No te subestimes comparándote con los demás. Todos somos diferentes y especiales. 

 No establezcas tus objetivos de acuerdo con lo que otros consideran importante.  Sólo tú sabes qué es lo mejor para ti. 

No des por sentado aquello más cercano a tu corazón.  Aférrate a eso como a la vida, ya que sin eso la vida carece de sentido. 

 No dejes que tu vida se te escape de las manos por vivir en el pasado o por pensar en el futuro.  Si vives tu vida de a un día por vez, vivirás todos y cada uno de los días de tu vida.

 No te des por vencido cuando todavía tienes algo para dar.  Nada está realmente terminado sino hasta el momento en que dejas de intentarlo. 

 No temas reconocer que no eres perfecto.  Ese es el frágil lazo que nos une a los demás. No temas enfrentar riesgos.  Es precisamente asumiendo riesgos que aprendemos a ser valientes.

 No dejes el amor por fuera de tu vida y no digas que es imposible de encontrar.  La forma más eficaz de recibir amor es dar amor; la forma más rápida de perder el amor es sofocarlo y aferrarse a él; la mejor manera de conservar el amor es darle alas.

 No pierdas tus sueños. Quedarse sin sueños es quedarse sin esperanzas; vivir sin esperanzas es vivir sin un propósito en la vida.

 No corras por la vida hasta terminar olvidando no sólo dónde has estado sino también a dónde vas.  La vida no es una carrera sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.

 Sé firme en tus actitudes y perseverante en tus ideales.  Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.  Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.  Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.  Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.

 No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.  No revuelvas una herida que está cicatrizada.  No rememores dolores y sufrimientos antiguos.  ¡Lo que pasó, pasó!  De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.  Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.  Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

 No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.  No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.  No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.  Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.  Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.  No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”. 

 Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.  Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.  Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.

 Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.  Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.  La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.  Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.

 Trabajo es sinónimo de nobleza.  No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.  El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.  No existen trabajos humildes.  Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.  Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo. Susan Polis Schutz. Extraído de su libro “Tesoros de la Vida”

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