En el silencio de tu alma se esconden los más bellos secretos  de tu corazón. En el silencio de la naturaleza Dios susurra a través de los pájaros y demás criaturas. En silencio con un amigo, se descubren maravillosas conversaciones que la palabra sería incapaz de expresar. En el trabajo callado y tranquilo los dones de las personas se   hacen visibles. Entre ruidos y prisas el silencio puede ser la mejor arma de que dispones para acercarte a Dios y a ti mismo.

 

El silencio no es la ausencia de sonidos, es un estado  tranquilo en el que te puedes verbalizar con mayor claridad a  ti mismo aquello que se mueve en tu interior. La palabra, cuando es clara y sincera, nos acerca a los demás,  nos ayuda a darnos a conocer, nos muestra lo que los otros   piensan y viven.  El silencio es el mayor grado de comunicación  que podemos conseguir con un ser humano. La soledad no es silencio, el silencio no es soledad.

 

La vida se comparte dándola, el silencio se comparte estando   al lado del que sufre, del que ama, del que vibra al son de un  sencillo acorde musical. Ábreme el cofre sagrado de tu silencio, comparte conmigo desde  lo que eres, desde lo que vives, desde lo que lloras y desde  donde te alegras; sin palabras, sencillamente, desde lo que   eres. Entraré de puntillas, sin hacer ruido, para no romper la  hermosura que me ofreces a través de tu silencio. El silencio es el mayor grado de comunicación. Gracias por leerme y escucharme en silencio.
 
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