Si amas a una persona, o por lo menos piensas que la amas, entonces es de suponer que confías plenamente en ella, y en tal evento, los celos, reclamos y comparaciones no tienen por qué existir.

Pero en el común de los casos esto no ocurre, porque se confunde el amar con el querer y con el poseer.  Y por ello, si tú “amas” a una persona, significa que él o ella no puede “amar” ni mirar a nadie más, pues consideras que no te es fiel, que te está insultando, que está probando que eres inferior, que hay mejores personas y más adorables que tú.

Y puesto que tu concepto de amar es más bien un querer todo para ti, sientes herido tu ego y posesividad. Y ello se convierte en el detonante para que salgan a relucir los celos, lo cual hace que la relación comience una etapa de degradación, pues uno pierde la confianza en el otro.

El amor verdadero permite libertad. Si amas a la persona, no interfieras en su privacidad. No intentes transgredir su ser interno. Respeta sus espacios, sus momentos de soledad y silencio interior. Si amas de verdad, no hay razón para buscar doble sentido a sus palabras, ni escuchar en sigilo oculto sus conversaciones, ni leer con maliciosa intención sus correos, ni revisar sus bolsillos o los números telefónicos en su agenda.

Es cierto que hay parejas que dan motivo para que suceda lo que no debiera pasar en una relación de pareja. Si esto llegara a pasar, se debe enfrentar el hecho lo más rápidamente posible, con la clara decisión de cortar por lo sano. Desafortunadamente muchos se dejan manipular por la cobardía y el miedo a “perder al otro”, lo disimulan con pataletas de celos y asumen con resignación el papel de víctimas.

Si dos personas realmente se aman, no van a tener disgustos por cosas sin importancia, ni el uno tratará de imponer cualquier idea en el otro, ni estará pendiente de lo que mira, cómo lo mira, de lo que hace ni cómo lo hace. El requerimiento básico del amor es: “Acepto a la otra persona como es”. El amor nunca trata de cambiar a la persona según la propia idea de uno.

Procura amar al otro tal como es, y no a la imagen que en tus sueños has idealizado. No pongas moldes, ni patrones ni ejemplos. Siempre habrá alguien mejor en algún sentido, y esa frase “deberías ser como tal o pascual”, irrita en vez de agradar.

Muchas parejas están continuamente acosándose, intentando hacer realidad la imagen que ellos desean.  Es evidente que no aman, pues sólo quieren a la otra persona como una marioneta que puedan manejar con las cuerdas que tienen en sus manos.  Tarde o temprano resultará un conflicto que les ha de causar tristeza y dolor.

Si amas, entonces no es un asunto de condiciones:  ama a la persona tal como es.  Si no la amas, entonces tampoco habría por qué imponer condiciones, pues es de suponer que él o ella no es nadie para ti.  Sólo intenta ver lo que en realidad está en ti para la otra persona, y los celos desaparecerán.

Si los celos desaparecen y aún permanece el amor, entonces tienes algo sólido en tu vida que vale la pena mantener.  Si no se aman, y ya no encuentran motivos para intentar lograrlo, lo mejor es separarse y que cada uno busque otra oportunidad de ser feliz por otro lado o con otra persona.

 

 

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