Vida, quiero merecerte
por cada día que soy para acordarme
de lo mucho que tengo y que me has dado,
por los hijos, los padres, los hermanos
los amigos, los libros y el cuidado
que le has puesto a mi frágil existencia.

Por los niños, los viejos, los enfermos
que pones día a día ante mis ojos
por los que con equívocos tremendos
hicieron de su vida un vil despojo
y hoy purgan una lenta penitencia.

Porque tú eres para todos los humanos
el tesoro más grande que se quiera;
mientras dures se enmiendan los errores
se superan y perdonan los hermanos
y se vence entre todos la tragedia.

Tú permites que brille la esperanza
que la luz de ilusiones no se apague
que la fuerza hacia el triunfo se agigante
y que el dolor espere nuevos aires
que vislumbren la paz en lontananza.

Y como te valoro y te respeto
y te conozco y sé cuánto me diste
y ya que ante tu ley estoy sujeta
yo te pido valor en la contienda
pues siempre supe dar, cuando pediste..

Gladys Aguilar Vargas, Otoño de 1989.-

Anuncios