha de apariencia sencilla que se con­tente con amar y ser amada, que con una que se va a pasar la vida tratando de preservar su belleza.  La vida es demasiado grande y abundante como para desperdiciarla esperando a una mujer desilusionada que está mirando el espejo y lamentándose.

Eviten como si fuera una plaga a la muchacha que persigue su propia carrera fuera del hogar.  La esposa debe ser “ayuda idónea” para ustedes. 

El último requisito es amor por los niños.  La muchacha que no quiere tener en su vida el estorbo de los niños, está sufriendo de un profundo dolor y va por el camino a la infelicidad.   Algún día, si el Señor lo permite, tendrán sus propios hijos.
Michael & Debi Pearl .

La relación con los suegros casi nunca resulta sencilla: con frecuencia incluye luchas en las que nadie gana, escenas de celos y disputas por la lealtad y el poder.   La figura de la suegra como símbolo de la mujer entrometida, indiscreta, tiránica o controladora forma parte de una suerte de mitología popular.  Sin embargo, aunque las mujeres son las principales señaladas cuando se habla de rivalidades familiares, también existe competencia entre suegros y yernos.

Si los vínculos entre padres e hijos cargan de por sí con una gran dosis de complejidad, las relaciones que se establecen con la familia política (padres y hermanos de la pareja) representan un desafío emocional mucho mayor.  Cada grupo familiar es un universo con sus propios códigos, y las parejas de los hijos muchas veces son vistas por los suegros como “invasores” que irrumpen y perturban los afectos establecidos.

Cuando los hijos se convierten en adultos, los padres deben realizar una readaptación emocional y aceptar que ellos tienen derecho a hacer su propio camino, y eso incluye la elección de un estilo de vida que puede o no coincidir con el criterio o el deseo de los padres.

Son muchos los factores que provocan rivalidades (sobre todo con el padre del sexo opuesto) cuando los hijos inician una relación afectiva o establecen su propia familia. La enemistad declarada de los suegros con los hijos políticos puede conducir a la ruptura de la pareja, porque no siempre es fácil ponerles límites a los propios padres.

La figura de la suegra como símbolo de la mujer entrometida, indiscreta, tiránica o controladora forma parte de una suerte de mitología popular y es un tópico humorístico universal. Pero más allá del humor y los mitos, lo cierto es que las madres son el principal agente transmisor de las pautas culturales al núcleo familiar; en consecuencia, se sienten impelidas a continuar imponiendo sus normas en la nueva estructura afectiva que forman sus hijos, asumiendo así un rol peligrosamente controversial.

Muchas veces las suegras actúan de manera abierta y franca y exigen a los hijos políticos que acaten sus “sugerencias”; pero en la mayoría de los casos intentan dominar la situación con agresiones sutiles (no por ello menos violentas): por ejemplo, comentarios ofensivos disfrazados, visitas sorpresivas o intromisiones en cuestiones íntimas y en decisiones que atañen únicamente a la pareja.  También pueden agredir a la nuera cuestionando y criticando cómo ejerce el rol de madre.

La relación entre suegra y nuera suele ser más conflictiva que entre suegra y yerno. ¿La razón?: el vínculo entre la madre y el hijo varón contiene un espinoso componente a nivel inconsciente, una suerte de “lazo romántico” bastante difícil de superar para ambas partes; entonces, ciertas suegras emprenden inconscientemente una lucha con su “enemiga” (la nuera) por el “hombre de su vida” (el hijo).

“Muchas suegras entablan competencia con la nuera porque tienen miedo de perder el cariño del hijo. Además, no soportan perder el control sobre él”.  Muchas madres suelen establecer una gran diferencia entre los hijos varones y las mujeres: “una suegra puede estar orgullosa de su yerno, si éste se desvive por atender y complacer a su hija; pero si esa misma actitud tan afectuosa la tiene su hijo varón con su esposa, es probable que piense que la nuera es exigente y demandante, y que su ‘pobre hijo’ hace demasiado por ella”.

Aunque las mujeres son las principales señaladas cuando se habla de rivalidades familiares, también existe competencia entre suegros y yernos: “por lo general es más sutil y solapada que la que se produce entre las mujeres: los hombres suelen competir en aspectos vinculados al éxito económico”.

Los suegros a veces adoptan una actitud escéptica y desconfiada con sus yernos, como si ningún candidato fuera lo “suficientemente bueno” para su hija. Al establecer un ideal inalcanzable, están enviando un peligroso mensaje subliminal: “nadie es tan perfecto como tu padre”. 

Una de las estrategias utilizadas por los suegros para manipular y controlar a los hijos adultos y sus parejas es a través de los recursos compartidos: les prestan una suma de dinero o los hacen participar de un negocio familiar, de forma tal que ese compromiso les otorgue derecho a opinar sobre cómo gastan los ingresos, en qué invierten, si pueden irse de vacaciones o no, y hasta intervenir en la educación de los nietos.

Si bien la suegra o el suegro pueden ser las figuras visibles de las batallas familiares, los especialistas consultados coinciden en que si la pareja en cuestión resulta severamente afectada por esas intromisiones, no se puede depositar toda la culpa a los suegros. Si una suegra agrede repetidamente a su nuera y no hay forma de detenerla es porque el hijo no pone límites a su madre, no sabe hacer valer su lugar como adulto y se sigue comportando como un niño. Entonces, no se trata de un conflicto entre suegra y nuera, sino de un serio problema de pareja.

Ciertos hombres tienen un vínculo malsano con sus madres y permiten que éstas se entrometan y agredan a su mujer. Así, de manera inconsciente, cumplen con el objetivo de romper su nexo amoroso y volver a formar el círculo cerrado de la infancia, que es exclusivamente entre madre e hijo.

En su libro ¡Suegras! Técnicas y estrategias de supervivencia, Beatriz Goldberg cataloga las actitudes típicas de los varones ante las ofensivas de sus madres:

Existe el hombre zombi, que “casualmente” nunca escucha cuando su mamá ofende a su mujer;

El evasivo, que aún siendo testigo de la agresión trata de minimizar el hecho y restarle importancia;

El culpabilizado, que no quiere comer con su madre, pero como no se atreve a plantearlo, le dice a su madre que es su mujer quien no quiere ir; y

El creativo, que se anima a enfrentar la situación de hostilidad, establece los límites necesarios para que su madre cambie de actitud y sabe respetar (y hacer respetar) el rol que cada una de estas mujeres ocupa en su vida.

Las estructuras familiares han experimentado una gran evolución en las últimas décadas, principalmente motorizada por los nuevos roles femeninos. En consecuencia, también hay un nuevo modelo de suegras, encarnado por mujeres tan ocupadas en sí mismas que no sienten la necesidad de invadir a sus hijos ni hacen de ellos el centro de sus vidas.

Sin embargo, no siempre la presencia de una suegra “moderna” garantiza que las rivalidades entre las figuras femeninas se disipen. Si las tradicionales siempre han competido por demostrar que son mejores cocineras o perfectas amas de casa, las “nuevas suegras” quieren ser más bellas, más delgadas o estar mejor vestidas que las nueras.

¿Cuáles son las estrategias recomendadas frente el conflicto con los suegros?

Beatriz Goldberg asegura que si bien hay que poner un límite desde el principio (ante la menor agresión), para evitar que la situación empeore y se produzca una escalada, no hay que dramatizar: se puede utilizar el recurso del humor y, con buenos modales (pero con firmeza), dejar en claro que no se tolerarán las intromisiones.

“Hay que pensar que uno también va a ser suegro o suegra, y saber ponerse en el lugar del otro.  Ver la realidad desde la visión de la otra parte ayuda a limar las asperezas. Si uno entiende por qué el otro hace lo que hace, se puede vincular mejor”. También es recomendable que los hijos (de manera ocasional) se encuentren con sus padres a solas, sin la pareja: de esta manera se respetan mejor los espacios afectivos de cada familia.

Si la situación tensa se repite, es indispensable dialogar y llegar a un acuerdo con la pareja, porque es exclusivamente el hijo biológico quien debe poner un límite claro y decisivo a sus padres, informarles cómo piensa vivir su vida de adulto y exigirles el debido respeto.

Violencia Disfrazada

  • Dar consejos que nunca fueron solicitados a un yerno o una nuera.
  • Hacer comentarios críticos sobre cómo cocina, mantiene su casa o educa a sus hijos.
  • Castigar al hijo político, cuando no cumple con las expectativas, con tonos agresivos o visiblemente indignados y retirando las visitas o las invitaciones.
  • Opinar críticamente sobre el cabello, el maquillaje, el peso, el salario, el tiempo libre o el trabajo de la nuera o el yerno.
  • Hacer sentir culpables al yerno o a la nuera por su soledad.
  • Dejar claro que no se acepta ningún otro punto de vista ni criterio de vida que el propio.
  • Dar ciertos permisos a los nietos, que los padres desaprueban terminantemente.
  • Tratar de imponer cómo se deben festejar los cumpleaños, las fiestas de fin de año o cuándo deben tomar las vacaciones o hacer las visitas.
  • Protestar y hacerse la víctima todo el tiempo.
  • Hacer reproches sobre cómo utilizan los recursos, en qué se gastan y para qué se ahorran.

Cada Quién en su Lugar

Una pareja está integrada exclusivamente por dos personas, y los suegros no forman parte de esta sociedad. Las parejas no deben discutir ni debatir sus diferencias delante de sus padres ni contarles intimidades, porque es una forma de “invitarlos” a tomar partido e intervenir.  Tratar de impresionar a los suegros o complacerlos excesivamente es una estrategia que fracasa a largo plazo. Es mejor que desde el comienzo ambas partes se acostumbren a respetar las diferencias y el lugar de cada quien.

La Nuera un Chivo Expiatorio.

Los conflictos mal resueltos con los hijos suelen rebotar hacia las nueras. Con frecuencia, las madres no quieren aceptar que sus hijos piensan distinto a ellas o quieren vivir una vida que no se corresponde con sus expectativas.  Entonces, para evitar el dolor de enfrentarse a la realidad, prefieren pensar que la nuera es la “mala influencia” que lo hace cambiar de opinión, o lo hace fracasar, o lo obliga a hacer cosas que no le gustan. Demonizar a la nuera es una forma de preservar un vínculo ilusorio con el hijo y hacer cuenta de que sigue siendo el niño que fue.

Elizabeth Levy Sad

Las pequeñas cosas son las que realmente cuentan. Tener un lugar donde vivir, comida, y estar casada no son suficientes. La mujer se entristece cuando su esposo no demuestra amor por ella con pequeños, pero importantes gestos.  Para una mujer, cada detalle cuenta.

Cuando ella se queda quieta o cambia de repente  de humor, probablemente está dando una señal de que necesita atención. Puede hasta parecer un poco frío e indiferente, pero lo que realmente ella quiere es que su esposo la note y admire. ¡Un simple cumplido o un beso lo cambia todo!

La mujer quiere ser escuchada. Ella anhela la plena atención de su esposo en temas que significan todo para ella, pero que no tienen ninguna importancia para él. A menudo, la mujer habla de algo sólo para que su esposo la escuche. Es irónico, pero hay muchas mujeres casadas se sienten más solitarias que las que son solteras.

 A ella le encanta hacerse notar.  Ella pasa horas arreglándose como si el tiempo pasase solo para que ella se vista, y cuando termina, se siente una princesa.  Pero si su esposo no se da cuenta, todo va cuesta abajo.  Ella quiere que su esposo la vea como la primera vez, sin importar su edad o peso.

 La mujer quiere que su esposo sea creativo porque la rutina convierte el matrimonio aburrido. La decisión espontánea para llevarla a un lugar para una cena para dos o sorprenderla y llenarla de cariños será recordada para siempre. Un pequeño detalle: las esposas aman ser besadas, como en las citas. De alguna manera, se sienten jóvenes y atractivas.

 A una mujer le encanta cuando su esposo tiene el control. Algunas mujeres no lo reconocen, pero sin duda les gusta tener un líder en la familia.  El hombre que no ejerce su autoridad como cabeza de familia avergüenza a su esposa. Por supuesto que él no se debe utilizarla para hacer el mal, porque su autoridad es admirada sólo cuando se usa con prudencia y para el bien de todos.

La mujer quiere ser requerida. Ella ama a su esposo cuando la desea.  Sin embargo, es importante destacar que esto no le da al hombre el derecho de abusar de su esposa cuando ésta le dice “no”. 

La mujer anhela el aprecio y el reconocimiento de su esposo, por el cuidado de la casa y los hijos. ¡Un simple “gracias” puede marcar una gran diferencia!

Ella admira a su esposo cuando él es trabajador, fiel, serio y decidido a tener éxito.  Ella desprecia al hombre que es cobarde.

 Por encima de todo, ella quiere ver el amor de Dios en su esposo.  Se siente segura cuando él es un hombre de Dios.

Cristiane Cardoso