El primer faro y reloj de Payo Obispo

El primer faro y reloj de Payo Obispo

En aquellos años (1903) el sueldo del Gobernador o Jefe Político del Territorio quintanarroense, era de diez pesos diarios. Y así como misteriosamente fue desintegrándose el Puerto de Xcalak, quería el General Bravo también desaparecer el “Campamento General Vega”; borrar todo lo que su antecesor hizo en beneficio del Territorio de Quintana Roo… y empezó por inventar impuestos en el Ayuntamiento Campamento Vega (Bahía de la Ascensión), hasta dejar arruinados a los pocos comerciantes que ahí habitaban. Se había decretado el Territorio de Quintana Roo zona libre o sea, zona de exención de pagos a los impuestos, pero el Gobernador seguía cobrándolos muy especialmente a los del Campamento Vega. La importancia del Campamento se debía a que cerca se encontraba el Puerto de Vigía Chico, lugar con mucho movimiento de barcos pequeños mercantes, y hasta un ferrocarril que recorría diariamente a Sta. Cruz de Bravo. Hasta aquí la versión de los comerciantes Peraza Hnos., Martín Hnos., Isidoro Garabana, José Carballo, Juan Ponce, Pedro Silvaran, J. M. Liggburn, Parham y Alamilla, que se quejaron ante el Presidente de la República, don Porfirio Díaz.

Está claro que los beneficiados en la anterior administración del ex Jefe Político De la Vega, echaban la culpa de todos sus males al Gral. Bravo. Muchas cosas terribles se han dicho en torno al General Ignacio A. Bravo, pero durante el tiempo, en que se cobraron impuestos por la venta de alcohol al menudeo, nunca faltó el dinero en las Tesorerías Municipales; los sueldos a los serenos fueron puntualmente pagados, se compraron y repararon faroles, etc., y había un fondo para las necesidades emergentes… pero  era ilegal cobrar impuestos porque todo el Territorio de Quintana Roo era una  Zona Libre de impuestos, y ni los borrachos debíamos pagar impuestos.

Finalmente el Campamento Vega desapareció y oficialmente la capital de Quintana Roo fue declarada Santa Cruz de Bravo el 5 de mayo de 1904. Lo anterior quedó escrito en un documento que informa: “Tengo el honor de comunicar a Ud. Lic. Corral, Srio. de Gobernación, que conforme a la Ley de Organización Política y Municipal del Territorio Fed. de Q. Roo, con esta fecha ha quedado instalada en esta localidad la Jefatura Política”… Libertad y Constitución… Firma del Gral. Bravo… MAYO 5 DE 1904… Mi superior Bravo ordenó a los soldados que pegáramos en todas las paredes copias de dicho documento.

El General era un militar muy estricto, recuerdo una vez cuando su hijo el Teniente Tomás A. Bravo, fue invitado a una fiesta particular, el joven habrá tenido mi edad como de veinte años, y se le hizo fácil ordenar que la Banda Militar de la 10/a Zona, amenizara la pachanga. El General Bravo que se encontraba en el cuartel, preguntó lleno de cólera a su Estado Mayor un tal Zapata:¿Quién ordenó que la Banda Militar tocara música para bailar?

El Teniente Bravo, mi General. Indignado y con voz ronca gritó el Gral. Bravo: ¡Tráigamelo inmediatamente, vivo o muerto! El Teniente ya frente al autor de sus días y cuadrándose militarmente exclamó: ¡A sus órdenes mi General! El Gral. Bravo temblando de coraje le interrumpió: ¿Quién le dio permiso para sacar la banda? ¡Nadie mi general!, respondió el Teniente. Desenvainando rápidamente el sable que siempre portaba, el anciano General Bravo se fue en contra de su hijo, y le dio furiosos planazos donde le cayeran. El muchacho le suplicaba entonces: “¡Papacito!”. Pero ya el General enloquecido sin dejar de golpearlo le respondía:¡Yo no soy su padre hijo de la chingada… soy su General!

Fue necesario que los oficiales retiraran al muchacho para que el señor general Bravo no consumara el asesinato de su propio hijo… mi General nunca permitió la deshonra del H. Ejército Mexicano. Viene a mi memoria un acontecimiento político que fue cuando hubo comicios para elegir presidente de los mexicanos, y también al primer Diputado Federal por el Territorio de Quintana Roo. En un pedazo de papel en blanco (cuarta parte tamaño carta) el elector escribía: “Doy mi voto para Presidente de la República al C. General de División don Porfirio Díaz… y para Vicepresidente al C. Lic. Don Ramón Corral”. Al calce de la improvisada boleta firmaba el elector. El mismo mecanismo era para elegir al Diputado Federal: “Doy mi voto para Dip. Federal al General don Mariano Ruiz y para suplente al Lic. don Vicente Villada”… y firma del elector… Santa Cruz de Bravo, Capital del Territorio de Q. Roo, año de 1904.

Tres días del mes de julio se utilizaron para llevar a cabo dichas elecciones federales: el día diez para diputados, el once para Presidente y el doce para Magistrados de la Suprema Corte de Justicia. La única casilla existente en todo Quintana Roo, la abrieron a las nueve de la mañana cerrándola veinte minutos después, hecho que ocurrió repetidamente dentro de cada uno de los tres días consecutivos… más tardaban llenando las actas, que contando los siete votos que caían dentro de la ánfora. La ley electoral Art. 26 permitía que en el caso de Quintana Roo, tan sólo siete personas votaran en nombre de todos los ciudadanos del Territorio; por ejemplo José Aguilar, votó por todos los de ISLA MUJERES; Ausencio F. Robles, votó por los de

Puerto Morelos; José A. Novelo, por los de Cozumel; Felipe Santibáñez, por Vigía Chico; José Villalobos, porSanta Cruz de Bravo; Justo Castillo y Antonio R. Flores, por los de Xcalak. Los siete representantes que ya mencioné, y que podían votar por todos los quintanarroenses eran militares, además de que también fungieron como Presidente y Escrutadores en la casilla electoral… convertidos en juez y parte al mismo tiempo. En las actas de instalación no apareció nombre alguno de candidatos opositores al régimen dictatorial, se puede decir que los quintanarroenses ni se enteraron que habían votado por don Porfirio Díaz.

Yo como soldado de tropa, puedo presumir que conocí a todos los Generales Jefes Políticos de Q. Roo, y el momento que más descontrol hubo en la política administrativa local fue cuando entró como Presidente de México don Francisco I. Madero. El Lic. José María Pino Suárez, que era Gobernador del Estado de Yucatán, participó en las elecciones como Vicepresidente a lado de Madero, y dejó de Gobernador a su “cuñadito” el Sr. Nicolás Cámara Vales.

De nueva cuenta como en los tiempos de la dictadura, Quintana Roo se llenó de presos políticos y campesinos inocentes traídos encadenados desde “Ixtlán de Juárez”, Oaxaca, acusados de levantarse en armas contra Francisco I. Madero. Para entonces el Jefe Político de Q. Roo, fue el General Manuel Sánchez Rivera que en realidad duró muy poco porque Pino Suárez colocó a su otro cuñadito el Sr. Alfredo Cámara Vales, como Gobernador de Q. Roo… y así desfilaron un montón de “busca chambas” que se decían ser los Jefes Políticos.

Francisco I. Madero protegido por el clero, era también afecto al espiritismo y aseguraba comunicarse con los muertos. Algo que molestó mucho a los militares de alto rango, fue cuando Madero mandó quitar el águila de una bandera mexicana para en ese mismo lugar colocar su cara de Presidente Madero. No cabe duda que don Pancho Madero ya se sentía superior a los símbolos patrios.

En 1913 cuando asesinan a Francisco I. Madero la situación se puso todavía peor. Había al mismo tiempo dos Jefes Políticos de Q. Roo, uno enviado por Venustiano Carranza y el otro por Victoriano Huerta, estos dos últimos ya se sentían Presidentes de México; que no habiendo Presidente legítimo quedaba claro que la Revolución Mexicana aún seguía su marcha.

Carranza que no había tomado protesta ante el H. Congreso de la Unión como Presidente de México, no tenía autoridad legal para firmar decretos, sin embargo Carranza se aventó la puntada de ‘Por Dcreto del 10 de junio de 1913’, desaparecer el Territorio de Quintana Roo y anexárselo al Estado de Yucatán… desde luego que todo fue una vacilada porque, nos guste o no, el Presidente era el General Victoriano Huerta, único facultado para decretar la desaparición de una entidad federativa… asunto muy delicado que nunca pasó por el H. Congreso de la Unión.

Para 1915 ya no estaban los Porfiristas ni los delahuertistas, ahora nacían los nuevos burgueses con uniformes de Generales y su caudillo Venustiano Carranza al frente. De los Jefes Políticos que recuerdo con gran estima, se encuentra el General Arturo Garcilaso y De la Vega, hombre de la revolución mexicana, Gobernador del Territorio de Quintana Roo, allá por 1915; perjudicó grandemente los intereses de latifundistas, e inmediatamente lo fusilaron.

En esta parte de la Península existían varios latifundios, pero uno de éstos era muy especial cuyo poderoso poseedor, el ‘Banco de Londres y México’,  tenía poco más de setecientas mil hectáreas ubicadas a 65 kilómetros de Puerto Morelos Q. Roo, lugar hoy conocido como ‘Leona Vicario’, que originalmente en manos del banco llevó el nombre de “Hacienda Santa María”.

Mi General Garcilaso que más simpatizaba con Emiliano Zapata que con el mismo Carranza, quiso por cuenta propia acabar en el Territorio de Quintana Roo con los latifundistas, y comenzó con la Hacienda Santa María. Venustiano Carranza que desde un principio al igual que Pancho Madero, no cumplió con los ideales de la Revolución Mexicana al no devolver las tierras a los campesinos, dio origen al enfrentamiento armado entre Villistas-Zapatistas contra Obregonistas-Carrancistas.

Al mismo tiempo en el Territorio de Quintana Roo empezaron las quejas de los adinerados hacendados en contra del Gobernador Garcilaso, del cual yo era su escolta. Fueron varias entrevistas con el Sr. Carranza, y escritos enviados a la Sría. de Gobernación pidiendo la destitución del Gral. Garcilaso que ya se había convertido para los terratenientes en una verdadera amenaza. El Banco de Londres y México, alegaba que esos “sus terrenos” los tenían para la explotación del chicle en gran escala, y que ninguno de los distintos gobiernos de la República había pretendido desconocer el derecho para explotar los terrenos en la forma que al banco le viniera en gana hasta que fue nombrado comandante militar de Quintana Roo el Sr. Gral. Don Arturo Garcilaso, quien prohibió terminantemente que se continuaran los trabajos que se venían haciendo… Que el ejército les recogió todo el dinero que había en caja, al igual se habían llevado toda la mercancía existente en bodega, y si algún directivo se oponía se lo llevaban a prisión en Santa Cruz de Bravo.

Que cada rato les cortaban el telégrafo y el teléfono dejando incomunicada la Hacienda Santa María, Puerto Morelos y Payo Obispo (Chetumal). Que el Gral. Garcilaso llegó al grado de llevarse a Vigía Chico (Bahía de la Ascensión) el chicle que se encontraba almacenado en Puerto Morelos ya listo para exportarlo y que ascendía a ciento cincuenta toneladas; lo mismo hizo con otras ciento cincuenta toneladas de chicle aproximadamente que se encontraban en Payo Obispo. Al Parecer para el Gral. Garcilaso no había otra forma de acabar con el latifundismo que tanto pregonó la Revolución Mexicana. Mi General Garcilaso tocó intereses muy fuertes pisando callos que ni Carranza Constitucionalista se hubiera atrevido a hacer… tal vez no era el momento.

Altos mandos lo mandaron a llamar que fuera inmediatamente a Mérida Yucatán. Encontrándose en Santa Cruz de Bravo Capital de Quintana Roo, se trasladó a la ciudad de Mérida, ahí lo apresaron encerrándolo en un calabozo de la Penitenciaría Juárez; incomunicado, se le acusó de deslealtad al Jefe Carranza. Golpeado y cortado todo su cuerpo con navajas de afeitar no lograron que se declarara culpable. Al amanecer del 10 de julio de 1915 con la yugular y las venas de las manos sangrando, apoyándose en los hombros de dos soldados, ya falleciendo lo amarraron a una silla de madera para que recibiera la descarga que fue de treinta fusiles.

Aquí en Quintana Roo, se nos hizo creer que al General lo habían asesinado por líos de faldas, pero quienes llegamos a tomar la copa con Garcilaso sabíamos que Carranza estaba muy molesto porque se habían tocado los intereses del Banco de Londres y México… mi General Garcilaso se había echado encima un alacranzote llamado latifundio; el asunto es que la ‘Hacienda Santa María’ siguió trabajando en santa paz.

No fue sino hasta el régimen cardenista, con su Gobernador en Quintana Roo General Rafael E. Melgar, que el latifundio en manos del Banco de Londres y México, por fin dejó de ser, y conforme al Código Agrario, el 26 de junio de 1936 se entregaron las tierras y bosques a los vecinos: Leona Vicario 64 mil has., Tulum 10 mil has., Puerto Morelos 21 mil has., Solferino 18 mil has., Playa del Carmen 22 mil has., y Kantunilkín 5 mil has.”.

“El cobarde asesinato del ex Gobernador del Territorio de Quintana Roo, Arturo Garcilaso y de la Vega, no pudo ser en vano… la ‘Hacienda Santa María’ tierras que desde Porfirio Díaz despojó a la Nación por muchos millones de pesos, al fin quedó en manos de los quintanarroenses. Ante tanto desorden a finales de 1915, una comisión enviada por el General Salvador Alvarado (Gobernador de Yucatán), se hizo entrega de Santa Cruz de Bravo, entonces Capital del Territorio de Q. Roo, a los indígenas mayas.

En cuanto el cacique de aquel lugar de nombre Francisco May, tomó posesión ordenó dinamitar las obras federales como los aljibes públicos, oficinas, escuela y hospital. Mandó cortar todos los cables de telégrafos y teléfonos, descarriló el tren que corría de Santa Cruz de Bravo a Vigía Chico. Violando el pacto federal May pretendió anexar la zona maya a los ingleses de Honduras Británicas (Belice); incluso sólo reconocía como única autoridad a la Reina Victoria de Inglaterra a la cual le rezaba y prendía veladoras a la fotografía de la Reina que era blanca, rubia con cara de virgencita… Locuras de May que ponía en aprietos la soberanía de nuestra nación.

Lo anterior motivó que a principios de 1916 se hiciera el movimiento rápido de tropas al mando del General Carlos A. Vidal, que desconoció la autoridad de Francisco May, cambiando inmediatamente la capital del Territorio Federal de Quintana Roo hacia Payo Obispo (Chetumal), lugar seguro y alejado de la peligrosidad que aún representaba la zona maya.

Con la llegada a Santa Cruz de Bravo, de mi General Carlos A. Vida, también llegó una soldadera revolucionaria de nombre María Cristina del Refugio Pérez Vda. de Morales, cuyo oficio eran las armas pero principalmente era partera o comadrona… le apodaban la Zandunga, sobrenombre que alguna vez se lo había puesto el Gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza.

Doña Zandunga me platicó que había participado en muchas batallas, pero que nunca antes sintió tanto miedo como cuando desembarcaron en Vigía Chico… descuartizados por todos lados, tanto de indígenas como de militares… que en la revolución fueron combates diferentes, que aquí era a machetazos de cuerpo a cuerpo donde los campesinos mayas eran expertos.

Y así empezó la mudanza con rumbo a la nueva capital de Quintana Roo, únicamente sacamos de allá los archivos que en realidad ya sólo eran documentos para la historia; recuerdo que entre esos papeles iba el Decreto de puño y letra firmado por don Porfirio Díaz, donde se creaba el Territorio Federal de Quintana Roo…de los muebles lo único que nos trajimos a Payo Obispo fue la planta eléctrica y el reloj público, uno de dos relojes que con motivo del primer centenario del grito de independencia el Gobierno de China obsequió a México, y que vino a parar a Sta. Cruz de Bravo en 1910. El otro ‘reloj chino’ estuvo en la Ciudad de México, y fue destruido a balazos por los revolucionarios.

Al sur de Quintana Roo el desarrollo empieza:

Ya para 1916 en Payo Obispo (Chetumal) la nueva capital de los quintanarroenses, el Gral. Vidal ordenó inmediatamente construir con maderas finas el Palacio de Gobierno de dos pisos ubicado frente al Parque Hidalgo en la avenida 22 de enero con calle del Reloj (Héroes). Payo Obispo había sido fundado por don Othón P. Blanco el 5 de mayo de 1898, luego de haber trazado las primeras calles, lo segundo que el Sr. Blanco construyó fue la escuela primaria, un muelle de madera, oficina de gobierno llamada ‘Detall’ y un faro. Para l916 se colocó el reloj público en lo alto de dicho faro, glorieta que estaba ubicada atrasito del Palacio de Gobierno: cruce de la Av. 22 de Marzo con Calle del Reloj. Originalmente esta última mencionada calle, se llamó “2 de Abril”.

La Constitución del 5 de febrero de 1917 dio origen al Municipio Libre, y por otro lado dejaron de llamarse “Jefes Políticos” para definitivamente dar paso a los “Gobernadores”. El 15 de septiembre de 1917, el nuevo Gobernador General Octaviano Solís, inauguró el ‘Palacio de Gobierno’ que su antecesor había construido (El edificio  de madera). Algo que en lo personal me llenó de orgullo, fue que con la llegada del General Solís también llegó mi nuevo nombramiento… ya que por méritos ganados ante los conflictos habidos en la anterior capital Santa Cruz de Bravo, lealtad al Presidente de México Venustiano Carranza, y sobre todo una excelente conducta, fui ascendido a Capitán 2º de Caballería.

Me había prometido no volver jamás a la Isla de Cozumel, el recuerdo de aquel mi primer amor con flor, aún me tenía destrozado; si regresé fue porque mi General Octaviano Solís me ordenó por cuestiones de seguridad nacional, infiltrarme entre la gente para obtener información y saber qué tanto hablaban unos militares “gringos” con los pescadores de la Isla. Para cumplir con esta misión, también fue nombrado el Subteniente Rosalino López. El Señor Gobernador nos dijo: “¡hoy recibí un telegrama fechado el 3 de agosto de 1918, donde el Presidente Municipal de la isla cozumeleña me informa que constantemente fondea en ese puerto, el crucero CHESTER de cuatro chimeneas, y tres caza-submarinos de la Armada Norteamericana… que pidiendo permiso en calidad de turistas, bajan a tierra veinticuatro marineros que hablan perfectamente el español, pero que en realidad se dedican a interrogar muy especialmente a los pescadores!”.

Todo esto sucedió porque eran tiempos de la primera guerra mundial. A principios de 1917 los aliados británicos habían interceptado un telegrama enviado por el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Arthur Zimmermann, al embajador de su país en México, donde se decía la posibilidad de una alianza germano mexicana en la que México recuperaría parte de lo que fue su territorio como Nuevo México, Texas y Arizona… eso puso de nervios a los gringos que en ese 1917 le había declarado la guerra a Alemania.

Encontrándonos el Subteniente Rosalino López y yo en Cozumel, nos enteramos que dichos marineros yanquis, andaban indagando entre los pescadores si habían visto algún submarino alemán en aguas del Territorio de Quintana Roo, ya que el Sr. José Rodríguez (de Cozumel), patrón del balandro mexicano “Unity II”, fue llamado por las autoridades aliadas a Estados Unidos, para que confirmara haber visto un submarino alemán en aguas del Territorio. También informamos a nuestro superior el Gral. Octaviano Solís, que el crucero de guerra norteamericano y tres de los caza submarinos navegaban constantemente por aguas del Canal de Yucatán y Mar del Caribe, fondeando a la altura de Cabo Catoche.

Que durante el patrullaje estadounidense estuvieron checando profundidades del mar en la zona del canal, Isla Mujeres, Cozumel, Bahía de la Ascensión, Espíritu Santo y toda la costa hasta llegar frente a Xcalak. Una vez terminado nuestro reporte, el Subteniente López y yo, nos devolvimos a Payo Obispo (Chetumal). Ya en la zona militar supimos que el Cónsul de México en Belice, había informado (en clave) a la Secretaria de Relaciones Exteriores, que agentes secretos como el Teniente Mayor de la Marina Inglesa Eduardo Minister del Gobierno Inglés, también andaba investigando si México se comunicaba con Alemania por medio de alguna estación inalámbrica. No cabe duda que el miedo no anda en burro… si Pancho Villa apenas hacía dos años (9 de marzo de 1916) se atrevió a invadir Columbus estando ahí sus soldados yanquis, con mayor razón le tenían pavor al ejército alemán.

Fin de la 2ª parte (continuará)

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