Nacimiento 2012Un tema obligado en estos tiempos es escribir sobre la Navidad, especialmente por ser hoy noche buena. Yo no habré de ser la excepción, porque creo que es un buen momento para hacer un alto a esas prisas en la que nuestras vidas se ven atrapadas.  Porque siento, que en la diaria tarea de ver por lo nuestro y los nuestros, y de  proveer y cumplir con nuestros deberes y obligaciones vamos dejando muy poco espacio para pensar en las cosas que nuestro ser interior reclama. Porque creo que en ese afán de cumplir, sobresalir y triunfar, vamos cayendo, gradualmente, en un estado de insatisfacción, o mejor dicho, en una situación muy íntima  de falta de plenitud y de realización personal. Por qué se que en muchos hay una especie de sed por encontrar un estado de dicha más real y más duradera.

Para muchos millones en nuestro mundo occidental cada Navidad es una época para dar y recibir, para recorrer kilómetros y estar con los hermanos, con los padres, con los hijos o con los amigos. Son momentos para decir te quiero, me haces falta, me importas. Es tiempo de regalos. Es ocasión y ambiente propicio para reconciliarnos.  Es la Navidad en síntesis la más bonita temporada del año en la que florecen los más nobles sentimientos, y en la que debemos sacar y hacer renacer al Dios que llevamos dentro.

Por eso quiero compartir con ustedes estas bonitas reflexiones. Independientemente de las creencias religiosas que profesen y el concepto de divinidad que conciban. Independientemente de la forma que cada quien tenga de cultivarse espiritualmente y  encausar sus deseos de ser mejor persona. Con un absoluto respeto a lo que cada uno de nosotros es, a lo que cada uno de nosotros piensa, y a lo que cada uno de nosotros quiere hacer con su vida, es que me atrevo a hacerles llegar estas líneas, que ojalá lleguen a la parte más noble de su corazón, iluminen su mente y contribuyan al renacimiento del niño que llevan dentro.

Por eso la Navidad significa nacimiento, y el símbolo de la Navidad es una estrella, una luz en la oscuridad que sirvió de guía para encontrar al Salvador. No veamos más esta estrella fuera de nosotros, sino brillando en nuestro cielo interno y aceptémosla como símbolo de que ha llegado el tiempo de la luz de Dios, del amor, de la armonía; el tiempo de reconocer nuestra verdadera identidad.

Dentro de cada uno de nosotros existe un Salvador que conoce nuestra totalidad, nuestra esencia. Es una sabiduría innata que, si la utilizamos como una guía, nos conducirá siempre a experiencias de paz, armonía y amor.  Es algo muy especial que está en todos y es para todos.  Si no sacamos el mayor provecho de ella es sólo porque no la podemos entender y mucho menos aceptar.

Esta esencia en nosotros es la que conoce nuestra totalidad o nuestra santidad.  Pero como un amigo fiel, no llegará a donde no se le ha invitado.  Por lo tanto, vamos a comenzar nuestras fiestas navideñas abriéndole la puerta a este invitado tan especial.  No temamos abrirle la puerta y recibámosle sin expectativas.  Él sabrá orientarnos, sin equivocarse y nos traerá regalos que no podremos encontrar en ningún lugar del mundo.

Tan pronto recibamos ese invitado tan especial, estaremos listos para preparar la gran fiesta. Pero, ¿cómo va a ser esta fiesta de Navidad?  Nuestro amigo no pide nada.  No exige sacrificios de ningún tipo.  Por lo tanto, en esta Navidad, cerremos las puertas a todo sacrificio estéril, a la culpa, al miedo a la escasez y demos paso a lo único que tiene sentido en nuestras vidas, a ese regalo del cual derivan su existencia todas las cosas: el amor.

Para muchas personas, las estampas de la Navidad traen sentimientos de gozo y alegría.  Para otras, esta época puede ser difícil, solitaria, aumentando los sentimientos de culpa y depresión.

Continuamente leemos artículos sobre cómo disfrutar las fiestas, sin embargo muchos no podemos imaginar cómo salir de ese estado de inmensa soledad en que algunos nos sumergimos. A veces podemos sentirnos atrapados entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. Nos sentimos culpables porque deseamos quedarnos en casa en vez de salir a visitar familiares por compromiso.

También podemos sentirnos perdidos porque no tenemos la familia que quisiéramos tener. Muchos de nosotros, año tras año esperamos que la mágica Navidad nos regale una persona que pueda llenar el vacío del solitario corazón, causando honda desesperación cuando no sucede. Recuerda que no estás solo, que hay muchas personas compartiendo tus mismos sentimientos. Ideas que pueden ser de gran ayuda para sentirte mejor contigo mismo durante la Navidad:

Acepta tus sentimientos sin juzgarlos como buenos o malos.  Trabaja con ellos tratando de reafirmarte en el pensamiento más alto, el de Dios, en vez del dolor.

Busca disfrutar del amor que está disponible, aunque no sea exactamente lo que quieras. Si hay alguien a quien puedas extenderle tu amor, hazlo, verás cómo lo recibirás multiplicado. No hay mejor forma de encontrar la abundancia de felicidad, auténtica, verdadera y duradera,  que creándola en los demás. Atrévete a experimentarlo. No reprimas este sentimiento que viene de tu parte divina: exprésalo y disfrútalo sin esperar respuesta ni recompensa. Verás cómo se siente sacar lo bonito que llevas dentro. Recobrarás la confianza de sentirte parte del bien, de la luz y del amor. Que eso es ser: “Hijo de Dios”.

No te conviertas en el mártir.  Si la pasada Navidad no fue la mejor, según tu criterio, recuerda lo que aprendiste para no cometer los mismos errores.  Aprende de ellos, levántate y sigue adelante. Recuerda que la alegría atrae la alegría y el dolor atrae dolor.  Busca siempre atraer lo mejor.

En esta Navidad, deja que tu Ser se sane por completo del dolor y el sufrimiento y celebra tu liberación de las falsas cadenas que te han mantenido alejado del disfrute pleno de la felicidad.

El Príncipe de Paz ha nacido para restablecer la condición de amor que no puede separarnos del Padre, que es armonía y amor universal, mucho más de lo que nuestra visión humana puede imaginar.  Ha venido para enseñarnos que el mejor regalo que podemos hacer en esta Navidad es reconocer que todos somos hijos de de Él y que no debe haber separación entre nosotros.

No permitamos que el rencor opaque el gozo de la Navidad, porque el nacimiento de Jesús no tendría sentido si lo apartamos de este gozo.  Unámonos a celebrar un nuevo despertar en nuestras conciencias.  Tengamos fe, construyamos un mundo de esperanzas.

Perdona, porque el perdón libera el alma y un alma libre puede elevar sus alas hacia horizontes no explorados.

Con estos pensamientos quiero también agradecer, porque la navidad también es tiempo de agradecer, a esta casa editora de “Diario de Quintana Roo”, y a su director general,  quien muy amablemente me ha brindado sus páginas, en un gesto de amistad y buena voluntad que mucho valoro. A su director editorial y a todo su cuerpo de colaboradores, por sus atenciones, su amistad y su apoyo,  y a los lectores, por sus positivos comentarios que han sido para mí un estímulo a seguir escribiendo.  Dios les bendiga a todos.  Que tengan una muy Feliz Navidad.

Mario 

 

Anuncios