La verdad es que casi todos vamos por la vida  un poco sin saber a dónde ir y cuando más o menos sabemos algo, se nos dificulta el cómo podemos lograrlo.

Casi todos vamos por la vida un poco sin saber a dónde ir y cuando más o menos sabemos algo, se nos dificulta el cómo podemos lograrlo.

En la obra de Alicia en el país de las maravillas, puede leerse un párrafo que dice así:
 
“…El Gato se limitó a sonreír al ver a Alicia. Parece bueno, pensó Alicia; sin embargo, tiene uñas muy largas, y muchísimos dientes, así que comprendió que debía tratarlo con respeto:
–    Gatito, gatito, dijo, un poco tímidamente, ya que no sabía si le gustaba que le llamasen así; pero al Gato se le ensanchó la sonrisa.
 
Ante esto, Alicia pensó: “vaya, de momento parece complacido”, y prosiguió:
–    ¿Te importaría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
–    Eso depende en gran medida de adónde quieres ir, -dijo el Gato.
–    ¡No me importa mucho a dónde…! -dijo Alicia-.
–    Entonces, da igual la dirección -dijo el Gato.  Añadiendo: ¡Cualquiera que tomes está bien…!
–    Gracias añadió Alicia a modo de explicación.
–    ¡Ah!, dijo el gato: -ten la seguridad de que llegarás, sobre todo si caminas bastante, y añadió: ¡Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces! …”
 
En el párrafo antes señalado, podemos ver claramente que Alicia, quién aparentemente se encuentra perdida, al llegar a la bifurcación de unos caminos se encuentra al gato, personaje que representa a muchos que conocemos, astutos y malintencionados, que siempre tienen una solución a la mano aunque no sepan a ciencia cierta de lo que hablan. Aunque claro, habría que decir que también nos encontramos a muchos que son amables y bondadosos y que nos ayudan a encontrar el camino.

La verdad es que casi todos vamos por la vida al igual que Alicia, un poco sin saber a dónde ir y cuando más o menos sabemos algo, se nos dificulta el cómo podemos lograrlo. Por esta razón, casi siempre andamos a la deriva de nuestras metas y por ello, también necesitamos ayuda desinteresada.

Por lo general, cuando nos enfrentamos a un problema en nuestra vida, sentimos que el mundo se nos cae, y es cuando requerimos de alguien que de manera desinteresada nos ayude a resolverlo. Quizá, muchas veces tan sólo necesitamos que nos dé palabras de aliento, y algunos cuantos consejos que nos ayuden a analizar los hechos, pues siempre la decisión final está en nuestras manos. Esta es una premisa importante, nadie vendrá de fuera a solucionar nuestros problemas, esos debemos resolverlos cada uno de nosotros.

Por lo general, la juventud es una etapa en la cual debemos plantearnos la pregunta trascendente: ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué debo hacer para lograrlo? Este es un problema trascendente en la vida de los jóvenes, saber plantearse metas de vida, objetivos factibles y alcanzables, sueños de vida que pueden hacerse realidad y mediante ellos sentir la realización plena.

Hay una serie de reflexiones que debemos tomar siempre en cuenta, pues nos ayudarán a encontrar mejor el camino, lejos de la mala intención de personas, que como el gato de nuestra historia, buscaba hacer que Alicia se sintiera cómoda donde estaba, en lugar de actuar con sabiduría preguntándole exactamente a dónde quería ir. 
 
Estas son frases que encierran mucho significado y que deben meditarse en la más absoluta de las soledades, pues es cuando el ser humano establece contacto con su ser interior.
 
    Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo.
    Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.
    Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.
    Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
    Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
    Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.
    Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.
    Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.
    Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.
    Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir a Dios.
    Nadie encuentra el pozo de Dios hasta caminar por la sed del desierto.
    Nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de Dios.
    Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. 
 
Si sacas todo lo que tienes y estás con Dios. Vas a llegar.
 
Jorge R. Meléndrez Quezada
Grupo Semillas

 

 

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