¿Podrías haber hecho algo pero no lo hiciste? Y usas la excusa: “si Dios quiere que así sea”.  O haces algo y después esperas y esperas el resultado, y el resultado nunca llega.  Entonces te enfadas, como si te hubieran engañado, como si Dios te hubiera traicionado, como si Él estuviera en contra tuya y fuera parcial, injusto y lleno de prejuicios.  Y en tu mente surge una gran queja, entonces la confianza ha desaparecido.

Como somos cual átomos en este universo, las cosas son muy complicadas.  Nada depende únicamente de mi acción; hay miles de energías que se cruzan.  El total de las energías decidirá el resultado. ¿Cómo voy a poder definirlo yo?  Tengo que hacer, y al mismo tiempo tengo que aprender a no esperar nada.

Este dicho nos lleva a creer en un nuevo hombre, el verdadero hombre.  El que sabe cómo hacer y el que sabe cómo no hacer.  El que puede estar activo y decir “Sí” cuando es necesario;  y el que sabe decir “No” y permanecer pasivo cuando así debe ser.  El que está plenamente despierto de día y plenamente dormido de noche.  El que sabe inspirar y espirar.  El que conoce el equilibrio de la vida.

“Confía en Dios, pero ata primero a tu camello”.  Este dicho surge de una pequeña historia:

Un maestro estaba viajando con uno de sus discípulos.  El discípulo era el encargado de cuidar del camello.  Llegaron a la posada para caravanas de noche y cansados.  Era obligación del discípulo atar el camello, pero no se molestó en hacerlo y lo dejó fuera.  Luego se dirigió a Dios y le dijo: “Encárgate del camello”, y se durmió.  Por la mañana el camello no estaba, había sido robado o se había ido.  Podía haberle ocurrido cualquier cosa.

El maestro preguntó a su discípulo:

–    ¿Qué ha pasado?  ¿Dónde está el camello?

El discípulo le respondió:

–    No lo sé.  Pregúntaselo a Dios, yo le dije a Él que lo cuidara porque yo estaba muy cansado, así que no tengo la menor idea.  Yo no soy el responsable, yo se lo dije muy claramente a Dios que lo cuidara, y como tú siempre nos enseñas que debemos confiar en Él, yo simplemente he confiado. 

El maestro le dijo:

–    Confía en Dios, pero ata primero a tu camello, porque Dios no tiene otras manos que las tuyas.  Haz todo lo que puedas y debas, aunque eso no garantize el resultado.  Por tanto, haz todo lo que debes y después acepta lo que ocurra,.. 

Este es el significado de atar el camello.  ¡Haz lo que debas hacer!  ¡No eludas tu responsabilidad!  Y después, si algo va mal, confía en Dios, Él sabe muy bien lo que hace.  Dios es el verdadero actor, tú sólo eres un instrumento en sus manos.

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