El Palacio ActualEn todas  las familias, como en las organizaciones sociales y los pueblos se dan características que   distinguen y marcan la personalidad de cada uno de sus miembros.  Así la leyenda y la memoria colectiva los va recordando por sus acciones. Esa premisa  se cumple en muchas regiones y localidades de la geografía del país y del Estado. Recordemos como  “Chan Santa Cruz”, hoy Felipe Carrillo Puerto, el último bastión de la sublevación y la resistencia indígena en la llamada Guerra de Castas, a más de un siglo de distancia ha quedado  marcado para la historia como un pueblo  bravo, combativo y de naturaleza  insurrecta.

Carácter y temperamento que hasta hoy perdura como lo demuestra su horario rebelde, un horario  distinto del  utilizado en verano en el resto del Estado y en el centro del  país. Los Cruzob, como los  conoce la historia, a principios del siglo pasado en abierta oposición al gobierno hicieron gala de esa bravura y mostraron ser  más bravos que Bravo. Es así  como estos devotos seguidores de la cruz parlante a principios del siglo XX se distinguieron por su hazaña de haber logrando la destitución y la salida del general Ignacio A. Bravo de Santa Cruz y la devolución del mando de la  ciudad a los indígenas.

Medio siglo más tarde pobladores de otra localidad habrían de lograr una hazaña similar. Me refiero a  una localidad muy cercana a Chetumal,  ubicada a la vera de la carretera a Escárcega y cuyo nombre lleva  el del célebre insurgente  “Nicolás Bravo”. Conocida como “Kilómetro 71”, Nicolás Bravo es una comunidad agrícola y campesina  de gente  nativa y  llegada de otros  estados, muy marcadamente de Tuxpan Veracruz. En ella  se gestó, después del Huracán Janet de 1955, un movimiento de protesta social que culminó con la salida del gobernador Margarito Ramírez; un gobernante emergido de la época revolucionaria  que había salvado la vida del General Álvaro Obregón. Ramírez como consecuencia de tan relevante acto había entrado  a la política nacional por la puerta grande, al punto de ser designado por el presidente de la república gobernador del entonces Territorio Federal de Quintana Roo.

Don Márgaro, como la gente del pueblo le llamaba, llegaba al poder en sustitución del General Guevara. Bajo su mandato, de 1944 a 1959,  administró la época de mayor abundancia de recursos forestales y la mayor explotación maderera. Había permanecido en el poder durante 15 largos años, en los cuales las utilidades y los beneficios de la explotación de las maderas preciosas no llegaron de manera justa a  los campesinos y a otros sectores de la sociedad. Tal situación, aunada a la deforestación indiscriminada de los bosques y al rumor de que había querido quemar la ciudad después del Janet, creó una gran animadversión hacia  su persona y  su gobierno. Esta animosidad era manifiesta  tanto entre la gente de la capital como entre el campesinado de las zonas rurales. Se vivían tiempos de gran temor e intimidación. Cualquier acto de inconformidad contra el gobierno era reprimido con lujo de fuerza y arbitrariedad.

En ese estado de cosas se inicia en Nicolás Bravo un valiente  movimiento de inconformidad campesina que habría de desembocar, en el año de 1956, en un movimiento de abierta rebeldía en contra del gobierno de Margarito Ramírez.  De los pobladores de Nicolás Bravo, gente temeraria y temida,    se escuchaban historias de muertos  a machetazos y se decía que entre ellos había muchos matones venidos de afuera. El poblado  se distinguía también por su aserradero, por ser un gran productor de maíz, y por sus fuerzas rurales. Los llamados defensas rurales era  gente bragada del mismo pueblo, comandados por un oficial del ejército, que mediante  las armas imponían el orden en el poblado.

A Nicolás Bravo, donde radicaban familias como los Loya, los Calderón,  los Heredia, entre muchas otras,  también se le conocía por su alto consumo  de cerveza, especialmente de “Caguamas”,  que son cervezas  en envase de a litro, y por su gran afición al deporte del beisbol. Memorables eran los encuentros de su siempre aguerrido equipo contra  los equipos de la capital.

En Nicolás Bravo radicaba Lorenzo Martínez, conocido popularmente como “El Malilla”. Él Malilla era el líder  de los insurrectos aunque también tuvieron papeles muy protagónicos  personas como Dimas Calderón y Gustavo Romero. Si bien el movimiento de inconformidad era eminentemente campesino, también convergieron y se sumaron a él otras organizaciones sindicales y personas como: don Aurelio Aranda, un viejo  disidente y opositor al gobierno  y el  mítico General May, el más célebre de los Generales Cruzob de Chan  Santa Cruz.

Ambos personajes marcharon juntos en  la manifestación pública y se sumaron al  plantón  frente a palacio de gobierno pidiendo la salida de Don Márgaro. Fue en el parque a la madre, frene al  palacio de gobierno, donde se levantaron las improvisadas tiendas de campaña y se cocinaba en grandes peroles para alimentar a los manifestantes, mientras, frente a ellos,  en los corredores del palacio, amenazantes,  se apostaban, armados con metralletas y rifles de asalto, elementos del ejército mexicano.

Durante el tiempo en que permanecía el plantón  don Margarito no daba la cara.  Se decía que estaba ausente de la ciudad y se percibía en el ambiente de la población su gran desdén y su desprecio por los revoltosos inconformes.  Al principio el gobierno estaba en manos del muy autoritario Lic. Amezcua y posteriormente  el gobierno federal nombro al Lic. Botello como negociador con los dirigentes  del movimiento. La gente se mantenía apostada frente a palacio mientras el  Lic. Botello tomaba las riendas y asumía funciones de gobernador interino, sin realmente serlo. Entre el pueblo había incertidumbre.  La pregunta era si el presidente había hecho finalmente a un lado a don Márgaro, mandándolo  al retiro, o era solo una estrategia para calmar a los manifestantes y desactivar el movimiento.

Aunque cada día que pasaba se percibía  que su régimen agonizaba, oficialmente el viejo seguía siendo el gobernador. Así pasó algún tiempo hasta que finalmente, en el año de 1959, el presidente nombró a Aarón Merino Fernández como nuevo gobernador y con ello terminó un episodio de la vida de Quintana Roo y el final de un largo mandato. De esta manera quedaría registrada para la posteridad la salida de un gobierno de tristes recuerdos y el reconocimiento imperecedero al carácter de un grupo social. Así es como la memoria histórica registra una hazaña colectiva que mucho distingue y marca la personalidad del poblado de “Nicolás Bravo”. Un Nicolás que con mucho valor supo hacer honor a su nombre.

Mario

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