Nicole Johnson autora de “Mujer Invisible”, un bestseller de librería.

Todo comenzó a ocurrir gradualmente, entro a la habitación y digo algo y nadie se da cuenta, digo: apaguen la televisión por favor, y nada ocurre, y vuelvo a decir: ¡¡ apaguen la televisión, por favor !! Finalmente tuve que ir a apagar yo misma la televisión. Entonces comencé a entender. Mi marido y yo estuvimos en una fiesta y yo estaba lista para irme,  me acerqué a él que estaba conversando con un compañero de trabajo, si me acerqué era para irnos, y él siguió conversando,  ni siquiera me respondió. Fue ahí cuando me di cuenta, él no puede verme, ¡¡Soy Invisible!!

Desde allí lo empecé a notar más y más; llevé a mi hijo al colegio y su señorita le preguntó: ¿Jack con quien has venido? Y mi hijo respondió: con nadie. Él solo tiene cinco años, pero ¿nadie? Una noche estábamos entre amigas celebrando el regreso de una amiga de Londres; Jennise había hecho un viaje increíble, contaba y contaba de los hoteles fabulosos en los que había estado y yo estaba allí sentada observando a las otras mujeres en la mesa.

Me había maquillado en el auto camino allí, me había puesto un vestido viejo porque era lo único limpio que tenía. Tenía un rodete en la cabeza, así que me sentía realmente patética. Y luego vino Jennise hacia mí, y me dijo traje esto para ti, era un libro de las grandes catedrales de Europa. No comprendía. Entonces leí la dedicatoria que ella escribió y decía: “Con admiración por la grandeza de  lo que tu  estas construyendo, cuando nadie lo ve”.

Me pregunté ¿Que no se puede mencionar los nombres de las personas que han construido las grandes catedrales? Tratando de encontrar en el libro quienes habían construido las maravillosas obras, encontré: Autores anónimos.  O sea que ellos terminaron sus obras sin saber que notarían su trabajo.

Hay una historia acerca de un constructor que estaba tallando una pequeña ave en el interior de una viga que iba a ser cubierta por un techo, y alguien se le acercó y le preguntó: “¿porqué empleas tanto tiempo en realizar algo que nunca nadie verá? Está registrado que el constructor respondió: Porque Dios lo ve. Ellos confiaban en que Dios lo veía todo. Ellos entregaron toda su vida a un trabajo, un magnífico trabajo que jamás verían terminado.

Ellos trabajaron día tras día. Algunas de estas catedrales tardaron más de 100 años en construirse. Eso es más tiempo que toda la vida de trabajo de un hombre. Ellos hicieron sus sacrificios personales sin crédito a cambio, realizando un trabajo que nunca verían finalizado por una obra cuyo nombre jamás figurará. Un escritor se adelantó a decir que una gran catedral jamás se volverá a ser construida, porque muy poca gente está dispuesta a sacrificar su vida de esta forma. Cerré el libro y fue como si oyera a Dios decir: “Yo te veo”.  No eres invisible para mí.  Ningún sacrificio es tan pequeño para que yo no lo note. Veo cada torta que cocinas, cada plato de lentejas que haces y les sonrío a todos. Veo cada lagrima de decepción tuya cuando las cosas no salen de la manera que quieres que salgan. Pero recuerda: “Estas construyendo una gran catedral que no será terminada durante tu vida y lamentable no vivirás para verla”; pero si acaso no la construyes  muy bien, “Yo lo haré”.

Actualmente mi invisibilidad fue el punto de inflexión para mí. Porque no es una enfermedad que se lleve mi vida, sino es la cura de la enfermedad de mi egocentrismo. Es el antídoto de mi propio orgullo. Está bien que no vean, está bien que no sepan. No quiero que mi hijo les diga a sus amigos que trae del colegio a casa: No pueden creer lo que hace mi mamá, se levanta a las cuatro de la mañana y nos hace tortas, y nos cocina pavo, y prepara la mesa. Más allá que yo haga o no esas cosas, no quiero que diga eso, quiero que él quiera venir a casa y en segundo lugar quiero que les diga a sus amigos: “Les va a encantar estar allí”.

Está bien que no te vean. No trabajamos para ellos, trabajamos para Él. Nos sacrificamos para Él. Ellos, nunca lo verán, a pesar de que hagamos lo correcto  o a pesar de que lo hagamos bien. Oremos para que nuestras obras se mantengan como monumentos para Dios.
Nicole Johnson.

 

 

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