Feliz-ano-nuevo-2013En la línea de los recuerdos que nos hacen voltear a lo que ha quedado atrás en el tiempo, hoy le  toca su turno al 2012. Como fue el caso del milenio y el siglo anterior, el dos mil doce pasará a formar parte de aquellas vivencias que con el paso de los años tienen un significado y una importancia especial al evocarlas. El año que se fue formará parte de ese anecdotario de que se integran nuestras vidas.

De la misma forma como tu vida ya no es la misma de ayer, el nuevo año tampoco será el mismo que el que termina.  Una etapa ha terminado y otra se inicia. Unos momentos han concluido y otros habrán de presentarse en nuestras vidas. Lo que sucedió lo sufrimos, lo gozamos y lo despedimos en un constante e interminable apego y desapego por todo aquello que forma parte de  nuestro entorno. Así, acumulando momentos, es que vamos pasando nuestras vidas. Así, de esos pedacitos de alegría y bienestar, vamos construyendo lo que llamamos felicidad.

Si bien en el apego por la cosas  está buena  parte de lo que nos da felicidad,  en el desapego, o capacidad de desprendernos de ellas, de concluirlas, de archivarlas y de superarlas,  está la sabiduría, la estabilidad emocional, la  aceptación y la paz duradera. Otra faceta de la felicidad más ligada a la asertividad y al manejo de las emociones.

De la misma forma como sabemos que no podemos ser eternamente niños, debemos entender nuestra transitoriedad en este planeta regido por ciclos, épocas, eras y etapas. Transitoriedad  que  lo mismo es dolor que esperanza, pero que es indispensable tener presente, para comprender correctamente nuestra función en este mundo. Filosofía de vida en la que radica el arte de saber vivir.

En el año que termina todos pasamos por dificultades que debimos enfrentar y soportar, de la misma forma que tuvimos momentos de dicha y placer inolvidables. De los momentos vividos una enseñanza nos quedó: todo tuvo su principio y su final,  y nada fue para siempre. La vida es un aprender y un recomenzar constante. Estoy seguro que en esa cadena de vivencias, y en ese recuento de dichas y desdichas, los momentos de sufrimiento dejaron mejores enseñanzas de vida, que los de placer y felicidad, pues, como dice el poema, “la perla nace del molusco herido como Venus nace de la amarga espuma”. Solo en el sufrimiento y en el dolor es que descubrimos el real potencial que llevamos dentro.

Es muy difícil encausar correctamente nuestras vidas sin padecer carencias, limitaciones, dolor y errores. El significado de las cosas se distorsiona cuando desconocemos el valor de las mismas. Es como querer que un medio sordo disfrute, como nosotros lo hacemos con nuestros sentidos completos, del canto de los pájaros,  y un medio ciego de la belleza del arco iris.

Este inicio de año nos presenta nuevas oportunidades: Es la oportunidad de reiniciar un nuevo ciclo y de reencausar nuestras  vidas. Es momento de perdonar y sanar heridas. Es momento de romper con los estereotipos que otras personas quieren imponer en nuestras vidas. Momento de vivir auténticamente, sin miedo de mostrarnos como somos. Momento de mostrar nuestros colores, nuestros pensamientos y nuestras emociones. Momento para no olvidar que nadie es indispensable, que nada es vital para vivir y que cuando venimos a este mundo venimos desnudos. Momento de recordar que el verdadero y más fiel amor, así como el momento de mayor identificación entre dos seres, se da en la desnudez del alma. Momento de acordarnos que la vida es corta para solo vivirla de simulaciones y vanidades. Momento de  aceptamos como somos. Momento de ayudar y socorrer a los débiles y desposeídos,  pues en socorrer a los demás esta la verdadera y más duradera dicha del alma. Momento de ser auténticos, y así compartir con los demás lo que somos, pues gastamos menos energías proyectando lo que realmente somos, que escondiéndonos eternamente en la simulación y el engaño.

El nuevo año también es oportunidad de replantear situaciones y revisar actitudes. De hacer un balance de lo que nos ha funcionado, analizando cuanto de lo logrado ha alimentado únicamente nuestro ego, y cuanto del éxito alcanzado realmente ha sido para hacernos crecer como personas. Momento de saber si somos más sanos, si somos más ricos, si somos más maduros,  y si somos más sabios. Es también oportunidad de plantearnos en qué aspectos de nuestras vidas hemos mejorado, pues pudiera ser que el año que pasó conseguimos más, pero resulta que tenemos menos.

Como la luz de un nuevo día, el amanecer de un nuevo año debe dar paso a redescubrir lo mejor de nosotros, pues cada uno tiene algo muy especial que nos distingue de los demás. Somos partículas diferentes de un cuerpo en armonía.

Con esta introducción presento el siguiente texto del filósofo George Carlin, fallecido en 2008, cuyo título es “La paradoja de nuestro tiempo”. Es una reflexión que nos mueve a pensar sobre lo que nuestra civilización, a lo largo de los años, ha logrado en los campos de la ciencia y lo paradójico que resulta lo sacrificado en el campo de las costumbres, las maneras de pensar y en las relaciones humanas:

La paradoja de nuestro tiempo nos dice que tenemos edificios más altos y departamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos.

Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente. Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos contaminado nuestro aire al igual que nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y de poco carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, amores de una sola noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega.

Estas paradoja, en este año que comienza, deben ser un acicate para hacer un alto en el camino y y replantearnos como estamos funcionando. Cuanto de lo que aquí descrito es aplicable a nuestras vidas y cuanto estamos haciendo o dejando de hacer al respecto. Un buen propósito de para este nuevo año podría ser corregir, desde la individualidad de cada uno de nosotros,  esas actitudes que nos han llevado como sociedad a tales incongruencias y a tales paradojas.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo, y decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo, decirlo sinceramente. No te olvides que un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma. Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo. Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas, recordando siempre que: La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

Al decir adiós al año que termina quiero decir también gracias a todos ustedes mis lectores que han tenido la gentileza de leer lo que con el ánimo agradarles semanalmente he venido escribiendo. Temas basados en mis vivencias y en mis recuerdos, sin alardes académicos ni de sapiencia, guiado por el ánimo de contarles cosas de mi ciudad, de sus gentes, de su historia  y de sus tiempos. Cosas y hechos que deben contarse  porque creo  no merecen quedar en el ingrato baúl del olvido. Reflexiones que pretenden encontrar coincidencias de sentimientos y sinergias, sin lastimar a nadie.

Expresiones de romanticismo y nostalgia por el  ayer,  de alguien como Yo, al que Dios le ha prestado vida para ver la transición de un milenio y el nacer de una nueva centuria. Relatos de amor por esta tierra que me  vio nacer. Cápsulas de  amenidad, de historia y conocimiento que pretenden informar, a la vez que transportarnos en el tiempo, buscando siempre dejar en el lector un dulce sabor de boca,  o arrancarles una sonrisa de satisfacción por aquello que la lectura les recuerda. Si este objetivo es alcanzado, entonces me sentiré satisfecho.  ¡Gracias!.. ¡Dios les bendiga!.. ¡Feliz Año Nuevo!

Mario.

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