Construye puentes de comunicación fuertes y sólidos entre tú y las personas con quienes te toca compartir tu camino.  Tal vez hoy les puedas servir, y quizás mañana necesites de ellos.

Acompaña a quien sufre el fracaso para animarlo a rehacer su camino y refuerza con sinceros aplausos, cada etapa que cada uno de los demás va superando y logrando.

Sé generoso en la aprobación y en el aplauso, limita y reduce tu instinto de crítica.

Comparte tus sentimientos con alguien que sepa comprenderlos, buenos o malos, los sentimientos necesitan expresarse; necesitan reconocimiento y libertad para mostrarse al descubierto.

No es prudente ocultar tras una sonrisa que tienes quebrado el corazón; eso es falsear lo que sientes por dentro.  Al expresar tus sentimientos puedes librarte del dolor y eso te permite continuar la marcha, reconstruir tu vida y pensar otras cosas que vuelvan a hacerte feliz.

Si tienes un sueño vivo en tu mente, tráelo al mundo, dale vida.

Cada uno tiene un don sin igual que trae a este mundo, y es tu fin en la vida ofrecer ese don.

No mires hacia atrás, ni llores por el pasado, pues ya se ha ido; tampoco te preocupes por el futuro, pues aún no ha llegado.  Vive el presente, y hazlo tan bello, que merezca ser recordado.

 

 

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