Category: Lecturas con Mensaje


Los pensamientos curan

Los pensamientos curan. Dr. Bruce H. Lipton.

El doctor Bruce Lipton científico investigador de Estados Unidos, nacido en 1944, ha conseguido aunar ciencia y espíritu. No es poco mérito el suyo si tenemos en cuenta lo “alérgicos” que son los científicos a los temas trascendentales. Como doctor en Biología Celular fue pionero en la investigación con células madre. Sus estudios sobre la membrana celular y las modificaciones de las células según el entorno sentaron las bases de la nueva epigenética. Sus descubrimientos van en contra de la opinión científica que establece de que la vida es controlada por los genes. Sus estudios de la física cuántica le han llevado a criticar duramente la medicina convencional. Autor de libros como La biología de la creencia y La biología de la transformación, este gran científico reclama una nueva medicina que tenga en cuenta la capacidad de curar que tiene la energía. Una capacidad curativa mucho más eficaz que la que tienen actualmente los medicamentos. Aquí una entrevista con él:

Doctor Bruce usted asegura que la medicina convencional va por muy mal camino.  ¿Tan peligrosos son los medicamentos que nos recetan?

 Nos dan medicamentos para la enfermedad, pero esto causa muchos problemas en el cuerpo. Porque esta medicina basada en la farmacología no entiende cómo está interrelacionada toda la bioquímica del organismo. Cuando tomo una pastilla química y la introduzco en mi cuerpo, no solo afecta a aquel lugar donde tengo el problema, sino que afecta a muchas otras cosas a la vez. Son los llamados “efectos secundarios”. Pero, en realidad, no son secundarios sino directos. No entienden que el efecto de las drogas no solo crea un efecto sino múltiples. Según las estadísticas en EEUU, ¡los fármacos matan allí a más de 300.000 personas cada año! Y esas personas son muchas más que las que mueren por tomar drogas ilegales. Hay algo que no funciona en la ciencia médica. Hace algunas cosas bien, como la traumatología, pero está matando a mucha más gente de la que ayuda. Tiene que aprender cómo funcionan las células.

 ¿Y qué ha descubierto sobre las células  que no tiene en cuenta la medicina?

 Yo ya trabajaba con ellas en los años 60. Fui un pionero porque en esa época había muy poca gente trabajando en ello. Un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo. Puse una célula madre en un plato y, como cada diez horas se divide en dos, al cabo de dos semanas, tenía miles de células, todas idénticas. Luego cogí algunas de ellas, las coloqué en otro plato y cambié el entorno celular. Las células son más como peces porque viven en un entorno fluido. Cambié la química en ese plato y ahí formaron músculo. Después, cogí otras del primer plato y las puse en un entorno diferente, y se formó hueso, y otras se convirtieron en grasa al volver a cambiar el entorno. Entonces, la pregunta es muy sencilla, ¿qué controla el destino de las células? Todas eran idénticas, lo único que era diferente era el entorno. Cuando cojo células sanas y las coloco en un entorno nocivo, la células enferman y mueren. Si un médico las mirara, diría: “¿Qué medicina hay que darles?” ¡Pero no hace falta ninguna medicina! Les cambias el entorno nocivo, las colocas en uno sano y saludable y las células sanan. Los humanos somos una comunidad de 50 trillones de células, por tanto, la célula es el ser viviente y la persona es una comunidad. ¡El humano es el plato cubierto de piel! La industria farmacéutica no quiere que sanes sin comprar sus fármacos.

Dos preguntas: ¿Se puede poner energía en una cápsula? y ¿Cuál es el entorno de la célula que hay que cuidar?

 Dentro de mí hay 50 trillones de células y el entorno celular para nosotros es la sangre, por ello la composición de la sangre cambia el destino de la célula. ¿Y qué controla la sangre? Pues el sistema nervioso, que crea una química diferente según el sistema exterior. La célula y el ser humano son la misma cosa. Por ello, si pongo al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, también enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana. Por tanto, la medicina culpa a las células por la enfermedad y trata de cambiar la química de las células, pero ese no es el problema, el problema es el entorno. Y si cambias a la persona de entorno, sin medicamentos, el cerebro cambia la química. El cerebro de la célula y el de la persona leen y entienden el entorno.

 En un entorno sano, ¿nos curamos automáticamente? ¿Así de fácil?

 No es tan fácil, porque la mente interpreta. Puede suceder que estemos en un entorno muy sano y que la mente lo lea como un entorno negativo o perjudicial. Entonces crea una química que hará a mi cuerpo enfermar. La diferencia entre la célula y el ser humano es que este tiene una mente que hace una interpretación y la célula lee el entorno directamente. Si metes un programa con errores en la mente, entonces la química que genera no está en armonía con la vida. Y esto nos sirve para entender cómo funciona un placebo. Cambio mi creencia y pienso que esto me va a sanar, tomo una píldora porque creo que esto me va a traer salud, y me mejora y me sana, pero la píldora podría ser de azúcar, en realidad no ha hecho nada, han sido mis creencias. Y a eso lo llamamos pensamientos positivos y efecto placebo.

¿Está diciendo que el efecto placebo –creer que algo nos sanará– es más curativo que un medicamento?

Pero entiendo que no hay muchas  investigaciones sobre eso. Sí, tienes razón. ¿Eres consciente de que hay más de una manera de hacer energía sin tener que depender del petróleo? Pero seguimos dependiendo del petróleo porque no interesa el cambio a los que controlan la energía. Lo mismo pasa con las empresas farmacéuticas. Venden fármacos y ¿poder sanar sin fármacos es bueno o malo para la industria farmacéutica? No quieren que sanes sin comprar sus fármacos. ¿Se puede poner energía en una cápsula? Si fuera así, las farmacéuticas intentarían vendértela. Si puedo sanar sin usar medicamentos, la industria que los produce no gana dinero. Deberíamos poder decir que la ciencia está separada de la industria farmacéutica, pero no es así, porque con el dinero de esta se paga el desarrollo de la ciencia, y ese dinero solo va esos estudios que dicen que las drogas funcionan. El dinero controla la ciencia.

Explíquenos cómo funciona ese poder que dice que tiene la mente para la autocuración.

He hablado de que la mente controla: si piensa de una manera, se va en una dirección y, si piensa de otra, se va en otra. Por ejemplo, cierro los ojos, los abro y veo a alguien a quien amo. Entonces mi cerebro segrega dopamina, oxitocina, etc. Lo puedo sentir en mi cuerpo, puedo sentir el amor, y esa química trae salud a las células. Por eso, quien se enamora se siente tan bien. Pero si abro los ojos y veo algo que me asusta, segrego hormonas del estrés. Y estas hacen dos cosas. La primera es que frenan el crecimiento del cuerpo. Porque si me está persiguiendo un león, necesito toda la energía para poder escaparme, y mi organismo apaga todo lo que no sea imprescindible para correr más rápido, así que se paraliza todo lo que tiene que ver con el crecimiento. La gente no lo sabe, pero tienes que crecer todos los días, porque, si no, te mueres. Cada día cientos de billones de células mueren y tienes que ir produciendo nuevas. Cada tres días, el sistema digestivo renueva sus células, pero si se intefiere con ese crecimiento, entonces no puedo estar sano porque estoy perdiendo demasiadas células al día, por eso la quimioterapia hace que se caiga el pelo y crea problemas de digestión, porque mata todas las células, no solo las del cáncer. La segunda consecuencia de las hormonas del estrés es que se cierra todo aquello que usa energía, y el sistema inmunitario usa muchísima energía: cuando estás enfermo, te sientes muy cansado porque tu energía la está usando el sistema inmunitario. Si pones al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana.

Eso significa que el estrés nos hace enfermar, ¿no?

Las hormonas del estrés apagan el sistema inmunitario, incluso la medicina usa este efecto en algunas ocasiones. Por ejemplo, si me trasplantaran un corazón, mi sistema inmunitario lo rechazaría. En esos casos, los médicos dan hormonas del estrés y eso impide que funcione el sistema inmunitario. Es tan claro que suprime el sistema inmunitario que lo usamos como un medicamento. Cuando la persona está bajo estrés, afecta de dos maneras: la primera es que deja de haber crecimiento y la segunda es que se apaga el sistema inmunitario. De esta forma, virus nocivos pueden atacarme fácilmente. Cuando estás bajo mucho estrés, te enfermas. Y debo decir que, si tomamos una muestra de sangre de cada persona, descubrimos que todos tenemos células cancerígenas. Las tenemos siempre, pero si está funcionando el sistema inmunitario, no pueden crecer. Una vez que se apaga el sistema  inmunitario, proliferan. Es como el catarro: no tienes que coger el virus, ya lo tienes dentro. Son organismos oportunistas. El 90 por ciento de la gente que va al médico es debido al estrés, y también el cáncer funciona igual.

Explíquenos qué es la medicina cuántica o medicina de la energía.

Como decía, la primera razón por la que la medicina de hoy es cuestionable es porque los médicos no saben cómo funcionan las células. La segunda es que la medicina está basada en la física de Newton. No reconoce la energía, esa parte invisible, las señales electromagnéticas. Pero, a principios del siglo XX, apareció la física cuántica, que dice que todo es energía, lo que podemos ver y también lo invisible. Si miras dentro del átomo, hay electrones, protones, neutrones. ¿Y qué hay dentro? Energía. La ciencia más reciente indica que el cuerpo responde a la física cuántica, no a la newtoniania. La medicina dice que quiere cambiar la química del organismo con drogas y la nueva medicina dice que hay que cambiar la energía. Y esta nueva medicina, la cuántica, es mucho más poderosa, porque responde primero el campo energético que el físico. La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química.

Si todo es energía, ¿los pensamientos también? ¿Cómo influyen en nuestra salud?

La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química. Así que esto es peor para las empresas farmacéuticas porque no lo pueden vender. Por tanto, no les interesa una conexión entre la mente y el cuerpo. Pero es cierto que las propias creencias se convierten en un campo energético, una transmisión, y esta se transforma en una señal que es capaz de cambiar el organismo. Y así es como funcionaba la sanación antes del desarrollo de la medicina. La gente sanaba con los chamanes, con las manos… pero eso no puede vender y por eso la medicina no quiere ir por ese camino. Y es la razón por la que yo cambié mi carrera. Estaba enseñando en la universidad que hay que seguir con drogas y sabía que eso no era verdad. La medicina lo conoce, pero no habla de ello. Sabe que el pensamiento positivo, el placebo, puede sanar, y también que el pensamiento negativo puede matar. Uno se llama placebo y el otro nocevo. En realidad, no es que sea positivo o negativo, es la manera de pensar. Si el médico te dice que tienes cáncer, aunque no tengas cáncer, si lo crees, crearás la química que generará cáncer. Por tanto, el problema no es tanto el entorno real sino el que tú interpretas. Y eso enlaza con la física cuántica. Totalmente. Por eso no funciona la medicina, porque no reconoce la ciencia cuántica. No mira hacia ahí porque el dinero está en otro lado.

Usted ha explicado que, en la mente, quien realmente tiene el poder es el subconsciente, ¿Es por eso que es tan difícil cambiar hábitos de pensamiento?

El subconsciente es millones de veces más poderoso y más importante que la mente consciente. Utilizamos el subconsciente el 95 por ciento del tiempo. Pero no lo podemos controlar. Lo puedes reprogramar. La información del subconsciente se recibe en los primeros seis años de vida. Eso que aprendiste en esos años se convierte en el conocimiento fundamental de tu vida. Por tanto, hay muchos estudios que demuestran que las enfermedades que tenemos de adultos, como el cáncer, tienen que ver con la programación y el entorno que vivimos en los primeros seis años de vida.

Los comportamientos que vienen del subconsciente no los percibes y pueden estar haciéndote daño. Es decir, los niños absorben también sus enfermedades o sus actitudes negativas, y así se ‘programa’ su subconsciente. ¡Qué gran responsabilidad para los padres! La gente, cuando oye esto, se preocupa, se culpa. Pero no eres culpable si tú no sabes que el subconsciente funciona así. No lo sabían nuestros padres, ni nuestros abuelos ni bisabuelos. Ahora bien, cuando lo entiendes, tienes que cambiar tu manera de vivir, porque entonces sí eres responsable. Está demostrado que si un niño adoptado vive en su familia casos de cáncer, en su madurez puede padecer cáncer aunque su genética sea diferente. Sería algo así como conducir un coche: si te enseñaron a conducir mal y has automatizado esa forma de conducir, pues lo más probable es que tengas accidentes. Si te enseñaron a maltratar tu cuerpo con mala información, destruirás el vehículo de tu cuerpo, cuyo conductor es la mente. El futuro es una mejor educación para los niños, incluso en la etapa prenatal.

¿Podemos reprogramar el subconsciente para estar más sanos o ser más felices con nuestra vida?

Los comportamientos que vienen del subconsciente no los percibes y pueden estar haciéndote daño. Quizás te sientes enfermo y echas la culpa a otra cosa. Al cambiar estos programas erróneos en el subconsciente, puedes recrear toda tu vida. Hay varias maneras de hacerlo. Se piensa que, cuando la mente consciente registra algo, la subconsciente también filtra esa informacion, pero no es así. La mente consciente es creativa y la subconsciente trata de todos los hábitos. Si le enseñas al subconsciente algo diferente, se lo enseñas también a la consciente, pero no al revés. Por ello, la manera de reprogramar es repetir y repetir hasta que se crea un hábito. Si leo un libro de autoayuda, mi mente consciente dice: “Sé todo lo que hay en el libro y lo aplico”, pero la subconsciente no se entera de nada. Entonces, piensas: “¿Por que sé tanto y todavía mi cuerpo no funciona?”. Los pensamientos positivos, el conocimiento… solo funcionan el 5% del tiempo, pero el 95% son los hábitos que tengo desde mi niñez. Y esa es la razón por la que los pensamientos positivos no son suficientes. Ayudan, pero no ves muchos resultados. Todo sigue igual hasta que no cambias el subconsciente. Técnicas de psicología basadas en la energía como la hipnosis o el Psych-K son una manera de cambiar el subconsciente, es como un aprendizaje rápido.Con su investigación, ha aunado ciencia y creencia, un binomio que evita la mayoría de los científicos.

¿Usted cree en la eternidad?

Absolutamente, sí. No hay dos personas iguales, y lo digo desde el punto vista biológico. Si cojo mis células y las traslado a tu cuerpo, no soy yo, el sistema inmunitario las rechaza. En las células hay como una especie de antenas en miniatura. Son receptores y algunos son autorreceptores. Tú tienes diferentes autorreceptores a los míos. Pero los receptores reciben las señales del entorno. Si corto esos receptores, la célula no tiene ninguna identidad, porque no le viene de dentro sino de fuera. Para explicarlo de forma gráfica, diría que el cuerpo es como un televisor: mis antenas captan y reproducen el programa televisivo de Bruce. Esos receptores recogen esa transmisión. Si estoy viendo la tele y se estropea el tubo de la imagen, ha muerto el televisor, pero sigue la transmisión. Así que cojo otra, la enciendo, conecto el canal y vuelvo a ver el programa de Bruce, pero en otra tele, o lo que es lo mismo, en otro ser. Si ese ser tiene los mismos receptores que tienes tú, volverás a estar trasmitiendo lo mismo, pero en otro cuerpo. Esto explica la reencarnación y quiere decir que el cuerpo puede ir y venir, pero la transmisión siempre está ahí.

¿Eso le hizo creer que tenemos espíritu?

Nunca había creído en el espíritu, pero cuando comprobé esto en la célula, me cambió la vida entera. La pregunta que me planteé es: ¿por qué esa duplicidad?, ¿por qué tener un espíritu y un cuerpo? Y la respuesta vino de mis células: si solo existiera el espíritu, ¿a qué sabe el chocolate?  Solo con la parte espiritual, ¿cómo vivir una puesta de sol? ¿Qué se siente cuando se está enamorado? Todas esas sensaciones vienen de las células del cuerpo, que puede oler, sentir, tener experiencias. Recoge todo eso, lo transmite al cerebro. Se convierte en vibraciones y lo transmite a la fuente del ser. Si se muere mi cuerpo, mi fuente de ser y mi espíritu tienen la memoria hasta que tenga otro cuerpo. La lección más importante es que estar vivo es un regalo, una alegría por todo lo que podemos sentir. Cuando hagamos eso, todo el mundo estará sano. FIN.

Si  te gustó, deja tu comentario.

EgoísmoLa Real Academia Española de la Lengua define el egoísmo como un inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.  La persona egoísta se cree el centro del universo y sólo tiene ojos para sí misma.  Podríamos definirlo, por tanto, como una forma de ser y de actuar centrada en uno mismo, en las propias necesidades y deseos y que carece de interés por los demás, por su mundo, sus sentimientos o sus necesidades.  El egoísmo nos lleva a querer todo para uno mismo con independencia de los intereses ajenos.  La persona egoísta está centrada en sí misma y vive en un mundo cerrado.  A estas personas no les interesa ser consciente de las necesidades ajenas y, en el caso de serlo, les daría igual porque no se preocuparían por ellas.

El egoísmo es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona sino desprecio y quiere todo para él porque se siente miserable y vacío.  La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.  Las personas egoístas están solas y aisladas, por eso tratan de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos.

La persona que es egoísta, da tanta prioridad a su interés personal que no tiene en cuenta el de otras personas: Hace lo que le da la gana, sin tan siquiera preguntarse sobre los efectos que sus acciones tendrán sobre otros.Está tan ocupado con lo suyo, que no escucha a los demás. O, si los escucha, no se da el trabajo de ponerse en su lugar, sino que interpreta lo que le dicen teniendo en cuenta únicamente sus propias ideas.

Las personas egoístas se protegen, solo atienden a sus necesidades e intereses: Primero yo, luego yo y después yo. Esta actitud puede deteriorar las relaciones personales. Porque, ¿a quién le gusta compartir la vida con alguien que sólo puede pensar en sí mismo?  En el fondo, la persona egoísta lo sabe, y por eso no es raro que, del mismo modo que sigue protegiendo lo suyo a capa y espada, aprenda a manipular el entorno a su conveniencia para no sentirse mal consigo mismo.

El egoísta aprende la habilidad de expresar sus deseos y de justificar sus acciones haciendo creer a los demás (y/o a sí mismo) que también les benefician.  Aunque, tarde o temprano, su verdadera motivación queda al descubierto. Quienes están alrededor se dan cuenta de que el egoísta pide mucho y da muy poco. O, si da mucho, es sólo por su propio interés.

Trinidad Aparicio Pérez,
Psicóloga

Don Pedro Perez Garrido

Pedro Pérez Garrido 1913-1952

Hoy se cumplen 61 años de la trágica muerte de Don Pedro Pérez Garrido, un destacado quintanarroense que vio la luz un 10 de mayo de 1913. Su valentía frente al poder del gobierno, por encima de sus debilidades humanas, sus defectos y sus pecados, lo hizo pasar a la historia, y a  la leyenda urbana, como un auténtico líder de su pueblo. Su característica temeridad y altivez, lo mismo rompía el silencio medroso, que despertaba el enojo en contra suya. Pero por sobre todas las cosas  era el único que se atrevía a reclamar airadamente y decirle  a los poderosos lo que pensaba,  sin importarle las consecuencias. Don Pedro fue una verdadera piedra en el zapato para  gobernadores del territorio como Rafael E. Melgar, Gabriel R. Guevara y Margarito Ramírez. Gobernantes que a pesar de muchos intentos nunca lo pudieron domar o silenciar.  Un hombre  con los tamaños necesarios  para hacer política de oposición en un escenario totalmente adverso y completamente carente de garantías individuales y de respeto a los derechos humanos.

En los años que don Pedro vivió, los personajes que llegaban a gobernar el territorio eran políticos rudos, poco acostumbrados a los miramientos, a las condescendencias y a las tolerancias. Ejercían el poder bajo estrictas reglas de sometimiento y de escarmiento para quienes tomaran el camino de la disidencia. La aparente paz en la que se vivía en la ciudad, descansaba en el miedo. Eran dolorosos los silencios ante complicidades, intrigas,  perversidades e injusticias. Eran tiempos en que los pobres eran todos,  y los ricos y poderosos, unos cuantos.

Y es por eso que, a 60 años de distancia de su muerte, su figura  sigue siendo recordada como un símbolo de coraje y rebeldía ante la opresión. Es por eso que después de más de medio siglo,  seguimos aún  hermanados con su causa, rindiéndole un sencillo y respetuoso homenaje. Nos guía el deseo de destacar con nuestra presencia la amistad, el cariño  y nuestra  solidaridad con Los Pérez Alavez, su descendencia.

Mi agradecimiento a mi amigo Jorge por invitarme a hacer esta remembranza de lo que fue la vida de su padre. Mi intención al escribir estas líneas es más la de destacar la fuerte figura del ser humano, especialmente dotado para la lucha y el combate, que la figura del político con ideales y objetivos. Me guía en esta tarea un sentimiento de justicia,  y estricto apego  a los hechos. Pretendo  expresar lo que es hoy su legado, haciendo énfasis en la reciedumbre de su indómito carácter que lo hizo vivir al filo de la controversia, entre el aplauso de unos, por su valor, y la incomprensión de otros, por sus formas y actitudes.

Y en ese intento de dar forma a lo que aquí se lee,  me di cuenta que para hablar del legado de don Pedro Pérez no podía dejar de mencionar a una gran mujer; y hablar de la figura de su viuda, doña Mercedes Alavez Medina, su amorosa y fiel compañera, quien en silencio, cuidando de sus ocho hijos, llena de angustia, sufrió a su lado  todas sus batallas. Me imagino lo que debió de ser la vida  de Doña Mercedes, al lado de un personaje constantemente perseguido y al filo del peligro de ser asesinado. Mi corazón se encoje al pensar en el enorme tamaño del corazón  de Doña Mercedes. Me imagino los momentos en que, con su numerosa prole,  tuvo que huir del territorio y recomenzar, en otra parte, una nueva vida. Y en ese imaginarme situaciones de lo que debió ser  su vida y de lo que debió padecer, me pongo a pensar en  las veces que anhelando encontrar paz y sosiego, de vuelta al terruño, los problemas se repetían y las persecuciones a su esposo  continuaban.

Mientras la figura del guerrero indomable crecía en rebeldía, ganando reconocimiento ante los ojos de unos, la figura sencilla, dulce, bondadosa y abnegada de su pareja, se agigantaba ante los ojos de otros.  Para la gente de Chetumal doña Mercedes encarnaba la imagen misma del sufrimiento. La imagen de una mujer que sin reproches llevaba su cruz a cuestas, la imagen de la esposa valiente, y la imagen de una madre de familia con la fuerza de espíritu y la templanza de esos seres nacidos para nobles tareas, siempre al lado del padre de sus hijos. Como dijera el poeta: Doña Mercedes había nacido para ser una paloma para el nido, mientras don Pedro había nacido,  para ser un auténtico león para el combate.

Y  de esa simbiosis y esa sinergia de la unión de dos seres con cualidades especiales, habrían de nacer también seres nobles, valientes y amorosos. Seres sensibles y solidarios como lo son los Pérez Alavez.  No debió ser nada fácil para ellos perder a su padre  cuando Jorge el mayor de ellos tenía 15 años y Aurora, la menor,  estaba en el vientre de su madre. Si bien al quedar huérfanos de padre el destino les había asestado un golpe demoledor, la misericordia divina los había hecho heredar los talentos especiales de sus padres. Talentos que los dejaban especialmente dotados para la vida. Virtudes que los harían salir adelante orgullosos de su estirpe, inteligentes, valientes y generosos. No podía ser de otra manera, pues como hijos de don Pedro y  doña Mercedes, llevan en la sangre el equilibro perfecto de las virtudes de sus progenitores. Con la dosis adecuada de valor,  honestidad, y tenacidad para enfrentar la vida.

Estoy seguro que desde la dimensión  donde hoy se encuentra  Don Pedro habrá de mirarnos  y de sentirse en armonía con el creador y con nosotros. Y con esa nueva concepción  de lo que somos los humanos, desde su estatura  celestial, habrá de revisar su vida de guerrero,  y habrá de recorrer sus aciertos y sus hierros. Y mirando desde arriba la huella de su paso por esta tierra que tanto quiso, habrá de contemplar el fruto de sus semillas, y de decir sin duda:

¡Vida nada me debes, vida estamos en paz!

Mario.

(Discurso fúnebre ante su tumba)

Juan Sebastian Celis MayaA veces cuando hablo de éxito la gente se llena de falsas esperanzas.  Trato de esforzarme mucho en mis escritos para que eso no pase, sin embargo, están los que creen que el éxito es únicamente glamour, diversión, fiestas, autos, mansiones, cheques, reconocimiento, fama, etc.

Es claro que muchas veces el éxito no necesita de fama para ser éxito. Muchos de los más grandes triunfadores de este momento son desconocidos por prácticamente todo el mundo. Y entonces la gente se acostumbra a creer que el éxito solo se alcanza si sale por televisión.  Finalmente los que le creen todo a la televisión no sólo tienen una mente limitada en ese aspecto sino en otros.  La cuestión es que muchos ignoran es que para llegar al éxito hay que esforzarse, trabajar duro, y aprender de los errores, que pueden llegar a ser muchos.

Normalmente las personas más exitosas son aquellas que han cometido muchísimos errores, y han aprendido efectivamente de ellos las mejores lecciones. Tanto para no volverlos a cometer, como para mejorar los aspectos que en principio los generaron.  El trabajo duro no sirve si no está acompañado de un buen plan, o de alguna idea que lo haga triunfar.

Así como hay ideas que por más buenas que sean nunca ven la luz, por lo tanto no tienen importancia; de igual manera el trabajo duro no sirve de nada, si no se hace de forma inteligente.  A eso le llamo yo trabajo inteligente. No es que por ser inteligente no sea duro; simplemente lo que nos dice esa palabra es que: aparte de ser un buen esfuerzo,  dicho esfuerzo va enfocado hacia un objetivo claro.

Algunas personas confunden el éxito con estar rodeado de autos en una gran mansión y salir por televisión sin hacer nada. Estas cosas son posibles pero requieren esfuerzo y trabajo duro.  ¿Te imaginas las 4 llantas de un automóvil todas girando hacia lados diferentes o de forma aleatoria? El auto probablemente no tendría un rumbo fijo, o se iría dando giros en círculos, quizás en reversa, dependiendo de la configuración.  Muy diferente a cuando, a pesar del consumo de energía y gasolina, todas las ruedas giran hacia el mismo lado con un objetivo claro.

Por supuesto que se necesita esfuerzo, pero el esfuerzo está dirigido. Es trabajo inteligente.  Y no me malinterpretes, el glamur, la diversión, y los lujos pueden existir, y de hecho, soy uno de los que más aboga porque todos puedan vivirlos en algún momento de su vida. No hay nada mejor que darse gusto, y recompensarse por el esfuerzo. Pero nota que digo: “Por el esfuerzo”.  No se trata de recompensarse porque sí, o porque ahora “soy exitoso” de la noche a la mañana. El pensar así lleva a las personas a fracasar rápidamente, pues están viendo el mundo con el telescopio al revés.

Es claro entonces.  Para alcanzar el éxito se requiere trabajo duro, dirigido de forma inteligente y clara hacia un objetivo en particular. Y dicho trabajo muchas veces nos puede privar de lujos, de darnos gusto, o de estar divirtiéndonos en vez de quedarnos en la casa.  Muchos fines de semana deben ser sacrificados para poder triunfar en la vida. Mientras los “amigos” están bebiendo cerveza, el exitoso por su parte está trabajando en una idea que quiere sacar adelante.  O en otras palabras, “Hoy haré lo que nadie quiere hacer, para mañana hacer lo que nadie puede hacer”.

El éxito es algo posible de alcanzar, pero desafortunadamente, pocas personas en sus vidas tendrán la posibilidad de saber lo que se siente estar en la cima.  Es difícil pensar, que a pesar de que todos tenemos las mismas posibilidades en la vida, muy pocas personas verdaderamente podrán (y sabrán) aprovecharlas para alcanzar el éxito.

Sin embargo, no todo está perdido para quienes existe un deseo ardiente por salir adelante, querer lograr mejores cosas, vivir mejor, tener buena calidad de vida, y sobre todo alcanzar verdadera felicidad y plenitud.  Las personas que desean alcanzar el éxito, de alguna manera u otra saben que tendrán que trabajar para conseguirlo.  Sin embargo no es trabajo duro lo que necesitas, es trabajo inteligente.

Es un mito, que las personas crean que se necesita trabajar muy dura y arduamente para llegar a las metas. Si esto fuera cierto, entonces los verdaderos ricos, quienes han amasado fortunas con su propio esfuerzo y desde cero,  tendrían que necesitar más de 24 horas al día.  El esfuerzo no es directamente proporcional a los resultados en términos de éxito. Lo que pasa es que desde pequeños nos enseñaron a pensar que mientras más duro trabajáramos, más dinero ganaríamos. Y extendimos ese mito al resto de áreas en la vida.

Ni siquiera en el dinero esto es cierto. Hay miles de personas ganando 10 veces más dinero que tú, trabajando una o dos horas a la semana. Pero no por ese hecho, paradójicamente, están siendo ilegales, explotadores, avariciosos, codiciosos, malas gentes, tacaños ni mucho menos infelices.  Lo que sucede es que ellos conocen el camino al éxito, el mismo que tú también deseas alcanzar. Por tanto debes liberarte de la creencia de que los ricos son malos, o que las personas exitosas han debido pasar por encima de otros para conseguir sus malévolos propósitos. No es una regla general.

Sin contribución y valor al mundo no hay progreso ni éxito para nadie. Las empresas exitosas, justamente se encargan de proveer a sus clientes satisfactores y beneficios. En concordancia con la manera como está organizada la sociedad hoy el mercado les brinda una retribución por sus esfuerzos.

Así que, si quieres alcanzar el éxito, primero que todo debes reprogramar tu mente para soñar en grande. Debes aceptar que hay gente que ha logrado mejores cosas que tú y que lo ha hecho por el camino del bien, y debes comprometerte a estudiarlos y aprender de ellos.  Y por otro lado debes tener claro el objetivo que quieres alcanzar, así como la fecha en la cual quieres lograrlo. Esto te permitirá básicamente tener un derrotero o guía a seguir en tu camino, mediante el cual podrás mantener fácilmente el enfoque.

Y por supuesto, no te olvides que para alcanzar el éxito, debes contribuir con las demás personas. Nunca podrás ser exitoso si no te relacionas con otros, al menos necesitarás que otros te den su dinero por un valor que les entregas, como en el ejemplo de la empresa.  Enfócate en contribuir, y verás cómo los resultados empiezan a surtir efecto. Piensa desde hoy cada día ¿Cómo puedo contribuir más con el mundo? ¿Qué decisiones puedo tomar hoy para hacer de éste, un mundo mejor?  No importa que tus acciones sean pequeñas, de igual manera si empiezas hoy, en algún momento nos veremos en la cima.

Juan Sebastián Celis Maya

La fuente de agua¿Qué clase de ser humano soy?  Menuda pregunta ¿verdad? Comenzó a hacerme cosquillas en el corazón después de leer a Alberto Magno, santo muy antiguo, para quien hay tres plenitudes:

 La del “vaso”, que retiene y que no da nada.

La del “canal”, que da y no retiene.

La de la “fuente”, que crea, retiene y da.

Y entonces comprendí que, hay seres humanos parecidos a un “vaso”, cuya única ocupación es almacenar virtudes, ciencia y sabiduría, objetos y dinero. Son aquellos que creen saber todo lo que hay que saber; tener todo lo que hay que tener, y consideran su tarea terminada cuando han concluido su almacenamiento. No pueden compartir su alegría, ni poner al servicio de los demás sus talentos, ni siquiera repartir sabiduría. Son extraordinariamente estériles; servidores de su egoísmo; carceleros de su propio potencial humano.

Por otro lado existen otros seres humanos que podríamos llamar “canal”.  Son aquellas personas que se pasan la vida haciendo y haciendo cosas. Su lema es: “producir, producir y producir”. No están felices si no realizan muchísimas actividades, y todas de prisa, sin perder un minuto. Creen estar al servicio de los demás en su neurosis productiva, cuando en realidad su accionar es el único modo que tienen de calmar sus carencias. Son personas que dan, dan y dan; pero no retienen. Y siguen dando pero se sienten vacios.

Pero también podemos encontrar otros seres humanos que podíamos llamarlos “fuente”.  Personas que son verdaderos manantiales de vida. Capaces de dar sin vaciarse, de regar sin decrecer, de ofrecer su agua sin quedarse secos. Son aquellos que nos salpican gotitas de amor, confianza y optimismo, iluminando con su reflejo nuestra propia vida.

 

 

Un buen hogar

Flores en botonUn buen hogar siempre estará donde el camino esté lleno de paciencia, donde la almohada esté llena de secretos, donde el perdón esté lleno de rosas. Estará donde el puente se halle tendido para pasar, donde las caras estén dispuestas para sonreír, las mentes activas para pensar y las voluntades deseosas para servir.

Un buen hogar siempre estará donde los besos tengan vuelo y los pasos, mucha seguridad. Donde los tropiezos tengan cordura y los detalles, significación. Donde la ternura sea muy tibia y el trato diario muy respetuoso. Donde el deber sea gustoso, la armonía contagiosa y la paz dulce.

Un buen hogar siempre estará donde el crecimiento sea por el mismo tronco y el fruto por la misma raíz. Donde la navegación sea por la misma orilla y hacia el mismo puerto. Donde los abuelos sean reverenciados, los padres escuchados y los hijos protegidos.

Un buen hogar siempre estará donde el fracaso y el éxito sean de todos. Donde disentir sea intercambiar y no guerrear. Donde el vivir esté lleno de sol y el sufrir esté lleno de fe.
Un buen hogar siempre estará en el ambiente donde naciste, en el huerto donde creciste, en el molde donde te configuraste y el taller donde te puliste. Y muchas veces, será el punto de referencia y la credencial para conocerte, porque el hogar esculpe el carácter, imprime rasgos, deja señales y marca huellas. Las vetas y el cimiento dejados por un buen hogar son indestructibles. Los principios parecen como grabados en hierro. La confianza, como cincelada en roca. Y el amor, llevado como bandera. Es montar el barco más seguro para navegar por el mundo, de otra manera sería navegar con un timón titubeante, una brújula indecisa y la quilla rota.
Con buenos hogares se podría salvar al mundo, porque ellos tocan a fondo la conducta de los hombres, la felicidad de los pueblos y la raíz de la vida. Aunque hay excepciones, ese hogar primero, hogar tronco, nunca se pierde: ¡te lo llevas en el alma! Nunca se oscurece: queda en las luces que te alumbran el camino. Nunca se lo lleva el viento: queda prendido en tu raíz.
De ese hogar tronco, salen las grandes alas que te permiten volar y hacerte águila. De ese hogar tronco salen los principios fuertes que enmarcan tu figura para hacerte gigante. De ese hogar tronco sale esa fuerza de la confianza que resplandece para hacerte estrella. ¡De ahí salen obras maestras! Porque ahí se gestan los grandes valores del mundo. De ahí salen los grandes conductores de la humanidad.
El hogar, hoy en día, es una prioridad pues, como la buena tierra, da lo que le siembran.

José MujicaPepe Mujica, presidente de Uruguay 2010-2015, habló ante una audiencia de mandatarios y periodistas del mundo reunidos en Brasil. La audiencia,  con cierto desgano, escuchó estas tremendas verdades:  

“Autoridades presentes de todas la latitudes y organismos, gracias por su presencia.  Muchas gracias también al pueblo de Brasil y a su Sra. presidenta, Dilma Rousseff, y  a todos los oradores que me precedieron. Estamos aquí para expresar la íntima voluntad que como gobernantes tenemos de apoyar todos los acuerdos que, esta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir. Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar a las inmensas masas de la población de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?   Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?  Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible?  ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?

Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.  Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, cuya mirada alcanza a todo el planeta.  ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?  ¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis que tenemos no es ecológica, es política.  El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre, y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental.  Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese híper consumo es el que está “agrediendo” al planeta.  Y tienen que generar ese híper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas!  Pero esas no, no se pueden hacer; porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso.  Estos son problemas de carácter político. Nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura. 

No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”.  Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, “sino que tenemos que gobernar al mercado”. Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político.  Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco, sino el que necesita infinitamente mucho”, y desea más y más.  “Esta es una clave de carácter cultural” . Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hagan.  Y lo voy acompañar, como gobernante. 

Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo “rechinan”. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.  Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes.  Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas.  Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué?  Porque tiene que pagar una cantidad de cosas: la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida.  Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?  ¿Solamente consumir?

Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad.  Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. “Y tener, sí, lo elemental”.  Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos.  Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama “felicidad humana”.

José Alberto Mujica Cordano

FeoTodos en el edificio de apartamentos donde yo vivía sabían quién era Feo. Feo era el gato callejero del barrio. Feo adoraba tres cosas en este mundo: las peleas, comer basura y digamos, el amor. La combinación de estas tres cosas sumadas a una vida en las calles, habían causado daños en Feo.

Para comenzar, el sólo tenía un ojo, y en el lugar donde debería estar el otro ojo, había un hondo agujero. Él también había perdido la oreja del mismo lado, y su pata izquierda parecía haber sido quebrada gravemente en el pasado. Su hueso se curó en un ángulo extraño, haciendo que él siempre pareciese estar dando vuelta la esquina.

Feo había perdido la cola hacía mucho tiempo, y quedaba apenas un pedazo de cola espesa, que él siempre giraba y torcía. Todos los que veían a Feo tenían la misma reacción: “¡Qué gato tan feo!”

Los niños estaban advertidos para no tocarlo. Los adultos le tiraban piedras, le tiraban agua con manguera para espantarlo, lo expulsaban cuando él intentaba entrar en sus casas, o le lastimaban sus patas con la puerta cuando él insistía en entrar. Feo siempre tenía la misma reacción. Cuando le tiraban agua con la manguera, él no salía del lugar, se quedaba allí ensopado hasta que la persona desistiese. Cuando le tiraban cosas, él encorvaba su cuerpecito flaquito como pidiendo perdón.

Siempre que veía niños, el surgía corriendo, maullando desesperadamente y refregando la cabeza en todas las manos, implorando amor. Cuando yo lo tomaba, él inmediatamente comenzaba a lamer mi camisa, orejas, o lo que encontrase.

Un día, Feo quiso compartir su amor con los perros del vecino. Ellos no eran amistosos y Feo fue herido gravemente. Desde mi apartamento, yo oí sus gritos y corrí para intentar ayudarlo. En el momento en que llegué donde él estaba caído, parecía que la triste vida de Feo se estaba evaporando.

Feo estaba caído en un pozo, sus patas traseras y su espalda estaban totalmente deformes, un profundo corte en la línea blanca de pelo atravesaba su pecho. Cuando yo lo agarré e intenté llevarlo para casa, él aspiraba y se asfixiaba, podía sentirlo luchando para respirar. “Creo que lo estoy lastimando mucho”, pensé. Entonces, sentí la sensación familiar de Feo chupando mi oreja en medio de tamaño dolor, sufriendo y obviamente muriendo.

Feo estaba intentando lamer mi oreja. Lo atraje cerca de mí y él refregó su cabeza en la palma de mi mano, me miró con su único ojo dorado y comenzó a ronronear. Incluso sintiendo tanto dolor, aquel gatito feo, lleno de las cicatrices de sus batallas, estaba pidiendo un poco de cariño, tal vez alguna conmiseración. En aquel instante, pensaba que Feo era el gato más lindo y adorable que yo había visto. En ningún momento, él intentó arañarme o morderme, ni intentó huir de mí, o se rebeló de alguna manera. Feo apenas me miraba, confiando completamente en que yo aliviaría su dolor.

Feo murió en mis brazos antes que yo entrase en mi apartamento. Yo me senté y me quedé abrazada a él por mucho tiempo, pensando sobre cómo este gato callejero, deformado y cubierto de cicatrices, había cambiado mi opinión sobre lo que significaba la genuina pureza de espíritu y sobre cómo amar incondicionalmente.

Feo me enseñó más sobre la compasión, que cualquier ser humano. Y yo siempre le estaré agradecida por esto, porque él me enseñó a amar de verdad y sin condición.

Don Quijote y SanchoConsejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes de irse éste a gobernar la Ínsula Barataria.

Dispuesto pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está. ¡oh, hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

Primeramente, ¡oh, hijo!, haz de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.

Lo segundo, haz de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

Haz gala Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

Mira Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale. Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.

Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos.

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso.

No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones,

Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.

Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma.

Miguel de Cervantes de Saavedra.

 

 

Pajarito cantando

Existen  otros mundos donde se puede cantar

Cuando yo era niño, aún muy pequeño, mi padre compró el primer teléfono de nuestro vecindario. Recuerdo bien aquel aparato negro y brillante que se hallaba sobre la cómoda de la sala. Yo era muy chico para alcanzarlo, pero me quedaba escuchando fascinado mientras mi madre hablaba con alguien. Un día descubrí que dentro de aquel objeto maravilloso vivía una persona fantástica. Se llamaba “Información, por favor” y no había nada que ella no supiera. “Información, por favor” podía suministrar cualquier número de teléfono y hasta la hora correcta.

Mi primera experiencia personal con ese genio de la botella vino un día en que mi madre se encontraba fuera, en casa de unos vecinos. Yo estaba en el garaje, revolviendo en la caja de herramientas, cuando me golpeé un dedo con el martillo. El dolor era terrible, pero no tenía motivo para llorar, ya que no había nadie para consolarme. Andaba por la casa chupándome el dedo dolorido, hasta que pensé: “El teléfono”.

Rápidamente cogí una pequeña escalera que coloqué frente a la cómoda de la sala. Me subí a la escalera, descolgué el auricular del gancho y lo apreté contra mi oído.

Alguien atendió y yo dije: “Información, por favor”. Oí dos o tres clicks, hasta que una voz suave y nítida habló en mi oído. “Información. Dígame“.Me he golpeado el dedo y las lágrimas vinieron fácilmente, ahora que tenía audiencia.

“¿Tu madre no está en casa?”, preguntó ella. “No, no hay nadie”, sollozaba. “¿Estás sangrando?“ “No, pero me he golpeado con el martillo y me duele mucho“. “¿Puedes abrir la puerta del congelador?” Respondí que sí. “Entonces coge un cubito de hielo y póntelo en el dedo”, dijo la voz.

Tras aquel día, yo conectaba con “Información, por favor” por cualquier motivo. Ella me ayudó con mis dudas de geografía y me enseñó dónde estaba Filadelfia. Me ayudó con los ejercicios de matemáticas. Me enseñó que la pequeña ardilla que traje del bosque tendría que comer nueces y pequeñas frutas. Cuando Petey, mi canario, se murió, yo llamé a “Información, por favor” y le conté lo ocurrido. Ella me escuchó y comenzó a hablar de esas cosas que se le dicen a un niño que está creciendo. Pero yo me sentía inconsolable y preguntaba:

“¿Por qué tienen que morirse unos pajaritos que cantan tan bien y dan alegría a los demás?” Paul, recuerda: “Siempre existen otros mundos donde también se puede cantar”. De alguna manera, después de esto me sentí mejor. Al día siguiente, allá estaba yo de nuevo. “Información. Dígame”, dijo la voz ya tan familiar. “¿Usted sabe cómo se escribe ‘excepción’?“

Todo esto aconteció en mi ciudad natal, al norte del Pacífico. Cuando yo tenía 9 años, nos mudamos a Boston. Añoraba mucho a mi amiga. “Información, por favor” pertenecía a aquel viejo aparato telefónico negro, y yo no sentía ninguna atracción por nuestro nuevo teléfono blanco que se hallaba sobre la cómoda de la nueva sala. Pasó el tiempo y fui creciendo, pero los recuerdos de aquellas conversaciones infantiles nunca se alejaron de mi memoria.

Frecuentemente, en momentos de duda o perplejidad, he intentado recuperar el sentimiento de seguridad tranquila que tenía en aquel entonces.

Hoy puedo comprender lo muy paciente, comprensiva y dulce que fue aquella mujer al perder su tiempo en atender las consultas de un niño. Algunos años después, cuando ya iba a la universidad, mi avión hizo escala en Seattle. Yo tenía más o menos media hora entre los dos vuelos. Hablé por teléfono con mi hermana, que vivía allí, unos quince minutos. Entonces, casi sin darme cuenta, marqué el número de la operadora de mi ciudad natal y pedí: “Información, por favor”.

Como en un milagro, escuché la misma voz dulce y clara que tan bien conocía: “Información. Dígame”. “¿Usted sabe cómo se escribe ‘excepción’?” pregunté.

Se produjo una larga pausa. Luego, una suave respuesta: “Tu dedo ya está mejor, ¿verdad Paul?”. Me eché a reír de alegría. “¡Así que es usted misma! ¡No se imagina lo importante que fue para mí en aquel tiempo!”

“Sí que lo imagino. Y tú no sabes cuánto significaba para mí aquella comunicación. No tengo hijos y me pasaba el día esperando tu llamada”. Le conté lo mucho que me había acordado de ella en los últimos años y pregunté si podría visitarla cuando fuese a ver a mi hermana.

“¡Claro que sí! Pregunta por Sally”.

Tres meses después fui a Seattle. Al telefonear, me respondió una voz desconocida.

“¿Podría hablar con Sally?”, dije. “¿Usted es amigo de ella?”, preguntó la voz. “Soy un viejo amigo. Mi nombre es Paul”. “Lo siento mucho, pero últimamente Sally estaba trabajando aquí sólo a media jornada, porque se encontraba enferma. Por desgracia, murió hace cinco semanas”. Antes de que yo pudiera colgar, la voz añadió: “Espere un momento. ¿Dijo usted que su nombre es Paul?” “Sí”. “Sally le dejó un mensaje. Lo escribió y me pidió que yo lo guardase por si usted llamaba. Se lo voy a leer”.

El mensaje decía: “Dile que aún creo que existen otros mundos donde la gente también puede cantar”.

Él lo comprenderá. Di las gracias y colgué mientras rodaban por mi mejilla lágrimas de ternura, felicidad y agradecimiento a esa linda mujer que había marcado mi vida de manera imborrable. Sabía que se había marchado a otro mundo donde la gente también puede cantar.

 

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 586 seguidores