Una reciente encuesta hace notar que los miembros de las familias latinoamericanas están cada vez más alejados.  Esa encuesta revela que  el cariño entre los miembros de las familias disminuye porque no se le da el valor debido a  la calidad de las relaciones entre la familia,  por el contrario,  sólo se oyen críticas.   Las personas son  cada vez más intolerantes y se desgastan viendo únicamente  los defectos de los demás, y como consecuencia,  las relaciones hoy no duran.  La ausencia de elogio espontáneo y sincero  está cada vez más presente en las familias.

Cada vez son menos hombres que elogian las virtudes o acciones de   sus mujeres o vice-versa.  No vemos jefes hablando bien  del trabajo de sus subordinados, no vemos  padres hablando bien de sus  hijos, e hijos hablando bien de sus padres.  Eso sí,  vemos cada vez más personas siguiendo fanáticamente hasta el delirio,  a artistas, cantantes o mediáticos ídolos de barro, modelos sociales vacíos interiormente.  Ídolos que muchas veces  groseramente están promoviendo anti valores como medio de ser originales y famosos. Cada vez vemos más  personas que por ganar fama, fortuna o notoriedad se prostituyen  en su  imagen, su físico, su cuerpo y su dignidad,  sin importar más nada. El escándalo no importa si es rentable.

Esa ausencia de la expresión  amorosa, elogiosa  y honesta como práctica cotidiana,  afecta mucho a la familia. La falta de diálogo y  el exceso de orgullo por lo trivial impiden  que las personas se sinceren y expresen sentimientos  positivos y constructivos. Se terminan los matrimonios porque  las personas  salen a la calle a tratar de  encontrar lo que no han construido, fomentado y conseguido  dentro de casa.   No olvidemos que  uno de los más grandes   instintos y necesidades  naturales del ser humano, después del de respirar, es el buscar el reconocimiento de los demás. Ese reconocimiento  que actualmente estamos regateando demasiado y día a día nos endurecemos a  niveles preocupantes.

Esa gran necesidad de reconocimiento la demanda cada día el profesional, el buen hijo, la buena  ama de casa, la buena esposa, el buen amigo, el buen patrón, el buen empleado, Etc.   Nuestra positiva capacidad de admiración  se ha visto seriamente afectada por un imperdonable descuido, de todos, en la  promoción y la exaltación de los valores universales. Nos vamos acostumbrando a ser insensibles, adustos y huraños en nuestra forma de relacionarnos.  La costumbre de utilizar cada vez más artículos desechables quizá nos ha hecho  daño,  porque la hemos llevado al punto de  crear  en nosotros esa percepción  mental generalizada de liviandad y de frivolidad en nuestro razonamiento.

La extravagancia, la   espectacularidad y la fama, a cualquier precio, han ganado demasiado terreno frente al buen gusto y la dignidad. Los tatuajes en la piel buenos indicadores que nos muestran la estructura mental, la autoestima, el orden emocional,  y el gusto de una creciente cantidad de gente.   El reproche, el reclamo, la envidia, la desconfianza y la amargura,  van dañando nuestra capacidad de distinguir  lo positivo, lo bueno, y  lo valioso en los demás.

Nos vamos convirtiendo cada vez más en una sociedad de opositores y desconfiados de todo y de todos, como si con eso, las cosas  se fueran a solucionar, y como si de eso, dependiera la felicidad.  Recobremos nuestra capacidad de asombro. Aprendamos a distinguir lo honesto y lo trascendente de la vida. Expresémoslo con sinceridad y sin dobleces. Así construiremos un Mundo mejor.

Con cariño, Mario.

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