El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

Tenía yo 48 años de edad, y sentí que debería vivir con una mujer ya de fijo en mi vida, fue que en Bacalar conocí a doña Alba, viudita de no muy mal ver que nunca pudo tener hijos, y con sus 32 años juntamos nuestras vidas. Una vez estábamos cosechando elotes, cuando mi mujer vio pasar un armadillo y lo correteamos hasta agarrarlo fuertemente de la parte trasera pero el animalito resistió y con sus enormes garras se hundía empujando tierra hacia fuera. Alba vio entre la tierra removida unas monedas de oro… no lo podía yo creer, anteriormente caminé varios kilómetros por debajo de Bacalar y nunca encontré algo de valor, y en mi terreno había oro. ¿Cómo es que esas 38 monedas acuñadas a finales del virreinato estuvieran ahí casi a flor de tierra? ¿Será que todavía en la época de la guerra de castas, circulaban en Bacalar esas monedas? jamás lo sabré.

Y como el dinero y la viruela no se pueden ocultar, perforé cinco monedas y le fabriqué un collar a mi adorable mujer. Después me fui a la cantina a celebrar echándome unos tragos de tequila y pagué con oro, total para eso se hizo el dinero para gastar. Muy tarde comprendí que el humano estúpido e ignorante es el vanidoso presumido que se llena de accesorios de oro como yo lo hice para que todo el mundo supiera que ya había un nuevo millonario… no faltó quién me quiso robar, y hasta me querían matar tal vez por envidia. La policía me detuvo y fui llevado a Campeche, mi mujer al darse cuenta de lo que ocurría huyó con las monedas para Río Verde, lugar donde vivía su madre y demás familia… allá la ocultaron. En Campeche me encadenaron, no me daban de comer y me golpearon hasta dejarme varias veces inconsciente, pero aguanté siempre negando la existencia del precioso metal. Para 1935 con la reincorporación del Territorio de Quintana Roo, fui puesto en libertad por falta de pruebas.

Al regresar a Bacalar no encontré a Alba, y me fui a buscarla a Río Verde, allá me recibieron con la terrible noticia de que mi mujer había sido mordida por una serpiente cascabel y había fallecido… del dinero nunca supe a dónde habrá quedado… no cabe duda que la vida todo te lo da, pero si te apendejas, todo te lo quita. Riéndome de mi propia desgracia me regresé a la capital del Territorio, Payo Obispo prometía el desarrollo y el progreso. Era el Presidente de México don Lázaro Cárdenas del Río, quien nombró como Gobernador al Gral. Rafael E. Melgar, hombre bien intencionado diría yo que el mejor gobernador que ha tenido el Territorio de Quintana Roo. Al mes y medio de haber ocupado la silla presidencial, el Gral. Cárdenas por Decreto ordenó la inmediata reincorporación del Territorio de Quintana Roo, y así fue publicado en el diario oficial del 16 de enero de 1935. Cuando el sur de Quintana Roo estuvo en poder del gobierno campechano sólo sirvió para que se llevaran las riquezas naturales sin siquiera habernos dado chamba, la población de Payo Obispo inactiva corrió el peligro de desaparecer.

Ahora éramos en Payo Obispo unas tres mil personas, y ya había trabajo para todos, claro que en algunas obras teníamos que colaborar como por ejemplo en la construcción del monumental aljibe captador de dos millones de litros de agua de lluvia, antes sólo contaba con agua los que tuvieran su curvato de Madera; con el aljibe público todos podíamos ir y con nuestras cubetas agarrar el líquido. Se crearon las cooperativas de albañiles, chicleros, mieleros, caoberos, etc.La capital cambió mucho: aplanado de las calles y bustos de los héroes, escuelas y hospitales, música viva en el parque principal, la costera, el hotel de Los Cocos, el Palacio de Gobierno en su primera etapa , todo eso era trabajo y en seis años hubo desarrollo en Quintana Roo. A partir del 23 de diciembre de 1936, Payo Obispo cambió su original nombre por el de ‘Cd. Chetumal’, y la frontera conocida como Santa Elena, cambio por el de ‘Subteniente López’.

Al Gobernador Melgar le llegó el informe militar sobre mis antecedentes diciendo que yo era persona de buen criterio y extremada rectitud, asunto que al General le agradó y me dio la primera chamba… ir al vecino Estado de Campeche y recoger el reloj público de Payo Obispo… esos cuates cuando se fueron arrasaron con todo, con máquinas de escribir, escritorios, archiveros; bueno hasta con las escobas cargaron, pero al nuevo Gobernador de Quintana Roo sólo le interesaba que devolvieran el reloj público que era propiedad del Gobierno Federal… Mi General Melgar se llenó de sonrisa al vernos llegar con el famoso reloj público. Fui nombrado Inspector General de Policía, mi primer encargo fue crear con elementos de la misma corporación la “Banda de Música del Gobierno del Territorio de Quintana Roo”… así fue que en Payo Obispo por dos pesos con cincuenta centavos diarios la hacíamos de músicos y policías.

Pero no todo era trabajo feliz. Uno de los asesinatos más sonados en Chetumal fue el ocurrido la noche del 15 de septiembre de 1939… habían matado al Dr. Jaime López Mijares, primer director del nosocomio más moderno de todo el sureste mexicano… el Hospital Morelos de Chetumal. El crimen fue por un arrebato pasional. Lo asesinó su novia una enfermera de nombre Judith Lagunas Arcaraz, quien en momentos de acalorada discusión, ella con un revolver le disparó un tiro que perforó el abdomen dejando al galeno sin vida. La tragedia ocurrió en uno de los departamentos construidos de madera donde el médico pagaba renta a conocido panadero (el Griego) cuyo inmueble se ubicaba en la esquina que componen las avenidas 22 de Marzo (hoy Carmen Ochoa) y la Héroes, en Chetumal. Judith Lagunas, envuelta en llanto declaró que no era su intención matarlo, sino más bien asustarlo: —”Saqué la 45 que mi padre me había regalado, el arma la sentí más ligerita que nunca antes, parecía una pesadilla, todo me temblaba de coraje… Él preparaba su ropa para abandonarme, por ahí supe que una vieja en Chetumal me lo andaba quitando. Yo le advertí, si tú das un paso a la calle ¡te juro que te mato!, dejé a mis padres por seguirte y no voy a regresar a Oaxaca toda fracasada… Cuando desperté a la realidad, ahí estaba mi Jaime, tirado en el suelo en gran charco de sangre”.

Por otra parte, es justo reconocer que el Presidente de México Lázaro Cárdenas no escatimó gastos para enviar al Hospital Civil Morelos los médicos más reconocidos de aquellos años: Arceny Lepiavka (de origen ruso), Raúl Esquivel Medina (del D.F.), Aguilera Olmos (médico militar) y otros que no recuerdo sus nombres. Entre ellos había un galeno francés de nombre Jean Berén, que ocupó la atención de los periódicos más importantes de Europa, y de América también. En 1939 fue noticia de primera plana que un preso se escapara de la “Isla del Diablo”, Jean Berén en su fuga tuvo la buena suerte de ser encontrado y auxiliado por un barco mercante que lo acercó a la Isla de Cozumel. Era el Territorio de Quintana Roo donde se encontraba el hombre más buscado por las autoridades judías antinazis que ya presentían que la segunda guerra mundial era inevitable. La justicia mexicana del Gral. Lázaro Cárdenas no encontró culpa alguna en el fugitivo que en todo caso era un problema de carácter político. Así es que como médico en agradecimiento al pueblo de México que lo protegió, se quedó en el Hospital Civil Morelos y dio consultas a muchos chetumaleños.

El periodismo profesional celoso de la información, envió desde la capital de nuestro país a la escritora Refugio Escobar, quien se encargó del reportaje en torno al fugitivo Dr. Berén. La reportera y el galeno terminaron enamorándose, fue así que Refugio como enfermera se quedó a vivir en el Territorio de Q. Roo al servicio del Hospital Morelos. Al término del gobierno del Gral. Cárdenas el nuevo Presidente de México, Gral. Manuel Avila Camacho (1940-1946) se permitió la extradición del Dr. Jean Berén y de una actriz de nombre Fatamorgana de origen alemana que también vivía en Chetumal. Refugio Escobar no teniendo ya nada qué hacer en la capital de Quintana Roo, se regresó a la Ciudad de México, años después se matrimonió con el escritor Tomás Perrín, mujer talentosa que la radio XEW la llevó con sus monólogos cómicos a la fama como “Cuca la telefonista”. La recuerdo perfectamente bien cuando vino a escribir un reportaje, y se quedó a vivir alegrías y tristezas del naciente Chetumal.

Durante el último año de gobierno quintanarroense del Gral. Rafael E. Melgar, habían tres candidatos (J. Mújica, Andrew Almazán y Ávila Camacho) a la Presidencia de la República, el Gobernador Melgar apoyó al Gral. Juan Andrew Almazán, pero el que ganó fue el Gral. Manuel Ávila Camacho, así es que las venganzas políticas contra Melgar no se dejaron esperar. A Melgar no le dio tiempo de inaugurar un mercado que llevaría el nombre de Benito Juárez ubicado en la esquina que componen las avenidas de Los Héroes e Ignacio Zaragoza en Chetumal, sólo le faltaban pequeños detalles de acabado como los mosaicos del piso y pulido del mármol, sin embargo el mercado estuvo sin abrir seis años, cerrado todo el sexenio del Gral. Ávila Camacho (1940-1946). No fue sino hasta la administración presidencial del Lic. Miguel Alemán cuando finalmente se inauguró pero ahora bajo el nombre de ‘Mercado Miguel Alemán’. El mercado en cuestión tuvo un costo por la cantidad de 36,000.00 pesos, según informe de gobierno que dio el mismo Gral. Rafael E. Melgar al interior del Teatro Juventino Rosas, a finales de su mandato.

El Gral. Gabriel R. Guevara Orihuela (1940-19444) fue el siguiente gobernador”. “Aquí vi cuando al faro-reloj lo cambiaron de lugar, de la glorieta (Avenidas Héroes y 22 de Marzo) a la rellenada Explanada de la Bandera; acercando así el faro más a la bahía de Chetumal. Siendo el 24 de febrero de 1943 cuando el viejo reloj público dio de nueva cuenta sus renovadas campanadas, en cuanto al faro estuvo ahí provisionalmente durante cinco años, y finalmente en 1948, se inauguró el faro que en Chetumal, hasta hoy, conocemos todos. Con el gobernador Guevara se hizo el parque frente al Palacio de Gobierno donde se colocaron dos hermosos monumentos… el de la madre y el del maestro, aunque yo diría que su mayor obra fue la construcción del Aeropuerto Internacional de Cd. Chetumal. De último llegó el Gobernador de hoy don Margarito Ramírez Miranda, mi amigo, que llegó al Territorio de Quintana Roo el primero de abril de 1944. Margarito, amigo de sus amigos pero un perfecto desgraciado con sus enemigos, es demasiado extremoso. Debe tener de edad como cuatro años más que yo, y yo tengo 69. Mi amigo Márgaro ya lleva once años de gobernador y dice que lo tendremos que aguantar otros once más, que va a enterrarlos de viejos a todos sus detractores y que de pura venganza se estará orinando en la tumba de quienes lo han difamado… Por si las dudas mejor yo ni escribo nada de él. Hasta aquí son mis últimos vivencias que redacto. Me he quedado sin luz y las velas se apagan con el viento que aporrea las ventanas, creo que esta noche pegará el ciclón que dicen se llama JANET y según en la radio de Belice aseguran que trae marea de diez metros sobre el nivel del mar. El tiempo se ha puesto terrible no deja de llover, no puedo salir, las calles están rotas porque en toda la ciudad están metiendo el drenaje; vuelan artefactos peligrosos. Son las once de la noche y ya no oigo a los carros que anunciaban los refugios en el Hospital Morelos, Hotel Los Cocos y la Escuela Belisario Domínguez, bueno ya ni en la radio se escucha decir que corramos para el cerro… Ni modos, lo que será, será.

Y pensar que mi amigo Márgaro vino por mí para llevarme al palacio de gobierno como refugio, y todavía me di el lujo de mandarlo al carajo… Aún en estos momentos de total soledad debo manifestar mi satisfacción por haber terminado parte de mis memorias… “Mi Último Deseo” era éste. Mientras Camelo Sóstenes Chin se resguardaba en su casa construida de madera, en Xcalak con cinco mil habitantes, cien ya se habían ahogado y otros doscientos más quedaban gravemente heridos… el mar caribe había pegado dos horas antes que en Chetumal. Esa noche del 27 de septiembre de 1955 la bahía se secó, quienes corrieron al interior del Teatro Ávila Camacho y al palacio de gobierno, asombrados lo vieron; pero lo más impactante de todo fue cuando el agua, de más de dos metros de altura, regresó tirando bardas y viviendas de madera, acabando con familias completas: abuelos, hijos, nietos. Hubo casos horrendos como el del soldado Higinio Banda, cabo de la Cía. Fija, que cruzando en el Parque de los Caimanes una lámina lo dejó sin cabeza; o el de la muchachita de nombre Amalia Polanco que en Xcalak una lámina la alcanzó por la mitad del cuerpo y la partió en dos. Casas que con todo y familias el agua las levantó y las llevó hasta 400 metros lejos de donde originalmente estaban.

Había seis mil chicleros registrados en las cooperativas cercanas a Chetumal, y muchos de ellos murieron aplastados por los gigantescos árboles, de esto nunca se dijo nada. A todo esto y haciendo un paréntesis, a Camelo Sóstenes no se le abandonó a su suerte, porque muy de mañana Margarito Ramírez había ido ese 27 de septiembre a ver a su amigo Camelo, y le ofreció refugio en palacio de gobierno, pero Sóstenes se negó diciendo: “De Dios estaría morir como murió ‘Flor’ mi primer mujer”, refiriéndose al funesto huracán ocurrido en Cozumel aquel 12 de agosto de 1903. “Déjame terminar mis memorias, ya mero acabo”, dijo Camelo a Margarito y le cerró la puerta… sin imaginar que sería la última vez que se verían los dos amigos. Al día siguiente el Hospital Civil Morelos cuyo director era el Dr. Guillermo Macías, se vio insuficiente para curar a tantos heridos. En Chetumal estaban quedando sólo hombres, porque las criaturas y mujeres eran llevadas en avión hacia Mérida, Yucatán que fue de los primeros en auxiliar en esta desgracia. El reloj público que estaba en la Explanada de la Bandera desapareció, el ciclón Janet se lo llevó dejando tremendo agujero en lo alto del obelisco. Una vez terminada la tormenta vino la total calma, finalmente don Margarito acabó de leer las memorias de su amigo Camelo Sóstenes Chin, quien por cosas del destino falleció ahogado en un ciclón tal y como había muerto “Flor” la mujer que siempre amó.

Don Margarito Ramírez Miranda que fue 14 años Gobernador (1944-1958) del Territorio Federal de Quintana Roo, lo hicieron renunciar las manifestaciones en su contra hechas por campesinos que ya lo veían como un odioso dictador, pero momentos antes de retirarse para siempre de Chetumal, don Márgaro escuchó el disco que tanto guardó su cuate Camelo: “Flor se llamaba, flor era ella… flor de los bosque en una palma, flor de los cielos en una estrella… flor de mi vida, flor de mi alma. Murió de pronto mi flor querida erré el sendero, perdí la calma… y para siempre quedó mi vida sin una estrella… sin una palma”.

F I N de la novela.

Si no leyó desde el principio aquí los enlaces:

Enlace a la primera parte

Enlace a la Segunda Parte

Enlace a la Tercera Parte

 

 

 

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