Si servimos para aplacar tu soledad.

Si servimos para que te sientas importante cuando llegas a casa.

Si servimos para lamer tus lágrimas cuando estas triste.

Si servimos para que al llegar el atardecer no te sientas solo.

Si servimos para proteger de la violencia de tus semejantes.

Si servimos para proteger a tus hijos cuando no estás cerca.

Si servimos para que tu corazón no se sienta solo en casa.

Si servimos para que te diviertas riendo.

Si servimos para alegrar tu silencio con nuestras voces.

Si servimos para que tu mano acaricie un pelo suave.

Si servimos para cargar tu alimento y trabajo en nuestras costillas.

Si servimos para que tus ojos disfruten de la belleza de nuestras plumas.

Si servimos para llorar tu muerte cuando no hay nadie más que llore por ti.

Entonces:

No nos maltrates.

No descargues tu tristeza en nuestro frágil cuerpo.

No nos abandones a nuestra propia suerte.

No te alejes tanto de nosotros, de forma que no podamos conseguir encontrarte más.

Respeta nuestros sentimientos, pues nosotros, considerados irracionales, tenemos sentimientos.  Mira dentro de nuestros ojos y verás que está todo escrito en ellos. 

Cuida de mí y de mis hijos, como cuido yo de los tuyos.  El día que yo parta, llora de pena y no de arrepentimiento por haberme maltratado.

Somos un perro, un gato, un caballo, un pájaro:  somos todos los animales del mundo, que aquí estamos. ¡Respétanos!

“Cuando el hombre aprenda a respetar a todos los seres de la creación, nadie necesitará enseñar a amar a su semejante.”

 

 

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