Para cambiar tu vida empieza por hacerte responsable de tus emociones y deja de culpar al mundo por tus fracasos. Aprende a ser coherente con lo que piensas, hablas y haces.

Parte del hecho de fracasar cuando te propones algo, está en la poca confianza que y credibilidad que  te tienes. Te propongo este ejercicio: Haz una corta lista de las actividades personales que quieras hacer en el día como: llamar simplemente a alguien para saludarlo o saludarla, ir con el dentista, reparar algo de tu casa, etc. Ya sé que algunas veces lo has intentado y al finalizar el día no has hecho nada. También  sé que te  has prometido que mañana lo harías y ese mañana no ha llegado. Finalmente lo has olvidado. Así te has pasado la vida prometiéndote actos diarios y has terminado perdiendo la fe en ti mismo.

Comienza por cumplir actos y cosas  para ti y felicítate por lograrlo. Cuántas veces hemos escuchado a las personas decir: “Es que no tengo tiempo, es que he estado muy ocupado o ocupada”. ¿Cómo puedes cambiar tu vida si no te ocupas con responsabilidad de ella?

Como ya tienes claro que eres el único que puedes hacer cambios en tu vida, comienza a a trabajar en cambiar tus pensamientos. No te esfuerces en evitar que los negativos lleguen a tu mente porqué eso es imposible, pero si evitando que estos se queden y  echen raíces en ella. La  técnica recomienda que comiences por tomar conciencia de lo que estás pensando y detectes lo negativo. ¿Cómo hacerlo? Cuando percibas que ese pensamiento te provoca  rabia, angustia, miedo, desasosiego, tristeza, Etc.  Todas emociones desarmonizadas. Cuando eso te suceda, inmediatamente asocia ese pensamiento con uno positivo que te provoque felicidad y que sea fácil de obtener.

Hay un ejercicio que consiste en repetirte: Yo soy un ganador, yo soy un vencedor, yo soy un ser que comprendo y me comprenden los demás, yo soy amado, yo merezco amar, yo merezco ser amado, Etc.  El truco está en repetirlo e imaginarte repitiéndolo en tus diferentes estados de ánimo, algo así como si estuvieras representando una obra de teatro. Esto engaña al cerebro y lo desconcierta. Con el juego cotidiano vas introduciendo a tu cerebro nueva información y nuevas sensaciones positivas.

No quiero que lo creas porque lo digo Yo, quiero que lo creas porqué lo descubriste por ti mismo. Recuerda que es necesario ser constante. Descubre que tienes el poder de cambiar cosas en tu vida, cambiando los paradigmas y esquemas mentales. Juega con tu mente, más no la obligues demasiado porque se vuelve una batalla interior que te cansa. Se constante y firme. Sin prisas pero sin pausas. Tus progresos habrán de animarte poderosamente. Ensaya repitiendo frases que te gusten y que sean creíbles para ti.

Existe otro  ejercicio que le vi hacer a un terapeuta en televisión: Asocia tu pensamiento y tu visualización un tocamiento físico. Con el dedo índice y el dedo del corazón toca repetidamente una parte de tu cuerpo, la parte que quieras, pero siempre la misma parte y el mismo número de veces. El terapeuta explicaba que con esa práctica y asociación el cerebro  se reprogramaba a un nuevo comportamiento.

Dedica tiempo a tu niño interior. Es delicioso jugar con él. A ese niño interior que habita en ti y que has dejado olvidado por concentrarte y dedicarte a  obtener cosas terrenales,  que son necesarias pero temporales. Cada mañana sonríe para ti, porque es para tí que hay un nuevo día. Tu existencia no la puede vivir nadie más que Tú. Nadie puede vivir tu existencia como tú no puedes vivir la existencia de otra persona, ni siquiera la de tus propios hijos. Descubre que cosas haces que llenan tu espíritu de verdadera emoción y vuélvelas un hermoso hábito.  Regálate cada segundo de tu vida momentos de plenitud. En una sonrisa, en una lectura, en una canción, en un gracias de todo corazón, en lo que quieras, pero hazlo. Persiste, insiste y resiste. Y cuando adquieras esa fe en Ti, entonces transmítela e infúndela a los demás que te rodean y enséñales a lograrla.

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