003Recientemente un apreciado amigo lector me sugirió escribir sobre un tema de gratos recuerdos. Una época de la vida de la ciudad, durante la segunda mitad del siglo pasado, en la que, por nuestra condición de Territorio Federal, éramos gobernados por fuereños designados por el presidente de la república. Acabábamos de salir del largo periodo de gobierno de Margarito Ramírez; un gobierno autoritario en el cual todo acto de inconformidad o discrepancia era reprimido de manera enérgica y sin miramientos. Las pocas, aunque valientes muestras de inconformidad contra el gobierno eran duramente castigadas y los inconformes habían pagado un alto precio por su osadía.

Posterior al gobierno de Margarito Ramírez seguiría el de Aarón Merino Fernández y después los de Rufo Figueroa, Javier Rojo Gómez y David Gustavo Gutiérrez Ruiz. Estos cuatro últimos gobiernos, aunque menos autoritarios que el gobierno de Margarito Ramírez, siguieron ejerciendo el poder de manera vertical y respondiendo, casi exclusivamente, a criterios y decisiones del centro de la República. Probablemente por ese estado de cosas y por nuestra cancelada oportunidad de elegir a nuestros gobernantes, los nativos del Territorio veíamos con cierta pasividad nuestra participación activa en la vida político partidista de ese entonces. Por aquellos años las voces de los habitantes del territorio raramente eran escuchadas y tomadas en cuenta por los gobernantes en turno y no contábamos con escuelas de enseñanza superior. Los estudiantes con posibilidades, después de terminar la secundaria, debían emigrar para continuar sus estudios fuera. Era muy poca la gente nativa con títulos universitarios. Los estudiantes salían a estudiar a ciudades como Mérida, Villahermosa y el Distrito Federal. Así se formaron las sociedades de estudiantes quintanarroenses en diferentes partes del país.

Entre las más conocidas por su número y organización estaban la Sociedad de Estudiantes Quintanarroenses de Yucatán y la Distrito Federal. Entre los principales objetivos de esas sociedades de jóvenes estudiantes estaba la de llamar la atención de los gobernadores a sus causas, hacer valer su nativismo y conseguir becas. Otros de los más caros anhelos de todos los habitantes del Territorio, era lograr una mejor comunicación por tierra con el resto del país y la instalación de universidades y escuelas de enseñanza superior en nuestro suelo.

Fue en ese período que en Chetumal comenzaron a verse renovadas muestras de participación, cívica y política de una nueva generación de gente. Sintiéndonos depositarios de aquella estafeta cedida por los miembros del Comité Pro Territorio, la nueva generación de jóvenes inquietos buscábamos un espacio de notoriedad y de participación en el gobierno. Mientras nuestros padres, en los años 30s se habían organizado para regresarnos nuestra identidad de quintanarroenses, y lograr la reintegración del Territorio, ahora nosotros, sus hijos, en los años 60s, nos debíamos organizar en busca de alcanzar la meta de convertirnos en un Estado libre y soberano de la República, alcanzar el autogobierno y traer para el Territorio educación superior y comunicación con el exterior. Fue en ese entorno social y con esas intenciones que nació la Asociación Quintanarroense Othón P. Blanco. Una agrupación de jóvenes lugareños que, además de buscar destacar su presencia en la vida política del Territorio, buscaba también promover el deporte, la convivencia social armónica y su identificación en la comunidad.

Inicialmente la Asociación se instaló sobre la calle Carmen Ochoa de Merino entre Cinco de Mayo y 16 de Septiembre. Posteriormente trasladó su local a la 5 de Mayo. Su primer presidente fue Ing. José Aguilar Córdova y entre sus miembros estaban representadas las más prominentes, destacadas y representativas familias de la ciudad. Omito mencionar nombres por temor a las lamentables omisiones, aunque reitero que estaba la juventud más representativa de la época. Jóvenes miembros de familias muy conocidas queridas, respetadas y reconocidas. Gente de gran arraigo. Remontarnos a esa etapa de participación juvenil es recordar, que desde ese entonces, nos ha venido preocupado y venimos actuando en el problema de los límites con los estados de Campeche y Yucatán. Este tema nos tocó tocarlo con Don Rufo, Don Javier y Don David Gustavo.

Recordar la Asociación Quintanarroense Othón P. Blanco es recordar amenas convivencias entre amigos y eventos deportivos en la cancha de basquetbol de la Asociación, situada en la calle 5 de mayo. Es traer al presente, con la mágica nostalgia que pinta de bellos colores un antiguo acontecer, memorables encuentros de futbol en el campo de Barrio Bravo. Es finalmente volver a momentos de juventud, de alegrías, de vino y rosas. Pero también, es recordar tiempos de retos y desafíos, de incertidumbre y lucha, de hijos pequeños, de muchos deberes, de ingresos cortos, de destino incierto y de sencillas casas. Tiempos en que todo estaba por hacer. Una época de la vida de muchos de nosotros, que si fuera posible, sin duda, con enorme gusto, volveríamos a vivir.
Mario.

 

 

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