Continuaré soñando, aún cuando me prueben, mil veces, que los sueños no se realizan, que son apenas utopías alimentadas por mí.  Aún así, soñaré.

Soñaré que el mundo es mejor  de como lo presentan en los noticieros, que los seres humanos se aman como hermanos y no se degluten como animales irracionales, que la tiranía y la cobardía no serán más parte de este mundo, que los defectos que me incomodan en mi hermano serán comprendidos por mí, como prueba de amor y aceptación,  que la verdad incontestable de ayer, será hoy, mentira pasada, engaño, “con o sin” premeditación.

La verdad, entonces, es relativa, tiene muchas fases, no pertenece a nadie y es de todos al mismo tiempo, no somos los únicos dueños y detentores de ella, aunque continúen diciendo “no”, diré bien alto “sí”, porque los sueños nos ayudan a continuar viviendo, ya que vivir sin soñar, no es vivir, es morir.

Y, hasta el último segundo de soplo de vida que tuviere, antes de mi partida a la patria espiritual, aún entonces, llevaré conmigo los sueños que alimenté desde mi nacimiento, y si en la tierra ellos fueran imposibles e irrealizables, en el otro mundo, se habrán de tornar reales.

Soñaré, por lo tanto, a pesar de los “quejidos”, por traer el corazón en llagas vivas, y de las imágenes calientes que insisten en turbarme la visión.  Aún así, soñaré.
Vanderli Medeiros.

 

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