Señor, quiero escuchar tu voz,  toma mi mano, guíame al desierto para que  nos encontremos a solas, Tú y yo. Necesito contemplar tu rostro porque me hace falta el calor de tu voz y caminar juntos. Me hace falta callar, para que hables Tú. Quiero revisar mi vida, descubrir en que tengo que cambiar, afianzar lo que anda bien, sorprenderme con lo nuevo  que me pides.

Me pongo en tus manos, ayúdame a dejar a un lado las prisas, las preocupaciones que me llenan. Barre mis dudas e inseguridades porque quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado. Ver dónde aprieta el zapato para urgir el cambio.

Me tienta el activismo, la seguridad y el diario hacer y hacer, y me olvido del silencio y la oración. ¿Leer tu Palabra en la Biblia? sólo para cuando haya tiempo.

Me tienta la incoherencia: Hablar mucho y hacer poco. Mostrar facha de buen cristiano, pero dentro, donde solo Tú y yo sabemos, tengo mucho que cambiar. Me tienta ser el centro del mundo. Que los demás giren a mi alrededor. Que me sirvan en lugar de servir. Me tienta la idolatría de fabricarme ídolos con mis proyectos, mis convicciones, mis certezas y conveniencias, y ponerles tu nombre: si, ponerles a ellos el nombre  de Dios.

Me tienta la falta de compromiso pues es más fácil pasar de largo que bajarse del caballo y actuar como el buen samaritano. ¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor, y yo me hago el distraído! Me tienta la falta de sensibilidad, no tener compasión, acostumbrarme a que otros sufran y tener excusas, razones, explicaciones que no tienen nada de Evangelio, pero que me conforman un rato aunque en el fondo no puedo engañarte. Me tienta separar la fe y la vida. Leer el diario, ver las noticias sin indignarme evangélicamente por la ausencia de justicia y la falta de solidaridad. Me tienta el mirar la realidad sin la mirada del Reino. Me tienta el alejarme de la solidaridad y la participación social. Que se metan otros. Yo, soy cristiano de sólo el Domingo ir a misa y gracias.

Me tienta el tener tiempo para todo menos para lo importante. La familia, los hijos, la oración se quedan ultimo lugar. Me tienta el desaliento, lo difícil que a veces se presentan las cosas. Me tienta la desesperanza. Me tienta el dejar las cosas para mañana, cuando hay que empezar a cambiar hoy. Me tienta creer que te escucho cuando  solo escucho mi voz. Me tienta creer que te busco cuando en verdad me busco a mi mismo.

¡Enséñame a  discernir! Dame luz para distinguir tu rostro. Llévame  al desierto de la oración, Señor, despójame de lo que me ata, sacude mis certezas y pon a prueba mi amor. Para empezar de nuevo, humilde, sencillo, con fuerza y espíritu para vivir fiel a Ti.

Amén.