Archive for diciembre, 2010


Oración de Año Nuevo


Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
Tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de ti.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad. Amen

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¿Qué edad tienes abuelo? Me preguntó mi nieto.

– Bueno, déjame pensar un momento… Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio, las comidas congeladas, la fotocopiadora, los lentes de contacto y la píldora anticonceptiva. No existían las tarjetas de crédito, el rayo láser, ni los patines en línea. No se había inventado el aire acondicionado, el lava-vajilla, ni las secadoras de ropa (las prendas se ponían simplemente a secar al aire fresco). El hombre todavía no había llegado a La Luna y no existían los aviones de propulsión a chorro para pasajeros.

Tu abuela y yo nos casamos y después vivimos juntos y en cada familia había un papá y una mamá. “Gay” era una palabra respetable en inglés que significaba una persona contenta, alegre y divertida, no homosexual. De lesbianas, nunca habíamos oído hablar y los muchachos no usaban aros. Nací antes de la computadora, las dobles carreras universitarias y las terapias de grupo. La gente no se analizaba, salvo que el médico les ordenara un examen de sangre o de orina. Hasta que cumplí 25 años, llamé a cada policía y a cada hombre “señor” y a cada mujer “señora” o “señorita”. En mis tiempos la virginidad no producía cáncer.

Nuestras vidas estaban gobernadas por Los 10 Mandamientos, el buen juicio y el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos. Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada. Tener una relación significativa era llevarse bien con primos y amigos. El tiempo compartido significaba que la familia compartía unas vacaciones, no un condominio. No se conocían los teléfonos inalámbricos y mucho menos los celulares. Nunca habíamos oído hablar sobre la música estereofónica, los radios FM, cassettes, CD’s, CVD’s, máquinas de escribir eléctricas, calculadoras (ni siquiera mecánicas, menos aún las portátiles). “Notebook” era una libreta para anotaciones. “Sale” se decía cuando alguien salía. A los relojes se les daba cuerda cada día. No existía nada digital, ni los relojes ni los indicadores con numeritos luminosos en los artefactos del hogar, ni en las máquinas.

Hablando de máquinas, no existían los cajeros automáticos, los hornos microondas ni los radio-reloj-despertador. Para no hablar de los video-cassettes, ni las filmadoras de video. Las fotos no se veían al instante y en colores. Había sólo en blanco y negro y su revelado y copiado demoraba más de 3 días. Las de colores no existían. Si en algo decía “Made in Japan” se lo consideraba de mala calidad y no existía “Made in Korea”, ni “Made in Taiwan”, ni “Made in Thailand”, ni mucho menos “Made in China”. No se había oído hablar de “Pizza Hut” o “McDonald’s”, del café instantáneo, ni de los endulzantes artificiales. Había tiendas donde se compraban cosas por 5 y 10 centavos. Los helados, los pasajes de bus y las gaseosas, todo costaba 10 centavos o menos. Se podía comprar un coche nuevo por menos de 1.000 pesos, pero ¿quién los tenía?

En mi tiempo, “hierba” era algo que se cortaba y no se fumaba; “coca” era una gaseosa, “chip” significaba un pedazo de madera, “hardware” era la ferretería y el “software” no existía. Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo.

Ahora dime, hijito ¿cuántos años crees que tengo?
– Ay abuelo… ¡más de 200!, contestó el nieto.
– No hijo, ¡solamente 65!

El amor que les tenemos a nuestros hijos nos lleva muchas veces a cegarnos y a olvidar lo que los hará felices a la larga. Es muy común en estos tiempos que los padres de familia, sobre todo los de ciertos recursos económicos, les construyamos un mundo irreal, sacado de un cuento de Walt Disney, aislándolos así de la realidad.
Cuando tarde que temprano el cuento termina, nuestros hijos se enfrentan a un mundo que desconocen, que no comprenden, lleno de trampas y callejones sin salida que no saben sortear, y las consecuencias son peores a las que quisimos evitar.

Hace poco la imagen de un padre con lágrimas en los ojos conmovió profundamente al mundo entero. Pelé, el gran ídolo del fútbol de los últimos tiempos, quien a diferencia de otras ocasiones, dio una de las ruedas de prensa más tristes y dolorosas de su vida: su hijo, Edson de 35 años, fue arrestado junto a 50 personas más en la ciudad de Santos-Brasil.

El hijo de Pelé fue acusado de asociación delictiva con narcotraficantes y puede ser condenado a 15 años de cárcel. Con lágrimas en los ojos, el ex futbolista brasileño admitió públicamente que su hijo resultó involucrado en una pandilla de traficantes de cocaína arrestados por la policía.

Pelé dijo a los medios: “como cualquier padre, es triste ver a tu hijo metido en grupos como ése y ser arrestado, pero él tendrá que sufrir las consecuencias”. Y agregó, “desafortunadamente, yo quizás estaba demasiado ocupado y no me di cuenta. Es lamentable, porque yo siempre he peleado contra las drogas y no noté lo que pasaba en mi propia casa”.

Pelé es un personaje mundial admirable como deportista y hombre honesto que no perdió su humildad como otras figuras del deporte. Sin embargo, es triste que un hombre bueno y talentoso como él se haya “distraído” en su jugada más importante: la formación de sus hijos.

La historia de Pelé no es un hecho aislado. Por desgracia es la vida de cientos de padres de familia de estas épocas atrapados en una agenda saturada de trabajo y de compromisos fuera de casa. Papás que compensan la falta de atención a sus hijos con bienes materiales. Los inscriben en las mejores escuelas, los rodean de lujos y comodidades y piensan que con eso ya cumplieron con su tarea de padres, cuando lo único que han logrado es formar niños que desconocen el hambre y tiran lo que no les gusta.

Hijos tiranos, pequeños monstruos insoportables y prepotentes que sufrirán y harán sufrir a sus semejantes porque desde pequeños se han salido con la suya. Muchachitos que creen que sentir frío o calor es cuestión de aire acondicionado, que el cansancio que han sentido se limita a caminar unas cuantas cuadras porque no hallaron estacionamiento frente a la discoteca, jovencitos que piensan que el trabajo de los padres es firmar cheques para que ellos tengan todo lo que se les antoja.

¿Qué posibilidades tienen nuestros hijos de convertirse en hombres y mujeres de bien si los papás les damos todo y no les educamos la voluntad?

¿Qué hijos estamos formando si con nuestra actitud les mostramos que el dinero es lo más importante en la vida?

Confucio decía “Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío”. Proverbios señala “Corrige a tus hijos”. Cuánto bien hacen los padres a los hijos cuando ponen esa máxima tan sencilla en práctica. Y cuánto daño les hacen al ponerles todo en bandeja de plata.

Hay muchas realidades que como padres quisiéramos desaparecer; el sufrimiento de los hijos, el exceso de sudor, de esfuerzo, y las carencias económicas. Sin embargo, quizás esas realidades no los hagan felices de momento, pero a la larga puedan forjarlos como hombres y mujeres de bien.

Ojalá que más padres de familia tengan la inquietud de enterarse por dónde andan sus hijos. Que no les vaya a pasar que cuando tengan tiempo deban decir: “Estaba demasiado ocupado y no me di cuenta”.

“Encárgate hoy de lo posible, que Dios se encargará por ti de lo imposible, ya que lo imposible de hoy será posible mañana”

Verdades Amargas

No quisiera mirar lo que he mirado

a través del cristal de la experiencia,

el mundo es un mercado en que se compran

honores, amistades y conciencias.

 

Amigos, es mentira: no hay amigos

la verdadera amistad es ilusión,

esa se va, cambia y desaparece,

según los giros que da la situación.

 

Amigos complacientes solo tienen

los que gozan de ventura y calma,

mas aquellos que abate el infortunio

solo llevan tristezas en el alma.

 

Si estamos bien, nos llaman

nos buscan, nos adulan,

más si por desgracia caemos, francamente

sólo por compromiso nos saludan.

 

En este laberinto de la vida

donde tanto domina la maldad,

todo tiene su precio estipulado

amores, parentesco y amistad.

 

El que nada atesora nada vale

y en toda reunión pasa por necio,

y por más nobles que sus hechos sean,

lo que alcanza es la burla y el desprecio.

 

La sociedad que adora su desdoro,

persigue con su saña al criminal,

más si el puñal del criminal es de oro,

enmudece el juez y besa el puñal.

 

Solo brilla en este mundo lo que es oro,

aunque brille por oro lo que es cobre,

lo que no se perdona en esta vida,

es el atroz delito de ser pobre.

 

La estupidez, el  vicio y hasta el crimen

pueden tener su precio señalado;

las llagas del defecto no se ven

si los cubre un diamante bien tallado.

 

Nada hermano es perfecto, nada afable,

todo está con lo impuro entremezclado,

el mismo corazón con ser tan noble,

cuántas veces se encuentra enmascarado.

 

Que existe la virtud…yo no lo niego,

pero siempre en conjunto defectuoso,

hay rasgos de virtud en el malvado

y hay rasgos de maldad en el virtuoso.

 

Cuándo veo a mi paso tanta infamia

y que mancha mi planta tanto lodo,

ganas me dan de maldecir la vida,

ganas me dan de maldecirlo todo.

 

A nadie ha de herir los que aquí digo,

porque ceñido a la verdad estoy,

me dieron a beber hiel y veneno,

hiel y veneno en recompensa doy.

 

Pero si tengo las palabras toscas

en estas líneas oscuras y sin nombre,

doblando las rodillas en el polvo

! Pido perdón a Dios, pero no al hombre ¡

 

 

Navidad en tu interior

Navidad significa nacimiento, y el símbolo de la Navidad es una estrella, una luz en la oscuridad que sirvió de guía para encontrar al Salvador.  No veamos más esta estrella fuera de nosotros, sino brillando en nuestro cielo interno y aceptémosla como símbolo de que ha llegado el tiempo del Cristo; el tiempo de reconocer nuestra verdadera identidad.Dentro de cada uno de nosotros existe un Salvador que conoce nuestra totalidad, nuestra esencia.  Es una sabiduría innata que, si la utilizamos como una guía, nos conducirá siempre a experiencias de paz, armonía y amor.  Es algo muy especial que está en todos y es para todos.  Si no sacamos el mayor provecho de ella es sólo porque no la podemos entender y mucho menos aceptar.

Esta esencia en nosotros es la que conoce nuestra totalidad o nuestra santidad.  Pero como un amigo fiel, no llegará a donde no se ha le ha invitado.  Por lo tanto, vamos a comenzar nuestras fiestas navideñas abriéndole la puerta a este invitado tan especial.  No temamos abrirle la puerta y recibámosle sin expectativas.  Él sabrá orientarnos, sin equivocarse y nos traerá regalos que no podremos encontrar en ningún lugar del mundo.

Tan pronto recibamos ese invitado tan especial, estaremos listos para preparar la gran fiesta. Pero, ¿cómo va a ser esta fiesta de Navidad?  Nuestro amigo no pide nada.  No exige sacrificios de ningún tipo.  Por lo tanto, en esta Navidad, cerremos las puertas a todo sacrificio estéril, a la culpa, al miedo a la escasez y demos paso a lo único que tiene sentido en nuestras vidas, a ese regalo del cual derivan su existencia todas las cosas: el amor.

Para muchas personas, las estampas de la Navidad traen sentimientos de gozo y alegría.  Para otras, esta época puede ser difícil, solitaria, aumentando los sentimientos de culpa y depresión.  Continuamente leemos artículos sobre cómo disfrutar las fiestas, sin embargo muchos no podemos imaginar cómo salir de ese estado de inmensa soledad en que algunos nos sumergimos.  A veces podemos sentirnos atrapados entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer.  Nos sentimos culpables porque deseamos quedarnos en casa en vez de salir a visitar familiares por compromiso.

También podemos sentirnos perdidos porque no tenemos la familia que quisiéramos tener.  Muchos de nosotros, año tras año esperamos que la mágica Navidad nos regale una persona que pueda llenar el vacío del solitario corazón, causando honda desesperación cuando no sucede.  Recuerda que no estás solo, que hay muchas personas compartiendo tus mismos sentimientos.

Ideas que pueden ser de gran ayuda para sentirte mejor contigo mismo durante la Navidad:

    Acepta tus sentimientos sin juzgarlos como buenos o malos.  Trabaja con ellos tratando de reafirmarte en el pensamiento más alto, el de Dios, en vez del dolor.

    Busca disfrutar del amor que está disponible, aunque no sea exactamente lo que quieras.  Si hay alguien a quien puedas extenderle tu amor, hazlo, verás como lo recibirás multiplicado.

    No te conviertas en el mártir.  Si la pasada Navidad no fue la mejor, según tu criterio, recuerda lo que aprendiste para no cometer los mismos errores.  Aprende de ellos, levántate y sigue adelante.  Recuerda que la alegría atrae la alegría y el dolor atrae dolor.  Busca siempre atraer lo mejor.

    En esta Navidad, deja que tu Ser se sane por completo del dolor y el sufrimiento y celebra tu liberación de las falsas cadenas que te han mantenido alejado del disfrute pleno de la felicidad.

    El Príncipe de Paz ha nacido para restablecer la condición de amor que no puede separarnos del Padre.  Ha venido para enseñarnos que el mejor regalo que podemos hacer en esta Navidad es reconocer que todos somos hijos de un mismo Padre y que no puede haber separación entre sus hijos.

    No permitamos que el rencor opaque el gozo de la Navidad, porque el nacimiento de Jesús no tendría sentido si lo apartamos de este gozo.  Unámonos a celebrar un nuevo despertar en nuestras conciencias.  Tengamos fe, construyamos un mundo de esperanzas.

    Perdona, porque el perdón libera el alma y un alma libre puede elevar sus alas hacia horizontes no explorados.

El poder de las lágrimas

Todavía lloramos, y qué bueno que así sea. Las lágrimas rara vez hacen mal. Son siempre una catarsis, una liberación, una forma de decir que nadie es auto-suficiente. En esta confesión de franqueza humana se esconde un acto de humildad de quien reconoce que llegó a una encrucijada. Y, cuando esto hiere demasiado, los ojos dicen lo que la boca no consigue pronunciar.

Hay lágrimas de dolor, lágrimas de amor, lágrimas de alegría incontenible, lágrimas de tristeza, lágrimas silenciosas de paz y de ternura, lágrimas de gratitud por un elogio realizado en el momento preciso, lágrimas de esperanza, lágrimas de inocencia. Pero también hay lágrimas de vergüenza, de necedad, de desafío, de chantaje, de egoísmo por no haber conseguido lo que se quería. Hay quien llora por cualquier cosa y hay quien tiene vergüenza de llorar, cuando llorar era la única cosa decente que podía hacerse.

Es muy probable que existan cosas mucho más bonitas que ver a una persona llorando en paz. Sin embargo, la persona que todavía llora por amor y que además no tiene vergüenza de mostrar que dentro de ella habita un sentimiento noble, es digna de admiración, pues de las cosas más bonitas de un ser humano, una de ellas es la sonrisa, la otra: la lágrima silenciosa de alguien que desea comenzar de nuevo.

Lo que te duele dar

Recuerdo que cuando tenía 19 años había empezado a utilizar alhajas de oro. Había comprado varias cadenas y un par de esclavas o brazaletes y me encantaba usarlas. Eran una gran ilusión. En una de mis primeras actividades de la Iglesia, se nos pidió ayuda para las personas pobres de la comunidad, y en un ambiente de oración se nos pidió dar algo de lo que nos quisiéramos deshacer para darlo a estas personas.

En ese momento sentí una gran confusión, púes lo único que llevaba en ese momento eran mis alhajas de oro, y ni pensar en dar alguna de ellas. Temblaba, entré en cólera e indecisión porque en ese momento Dios me estaba pidiendo que entregara algo, pero mis joyas de oro me habían costado mucho dinero.

Al fin me animé y fui a dejar la cadena más delgada (y más barata). Las personas empezaban poco a poco a ir delante a dejar cosas. Mi intranquilidad era tan grande, que tuve que ir a dejar otra de las cadenas, porque sentía que Dios me miraba y me decía que diera algo más para esas personas. Al final, fui 4 veces adelante. Una por cada objeto de valor que llevaba. Extrañamente al final, me sentí bien de haberme desprendido de esas cosas materiales y una gran paz sobrevino a mi alma.

Finalmente cuando terminó la oración nos pidieron pasar adelante a recoger nuestras cosas. Dios no quería quitarnos nada, sólo quería ayudarnos a desprendernos de lo material. Recuerdo que cuando tuve de nuevo todas mis joyas en la mano, eran diferentes. Ya no brillaban igual, no me ilusionaban. Ni siquiera deseaba tenerlas. Al día siguiente las doné a la Iglesia porque me sentí mal de que algo tan tonto me hubiera cegado tanto. Ese día comprendí que las cosas materiales no valen una buena obra, y que mi alma, tampoco valía por el oro, la plata, las joyas o el dinero que tenía. Puedo decir que me liberé de todas esas cargas en aquel día.

Recordé esto ayer y creo que es bueno que entendamos, que nada nos llevaremos en el momento de la partida. Cuando el buen Dios nos llame delante de su presencia no llevaremos nada. Nos iremos de la misma manera que llegamos: sin nada. Solamente nuestras buenas obras, y nuestra trascendencia en este mundo será lo que llevemos. El bien que hayamos hecho, el amor que hayamos dado, el perdón que decidimos dar; eso sí vale.

Espero que no cometas los mismos errores que yo, y que si estás apegado a cosas materiales recuerdes lo realmente importante. Verás en ese momento cómo todas las cosas materiales dejan de brillar, al contraponerlas con la luz de Jesús.

St. John of the Cross, Doctor of the Church.

Image via Wikipedia

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

San Juan de la Cruz.

Vida, quiero merecerte
por cada día que soy para acordarme
de lo mucho que tengo y que me has dado,
por los hijos, los padres, los hermanos
los amigos, los libros y el cuidado
que le has puesto a mi frágil existencia.

Por los niños, los viejos, los enfermos
que pones día a día ante mis ojos
por los que con equívocos tremendos
hicieron de su vida un vil despojo
y hoy purgan una lenta penitencia.

Porque tú eres para todos los humanos
el tesoro más grande que se quiera;
mientras dures se enmiendan los errores
se superan y perdonan los hermanos
y se vence entre todos la tragedia.

Tú permites que brille la esperanza
que la luz de ilusiones no se apague
que la fuerza hacia el triunfo se agigante
y que el dolor espere nuevos aires
que vislumbren la paz en lontananza.

Y como te valoro y te respeto
y te conozco y sé cuánto me diste
y ya que ante tu ley estoy sujeta
yo te pido valor en la contienda
pues siempre supe dar, cuando pediste..

Gladys Aguilar Vargas, Otoño de 1989.-

Mujer preciosa para el bien nacida,
mujer preciosa por mi mal hallada,
perla del solio del Señor caída
y en albañal inmundo sepultada;

Cándida rosa en el Edén crecida
y por manos infames deshojada;
cisne de cuello alabastrino y blando
en indecente bacanal cantando.

II
Objeto vil de mi pasión sublime,
ramera infame a quien el alma adora.
¿Por qué ese Dios ha colocado, dime
el candor en tu faz engañadora?

¿Por qué el reflejo de su gloria imprime
en tu dulce mirar? ¿Por qué atesora
hechizos mil en tu redondo seno,
si hay en tu corazón lodo y veneno?

III
Copa de bendición de llanto llena,
do el crimen su ponzoña ha derramado;
ángel que el cielo abandonó sin pena,
y en brazos del demonio ha entregado;

Mujer más pura que la luz serena,
más negra que la sombra del pecado,
oye y perdona si al cantarte lloro;
porque, ángel o demonio, yo te adoro.

IV
Por la senda del mundo yo vagaba
indiferente en medio de los seres;
de la virtud y el vicio me burlaba,
me reí del amor, de las mujeres,

que amar a una mujer nunca pensaba;
y hastiado de pesares y placeres
siempre vivió con el amor en guerra
mi ya gastado corazón de tierra.

V
Pero te ví… te ví… ¡Maldita hora
en que te ví, mujer! Dejaste herida
a mi alma que te adora, como adora
el alma que de llanto está nutrida;

Horrible sufrimiento me devora,
que hiciste la desgracia de mi vida.
Mas dolor tan inmenso, tan profundo,
no lo cambio, mujer, por todo el mundo.

VI
¿Eres demonio que arrojó el infierno
para abrirme una herida mal cerrada?
¿Eres un ángel que mandó el Eterno
a velar mi existencia infortunada?

¿Este amor tan ardiente, tan interno,
me enaltece, mujer, o me degrada?
No lo sé… no lo sé… yo pierdo el juicio.
¿Eres el vicio tú? … ¡adoro el vicio!

VII
¡Ámame tú también! Seré tu esclavo,
tu pobre perro que doquier te siga;
seré feliz si con mi sangre lavo
tu huella, aunque al seguirte me persiga

ridículo y deshonra; al cabo… al cabo,
nada me importa lo que el mundo diga.
Nada me importa tu manchada historia
si a través de tus ojos veo la gloria.

VIII
Yo mendigo, mujer, y tú ramera,
descalzos por el mundo marcharemos;
que el mundo nos desprecie cuando quiera,
en nuestro amor un mundo encontraremos.
Y si, horrible miseria nos espera,
ni de un rey por el otro la daremos;
que cubiertos de andrajos asquerosos,
dos corazones latirán dichosos.

IX
Un calvario maldito hallé en la vida
en el que mis creencias expiraron,
y al abrirme los hombres una herida,
de odio profundo el alma me llenaron.

Por eso el alma de rencor henchida
odia lo que ellos aman, lo que amaron,
y a ti sola, mujer, a ti yo entrego
todo ese amor que a los mortales niego.

X
Porque nací, mujer, para adorarte
y la vida sin ti me es fastidiosa,
que mi único placer es contemplarte,
aunque tú halles mi pasión odiosa,

yo, nunca, nunca, dejaré de amarte.
Ojalá que tuviera alguna cosa
más que la vida y el honor, más cara
y por ti sin violencia la inmolara.

XI
Sólo tengo una madre. ¡me ama tanto!
sus pechos mi niñez alimentaron,
y mi sed apagó su tierno llanto,
y sus vigilias hombre me formaron.

A ese ángel para mí tan santo,
última fe de creencias que pasaron,
a ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!,
olvido por tu amor… ¡loca ramera!

XII
Sé que tu amor no me dará placeres,
sé que burlas mis grandes sacrificios.
Eres tú la más vil de las mujeres;
conozco tu maldad, tus artificios.

Pero te amo, mujer, te amo como eres;
amo tu perversión, amo tus vicios,
y aunque maldigo el fuego en que me inflamo,
mientras más vil te encuentro, más te amo.

XIII
Quiero besar tu planta a cada instante,
morir contigo de placer beodo;
porque es tuya mi mente delirante,
y tuyo es ¡ay! mi corazón de lodo.

Yo que soy en amores inconstante,
hoy me siento por ti capaz de todo.
Por ti será mi corazón do imperas,
virtuoso, criminal, lo que tú quieras.

XIV
Yo me siento con fuerza muy sobrada,
y hasta un niño me vence sin empeño.
¿Soy águila que duerme encadenada,
o vil gusano que titán me sueño?

Yo no sé si soy mucho, o si soy nada;
si soy átomo grande o dios pequeño;
pero gusano o dios, débil o fuerte,
sólo sé que soy tuyo hasta la muerte.

XV
No me importa lo que eres, lo que has sido,
porque en vez de razón para juzgarte,
yo sólo tengo de ternura henchido
gigante corazón para adorarte.

Seré tu redención, seré tu olvido,
y de ese fango vil vendré a sacarte;
que si los vicios en tu ser se imprimen
mi pasión es más grande que tu crimen.

XVI
Es tu amor nada más lo que ambiciono,
con tu imagen soñando me desvelo;
de tu voz con el eco me emociono,
y por darte la dicha que yo anhelo

si fuera rey, te regalara un trono;
si fuera Dios, te regalara un cielo.
Y si Dios de ese Dios tan grande fuera,
me arrojara a tus plantas, vil ramera.