990707-N-6483G-001Chuck Yeager inició la era de los vuelos supersónicos al volar en su avión el 14 de octubre de 1947. En esa fecha rompió la barrera del sonido: “Una especie de “muro de ladrillos invisibles”. Algunos científicos prominentes parecían disponer de ciertos “datos sólidos” respecto a que esa barrera era impenetrable. Otros predijeron, taxativamente, que tanto el avión como el piloto se desintegrarían cuando alcanzaran dicha la velocidad; o que el piloto perdería la voz; retrocedería en edad, o recibiría fuertes golpes.

A pesar de ello, ese día histórico, Yeager alcanzó una velocidad de vuelo de 1.126 kilómetros por hora en su avión Bell. Tres semanas después superó esa marca, y seis años más tarde voló a la increíble velocidad de 2.594 kilómetros por hora, poniéndole fin al mito de la barrera impenetrable.

En su autobiografía, Yeager escribió: “Cuanto más rápido iba, más suave se hacía el vuelo. Repentinamente, el indicador de velocidad comenzó a oscilar. Subió hasta 0.965 y luego saltó en la escala.   ¡Creí que estaba viendo visiones!   Estaba volando a velocidad supersónica y el vuelo era tan suave como el trasero de un bebé: mi abuela hubiese podido ir sentada allá atrás, sorbiendo una limonada. Yo estaba estupefacto.

Después de tanta ansiedad y de tantas prevenciones, romper la barrera del sonido, lo desconocido, era sólo una incursión a través de una especie de gelatina espacial, como circular en una autopista perfectamente pavimentada. Más tarde comprendí que esa misión había terminado en una decepción, porque la verdadera barrera no estaba en el cielo, sino en nuestros conocimientos y en nuestras experiencias acerca del vuelo supersónico”. La humanidad ya ha “roto” la barrera del sonido, pero enfrenta todavía un obstáculo que muchos consideran más difícil de superar: ¿La velocidad de la luz? No, “La barrera del humano”.

En la actualidad, romper la “barrera humana” o statu-quo es, para muchos, tan difícil como lo era hace cuatro décadas romper la “barrera del sonido” para los ingenieros aeronáuticos. Muchas personas necesitan dar un salto cuantitativo en sus vidas y hacer un saludable cambio en sus hábitos, una modificación importante en sus directrices.   Para lograr romper con los viejos hábitos y elaborar otros nuevos, se debe aprender, al igual que en la aviación, a manejar las fuerzas restrictivas y a aprovechar las fuerzas impulsoras.

Superar la inercia del pasado depende, en gran medida, de disponer de una clara identidad y un sólido fin. De saber quién eres tú y qué es lo que quieres llevar a cabo.

 Valga esta reflexión para el equipo mexicano  en el mudial de fut bol de Brasil 2014, donde nuestro país debe aprovechar al máximo toda su fuerza impulsora alcanzada en su fase inicial de octavos de final. ¡Vamos México!

 

 

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