Es no tener miedo a la verdad, no tener que ocultar.

Respetar en silencio las decisiones tomadas aún cuando no se está de acuerdo en ellas.

No cuestionar, saber escuchar y saber callar.

Apoyar y dar un abrazo fraterno, tener solidaridad, no aprisionar.

Saber decir en el momento preciso las palabras adecuadas, sin tener que buscarlas.

No confundir la franqueza, con la ofensa.

Es aceptar que nadie es perfecto y que por lo tanto nadie está exento de cometer errores.

Apoyar en las decisiones y momentos difíciles sin mencionarlo previamente.

Es respeto mutuo, es generosidad.

Es compartir, es dar sin esperar recibir.

 

 

 

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